La paciencia como elemento clave en la superación del duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A menudo, durante mi ejercicio profesional, me encuentro con dolientes que dicen que su duelo dura ya demasiado, o que no pueden soportarlo más. Dado que el paso del tiempo es subjetivo, a veces ocurre que estos comentarios se hacen durante las primeras semanas o meses tras la muerte del ser querido. En esos casos, me preocupa tener que explicarle a un paciente que el dolor suele durar más tiempo y que lo que siente es sólo el principio.

Es una máxima el hecho de que no existe un duelo igual a otro y que no existe un periodo de tiempo concreto para elaborar el duelo. Sin embargo, en ocasiones las personas deben afrontar circunstancias en las que el tiempo transcurrido es claramente insuficiente para superar el duelo.

La duración del duelo

El duelo es un proceso y, como tal, requiere tiempo. Esto es así independientemente de que el tiempo en sí mismo no sea la clave. No podemos “recetar” tiempo para resolver el duelo, e incluso a veces es demasiado pronto… Y, ¿cómo lo sabemos? Porque todavía queda dolor y el dolor no es algo que obedezca a la razón (Ha pasado demasiado tiempo”, “Me he cansado de sufrir…”).

El duelo finaliza cuando el dolor ha disminuido lo suficiente para cada persona. Y aunque no podamos “concretar” exactamente cuánto puede llegar a durar un duelo, debemos reconocer -aunque sólo sea por sentido común e intuición clínica – que un mes no es tiempo suficiente, ni dos meses tampoco. Cuando un doliente alega que no puede soportarlo más después de tan poco tiempo pueden estar sucediendo varias cosas. Continue reading

Palabras para consolar a una persona en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Ante la pérdida de un ser querido, a menudo buscamos palabras con las que consolar o aliviar a sus allegados. Es difícil ser testigos del dolor ajeno: nos conmovemos, nos removemos y nos afectamos. Por eso, en el imaginario colectivo siempre ha existido un conjunto de palabras que pensamos que pueden atenuar la pena del doliente.

Con esa idea, durante generaciones los seres humanos hemos tratado de ofrecer consuelo en las distintas ceremonias y ritos que, históricamente, han acompañado las despedidas de nuestros seres más queridos. Desde el típico y protocolizado: “Te acompaño en el sentimiento” o “Lo siento muchísimo”, hasta fórmulas más personales que tratan de apaciguar el dolor desgarrador que produce la muerte.

Estas fórmulas van de lo protocolizado a lo personal, en función del grado de cercanía que tengamos con el doliente. A más cercanía, mayor personalización en el mensaje.  En cualquier caso, todas estas fórmulas -en las distintas culturas y ante los distintos ritos- buscan lo mismo: apoyar en un momento de dolor y ofrecer consuelo ante la pérdida.

Qué palabras consuelan

He reflexionado a menudo sobre qué fórmulas existen para reducir el impacto del dolor y si existe una palabra a modo de bálsamo. Mi conclusión es que no existe una única palabra, ni tan siquiera un conjunto de ellas, que puedan ofrecer lo que la gente busca: una reducción significativa del dolor.

Antes de preguntarse qué palabras pueden ofrecer ese alivio, cabría preguntarse si es posible obtener esa reacción, es decir: ¿Se puede reducir el dolor en el duelo? Y, en caso afirmativo: ¿Depende eso de una o varias personas, depende de la red de apoyo del doliente?

Desde mi punto de vista, el dolor depende de lo que haga el doliente y no tanto de lo que haga su red de apoyo. Asimismo, considero que el dolor puede ir reduciéndose, pero no en función de un solo aspecto -como pueda ser el apoyo social o las palabras de consuelo-, sino de muchos factores que se van alineando y van determinando que el dolor disminuya o aumente. Y todo ello depende siempre del doliente. Continue reading

Frases tópicas que nunca ayudan a consolar a un doliente (II)

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

 

En la primera parte de este artículo analizábamos diversas frases tópicos que nunca ayudan al doliente a sentirse mejor. Se trata de errores en los que caemos a menudo, ya que son expresiones muy extendidas y utilizadas en nuestra sociedad, a pesar de su ineficacia.

En esta segunda parte explicaremos algunos ejemplos más de frases incorrectas, así como los efectos que tiene en la persona en duelo este tipo de comunicación, aportando palabras y actitudes que sí pueden mejorar su estado de ánimo.

Podéis consultarlas a continuación:

“Tienes que buscar ayuda”

Nunca ayudaremos al doliente si intentamos hacer que sean otros quienes le presten ayuda. Nuestra presencia y preocupación personal es lo que marca la diferencia.

Ante estas reacciones, el doliente a menudo se sorprende viendo que no todos sus conocidos saben responder con empatía. Y descubrirá quiénes saben/pueden/quieren estar ahí y quiénes no.

Una actitud que sí ayudará es “estar ahí”, acompañando a la persona en duelo. Para eso son importantes la autenticidad y el cuidado. Por ejemplo, podemos decirle: “Ten por seguro que estoy a tu lado, para lo que necesites: hablar, distraerte, estar en silencio… lo que te vaya mejor”.

“Sé cómo te sientes”

Este tópico tampoco ayuda al doliente. Cada persona experimenta su dolor de una manera única, así que lo mejor que podemos hacer es invitar al afectado a compartir sus sentimientos, en lugar de dar por supuesto que los conocemos.

Para el doliente, lo mejor es plantearse varias cuestiones: ¿con qué persona cercana puedes expresar lo que te pasa, sin que te juzgue, sin que te dé consejos…? Hablar de lo que siente le ayudará aunque le duela expresarlo. Habrá fechas, aniversarios en el futuro, que le harán sentir más vulnerable. Por eso, conviene planificar: ¿con quién quieres contar para esas fechas? ¿Cómo quieres pasar ese día?

Para ayudar al doliente lo mejor es escuchar lo que está sintiendo con verdadero interés. Podemos preguntarle si le va bien que le hablemos, que compartamos con él las experiencias de nuestras propias pérdidas, ya que puede suceder que para el doliente aún sea demasiado pronto para escuchar el dolor de otros. Continue reading

Frases tópicas que nunca ayudan a consolar a un doliente (I)

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

 

A menudo nos ocurre que no sabemos qué decir a las personas que están atravesando un duelo por la muerte de un ser querido.

Muchas de las frases hechas y expresiones a las que recurrimos no sólo no ayudan, sino que, por el contrario, provocan más daño que alivio.

En este artículo analizamos diversos tópicos que nunca ayudan al doliente y explicaremos qué efectos tiene en la persona en duelo este tipo de comunicación, aportando palabras y actitudes que sí pueden mejorar su estado de ánimo.

“Lo estás haciendo muy bien”

Es muy común intentar animar al doliente con esta frase. Sin embargo, al decirla, eliges no estar disponible para escuchar sus sentimientos más perturbadores y, si te hablase de ellos, quizá estos no se ajustarían a esa idea preconcebida que tienes de cómo debería sentir y actuar una persona en duelo. No hay que olvidar que somos diferentes y que nuestra manera de ver las cosas puede ser diferente a la del doliente.

¿Qué le sucede al doliente al escuchar este tópico? La dicotomía entre bien y mal es angustiosa. Por eso, es importante que el doliente sepa que cualquier emoción y actitud que tome tiene todo el sentido en su caminar por el duelo (siempre que no ponga su vida en peligro). No tiene por qué ajustarse a las expectativas de otros. El doliente debe respetar su propio ritmo, hacer aquello que tiene ganas de hacer y no hacer lo que aún no tiene fuerzas para afrontar. Si un doliente recibe esta clase de comentarios de una persona con la que puede hablar con confianza, puede tratar de sincerarse diciendo, por ejemplo: ”Cuando te escucho decirme que lo estoy haciendo muy bien me molesta, no me ayuda, necesito que quieras enterarte de lo que realmente siento, aunque a veces no lo muestre”. Continue reading

Convocamos nuestro 5º Curso on-line de Intervención en Duelo

Abrimos el plazo de inscripción para matricularse en la 5ª edición de nuestro Curso on-line de Intervención en Duelo, que dará comienzo el próximo 30 de septiembre.

Su objetivo es proporcionar a los profesionales formación para atender el proceso de duelo, tanto en adultos como en menores. El plazo de inscripción estará abierto hasta el 20 de septiembre.

El curso consta de 5 módulos que abarcan todos los aspectos que rodean el proceso de duelo y su abordaje terapéutico: definición, tratamiento y complicaciones, la terapia de duelo grupal e individual, el duelo en niños y adolescentes, o el abordaje del duelo traumático. Podéis consultar el programa completo en este enlace.

Objetivos del curso

Desde 1999 nuestra entidad ha trabajado para profundizar en el conocimiento del duelo, tomando conciencia de las necesidades y peculiaridades de este proceso. A través de nuestra experiencia terapéutica hemos detectado la inmensa necesidad de apoyo que muestran los dolientes en una sociedad donde la muerte y el duelo se han convertido en un tabú.

Cada vez es más habitual que los dolientes recurran a los profesionales sanitarios en busca de orientación y ayuda. Por este motivo, saber detectar los síntomas del duelo complicado y cómo intervenir resulta crucial para que el profesional pueda responder de forma adecuada ante esta demanda creciente.

Contenidos y programa

Este Curso on-line de Intervención en Duelo ofrece al profesional los conocimientos necesarios para atender el proceso de duelo, así como herramientas que le permitan afrontar el dolor ajeno y gestionar las situaciones de gran intensidad emocional.

Esto se consigue a través de una completa combinación de exposiciones teóricas, casos prácticos y lecturas obligatorias sometidas a debate, todo ello dividido en 5 módulos teóricos que abordan desde las características del duelo complicado, hasta la terapia de grupo e individual, el duelo en menores o su abordaje en casos especiales.

Descarga el PROGRAMA COMPLETO

Alumnos y acreditación

El curso está dirigido especialmente a profesionales socio-sanitarios. Tiene solicitada la acreditación de formación continuada de profesiones sanitarias por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, dirigida a licenciados en Medicina, Enfermería o Psicología.

Los estudiantes de estas carreras y los alumnos procedentes de otras titulaciones recibirán al término del curso un diploma de la Fundación Mario Losantos del Campo certificando su realización.

Metodología y profesorado

Cada uno de los módulos lleva una carga lectiva de 25 horas y deberá realizarse en un máximo de 5 semanas, durante las cuales el alumno analizará dos casos prácticos propuestos por las profesoras. Al finalizar cada módulo, deberá responder a una prueba escrita para evaluar los conocimientos adquiridos. También se valorará su participación periódica en los foros de debate del Aula Virtual.

Todos los contenidos están elaborados e impartidos por nuestro equipo de psicólogas expertas en duelo –Sara Losantos, Patricia Díaz y Pilar Pastor-, que serán quienes guíen y supervisen a cada alumno en la realización de los ejercicios prácticos y el análisis de casos reales que completan la teoría del curso.

Matrícula e Inscripción

El Curso on-line de Intervención en Duelo dará comienzo el 30 de septiembre de 2019 y finalizará el 24 de abril de 2020. La fecha límite para formalizar la matrícula es el 20 de septiembre.

El curso completo consta de 5 módulos teóricos y tiene una carga lectiva total de 125 horas, aunque es posible cursar sólo uno o varios módulos por separado.

Precio de la matrícula:

o   Curso completo:       500 €

o   Precio por módulo:   140 €

 

Descarga aquí el FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN

Dificultades del duelo por una muerte repentina

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

 

La forma en que fallece un ser querido y los momentos anteriores e inmediatamente posteriores a su muerte pueden determinar si el duelo que vamos a atravesar será más o menos traumático.

Existen muertes consideradas «dulces», para las que el doliente tiene tiempo de prepararse: si ha podido estar presente hasta el final, si ha podido hablar y compartir sus sentimientos con el ser querido, e incluso si ha pasado por la experiencia de poder despedirse, entonces puede considerarse afortunado al haber vivido el regalo de una muerte anticipada, aunque igualmente provoque dolor.

El duelo por una muerte inesperada

Cuando la muerte es repentina -ya sea por un accidente, una enfermedad corta, homicidio, infarto, etc.-, el impacto es mucho más intenso, no hay preparación posible. El doliente se encuentra con esa realidad de golpe y debe tragarla con un nudo en la garganta.

La sensación es de irrealidad, confusión, como estar en una nube: desconcertado, aturdido, con dificultades para asumir la realidad. Es posible que el doliente se encuentre preso del dolor y la tristeza, pero también es posible que se sienta como anestesiado, distanciado de tu propio cuerpo, y que los sentimientos de irrealidad hacen que funcione como un autómata. Continue reading

Los profesionales sanitarios y la comunicación de malas noticias

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Recientemente, durante un congreso sobre actualización pediátrica, un grupo de profesionales socio-sanitarios me abordaron con diferentes dudas.

A este colectivo le preocupa mucho el tema de la muerte ya que, pese a que se enfrentan a ella a diario, la mayoría considera que su profesión está hecha para curar y salvar vidas. Por eso les resulta complicado enfrentarse a ese momento en el que la vida se apaga.

En el congreso que mencionaba, los participantes me plantearon varias preguntas que se repiten con frecuencia en las sesiones formativas con equipos médicos: ¿Qué puedo hacer yo en mi trabajo para hacer la noticia más agradable? ¿Qué puedo hacer para ayudar? ¿Cómo puedo mejorar?

Los profesionales sanitarios ante la muerte

Aunque pueden parecer preguntas fáciles de responder, en realidad son cuestiones más complejas.

  • ¿Cómo comunico el inminente fallecimiento de un niño?
  • ¿Cómo se lo explico a la familia?
  • ¿Cómo se lo digo a los hermanos?
  • ¿Qué le digo a un niño que va a quedarse sin su padre o su madre?

A los médicos les preocupan muchísimo todas estas cuestiones, aunque mucha gente sostenga la creencia errónea de que los pacientes de la Sanidad son tratados como números, esto casi nunca es así. Para los médicos, sus pacientes son personas con nombre y apellidos, que sufren y tienen problemas. Continue reading

¿Puede ayudarnos a superar el duelo conocer la teoría de este proceso?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A lo largo de mi trayectoria profesional, a menudo mis pacientes me han comentado que tengo ventaja porque el hecho conocer el proceso de duelo me puede beneficiar, en el sentido de que sería algo así como tratarme a mí misma. Existe incluso bibliografía que aborda este tema: si conocer las teorías del duelo o las características del proceso puede ayudarnos a manejar o gestionar el dolor.

Si esta pregunta pudiera responderse con un simple «Sí» o «No», la respuesta más fácil sería que sí. Obviamente conocer las teorías del duelo ayuda, estar trabajando todo el día en contacto con este proceso te pone sobre aviso.

De hecho, una parte importante de la terapia tiene que ver con la psicoeducación en duelo, es decir: ofrecer una breve explicación acerca de cómo funciona el duelo y cómo resolverlo. Con respecto a eso los expertos en duelo llevamos esa parte aprendida, es verdad.

La teoría del duelo frente a las emociones

Ahora bien, el hecho de conocer tan fondo el proceso de duelo puede hacer que éste se quede en un discurso racional, en lo teórico. Saber de duelo no nos exime de sentirlo, igual que ser experto en Oncología no me exime de padecer cáncer.

No somos inmunes al dolor de la pérdida ni conocerlo nos blinda frente al dolor. El conocimiento puede servirnos para legitimar, para normalizar el dolor… pero, si nos quedamos en lo racional o teórico, el proceso puede bloquearse, dado que el duelo tiene un componente más racional y otro emocional.

Dificultades de los profesionales en duelo

A menudo esta situación puede convertirse en una dificultad por los siguientes motivos:

– Un psicólogo experto en duelo que vaya a terapia probablemente reciba lo que podríamos denominar un “tratamiento VIP”. En estos tratamientos, el profesional que le atiende tal vez lo haga dando por supuesto muchas cosas, algo así como “tú de esto ya sabes”. Eso impide que lo vea como a un paciente real. Las sesiones se acortan en el tiempo tratando de hacerle un favor y que le cueste menos dinero.

– A veces puede ocurrir que el profesional que está tratando a otro profesional se sienta juzgado o evaluado, cayendo en pensamientos del tipo: “Puede darse cuenta de que no sé tanto como él”. Hay casos en lo que esto deja de ser una preocupación en abstracto y se convierte en un problema real, dado que el experto que requiere ayuda cuestiona y trata de participar en el tratamiento que va a recibir.

– Por otro lado -y aunque no debería ser así- puede suceder que en el transcurso de la terapia aparezcan temas delicados. Ante la posibilidad de sentirse juzgado, lo más probable es que el paciente -profesional que pide ayuda- omita informaciones relevantes o trate de aparentar estar mejor de lo que está, para no dar la impresión de que no está capacitado para atender pacientes por si esa esa idea se extiende y pierde clientes.

Bloqueo del duelo pese a conocer la teoría

De todo lo anterior puede deducirse que un experto en duelo no está blindado en ningún caso frente al dolor que produce la pérdida, toda vez que es un ser humano. Conocer las teorías del duelo puede ayudarle a comprender lo que le está sucediendo, pero no tanto a resolverlo, dado que puede limitar su acceso a una terapia profunda y prolongada durante el tiempo que sea necesario.

El hecho de esforzarse mucho en hacer “bien” el proceso puede también bloquearlo, dado que es un proceso espontáneo que fluye y ese esfuerzo especial dinamita la espontaneidad del duelo. Todo esto será así en caso de que nos encontremos ante un duelo complicado. También puede ocurrir que el psicólogo atraviese uno sano y no requiera de ningún tipo de intervención psicológica ni médica.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

La decisión de atravesar “el túnel” del duelo o bordearlo (II)

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

 

© MalagónDecíamos en un artículo anterior que atravesar cada una de las tareas del duelo es necesario y doloroso, como entrar en un túnel cuya salida no podemos ver.

En el duelo sentir dolor significa “estar bien” porque implica que el doliente está en contacto con la realidad, con la pérdida del ser querido, con su muerte. Sin embargo, algunas personas no pueden afrontar el dolor y lo evitan, bordean el túnel.

La psique humana tiende a evitar el dolor y la angustia mediante mecanismos de defensa: rechazo, negación, represión, fijación, racionalización, aislamiento, regresión, somatización… Todos ellos sirven para atenuar la emoción “amenazadora”, en función de las fuerzas de las que dispone el doliente en ese momento.

Estos mecanismos son necesarios y útiles, cumplen con una función. Por eso, si el doliente puede tomar conciencia de dicha función, eso le ayudará a aflojar esos mecanismos y a buscar formas más constructivas de vivir sus emociones.

Causas de la evitación en el duelo

La evitación es una estrategia de supervivencia, de protección, que se da cuando por diferentes razones el doliente no cuenta con energía para soportar el esfuerzo que conlleva el dolor de afrontar el duelo.

Algunas de estas razones pueden ser:

El doliente es vulnerable por su forma adquirida de vincularse, o porque tiene pérdidas anteriores no resueltas.

Exceso de intensidad traumática debido a las circunstancias que rodean la muerte del ser querido.

Ausencia de contacto o apoyo social en el momento de la pérdida.

Cuando la persona no puede afrontar y tiene que bordear el túnel del duelo, lo que hace es enmascarar o evitar el duelo. Continue reading

¿Duele más perder a un hijo que perder a un padre?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A lo largo de mi carrera me he encontrado a menudo con esta reflexión de mis pacientes: ¿Cuál es la pérdida más dolorosa? ¿Qué pérdida duele más? Ante esta pregunta casi siempre tropiezo con la misma respuesta: “La pérdida más dolorosa es la pérdida de un hijo, es antinatural”. He escuchado esta respuesta de boca de profesionales de la psiquiatría, de psicólogos, de asistentes a conferencias y en formaciones relacionadas con el duelo.

La creencia popular afirma de manera contundente que lo que más duele es la pérdida de un hijo. Es curioso porque esta afirmación, tan habitual y tan firme entre personas que debaten sobre el duelo pero que no están en duelo, pierde firmeza entre los dolientes.

Podríamos decir que todo se ve muy claro desde fuera, pero que esa visión cambia radicalmente cuando la persona vive la experiencia. No es lo mismo lo que sabemos con la cabeza que lo que sabemos o aprendemos desde el corazón. Inmersos en el proceso de duelo, las certezas se desdibujan.

Qué duelo es el que duele más

Si asistiéramos a una terapia grupal de duelo podríamos observar cómo una de las inquietudes del grupo es saber qué pérdida duele más. En el caso del grupo de duelo, la inquietud tiene más que ver con el papel que tiene cada participante y el orden de importancia o prioridad. En realidad, es como si debatieran sobre cuál de los miembros del grupo tiene más derecho a recibir atención por parte del terapeuta, o quién merece o necesita más cuidados.

En algún momento de la terapia, es frecuente que alguno de los participantes establezca comparaciones. Reproduzco una síntesis de lo que podría ser un diálogo real en un grupo de duelo:

– Lo mío duele más, porque claro, la muerte de mi padre fue repentina, no nos la esperábamos.

– Ya, pero tu pérdida es ley de vida, los padres mueren antes que los hijos. Yo he perdido a un hijo y eso no tiene ni siquiera nombre.

– Es verdad que lo tuyo no tiene nombre, pero yo he perdido a mi marido, he cambiado de estado civil. Continue reading