El eneagrama y el duelo: El doliente con eneatipo 3

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

En este artículo, retomamos la descripción de los nueve eneatipos de personalidad que componen la teoría del eneagrama y su vinculación a los procesos de duelo.

En esta oportunidad, nos adentramos en el análisis de las reacciones más habituales que afectan a las personas con eneatipo 3.

Las personas que se agrupan bajo este número, suelen ser individuos que destacan por buscar el éxito y por implicarse mucho en el trabajo. Sienten que valen en tanto en cuanto logran, esa es su vara de medir su valía. Hay quien dice que al estar tan centrados en el hacer, puede parecer que en vez de seres humanos son haceres humanos… En ese sentido, tienden a ser personas competitivas y eficaces.

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Cómo afecta el duelo al grupo familiar y a la convivencia

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

 

La muerte de un ser querido es una situación de desasosiego, que afecta a todo el grupo familiar que sufre su pérdida. Un momento de profundo dolor que puede provocar estrés en el día a día de los dolientes y también en la convivencia. En este artículo analizaremos cómo el duelo puede influir en las dinámicas del grupo familiar y en la convivencia.

En ese sentido, las personas que cohabitan en la misma casa (familias, parejas, hijos…), afrontan el proceso de pérdida desde dos esferas: individualmente y cómo grupo y esto puede conllevar episodios significativamente estresantes.

Situaciones que generan estrés en el grupo familiar y la convivencia

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Por qué es necesaria la supervisión del psicólogo en la terapia de duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

Cuando comencé mi labor como psicóloga, impartiendo terapia de duelo, tenía muchas ilusiones: me sentía muy preparada y creía que la razón de que otros colegas hubieran fracasado antes que yo en determinados casos era porque no lo habían intentado lo suficiente. Poco sabía yo entonces acerca de lo que me iba a encontrar a lo largo de mi carrera.

Me hubiera gustado que alguien me guiase, me avisara de la realidad de la clínica. Pecaba de ambiciosa y tenía muchas ganas de hacer las cosas tal y como me las habían enseñado, pero en aquel momento ignoraba que no sabía casi nada. Hoy, casi diez años después de aquel momento, soy plenamente consciente de mis carencias, pero sé más que entonces.

A lo largo de todos estos años, he aprendido muchísimo de mis pacientes, de la experiencia y, sobre todo, de los supervisores que me han ayudado y acompañado durante todo este tiempo.

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¿Es posible programar el duelo infantil?

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

La muerte provoca reacciones cognitivas, conductuales y emocionales en todas aquellas personas cercanas al fallecido, al igual que ocurre con los niños y adolescentes. Por lo general, estas reacciones suelen empezar en todos los dolientes en el momento en el que se sufre la pérdida. En ese instante, surge un sentimiento de profunda tristeza durante los ritos de despedida. El doliente siente soledad y vacío cuando está en casa, se pueden producir enfados con la persona que ha fallecido o con la vida por ser injusta, tiende a estar más irritable con las personas de su alrededor, es usual que pierdan las ganas de hacer cosas, etcétera.

Pero no siempre es así. Puede ser que el duelo se bloquee, o se oculte y se manifieste tiempo después. A veces, cuando la realidad es demasiado abrumadora y no se tienen los recursos para hacerla frente, se bloquean las posibles reacciones a esta realidad.

Imaginemos que no nos gustan las alcachofas y que nos ponen un plato lleno a rebosar de ellas, cogemos un trozo a regañadientes y nos lo empezamos a comer. Cuando lo hemos masticado dos veces y tenemos toda la boca con sabor a alcachofa, además del plato enorme, también nos colocan en la mesa una fuente cinco veces más grande, para que nos la comamos. En ese primer instante en el que vemos cómo se posa la fuente en la mesa, probablemente ocurra un momento de bloqueo, como diciendo “no puede ser”. Esa situación concreta de aturdimiento, también se puede dar en el duelo y además, puede prolongarse durante mucho tiempo.

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Los cuatro tipos de culpa que afectan al proceso de duelo

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

La culpa es un sentimiento natural en el duelo y la mayoría de las personas la experimentan durante este proceso. Por definición, es la sensación de haber fallado por acción u omisión al ser querido, de haberle causado daño o haberle dado alguna muestra de desamor.

Ya sea la culpa real, irreal, fantaseada o exagerada, esta estará en consonancia con los valores de quien la percibe. Durante esta etapa, el doliente necesita que le facilitemos hablar de su culpa, permitirse imaginar cómo le habría gustado compensar al fallecido y también precisa de apoyo para poder elaborar una decisión de reparación.

Tipos de culpa en el duelo

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El esfuerzo en el duelo: cuando no sabemos acompañar al doliente

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

El duelo es un proceso del que muchas personas hablan, pero pocas lo conocen a fondo. Eso hace que existan una serie de creencias erróneas en torno a este proceso, que pueden hacer que el duelo se complique y, en el mejor de los casos, que el paciente se enfade o se sienta incomprendido. En este post ahondaremos en el esfuerzo que supone el duelo en el doliente cuando no encuentra el apoyo de su entorno.

Una de estas creencias consiste en pensar que el duelo depende de la voluntad del doliente, como si uno pudiera elegir entre estar o no en duelo, sentir o no dolor.

Este pensamiento coloca a los dolientes ante un planteamiento difícil de salvar: la idea de que, si ha pasado un tiempo desde la pérdida que el entorno considera prudencial (y que, por cierto, suele ser bastante corto) y sigues en duelo, es porque quieres. De este modo, culpabilizan al doliente de su situación y le conminan a que la modifique. Así que el doliente se encuentra con un doble dolor: por un lado, el dolor insalvable del duelo y por otro, la culpa de estar haciéndolo mal o ser torpe.

El esfuerzo en el duelo y la incomprensión del entorno

Sin embargo, lo cierto es que el duelo es un proceso que no se puede esquivar. No sólo eso, sino que es un proceso que no se puede forzar, que no admite presiones. El duelo no se puede dilatar ni acortar en el tiempo. Este hecho implica que a veces las personas afectadas por un duelo se vean obligadas a disimular. Porque no pueden no vivirlo, pero sí pueden no expresarlo. Como consecuencia el dolor no se comparte, no se expresa y no se diluye y eso hace que se cronifique. El paciente muchas veces se siente incomprendido, abandonado y siente que la sala de terapia es el único espacio en el que puede desahogarse.

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El duelo infantil: Cómo retomar la rutina con los niños tras el confinamiento

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

A menudo la muerte de un ser querido nos conduce al retraimiento y al recogimiento en el hogar. Una de las características del duelo es el desinterés por retomar la rutina, realizando actividades fuera de casa y la inapetencia de abandonar el hogar (¡o incluso la habitación!). Esto no es ningún signo de alarma, al contrario, es algo muy natural. Incluso los animales heridos buscan el retraimiento y la soledad.

La alarma salta cuando la persona que ha sufrido la pérdida es incapaz de reincorporarse a las actividades fuera de casa, a los encuentros sociales y a disfrutar del ocio. En este artículo, plantearemos cómo retomar la rutina con los niños tras el confinamiento motivado por el Coronavirus y tras la pérdida de un ser querido.

Durante esta situación de pandemia, es probable que muchos niños hayan perdido a un ser querido y se hayan visto recluidos en sus casas. Es posible también que algunos niños hayan sufrido una muerte anterior al estallido del Covid-19 y hayan tenido que eliminar sus actividades de fuera de casa y sus encuentros sociales.

¿Cómo afecta el confinamiento a los niños?

El confinamiento es una situación en cierto sentido apetecible: el duelo constituye una situación muy estresante, puesto que ocurren muchos cambios a niveles muy profundos y el cuerpo no tiene los recursos suficientes para hacerles frente de un modo muy eficaz. En este contexto, el hogar supone un ambiente con unas bajas demandas al que es más fácil enfrentarse.

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¿Existe el duelo colectivo?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

Desde que empezó la pandemia por el Covid-19 y, a medida que iba aumentando el número de muertos, comenzó a hablarse intensamente del duelo colectivo.

A lo largo de este tiempo, muchos medios se han hecho eco de este concepto y han dialogado acerca del duelo colectivo que viviremos cuando acabe el confinamiento. En esta ocasión, ahondaremos acerca del uso impreciso de esta terminología por parte de los medios de comunicación ante el duelo provocado por la insólita situación que estamos viviendo.

¿Qué es el duelo colectivo?

Tal y como yo lo veo, es un concepto que se ha utilizado para tratar de describir una situación absolutamente anómala. Una circunstancia difícil de procesar que es, a su vez, extrema, dolorosa, traumática e impactante.

¿Existe el duelo colectivo?

Lo cierto es que yo creo que no o, al menos, no en un sentido estricto, porque el duelo es un proceso individual. De hecho, si nos atenemos a la definición, el duelo es el proceso que sigue a la pérdida de un ser querido. Sobre este punto podemos debatir, ya que los expertos señalan que cada muerte puede afectar a una media de diez personas. Por lo que, si multiplicamos por diez el número de fallecidos hasta ahora, podríamos concluir que cuando todo esto acabe habrá alrededor de 300.000 personas en duelo. A pesar de ello, esto no implica que todos estemos afrontando un duelo colectivo.

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Cómo abordar una primera visita al cementerio con los niños

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

Actualmente nos encontramos en una situación extraña y estresante: el Covid-19 nos ha confinado en casa y ha provocado que muchas familias hayan perdido a algún miembro en los últimos meses. En este artículo abordaremos una serie de pautas destinadas a facilitar la primera visita de los niños a un cementerio.

Aunque todavía tendremos que convivir en este incierto contexto durante un tiempo, cada vez vamos notando más aire fresco y empezamos a vislumbrar el final del túnel. Han comenzado a eliminarse algunas restricciones, progresivamente podemos salir de casa con más asiduidad y, en breve, también podremos desplazarnos a otros lugares un poco más lejanos. Esto significa que aquellas familias que han perdido a un ser querido, van a poder visitar su tumba si ha sido enterrado. A su vez, esto puede suponer para muchos niños su primera vista a un cementerio.

Muchos niños obtienen la referencia de lo que es un cementerio, o cómo son las tumbas y el ambiente que se respira, a través de los dibujos animados o la televisión, de modo que no suele ser una representación muy fidedigna. A menudo se representan como lugares sombríos y descuidados. Si nos imaginamos un cementerio de dibujos animados, es habitual que las escenas transcurran de noche, acompañadas de una bruma siniestra, árboles sin hojas, junto a búhos que ululan o incluso una mano que asoma desde alguna tumba.

Cómo abordar la primera visita al cementerio

Si el niño tiene esta referencia y le proponemos hacer una breve visita a la tumba de nuestro ser querido, es probable que la idea no le haga mucha gracia. Por eso, os proponemos una serie de pautas para facilitar este proceso:

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Y ahora que ha fallecido, ¿qué hago con sus cosas?

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

A menudo las personas en duelo se preguntan cuándo deben desprenderse de las pertenencias de un ser querido que ha muerto. La duda de cuándo recoger, regalar, tirar o recolocar las cosas del fallecido suele preocupar al doliente: ¿Me perjudica, es malo que aún no lo haya hecho? ¿Si han pasado meses desde su fallecimiento, tendría que empezar ya?

Sin embargo, el hecho de recoger sus cosas y decidir qué hacer con ellas es un proceso que no se puede forzar o empujar, si el doliente aún no tiene fuerzas para hacerlo. No hay normas sobre cuándo es el mejor momento para afrontarlo o cuándo alguien se está retrasando. Cuando una persona está en duelo, su mundo interno y el mundo externo van a diferentes velocidades. El doliente debe escuchar cuál es su velocidad ahora y actuar respetándola.

Implicaciones de los objetos en el duelo

Fíjate en tu cuerpo y nótalo: ¿Qué te pide tu cuerpo al ver sus pertenencias? ¿Soltarlas o aferrarte a ellas? Puede que sientas consuelo y dolor al mirar sus cosas, tocarlas… O, por el contrario, sientes tanta rabia al verlas que te desharías de ellas al instante. También puede ocurrir que quieras guardar sus objetos para siempre, no aceptar lo ocurrido y negar la realidad del fallecimiento. Continue reading