Superar el duelo: ¿Dónde está mi ilusión?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Una preocupación habitual que manifiestan las personas que están atravesando un proceso de duelo tiene que ver con la pérdida de la ilusión y de las ganas de emprender proyectos o actividades, o simplemente fantasear con ellas. Muchos dolientes temen que ya nunca volverán a sentir esta emoción y que van a estancarse en esa sensación de bloqueo o de tristeza que todo lo cubre.

La ilusión va asociada a volver a estar presente en la vida, a interesarse y participar de nuevo como agente activo, pasando del modo automático al consciente. Por eso, la tristeza profunda que trae el duelo en sus momentos más agudos es difícil de combinar con la ilusión, ya que son dos fuerzas contrarias y la tristeza nos lleva hacia dentro: al recuerdo, al repaso, al llanto, al recogimiento.

Las fuerzas que dirigen el duelo

El duelo mezcla muchas emociones: no sólo está presente la tristeza, también el miedo, la ira, la culpa. Todas ellas demandan una gran energía. A los dolientes les sorprende el cansancio que sienten, pero es que este trabajo emocional es agotador. Este conjunto de emociones que requieren tanto y que dirigen el foco de nuestra atención hacia dentro, durante mucho tiempo son las que llevan el ritmo y la dirección del proceso.

La ilusión, por el contrario, es una emoción expansiva cuya fuerza se centra en el presente y que permite mirar hacia el futuro. Así, entra en contradicción con la dirección de la tristeza y de otras emociones habituales en el duelo cuando éstas se encuentran en su intensidad máxima.

Las emociones en el duelo

Tras la pérdida de un ser querido, lo que vamos sumando es, por un lado, la tristeza, que nos hace mirar hacia dentro y buscar la sensación de un lugar seguro; por otro lado, aparece el miedo, la inseguridad, que por un tiempo limita nuestra seguridad para dirigirnos hacia lo nuevo. Parece que la propia confusión (o la incertidumbre, que es otra de las caras del miedo) que define el proceso del duelo es suficiente reto. Continue reading

TERCA, un acrónimo para afrontar el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Desde hace unos años, en nuestra entidad recibimos a menudo consultas sobre duelo por correo electrónico, la mayoría de ellas procedentes de personas que han perdido a un ser querido recientemente. Cuando digo “recientemente” me refiero a que, cuando nos escriben, en general sólo han pasado un par de semanas, a veces incluso menos, desde el fallecimiento.

Estas personas nos escriben angustiadas, desbordadas por la intensidad de las sensaciones que están viviendo, sintiéndose incomprendidas. Nos piden con pocas palabras una orientación breve que les permita continuar con sus vidas, recolocarse en los primeros días o en las primeras semanas tras la pérdida.

A todos ellos, a los que nos han consultado en el pasado y a los que siguen preguntando, a los que están en esa misma situación va dirigida esta carta a un doliente reciente.

Qué hacer al inicio del duelo

Cuando el duelo nos golpea, necesitamos que nos digan que todo va a estar bien, que el dolor pasará, pero también necesitamos que nos digan cómo hacerlo.

Respetando el principio de que no existe un solo duelo igual a otro, es este artículo me atrevo a proponer una fórmula que recoge cinco ingredientes clave que deben estar presentes en un proceso de duelo sano, independientemente de que cada individuo vaya a necesitarlos en distinta medida.

Esta fórmula forma un acrónimo sencillo de recordar: TERCA y cada una de las letras contiene uno de los ingredientes principales. Sin duda esta fórmula es discutible y también mejorable, pero es un punto de partida desde el que empezar a caminar en esos primeros instantes. Continue reading

Recursos para trabajar el duelo: El salvavidas

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

En el camino del duelo hay momentos que son especialmente arduos. Unas veces tiene que ver con la proximidad de fechas señaladas (no podemos dar la espalda al calendario, aunque lo intentemos) y otras, tiene que ver con el propio proceso, con los movimientos que sigue, que a menudo lleva al doliente a zonas de mucha oscuridad.

En momentos así, además del trabajo que se propone en terapia, podemos plantear un trabajo extra para gestionar estos días. Esta propuesta se puede hacer tanto en terapia individual como en grupo.

Una ayuda para los momentos más duros del duelo

Lo denominamos “salvavidas” porque es el recurso al que proponemos recurrir cuando los días están siendo o se avecinan complicados, o cuando se está atravesando un momento de especial crudeza en el duelo.

Recientemente leí que el sentido profundo de nuestra vida lo encontramos buceando muy adentro de nosotros mismos. Quizá, encontrar el sentido de nuestra existencia es una tarea grande que implica un trayecto muy largo, casi de una vida, pero mi experiencia es que es dentro de cada persona donde reside lo más auténtico de cada uno, que es guía y timón en nuestras vidas.

Todo proceso de autoconocimiento, de autoindagación, lleva a esa profundidad en la que se puede sentir que no sólo somos nuestra personalidad, nuestros automatismos, sino que somos mucho más que todo eso; que hay una parte esencial en nosotros a la que nadie pueda acceder desde fuera y que, aunque permanece enterrada bajo muchas capas, es motor de vida y busca hacerse camino y crecer.

Razón y corazón en el duelo

En los momentos oscuros, reconectar con esta parte de nosotros puede ser un salvavidas, volver al hogar interno, conectar con lo que nos da raíces y que nos permite “acompañar” a otras partes de nosotros que se sienten con miedo, abrumadas, bloqueadas o sin rumbo.

En circunstancias así, no solo necesitamos de nuestro intelecto para manejarnos con ello, necesitamos de partes mucho más sutiles. La parte racional de nuestra mente, con toda su potencia y su capacidad, no abarca este nivel de sutileza, se pierde frente a toda la inmensidad del complejo mundo interno. El pensamiento no tiene límite y puede perderse fácilmente. La emoción, sin embargo, que nos lleva a aspectos muy centrales y muy esenciales, nos da una información que a la que luego damos sentido mediante el pensamiento. Continue reading

El duelo en la pareja: Signos que indican una crisis en la relación

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

En artículos anteriores hablábamos de los diferentes escenarios que pueden darse en una relación de pareja, cuando uno de sus miembros -o los dos- sufre la muerte de un ser querido. En los casos en que se produce un distanciamiento de la pareja, los signos que nos pueden indicar que existe una crisis son cambios en las siguientes áreas:

La comunicación

Dado que el duelo es un proceso que requiere mucha energía e implica poner en marcha muchos recursos, puede suceder que el doliente deje de ser tan comunicativo como era antes o que modifique su patrón de comunicación, pasando de un estilo más cercano a uno más distante, de uno más distendido o relajado a uno más tenso, o de ser muy comunicativo a serlo poco o nada.

Esto tiene que ver con la necesidad de establecer un diálogo interno con el propio dolor para ir dándole salida y darle sentido. Esta comunicación interna puede inhibir o modificar la comunicación habitual dentro de la pareja. Si la pérdida ha sido conjunta el patrón afectará a ambos y, en el caso de que sólo uno de los miembros de la pareja haya sufrido la pérdida, sólo le afectará a él. Los cambios en la pareja vendrán derivados de la posibilidad de adaptarse a ese nuevo patrón de comunicación.

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Preguntas para explorar el duelo (II): ¿De qué está hecho mi dolor?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl dolor es un sentimiento complejo, compuesto de las distintas emociones que cada persona siente, elabora y experimenta de forma diferente. Si bien el dolor es el sentimiento esencial y compartido cuando sufrimos una pérdida, el trabajo de cada uno con su dolor se lleva a cabo conociéndolo.

Elaborar el duelo tiene mucho que ver con sentir, conocer y permitir el dolor. Es una de las tareas del duelo que nos propone Wiliam Worden: “Elaborar las emociones y el dolor que viene con la pérdida”. Según este reconocido autor, siempre que se produce la pérdida de un ser querido, ésta se siente con dolor en mayor o menor medida, con las características únicas de cada persona.

Pero un duelo no se puede elaborar sin sentir dolor. El dolor está tan relacionado con el duelo, que el mismo origen latino de la palabra, “dolus”, significa dolor.

Diferencias en la forma de sentir el dolor tras una muerte

Hablar de dolor, sin embargo, puede resultar ambiguo. Mi concepto y mi sentir del dolor es distinto al tuyo y, cuando se refiere a una pérdida, esta diferencia se acentúa más aún. No es lo mismo que el dolor de alguien sea como sentirse huérfano o que el dolor de otra persona sea como sentirse perdido. Ambos son dolores, pero no se sienten igual, ni implican lo mismo, ni significan lo mismo.

Siempre insistimos en que es imposible comparar el grado de dolor entre una pérdida y otra, y en que no podemos establecer cuál es la muerte más dolorosa ni la peor, puesto que aquí entra el concepto de dolor, y el dolor es algo puramente subjetivo y muy complejo. El dolor ante una muerte depende fundamentalmente del vínculo que el doliente tenía con la persona que ha fallecido, las circunstancias en que ocurrió la muerte, la historia previa y la personalidad del doliente, y del apoyo subjetivo que siente.

No hay que evitar el dolor tras una pérdida

La propuesta que hacemos para adentrarnos un poco más en el conocimiento del propio dolor comienza con no evitarlo. En la medida en que nos acercamos al propio dolor, vamos liberándolo y conociéndolo. Y a medida que vamos conociéndolo, vamos quitando capas hasta conectar con el núcleo del dolor.

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Cuando el profesional sanitario está en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A través de este artículo queremos promover una reflexión profunda en todos aquellos profesionales que, directa o indirectamente, intervienen o atienden a personas que están atravesando un duelo por la pérdida de un ser querido.

En anteriores artículos hemos hablado de cómo abordar el duelo, cómo identificar las señales de un duelo complicado, qué hacer para ayudar al doliente en los primeros momentos, pero… ¿qué ocurre cuando quien ha sufrido la muerte de un ser querido es el propio profesional que atiende a personas en duelo? 

Cuando se da esta situación tenemos que atender a dos aspectos:

  • – Por un lado, ¿qué ocurre con los pacientes de un experto en duelo cuando éste se encuentra atravesando un duelo?
  • – Por otro lado, ¿quién atiende o cómo se ayuda a un profesional en duelo?

Qué hacer si el duelo afecta al profesional

Con respecto al primer punto, puede ocurrir que el profesional, al menos en los primeros momentos de su propio proceso, no pueda contener la emoción ni concentrarse en su trabajo, o que simplemente le remueva demasiado el contacto con personas que están en duelo. En este caso, lo ideal es que se tome un tiempo de descanso, por lo menos en relación a la práctica clínica. Esta pausa debe servirle para reponer energías y para ir elaborando su duelo.

El profesional puede encontrarse esta situación en cualquier punto de su propio proceso, puede ser que al principio no le afecte y luego sí, o al revés. Una vez que lo advierta, debe retirarse de la práctica clínica para no ser maledicente y derivar a sus pacientes a otro profesional que pueda hacerse cargo. A veces es un compañero quien detecta esta situación y sugiere al profesional que se supervise y se retire. Para eso están los equipos de trabajo y las supervisiones colectivas.

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500 palabras para la compasión

Sara Losantos, Pilar Pastor y Patricia Díaz, psicólogas de FMLC

 

© MalagónCuando tuvieron lugar los terribles atentados de Estambul y Niza, el equipo de psicólogas de la Fundación Mario Losantos del Campo escribió este artículo para expresar su solidaridad y cercanía a los afectados, así como para aportar alguna pauta para aliviar y apoyar desde aquí a los familiares y amigos de las víctimas de la violencia terrorista. Lamentablemente, hoy este artículo sigue vigente.

Resulta enormemente difícil encontrar palabras para abordar un tema tan complejo y tan espinoso como es el duelo que produce la muerte de un ser querido, cuando ésta ha sido provocada por otro semejante.

Obstáculos en el duelo traumático

Una de las principales complicaciones que puede encontrar cualquier persona que pierda a un ser querido en un atentado es la dificultad para darle sentido a la experiencia de pérdida. Todo aquello que generalmente resulta útil en un proceso de duelo resulta insuficiente cuando afrontamos la muerte de un ser querido en un atentado, debido a la magnitud del impacto.

Tras un atentado de estas características, la prioridad es atender la devastación que deja la crueldad a su paso. Tan sólo el amor, la compasión y el encuentro genuino con otro ser humano pueden sostener y contener el alma rota de un país en duelo.

Tal vez esta explicación pueda resultar pueril o insuficiente, pero en este momento el amor constituye realmente una auténtica fuerza frente al odio, al horror y la destrucción. Aunque ahora mismo pueda parecer que el odio lo ocupa todo, al igual que aquel sabio indio, necesitamos descubrir que “el amor es silencioso, pero es superior al odio que hay en el mundo. Si no fuera así, el mundo no resistiría”.

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El coste (emocional) del duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

“Nadie dijo que la vida fuera fácil” y no lo es. A lo largo de la vida vivimos una gran cantidad de experiencias y situaciones que requieren de nosotros un enorme gasto de energía y de recursos emocionales.

Desde pequeños, todos partimos con una bolsa simbólica de recursos, diferente para cada uno, con los que hacer frente a los sucesos desagradables que a veces tenemos que afrontar en la vida, como la muerte de un ser querido, una ruptura, un trauma, etc. Cada evento traumático desencadena un conjunto de reacciones por nuestra parte, dirigidas a reparar el daño y a recuperar el equilibrio. Pero esa reparación tiene un “precio” y éste consiste en un “gasto” en nuestra bolsa simbólica de recursos.

El duelo tiene un gran impacto en la persona y la obliga a hacer un desembolso de recursos, de tal manera que la capacidad de cada doliente para afrontar un duelo dependerá en cierta forma de la cantidad de recursos que tenga en ese momento para hacer frente a la pérdida. Y dicha cantidad dependerá en gran medida de los eventos anteriores o “gastos” que haya tenido que hacer, en función de las distintas experiencias que haya vivido esa persona hasta ese momento.

¿Qué ocurre cuando el saldo emocional que tenemos es negativo?

A veces puede suceder que en la vida hayamos tenido que hacer frente a muchas pérdidas, lo que podría determinar que hubiera habido que hacer muchos gastos. Es el caso de las personas con historias duras, pasados tortuosos, que han sufrido múltiples pérdidas o han vivido experiencias trágicas.

En esos casos, la capacidad de afrontamiento está limitada, igual que una cuenta bancaria estaría en números rojos cuando una persona ha tenido que hacer frente a gastos imprevistos. Entonces nos podríamos encontrar con una persona sin energía, desesperanzada y sin ganas de luchar.

¿Qué hacer en estas situaciones?

En las ocasiones en que nos encontramos con un “saldo” insuficiente para hacer frente a la pérdida, hay que trabajar para ganar recursos, para generar y recuperar un “saldo positivo”. Sería algo así como “pedir una hipoteca”.

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Herramientas para trabajar el duelo: La huella vital

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl duelo es un proceso que implica múltiples tareas para ser elaborado por el doliente. Por un lado está el dolor, definitorio del proceso, pero sobre el que no tenemos mucho control: no sabemos ni cuánto durará, ni que intensidad tendrá, es diferente en cada experiencia de pérdida. Sólo podemos recibirlo y atenderlo -que ya es mucho, ya que implica afrontarlo- con paciencia y aceptación, puesto que el duelo consiste en eso, en sentir el dolor que deja la ausencia del ser querido.

Por otro lado, hay multitud de aspectos del duelo que sí son susceptibles de ser trabajados intencionadamente, como por ejemplo, el trabajo de reconstrucción del vínculo.

El dolor en el duelo inmediato

Cuando alguien que queremos fallece, por un lado deja un vacío, un espacio que no puede ser ocupado por otra persona. Por otro lado, nos deja también una influencia de experiencias, de formas de ver la vida, de sentimientos, de expresiones y de costumbres.

Al comienzo del proceso de duelo, todos estos recuerdos e influencias están acompañados fundamentalmente de dolor, aunque también existe la necesidad de recordar al fallecido, de estar con sus pertenencias y con la tristeza, puesto que también trae algo de alivio.

Conforme el proceso se va elaborando y la aceptación va permitiendo relacionarse con el propio duelo de una forma más serena, todas esas experiencias que conformaban el vínculo con el fallecido se empiezan a experimentar con agradecimiento y parece como si brillaran más.

Recolocar emocionalmente al fallecido

Una de las tareas que debe afrontar cada doliente para elaborar correctamente el duelo es la reconstrucción del vínculo con la persona que ya no está. Esta tarea es necesaria en un momento del proceso, pues para que el duelo pueda ser elaborado, el doliente debe encontrar la manera de transformar el vínculo que tenía con el fallecido.

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Emociones irracionales que son razonables en el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónYa lo decía Blaise Pascal, cuando afirmaba que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Durante el proceso de duelo, a veces las emociones nos inundan, nos sacuden y nos confunden. En esa situación, buscamos poner orden a través de nuestra razón y juzgamos que nuestra tristeza es excesiva, o demasiado prolongada, o bien que nuestro enfado es demasiado intenso. Entonces nuestra respuesta es enfadarnos con nuestra tristeza o avergonzarnos de nuestro miedo, pero eso, lejos de clarificar la situación, la complica y le añade oscuridad.

En definitiva, esta reacción demuestra que confiamos poco en nuestras emociones y mucho en nuestra cabeza, en nuestro pensamiento. Y a menudo esto nos hace olvidar que somos seres pensantes, pero también seres sintientes. Creemos que el pensamiento es más auténtico que la emoción y restamos valor a la ventaja adaptativa que han supuesto las emociones para el ser humano.

Elaborar las emociones del duelo

La segunda tarea del duelo -según la teoría de William Worden– es quizás la que mayor complejidad encierra y la que mayor esfuerzo y tiempo implica para nuestros pacientes. Ésta consiste en elaborar las emociones relacionadas con la pérdida, pero no especifica qué emociones son esas, ni tampoco establece que unas sean buenas y otras malas.

Los psicólogos tenemos clasificaciones para todo: catalogamos las emociones como positivas y negativas, racionales e irracionales. Sin embargo, estas clasificaciones no arrojan luz sobre el proceso de duelo, porque una emoción puede ser irracional, pero necesaria, e incluso irracional pero razonable.

Emociones irracionales pero necesarias

Todo esto puede parecer una paradoja o una contradicción, pero no lo es. Uno de los mayores obstáculos a la hora de elaborar la segunda tarea del duelo es precisamente el juicio que nosotros mismos hacemos sobre nuestras emociones. En ocasiones vertimos ese juicio hacia nosotros mismos -cuando juzgamos nuestra propia experiencia-, mientras que otras veces es nuestro entorno quien juzga la validez, la adecuación, o la utilidad de nuestros sentimientos en el seno del proceso de duelo.

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