Características y dificultades del duelo perinatal

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

El duelo perinatal comparte aspectos con el duelo como proceso general. No existe un duelo perinatal igual a otro y duele como duele cualquier otra pérdida. También comparte las estadísticas que afirman que el duelo, en un porcentaje muy elevado de los casos, es un duelo sano y se puede superar sin ayuda.

El duelo perinatal es aquel que se produce tras la pérdida de un bebé durante el embarazo, o en los momentos previos o posteriores al parto. En este tipo de duelo concurren dos momentos vitales antagónicos: la vida y la muerte. Este hecho marca definitivamente un proceso que tiene matices específicos. Para la madre gestante esta experiencia supone un choque brutal en el que los dos extremos de la vida se hacen evidentes.

Aspectos diferentes del duelo perinatal

Por otro lado, en ningún otro tipo de duelo el doliente tiene ese componente hormonal tan elevado que va dirigido a la maternidad, al desarrollo del vínculo, a la generación de la vida. La muerte del bebé -ya sea en el útero materno, a los pocos días de nacer o durante el parto- supone una ruptura abrupta con las expectativas de la futura madre.

Otro componente absolutamente diferenciador es el shock que las madres viven alrededor de esta pérdida, que es realmente compleja de asimilar porque las hormonas, el cuerpo, envían indicadores contradictorios. El cuerpo de la mujer genera prolactina versus cortisol y acetilcolina, formando un cóctel difícil de gestionar para la madre.

El tabú en torno al duelo perinatal

Se habla poco de la muerte que se produce durante la gestación, o en los momentos cercanos a ésta. El hecho de no hablarlo no nos ayuda a alejar o evitar esa realidad, sino que nos desprotege.

No estamos preparados ni social ni profesionalmente para atender un duelo de estas características: las matronas, las enfermeras, los médicos… no encuentran palabras ni saben qué hacer en esas situaciones.

Algunos profesionales hacen uso del sentido común y de sus habilidades, pero no existe ningún protocolo específico o “humanizado” para atender esta experiencia tan desgarradora. Hay mucho que avanzar en ese sentido.

Ausencia de protocolos sanitarios ante la pérdida perinatal

Los países anglosajones, con más experiencia en este campo, disponen de protocolos, de habitaciones acondicionadas para que los padres se despidan de su hijo o le hagan fotos, clínicas especializadas para mujeres que han tenido pérdidas gestacionales previas. Nada de esto existe todavía en casi ningún lugar del mundo, pero es hacia lo que tenemos que dirigirnos: al desarrollo de unidades que permitan atender estas situaciones especiales.

El pasado mes de enero una mujer que había vivido la pérdida de un bebé inició una petición en la plataforma Change.org para pedir que el ministerio de sanidad establezca un protocolo para atender este tipo de casos: acciones como no ubicar en la misma planta a mujeres que acaban de tener un bebé con otras que acaban de perderlo, o destinar una habitación en la que los padres puedan despedirse del bebé.

También se pide la posibilidad de recibir atención psicológica temprana y que se explique cómo va a ser el procedimiento a las madres que van a dar a luz a un bebé muerto. Hasta ahora, esta petición lleva más de 200.000 firmas.

El duelo no reconocido por la pérdida de un bebé

Un último aspecto que tienen en común este tipo de pérdidas es la deslegitimización de su vivencia. A menudo el entorno les resta importancia con frases como:

  • “Puedes tener más hijos”.
  • “No has tenido tiempo de encariñarte de él”.
  • “Habrá sido para bien…”

En general se resta valor o importancia al dolor de la mujer que ha perdido a un bebé de forma prematura. Y si hablamos del padre, la importancia que se le da suele ser prácticamente inexistente. Esto hace que los padres que viven esta experiencia se aíslen y sólo compartan su dolor con personas que han atravesado la misma situación que ellos.

Independientemente de los matices de este tipo de duelo, para acompañarlo y afrontarlo sirven las mismas fórmulas que hemos abordado en otros artículos previos, respetando o adaptándolas a las necesidades de cada caso.

Aspectos que facilitan el duelo perinatal

El tiempo será un aliado importante, no el único, pero tiene que pasar para que el dolor se mitigue. El duelo requiere tiempo, como cualquier otro proceso.

La legitimación del dolor. Lo hemos hablado en otras ocasiones, hay que permitir y normalizar el dolor, porque todo aquello a lo que nos resistimos persiste y todo aquello que permitimos fluye.

Poder entrar en contacto con asociaciones que permitan establecer lazos con padres y madres que han vivido esta experiencia. En España, “Umamanita” o “El parto es nuestro” trabajan sensibilizando frente a la pérdida perinatal y atendiendo a mujeres que han vivido esta situación,

Pedir lo que necesitamos. El duelo exige que los padres que han perdido a un bebé se centren en sus propias necesidades y se conviertan en agentes activos en busca de lo que necesitan, haciendo participar a la comunidad. No elaboramos el duelo en solitario, vivimos en comunidades y el duelo es un proceso que se vive y se resuelve también en comunidad.

No dar nada por sentado. A veces las palabras tienen significados distintos para cada persona. Es fundamental aclarar el significado que tiene la pérdida para cada doliente porque es ahí dónde reside la clave del duelo y es también lo que diferencia un duelo de otro. Es necesario profundizar en la experiencia, comunicarse, abrirse a otros y compartir para salir del dolor.

Mantener la confianza en que se puede resolver y en que se puede superar. Podemos alimentarla con mensajes propios o de otros, con frases como “Esto también pasará”, o “No desesperes porque de las nubes más negras cae agua limpia”, o “No hubo noche por oscura que fuera, que no amaneciera”.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

Los profesores y el duelo infantil: ¿Qué hacer cuando fallece un alumno?

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Hace poco nos sorprendíamos con la noticia del fallecimiento de varios menores en España por diversas circunstancias. Aunque es poco habitual, en ocasiones ocurre que los niños son víctimas de accidentes trágicos o de acciones violentas.

En esos momentos, resulta difícil dar una explicación a sus compañeros de clase, que tienen noticia de los sucesos que acaban con la vida de sus amigos sin entender muy bien todas las dimensiones de la muerte y cómo enfrentarse a ella.

En este último mes se ha producido en Madrid la muerte de un menor al que le cayó un árbol accidentalmente, también recibimos la noticia de un niño atropellado mientras estaba de vacaciones, asesinados por alguien muy cercano a su familiaSe trata de situaciones muy desagradables que, si bien no son habituales, exigen explicaciones que se alejan de los razonamientos normales y naturales para tratar la muerte.

Cuando fallece un compañero de clase

En nuestra entidad es habitual que, cuando se produce una situación de este tipo, los orientadores de los centros educativos nos llamen para saber qué hacer con los compañeros de los menores fallecidos. También nos consultan a menudo los padres que niños que tenían una relación cercana con ellos y compartían muchos espacios comunes de juego, ocio y amistad, con el fin de saber cómo abordar el tema de forma adecuada para que más adelante no haya problemas derivados de ese abordaje.

Os dejamos algunas recomendaciones básicas para tratar de abordar estas cuestiones tan complejas y dolorosas en la comunidad educativa. Continue reading

El duelo por una muerte repentina: Carta abierta a los jugadores del Alzira

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

El pasado fin de semana un jugador de la categoría cadete del Alzira se desplomó por un ataque cardíaco mientras disputaba un partido de fútbol en la localidad valenciana de Ontinyent. A sus quince años, la muerte le sobrevenía practicando deporte en el césped junto a diez compañeros y once rivales.

Esta clase de sucesos no son frecuentes, pero tampoco son casos aislados y, desgraciadamente, muchos deportistas -incluso los menores de edad- no están exentos de sufrir esa situación ni de presenciarla.

Los responsables del equipo han pedido ayuda a la federación de fútbol, que debiera estar preparada para abordar estos temas, pero por si no lo estuviera, desde FMLC queremos aportar unos consejos para estos primeros momentos que se han vivido.

Cómo atender el duelo colectivo

Lo primero hay que tener en cuenta en este caso es que se trata de un duelo colectivo: hay muchas personas afectadas por la pérdida, desde la familia más cercana del futbolista, hasta sus compañeros del equipo, el cuerpo técnico y las categorías inferiores por las que haya pasado, rivales y, por supuesto, los familiares de otros niños que estuvieran en el campo.

Ser testigo de un fallecimiento de esas características nos impacta por muchos motivos: lo inesperado, la relación con el fallecido, la incapacidad para percibir la gravedad de manera previa… son factores que nos van a influir en los primeros momentos. Continue reading

El duelo por la desaparición de un ser querido

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Cuando un ser querido fallece, comienza un proceso de duelo que comprende y recoge todas las reacciones normales ante esta pérdida. Sin embargo, cuando la persona desaparece y no existen evidencias de que haya muerto ni de que siga vivo, se presenta una dificultad añadida en este proceso. A ese dolor, normal en la pérdida, se suma la duda y la falta de certezas.

En ese contexto, para los familiares del desaparecido resulta casi imposible aceptar la pérdida y comenzar a gestionar el dolor. El dolor está hecho de incredulidad, de un estado de permanente alerta esperando noticias en un sentido o en otro, de tristeza por la ausencia.

En esos momentos lo más habitual es que las energías se inviertan en buscar a la persona desaparecida, de modo que el proceso de duelo como tal queda en un segundo plano. Esta situación puede durar años y finalizar, bien con el hallazgo del cadáver o, de un modo más ambiguo, con una declaración de fallecimiento. En este último caso, los familiares tal vez  se aferren a la esperanza de encontrarla con vida.

La incertidumbre en el duelo

Cuando un ser querido desaparece, lo normal al principio es que la atención de sus familiares esté centrada en la investigación policial y en la ayuda que puedan ofrecer los medios de comunicación, difundiendo la noticia para encontrar algún indicio que ofrezca pistas sobre el paradero de la persona que ha desaparecido.

Resulta difícil imaginar que una persona inmersa en la búsqueda de un ser querido quiera recibir apoyo para resolver su duelo, pero si lo hiciera, cabe imaginar que se plantearía un caso complicado.

Uno de los rasgos característicos de esta clase de casos es que los familiares de la persona desaparecida siempre mantienen la esperanza. Por mucho tiempo que haya transcurrido, siempre es posible imaginar que el ser querido está vivo en otra parte, porque mientras no se encuentre su cadáver no tenemos evidencias de que haya muerto. Continue reading

Cuando no hay certezas en el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Dedicado a un héroe con monopatín y a los que son como él

 

La historia nos muestra que las personas nos unimos en el dolor. Los recientes atentados en Reino Unido han sido una buena prueba de ello.

Los días que se sucedieron desde que conocimos la noticia del último ataque en Londres hasta que se identificó a todas las víctimas narran la historia de un pueblo. Es la historia de una sociedad entera, la española, que siguió de cerca el desarrollo de la noticia a través de las redes sociales y de los medios de comunicación.

Durante esos días, muchas personas nos asomábamos a las noticias en un intento desesperado de acercarnos y arropar a esa familia  que, a miles de kilómetros, sufría el dolor de una ausencia sin respuestas. Pocas veces se ha visto tanta unión, tanto interés y tanta preocupación expresado de forma tan rotunda.

El duelo colectivo y el apoyo social

Resulta imprescindible abandonar el tono técnico y académico para hablar de lo que sucedió en esos días, porque sin duda fueron momentos que escapan a cualquier intento de comprensión o abordaje racional. Y en aquella situación tan devastadora aprendimos dos cosas:

1. La importancia que tienen esos primeros momentos tras un atentado. Lo necesario que es dedicar esfuerzos y energías a la tarea de identificar lo antes posible a las víctimas, atender a los familiares en esos primeros momentos de ausencia de noticias, de tanto vacío. A medida que se suceden las horas entre tanto dolor, cada gesto cuenta y la burocracia está llamada a humanizarse y ponerse al servicio de las necesidades de una familia desolada, para evitar a los afectados todo el dolor posible. Continue reading

El duelo colectivo y el papel de los medios de comunicación

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

En general, estamos acostumbrados a que, cuando se produce una catástrofe de grandes dimensiones -ya sea un atentado o un accidente muy grave-, las cadenas de televisión retransmitan las imágenes del suceso para darle una cobertura global.

Por eso, a menudo ocurre que, durante los días posteriores a una tragedia, todos los canales de televisión emiten en horario casi continuo las últimas novedades relacionadas con las víctimas, la atención a los afectados y las investigaciones del suceso.

Sin embargo, está demostrado que la exposición a las imágenes de un suceso traumático tiene un efecto retraumatizante en la población, incluso cuando son visionadas por personas que no han perdido a ningún ser querido en la tragedia. A la hora de gestionar un suceso trágico, cada persona tiene una responsabilidad moral distinta. Y si la labor del psicólogo es facilitar pautas al resto de los agentes sociales que les ayuden a prevenir el desarrollo de duelos traumáticos o complicados; la del periodista, en cambio, es decidir qué imágenes se publican.

Cómo informar con ética de un suceso trágico

Después de presenciar la morbosa cobertura informativa de algunos sucesos recientes no puedo ignorar el hecho evidente de que en los medios de comunicación a menudo priman más las audiencias y la inmediatez que el respeto a los familiares y a las víctimas. Así, bombardean a los espectadores con imágenes que no sólo reavivan el trauma entre los afectados, sino que también tienen un efecto de shock en la población. Continue reading

500 palabras para la compasión

Sara Losantos, Pilar Pastor y Patricia Díaz, psicólogas de FMLC

 

© MalagónCuando tuvieron lugar los terribles atentados de Estambul y Niza, el equipo de psicólogas de la Fundación Mario Losantos del Campo escribió este artículo para expresar su solidaridad y cercanía a los afectados, así como para aportar alguna pauta para aliviar y apoyar desde aquí a los familiares y amigos de las víctimas de la violencia terrorista. Lamentablemente, hoy este artículo sigue vigente.

Resulta enormemente difícil encontrar palabras para abordar un tema tan complejo y tan espinoso como es el duelo que produce la muerte de un ser querido, cuando ésta ha sido provocada por otro semejante.

Obstáculos en el duelo traumático

Una de las principales complicaciones que puede encontrar cualquier persona que pierda a un ser querido en un atentado es la dificultad para darle sentido a la experiencia de pérdida. Todo aquello que generalmente resulta útil en un proceso de duelo resulta insuficiente cuando afrontamos la muerte de un ser querido en un atentado, debido a la magnitud del impacto.

Tras un atentado de estas características, la prioridad es atender la devastación que deja la crueldad a su paso. Tan sólo el amor, la compasión y el encuentro genuino con otro ser humano pueden sostener y contener el alma rota de un país en duelo.

Tal vez esta explicación pueda resultar pueril o insuficiente, pero en este momento el amor constituye realmente una auténtica fuerza frente al odio, al horror y la destrucción. Aunque ahora mismo pueda parecer que el odio lo ocupa todo, al igual que aquel sabio indio, necesitamos descubrir que “el amor es silencioso, pero es superior al odio que hay en el mundo. Si no fuera así, el mundo no resistiría”.

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La huella del 11-M en el duelo infantil

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Hace poco se han cumplido doce años desde los atentados del 11-M en Madrid, una fecha en la que se han celebrado diversos actos conmemorativos en memoria de las víctimas de esta tragedia. En este contexto, no podemos dejar de reflexionar en torno a cómo han vivido los actos de homenaje aquellos niños que no tuvieron la suerte de conocer a ese familiar que viajaba en uno de los trenes atacados.

Es posible que, durante estos años, el resto de sus familiares les hayan transmitido a esos niños un recuerdo doloroso del fallecido. Por esta razón, cada familia tiene que hacer un esfuerzo y tirar de memoria, si sólo le transmitimos eso al niño, se quedará con un recuerdo muy pobre de ese ser querido.

Por eso, conviene hacer acopio de recuerdos y fotografías, eventos y situaciones que puedan ayudarle a forjar una imagen de cómo era el fallecido. Es importante que sepamos rescatar la personalidad de ese tío, ese padre, esa madre, hermano o abuelo que viajaba en los trenes, para que el niño sepa realmente a quién tiene que recordar.

Cómo explicarle al niño una pérdida dolorosa

Aunque es difícil, cuando le hablemos al niño de lo que pasó resulta conveniente ceñirse a los hechos: la persona murió por las lesiones que sufrió en el atentado. Evitemos decir “murió en el atentado” o “víctima de un atentado”, ya que hay muchas personas que sobrevivieron al mismo.

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Características y atención del duelo traumático en niños

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Una de las frases que más escuchamos quienes trabajamos en el ámbito del duelo infantil es que “hay que tener mucho cuidado porque los niños se pueden traumatizar“.

Estas frases suele emitirlas un adulto que ha tenido una experiencia negativa con la muerte y, por ejemplo, confiesa que, desde que vio a un difunto o fue al tanatorio por primera vez, se traumatizó y ya no ha vuelto a hacerlo, o no ha vuelto a ser lo mismo y tiene miedo de que eso les ocurra a sus hijos.

A todos estos adultos les explicamos que no es tan fácil traumatizar al niño, que esa experiencia no tiene por qué ser tan negativa y que seguramente se deba a que se lo explicaron mal, o esperaba otra cosa, o sencillamente nadie le explicó lo que iba a suceder o ver.

Factores que contribuyen al duelo traumático

Aunque es muy difícil que nos enfrentemos al caso de un niño que atraviese un duelo traumático, sí es cierto que hay factores que pueden provocar esta situación. Estas son algunas experiencias que hemos visto en terapia y que pueden resultar traumáticas para los menores, si bien no dependen exclusivamente de la pérdida:

Como decíamos, el duelo sea traumático no depende en exclusiva de cómo haya fallecido el ser querido, también influyen las habilidades del niño y de quienes le rodean, las experiencias previas, la red de recursos disponible, quién estaba a su lado, el tipo de pérdida (no es lo mismo perder a un progenitor que a toda la familia), la cantidad de cambios a las que se vea sometido, etc.

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Los duelos superpuestos: Cómo afrontar varias pérdidas sucesivas

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónA veces, cuando fallece un ser querido, parece que todo se detiene. Podemos tener la sensación de que la vida se ralentiza, pero no es así: la vida continúa y el mundo sigue girando, aunque nos pueda parecer imposible que lo haga.

Quizás por esta razón, a veces puede ocurrir que, mientras aún nos encontramos en medio de un proceso de duelo, se produzca otra muerte en la familia o en el entorno, que viene a sumar aún más dolor al ya existente. En este caso, el abanico de reacciones ante esta nueva pérdida es amplio.

Sensación de impotencia ante la vida

Puede suceder que en el doliente predomine una tremenda sensación de impotencia, de que la vida le golpea, le trata injustamente o que todo le sucede a él. A esto se añade una profunda sensación de vulnerabilidad ante la vida y la percepción de que no tienen ningún control en un mundo que es dañino y hostil.

En estos casos, el trabajo del duelo probablemente tendrá que ir encaminado a aceptar que, aunque en la vida tenemos cierto control sobre las cosas que nos suceden, este control no es total, ya que vivimos en un mundo azaroso. Asimismo, habrá que reparar esa visión tan hostil de la realidad y ayudar al doliente a aceptar la dualidad de vivencias que se producen en el mundo, unas veces positivas para nosotros y otras, negativas.

Cuando el duelo es abrumador

A todas estas reacciones que hemos mencionado puede sumarse un sentimiento de derrota, de que lo que ha ocurrido es demasiado para ellos y que no van a poder manejarlo todo. En este punto, es imprescindible acompañar esa sensación, que es legítima, y saber que no se puede imprimir prisa a los procesos de duelo.

Y es que, aunque el tiempo no es el factor clave de un proceso de duelo, lo cierto es que se necesita un mínimo de tiempo –cada persona precisa de un periodo distintopara poder elaborar una doble pérdida. A esto hay que añadir el hecho de que en la vida hay momentos en que una persona puede no sentirse capaz de superar algo, pero esto no significa que no seamos capaces, sólo que en dicho momento vital la sensación predominante es esa.

Los duelos superpuestos

Sin embargo, quizás la más demoledora de las reacciones, la que añade mayor sensación de extrañeza, es aquella en la muerte de un ser querido se superpone a la de otro, como si uno de los fallecidos tuviera una mayor presencia que el otro: como si el recuerdo de uno de los difuntos se difuminara y el del otro cobrase mayor relevancia.

Hay pacientes que describen esta sensación como si el último duelo sustituyera al anterior, como si la otra muerte se viera lejana o hubiese perdido relevancia. Descubrir todas estas sensaciones hace que el paciente lo viva con sentimiento de culpa, como si estuvieran olvidándose de uno de sus seres queridos.

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