La pérdida gestacional: El duelo tras la pérdida de un bebé

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Cada 15 de octubre se conmemora una de las pérdidas más tristes que puede sufrir una pareja y que la sociedad a menudo silencia: la pérdida del bebé que estaban esperando o del que nació, pero no sobrevivió. Se trata del Día internacional de la Pérdida perinatal y gestacional.

Cuando una pareja pierde a un hijo, los dos cónyuges deben enfrentarse a una reorganización, tanto del sentido de su vida como de su relación. El dolor conduce a una revisión total de los valores, los planes de vida, los roles, las emociones… y a menudo exige respuestas.

Tener otro hijo tras una pérdida

Una de las preguntas que pueden surgir tras la muerte de un hijo pequeño es: ¿En qué momento puedo volver a plantearme tener otro hijo? Hay casos en los que esta pregunta no se da nunca, pero hay otros en los que volver a tener otro bebé es importante. Estamos hablando de casos en los que la pérdida se ha producido intra-útero o teniendo el bebé apenas unos días o meses.

Hablamos de pérdida perinatal cuando la muerte se ha producido entre los 6 meses de gestación y los 24 meses de vida. Algunas madres que han vivido este tipo de pérdidas suelen consultarnos si existe una fecha “adecuada” a partir de la cuál pueden se volver a plantear quedarse embarazadas.

Preguntas tras el duelo perinatal

Esta cuestión genera una serie de preguntas a las que trataremos de ir dando respuesta poco a poco:

1. ¿Existe una fecha concreta a partir de la cuál se pueda volver a intentar tener un hijo?

Esta pregunta pone de manifiesto dos temas: uno, si el psicólogo tiene capacidad para hacer una recomendación tan precisa, y dos, los aspectos físicos de la pérdida. Más allá del duelo, el cuerpo requiere de un tiempo para reponerse del embarazo y de la pérdida bajo criterios que son estrictamente médicos. Continue reading

La paciencia como elemento clave en la superación del duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A menudo, durante mi ejercicio profesional, me encuentro con dolientes que dicen que su duelo dura ya demasiado, o que no pueden soportarlo más. Dado que el paso del tiempo es subjetivo, a veces ocurre que estos comentarios se hacen durante las primeras semanas o meses tras la muerte del ser querido. En esos casos, me preocupa tener que explicarle a un paciente que el dolor suele durar más tiempo y que lo que siente es sólo el principio.

Es una máxima el hecho de que no existe un duelo igual a otro y que no existe un periodo de tiempo concreto para elaborar el duelo. Sin embargo, en ocasiones las personas deben afrontar circunstancias en las que el tiempo transcurrido es claramente insuficiente para superar el duelo.

La duración del duelo

El duelo es un proceso y, como tal, requiere tiempo. Esto es así independientemente de que el tiempo en sí mismo no sea la clave. No podemos “recetar” tiempo para resolver el duelo, e incluso a veces es demasiado pronto… Y, ¿cómo lo sabemos? Porque todavía queda dolor y el dolor no es algo que obedezca a la razón (Ha pasado demasiado tiempo”, “Me he cansado de sufrir…”).

El duelo finaliza cuando el dolor ha disminuido lo suficiente para cada persona. Y aunque no podamos “concretar” exactamente cuánto puede llegar a durar un duelo, debemos reconocer -aunque sólo sea por sentido común e intuición clínica – que un mes no es tiempo suficiente, ni dos meses tampoco. Cuando un doliente alega que no puede soportarlo más después de tan poco tiempo pueden estar sucediendo varias cosas. Continue reading

Palabras para consolar a una persona en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Ante la pérdida de un ser querido, a menudo buscamos palabras con las que consolar o aliviar a sus allegados. Es difícil ser testigos del dolor ajeno: nos conmovemos, nos removemos y nos afectamos. Por eso, en el imaginario colectivo siempre ha existido un conjunto de palabras que pensamos que pueden atenuar la pena del doliente.

Con esa idea, durante generaciones los seres humanos hemos tratado de ofrecer consuelo en las distintas ceremonias y ritos que, históricamente, han acompañado las despedidas de nuestros seres más queridos. Desde el típico y protocolizado: “Te acompaño en el sentimiento” o “Lo siento muchísimo”, hasta fórmulas más personales que tratan de apaciguar el dolor desgarrador que produce la muerte.

Estas fórmulas van de lo protocolizado a lo personal, en función del grado de cercanía que tengamos con el doliente. A más cercanía, mayor personalización en el mensaje.  En cualquier caso, todas estas fórmulas -en las distintas culturas y ante los distintos ritos- buscan lo mismo: apoyar en un momento de dolor y ofrecer consuelo ante la pérdida.

Qué palabras consuelan

He reflexionado a menudo sobre qué fórmulas existen para reducir el impacto del dolor y si existe una palabra a modo de bálsamo. Mi conclusión es que no existe una única palabra, ni tan siquiera un conjunto de ellas, que puedan ofrecer lo que la gente busca: una reducción significativa del dolor.

Antes de preguntarse qué palabras pueden ofrecer ese alivio, cabría preguntarse si es posible obtener esa reacción, es decir: ¿Se puede reducir el dolor en el duelo? Y, en caso afirmativo: ¿Depende eso de una o varias personas, depende de la red de apoyo del doliente?

Desde mi punto de vista, el dolor depende de lo que haga el doliente y no tanto de lo que haga su red de apoyo. Asimismo, considero que el dolor puede ir reduciéndose, pero no en función de un solo aspecto -como pueda ser el apoyo social o las palabras de consuelo-, sino de muchos factores que se van alineando y van determinando que el dolor disminuya o aumente. Y todo ello depende siempre del doliente. Continue reading

Carta a un recién licenciado en Psicología

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

No nos conocemos, pero sé que acabas de terminar tu carrera de Psicología, o tu máster, y estás pensando en ejercer tu profesión en clínica.

Piensas que es sencillo y que tienes en tu poder todas las herramientas para ayudar a mucha gente. Y no te faltan aptitudes, pero es necesario que antes seas consciente de algunas cosas que no te han contado durante tu etapa formativa.

Esta es la carta que a mí me hubiera gustado recibir cuando comencé a trabajar en terapia de duelo. Me hubiera gustado que alguien me hablase claramente de la realidad de este tipo de terapia, lo que no se dice en los cursos y las dificultades con las que me iba a encontrar, pero también de lo bonito que iba a ser.

Recomendaciones para ejercer la psicología clínica

-No gastes toda tu energía al principio, esta profesión es más una carrera de fondo que una maratón.

Ve aceptando casos poco a poco. No te fuerces ni te presiones: si te sientes incómodo o cansado haciendo terapia, tus pacientes lo notarán.

Rodéate de un equipo que pueda apoyarte y con quien puedas desahogarte.

-Combina tu trabajo con una formación contínua. Esto te dará soltura y te ayudará a incorporar nuevas herramientas a tus intervenciones. Las formaciones son un lugar estupendo para entablar contacto con personas de tu mismo sector y trabajar en red.

-Supervísate, al menos al principio. Poder contrastar con otro profesional el enfoque que le estás dando a una intervención concreta puede hacerte sentir mucho más seguro.

-No tengas miedo de no tener todas las claves de una intervención. Los profesionales con experiencia también tenemos dudas, trabajamos con la hipótesis más probable.

-Confía mucho en el potencial del ser humano. Los profesionales no somos imprescindibles, establecer un vínculo con el paciente es la mitad de la terapia o quizás más.

-Llena tu vida de cosas que te alimenten y que puedan contrarrestar el desgaste que a menudo conlleva la terapia. Acompañamos a las personas en un momento difícil de sus vidas y eso impacta. Continue reading

¿Puede ayudarnos a superar el duelo conocer la teoría de este proceso?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A lo largo de mi trayectoria profesional, a menudo mis pacientes me han comentado que tengo ventaja porque el hecho conocer el proceso de duelo me puede beneficiar, en el sentido de que sería algo así como tratarme a mí misma. Existe incluso bibliografía que aborda este tema: si conocer las teorías del duelo o las características del proceso puede ayudarnos a manejar o gestionar el dolor.

Si esta pregunta pudiera responderse con un simple «Sí» o «No», la respuesta más fácil sería que sí. Obviamente conocer las teorías del duelo ayuda, estar trabajando todo el día en contacto con este proceso te pone sobre aviso.

De hecho, una parte importante de la terapia tiene que ver con la psicoeducación en duelo, es decir: ofrecer una breve explicación acerca de cómo funciona el duelo y cómo resolverlo. Con respecto a eso los expertos en duelo llevamos esa parte aprendida, es verdad.

La teoría del duelo frente a las emociones

Ahora bien, el hecho de conocer tan fondo el proceso de duelo puede hacer que éste se quede en un discurso racional, en lo teórico. Saber de duelo no nos exime de sentirlo, igual que ser experto en Oncología no me exime de padecer cáncer.

No somos inmunes al dolor de la pérdida ni conocerlo nos blinda frente al dolor. El conocimiento puede servirnos para legitimar, para normalizar el dolor… pero, si nos quedamos en lo racional o teórico, el proceso puede bloquearse, dado que el duelo tiene un componente más racional y otro emocional.

Dificultades de los profesionales en duelo

A menudo esta situación puede convertirse en una dificultad por los siguientes motivos:

– Un psicólogo experto en duelo que vaya a terapia probablemente reciba lo que podríamos denominar un “tratamiento VIP”. En estos tratamientos, el profesional que le atiende tal vez lo haga dando por supuesto muchas cosas, algo así como “tú de esto ya sabes”. Eso impide que lo vea como a un paciente real. Las sesiones se acortan en el tiempo tratando de hacerle un favor y que le cueste menos dinero.

– A veces puede ocurrir que el profesional que está tratando a otro profesional se sienta juzgado o evaluado, cayendo en pensamientos del tipo: “Puede darse cuenta de que no sé tanto como él”. Hay casos en lo que esto deja de ser una preocupación en abstracto y se convierte en un problema real, dado que el experto que requiere ayuda cuestiona y trata de participar en el tratamiento que va a recibir.

– Por otro lado -y aunque no debería ser así- puede suceder que en el transcurso de la terapia aparezcan temas delicados. Ante la posibilidad de sentirse juzgado, lo más probable es que el paciente -profesional que pide ayuda- omita informaciones relevantes o trate de aparentar estar mejor de lo que está, para no dar la impresión de que no está capacitado para atender pacientes por si esa esa idea se extiende y pierde clientes.

Bloqueo del duelo pese a conocer la teoría

De todo lo anterior puede deducirse que un experto en duelo no está blindado en ningún caso frente al dolor que produce la pérdida, toda vez que es un ser humano. Conocer las teorías del duelo puede ayudarle a comprender lo que le está sucediendo, pero no tanto a resolverlo, dado que puede limitar su acceso a una terapia profunda y prolongada durante el tiempo que sea necesario.

El hecho de esforzarse mucho en hacer “bien” el proceso puede también bloquearlo, dado que es un proceso espontáneo que fluye y ese esfuerzo especial dinamita la espontaneidad del duelo. Todo esto será así en caso de que nos encontremos ante un duelo complicado. También puede ocurrir que el psicólogo atraviese uno sano y no requiera de ningún tipo de intervención psicológica ni médica.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

¿Duele más perder a un hijo que perder a un padre?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A lo largo de mi carrera me he encontrado a menudo con esta reflexión de mis pacientes: ¿Cuál es la pérdida más dolorosa? ¿Qué pérdida duele más? Ante esta pregunta casi siempre tropiezo con la misma respuesta: “La pérdida más dolorosa es la pérdida de un hijo, es antinatural”. He escuchado esta respuesta de boca de profesionales de la psiquiatría, de psicólogos, de asistentes a conferencias y en formaciones relacionadas con el duelo.

La creencia popular afirma de manera contundente que lo que más duele es la pérdida de un hijo. Es curioso porque esta afirmación, tan habitual y tan firme entre personas que debaten sobre el duelo pero que no están en duelo, pierde firmeza entre los dolientes.

Podríamos decir que todo se ve muy claro desde fuera, pero que esa visión cambia radicalmente cuando la persona vive la experiencia. No es lo mismo lo que sabemos con la cabeza que lo que sabemos o aprendemos desde el corazón. Inmersos en el proceso de duelo, las certezas se desdibujan.

Qué duelo es el que duele más

Si asistiéramos a una terapia grupal de duelo podríamos observar cómo una de las inquietudes del grupo es saber qué pérdida duele más. En el caso del grupo de duelo, la inquietud tiene más que ver con el papel que tiene cada participante y el orden de importancia o prioridad. En realidad, es como si debatieran sobre cuál de los miembros del grupo tiene más derecho a recibir atención por parte del terapeuta, o quién merece o necesita más cuidados.

En algún momento de la terapia, es frecuente que alguno de los participantes establezca comparaciones. Reproduzco una síntesis de lo que podría ser un diálogo real en un grupo de duelo:

– Lo mío duele más, porque claro, la muerte de mi padre fue repentina, no nos la esperábamos.

– Ya, pero tu pérdida es ley de vida, los padres mueren antes que los hijos. Yo he perdido a un hijo y eso no tiene ni siquiera nombre.

– Es verdad que lo tuyo no tiene nombre, pero yo he perdido a mi marido, he cambiado de estado civil. Continue reading

Características y dificultades del duelo perinatal

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

El duelo perinatal comparte aspectos con el duelo como proceso general. No existe un duelo perinatal igual a otro y duele como duele cualquier otra pérdida. También comparte las estadísticas que afirman que el duelo, en un porcentaje muy elevado de los casos, es un duelo sano y se puede superar sin ayuda.

El duelo perinatal es aquel que se produce tras la pérdida de un bebé durante el embarazo, o en los momentos previos o posteriores al parto. En este tipo de duelo concurren dos momentos vitales antagónicos: la vida y la muerte. Este hecho marca definitivamente un proceso que tiene matices específicos. Para la madre gestante esta experiencia supone un choque brutal en el que los dos extremos de la vida se hacen evidentes.

Aspectos diferentes del duelo perinatal

Por otro lado, en ningún otro tipo de duelo el doliente tiene ese componente hormonal tan elevado que va dirigido a la maternidad, al desarrollo del vínculo, a la generación de la vida. La muerte del bebé -ya sea en el útero materno, a los pocos días de nacer o durante el parto- supone una ruptura abrupta con las expectativas de la futura madre.

Otro componente absolutamente diferenciador es el shock que las madres viven alrededor de esta pérdida, que es realmente compleja de asimilar porque las hormonas, el cuerpo, envían indicadores contradictorios. El cuerpo de la mujer genera prolactina versus cortisol y acetilcolina, formando un cóctel difícil de gestionar para la madre.

El tabú en torno al duelo perinatal

Se habla poco de la muerte que se produce durante la gestación, o en los momentos cercanos a ésta. El hecho de no hablarlo no nos ayuda a alejar o evitar esa realidad, sino que nos desprotege.

No estamos preparados ni social ni profesionalmente para atender un duelo de estas características: las matronas, las enfermeras, los médicos… no encuentran palabras ni saben qué hacer en esas situaciones.

Algunos profesionales hacen uso del sentido común y de sus habilidades, pero no existe ningún protocolo específico o “humanizado” para atender esta experiencia tan desgarradora. Hay mucho que avanzar en ese sentido.

Ausencia de protocolos sanitarios ante la pérdida perinatal

Los países anglosajones, con más experiencia en este campo, disponen de protocolos, de habitaciones acondicionadas para que los padres se despidan de su hijo o le hagan fotos, clínicas especializadas para mujeres que han tenido pérdidas gestacionales previas. Nada de esto existe todavía en casi ningún lugar del mundo, pero es hacia lo que tenemos que dirigirnos: al desarrollo de unidades que permitan atender estas situaciones especiales.

El pasado mes de enero una mujer que había vivido la pérdida de un bebé inició una petición en la plataforma Change.org para pedir que el ministerio de sanidad establezca un protocolo para atender este tipo de casos: acciones como no ubicar en la misma planta a mujeres que acaban de tener un bebé con otras que acaban de perderlo, o destinar una habitación en la que los padres puedan despedirse del bebé.

También se pide la posibilidad de recibir atención psicológica temprana y que se explique cómo va a ser el procedimiento a las madres que van a dar a luz a un bebé muerto. Hasta ahora, esta petición lleva más de 200.000 firmas.

El duelo no reconocido por la pérdida de un bebé

Un último aspecto que tienen en común este tipo de pérdidas es la deslegitimización de su vivencia. A menudo el entorno les resta importancia con frases como:

  • «Puedes tener más hijos».
  • «No has tenido tiempo de encariñarte de él».
  • «Habrá sido para bien…»

En general se resta valor o importancia al dolor de la mujer que ha perdido a un bebé de forma prematura. Y si hablamos del padre, la importancia que se le da suele ser prácticamente inexistente. Esto hace que los padres que viven esta experiencia se aíslen y sólo compartan su dolor con personas que han atravesado la misma situación que ellos.

Independientemente de los matices de este tipo de duelo, para acompañarlo y afrontarlo sirven las mismas fórmulas que hemos abordado en otros artículos previos, respetando o adaptándolas a las necesidades de cada caso.

Aspectos que facilitan el duelo perinatal

El tiempo será un aliado importante, no el único, pero tiene que pasar para que el dolor se mitigue. El duelo requiere tiempo, como cualquier otro proceso.

La legitimación del dolor. Lo hemos hablado en otras ocasiones, hay que permitir y normalizar el dolor, porque todo aquello a lo que nos resistimos persiste y todo aquello que permitimos fluye.

Poder entrar en contacto con asociaciones que permitan establecer lazos con padres y madres que han vivido esta experiencia. En España, “Umamanita” o “El parto es nuestro” trabajan sensibilizando frente a la pérdida perinatal y atendiendo a mujeres que han vivido esta situación,

Pedir lo que necesitamos. El duelo exige que los padres que han perdido a un bebé se centren en sus propias necesidades y se conviertan en agentes activos en busca de lo que necesitan, haciendo participar a la comunidad. No elaboramos el duelo en solitario, vivimos en comunidades y el duelo es un proceso que se vive y se resuelve también en comunidad.

No dar nada por sentado. A veces las palabras tienen significados distintos para cada persona. Es fundamental aclarar el significado que tiene la pérdida para cada doliente porque es ahí dónde reside la clave del duelo y es también lo que diferencia un duelo de otro. Es necesario profundizar en la experiencia, comunicarse, abrirse a otros y compartir para salir del dolor.

Mantener la confianza en que se puede resolver y en que se puede superar. Podemos alimentarla con mensajes propios o de otros, con frases como “Esto también pasará”, o “No desesperes porque de las nubes más negras cae agua limpia”, o “No hubo noche por oscura que fuera, que no amaneciera”.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

Superar el duelo: Qué hacer si mi pareja no me entiende (I)

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Muchos de los pacientes que asisten a nuestras terapias de duelo están casados o tienen pareja. Por eso, en ocasiones una parte de la terapia consiste en analizar cómo se ve afectada la relación entre ellos durante el duelo.

El proceso de duelo puede generar más unión entre los dos o puede conducir a un distanciamiento. La forma que tiene cada uno de afrontar la pérdida marcará la tendencia dentro de la pareja. A menudo hemos dicho que este proceso, en líneas muy generales, tiene que ver con la satisfacción de necesidades: necesidades que están íntimamente relacionadas con el duelo y el dolor.

Al final nos encontramos ante un proceso que fluye si le damos lo que necesita y se estanca si no se lo damos. La dificultad estriba en ese punto: en identificar qué es lo que necesita cada uno.

Cómo identificar las necesidades durante el duelo

Si tomamos como ejemplo la teoría del psicólogo Abraham Maslow, una persona puede tener necesidades fisiológicas, o necesidad de seguridad, de afecto… y, a medida que esas necesidades se van satisfaciendo, la necesidad que estaba en primer plano desaparece y aparece otra, generándose un flujo continuo que termina cuando finaliza el proceso.

También podemos identificar las necesidades de una manera más concreta, en relación a lo cotidiano. Las necesidades de cada persona son siempre distintas porque no existe un duelo igual a otro, de modo que tampoco hay necesidades iguales. Hay personas que necesitan estar acompañadas y otras que necesitan ratos para estar a solas. Hay a quien le viene bien hacer ejercicio o quien prefiere dedicar su tiempo a ayudar a otros, para no pensar en lo que le ocurre. Continue reading

Cuando el problema por el que un paciente acude a terapia no es la demanda real

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

El punto de partida de una terapia es la demanda que nos hace el paciente, lo que nos pide. Sería ridículo que nos pidiera aprender técnicas de estudio y le formáramos en psiquiatría forense. La demanda que trae el paciente es lo que le conecta a la terapia, por eso hay que atenderlo.

Entre otras cosas, hay que prestarle atención para respetar el principio de autonomía, según el cual quien acude a terapia puede tomar sus propias decisiones y elegir lo que quiere hacer con su vida.

Puede suceder que en la primera toma de contacto nos demos cuenta de que la petición que nos hace el paciente es poco realista. Eso hay que aclararlo en la primera entrevista para ajustar las expectativas. También puede ocurrir que no podamos dar lo que el paciente demanda, porque no somos el servicio indicado. En ese caso, tendríamos que derivarlo a otro servicio.

Cuando el paciente no es consciente de su demanda

Una vez que ha comenzado la terapia y ajustadas las expectativas, también puede ocurrir que nos demos cuenta de que la demanda principal es en realidad una tapadera de otra demanda más profunda. Al decir “tapadera”, nos referimos a que su demanda encubre, a menudo de manera inconsciente, otra motivación, otra petición, de la que el paciente no es del todo consciente.

Cuando sucede esto, lo importante es poder aclararlo con el paciente, siempre de una forma delicada. Hay que tener en cuenta que, si el paciente aún no es consciente de ello, la revelación puede ser perturbadora para él y tenderá a defenderse. Por eso iremos poco a poco, al ritmo que él o ella nos deje. Continue reading

Cuando las recomendaciones médicas bloquean el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A menudo escuchamos que, en materia de salud, trabajar en red es lo mejor, que los fenómenos son multicausales y, por tanto, la resolución de los problemas debe permitir la entrada de distintos especialistas. Esto quiere decir que habitualmente encontramos que la realidad es poliédrica, compleja y que cualquier problema que pueda traernos un paciente a la consulta tiene más de una causa.

Por eso, lo ideal es que en un caso médico pueda intervenir más de un profesional, con distintas visiones del problema y distintos enfoques que permitan abordarlo de una manera holística. Esto es lo ideal, aunque a veces en el día a día tropezamos con dificultades para trabajar en red.

El duelo en Atención Primaria

Hay casos clínicos que pertenecen claramente a una especialidad, por ejemplo: en caso de sordera acudiremos al otorrino y en caso de psoriasis, al dermatólogo. Pero hay otros menos claros, como ocurre con el duelo. En estos casos es habitual encontrar síntomas físicos relacionados con el proceso de adaptación a la pérdida.

A menudo esos síntomas físicos son la expresión de un dolor emocional y lo emocional interfiere en lo físico, por lo que se hace un abordaje integral: un médico de cabecera controla los síntomas y un psicólogo se ocupa de la parte emocional o psicológica.

Habitualmente tanto uno como otro profesional estarán alineados en sus consejos y prescripciones, pero puede suceder que alguna de las recomendaciones vaya en contra de las prescripciones del otro profesional. Para explicarme mejor expondré un caso propio visto en consulta. Continue reading