Cuidando al cuidador profesional: La fatiga compasiva (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Estoy convencida de que la mejor herramienta que tenemos como cuidadores profesionales somos nosotros mismos, es decir: toda la formación, las horas de estudio, las lecturas… están al servicio de nuestra persona. La formación más importante es la mía propia, la que conlleva madurez, crecimiento y solidez.

Si yo estoy “afinada”, las herramientas que utilizo funcionan mejor porque las aplico mejor, con mayor congruencia, más ajustadamente, en el momento más adecuado y de manera más flexible y apropiada. No sólo eso, hay algo más importante: es mi presencia.

Presencia y escucha en duelo

Cuando estoy en presencia (presente, conectada, alineada, centrada) estoy en mi centro y puedo escuchar y aludir al centro del otro. Estoy más en silencio interno, no hay tanto ruido (ni el crítico interno me genera inseguridad, ni el terapeuta interno me mete prisa por ver cambios y, si lo hacen, puedo darles un espacio y acogerlos) por lo que puedo escuchar en mayor profundidad, captando con mayor amplitud y con confianza. Desde ahí puedo estar sobre todo en la interacción del momento, en el presente.

Pero estar así requiere autocuidado y cultivo constante, compromiso conmigo. Evidentemente el llamamiento que hacemos es al autocuidado y parece que a algo más… ¿Qué significa cuidarnos? Parece que a veces esta tarea es especialmente difícil para los cuidadores profesionales. Continue reading

Recursos para profesionales sanitarios: El genograma como recurso movilizador en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Ejemplo de genograma.

En la consulta de terapia de duelo, por norma general atendemos al doliente de forma individual. Sin embargo, el duelo no es ni mucho menos un proceso individual, sino un proceso familiar y social. Cuando una persona fallece, el sistema familiar se transforma: a menudo salen a relucir secretos familiares, discusiones y enfados, estallan conflictos, se cuestionan roles dentro de la familia que son difíciles de mantener, o que los demás esperan del doliente, etcétera.

En el mejor de los casos, la pérdida supone un punto de inflexión que mueve a la familia a realizar tanto cambios prácticos, del día a día, como cambios más sutiles, relacionados con la organización y el funcionamiento del sistema familiar, así como con el manejo emocional del proceso.

Cómo ayuda el genograma en el duelo

Uno de los procedimientos básicos de las terapias familiar y de pareja sistémicas es realizar un genograma completo, que constituye un excelente recurso terapéutico. Es muy útil para el profesional en su trabajo para comprender el marco del doliente y, a la vez, resulta esclarecedor para el propio doliente, permitiéndole contextualizar su dolor dentro del gran sistema familiar, añadiendo comprensión a determinadas emociones, maneras o creencias que salen a relucir durante el duelo.

El genograma es un sencillo mapa, un árbol familiar donde se suelen incluir tres generaciones (abuelos-padres-hijos) y la información básica tanto demográfica como de las relaciones que mantienen entre ellos. El genograma facilita que podamos ver de un vistazo toda la información relacional y básica de una familia. El objetivo es comprender desde el corazón -no para juzgar, sino para aceptar- cómo es la familia a la que pertenecemos y cómo se está viviendo el proceso de duelo.

Cómo elaborar un genograma de nuestra familia

Elaborar un buen genograma es un arte y, aunque de apariencia sencilla, como todo requiere de entrenamiento, comprensión y práctica.

El proceso de elaboración del genograma implica que, mediante un solo vistazo, podamos asomarnos a la estructura familiar y sus relaciones y será la estructura familiar la que elaboremos en un primer paso. Conforme vamos elaborando la estructura de la familia, vamos completando los datos demográficos de cada uno, que pueden consignarse con símbolos para que así nos resulte aún más sencillo.

Podemos encontrar una explicación más minuciosa y detallada de la elaboración de un genograma en este estupendo artículo. Continue reading

Aprendizajes sobre el duelo (III)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

En esta serie de artículos acerca de los aprendizajes que van descubriendo tanto el doliente como el profesional a lo largo del camino del duelo, hoy centramos la atención en tres aprendizajes fundamentales desde el punto de vista del profesional sanitario.

Los profesionales de la salud -especialmente los que afortunadamente nos dedicamos a ello por vocación- estamos en continua formación, estudio y búsqueda de inspiración y crecimiento. Durante esta búsqueda, he dado con esta entrevista de Enric Benito, médico de cuidados paliativos, investigador, buscador y una persona llena de sabiduría y claridad para compartirla.

Cómo es el proceso de muerte

Aunque nosotros atendemos a las personas en otro punto del camino -cuando la muerte ya ha acontecido-, creo igualmente necesario que, como profesionales que acompañamos el duelo, debemos saber cómo es el proceso de muerte. También siento que frente al sufrimiento (tanto en paliativos con en el proceso de duelo posterior), los profesionales sanitarios tenemos mucho que aprender unos de otros.

Por esa razón, una voz llena de experiencia y sabiduría como la de Enric Benito es un regalo para cualquier oído interesado en crecer como persona y como profesional que, en la Psicología, van de la mano.

De la entrevista, que os animo a escuchar aquí, se pueden extraer multitud de aspectos para la reflexión, pero en el contexto de este artículo sobre los aprendizajes del profesional sanitario en el duelo, he extraído tres aspectos fundamentales de la buena praxis en el acompañamiento a personas que estén sufriendo o, en nuestro caso, de las personas que atraviesan un duelo complicado:

La hospitalidad en el duelo

Me ha encantado este término lleno de humildad y sencillez. La hospitalidad tiene que ver con la acogida, con abrir las puertas de nuestra casa interior para acoger en igualdad al otro. “Tu salvación viene en forma de peregrino cansado”. Como bien dice Enric Benito, «para abrir las puertas de nuestra casa, ésta tiene que estar un poco ordenada y debemos estar dispuestos a que se ensucie un poco». Esto conecta con el trabajo consciente, con el autoconocimiento y con conocer los propios miedos que se nos despiertan como personas que trabajamos con el dolor de otros.

Nuestra principal herramienta somos nosotros mismos. Eso implica responsabilidad con uno mismo y con el otro: no puedo abrir las puertas de mi casa si no la conozco bien, si no sé cuidarla, si no conozco mis propios límites ni mis propios temores, dolores y sombras… porque si la abro sin conocer ni haber acompañado y profundizado en todo esto, en el momento de la terapia se mezclará lo mío con lo del paciente. Continue reading

Libros recomendados para reflexionar sobre el duelo (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

La literatura es el arte que nos transporta a todo tipo de lugares, tanto externos como internos, y a través de una historia pone palabras a la vida. En anteriores artículos os recomendábamos algunos libros en torno al duelo, que nos acercan a ese camino que se abre ante nosotros cuando alguien a quien queremos fallece.

El sufrimiento y el dolor por la pérdida implican mucha oscuridad, mucho desconcierto. La lectura puede transformarse en una medicina que pone luz a través de las palabras. Además, el doliente se siente reconocido y, de alguna manera, acompañado en lo más nuclear de su experiencia, lo que puede servirle de ayuda para construir camino, conectarse con su dolor y descubrir otras maneras de elaborar su duelo.

En los últimos años son muchos los autores que han abordado en sus novelas y ensayos el tema del duelo por un ser querido. Recomendamos a continuación algunos títulos que pueden servir de ayuda en este proceso.

“La ridícula idea de no volver a verte”, de Rosa Montero

El libro de Rosa Montero combina dos aspectos: por un lado, se adentra en la emoción sin tapujos de dos mujeres de gran honestidad y congruencia que han vivido la pérdida de sus parejas: Marie Curie y ella misma. Pone palabras a la locura que supone la pérdida y la vida tras la pérdida.

Por otro lado, el libro es un continuo recordatorio de cómo cada uno tiene su propio camino en el duelo, sus tiempos, sus maneras y su forma. Y aborda la importancia de respetar profundamente ese camino y confiar en que hay una sabiduría interna, una intuición, que nos guía en este recorrido.

“También esto pasará”, de Milena Busquets

E9788433997883l libro de Milena Busquets comienza con el fallecimiento de su madre, al que sigue el proceso de pérdida, catalizador de una revisión de su vida con su madre, de su propia vida y de la relación entre las dos.

Es un libro sobre la aceptación de la realidad de la muerte y, también, de la realidad de la vida. A lo largo de esta obra, el duelo se va integrando en la vida. La protagonista abre las puertas al dolor de la pérdida y, con ello, también a la vida en toda su plenitud.

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Superar la pérdida: Aspectos claves del duelo (I)

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A lo largo de nuestra experiencia profesional, hemos ido descubriendo diversos aspectos que se repiten en los procesos de duelo. Aunque es verdad que cada duelo es único, también es cierto que algunos aspectos se repiten y hay herramientas o habilidades que funcionan en muchos pacientes diferentes.

Son claves que parecen meros matices o detalles, pero que son importantes para el proceso de duelo en su conjunto. Resulta difícil percatarse de ellas cuando te encuentras en la vorágine de la práctica clínica, pero al tomar distancia se revelan como llaves del proceso y como herramientas fundamentales para favorecer la resolución del duelo.

En base a nuestra experiencia, estos son para nosotros algunos de los elementos fundamentales de una terapia de duelo:

En el duelo no hay que dar nada por sentado

A veces, en el transcurso de una terapia, las palabras se convierten en “lugares comunes” y damos por sentado que las palabras tienen el mismo significado para distintas personas, pero eso no es así. La atribución de significados de cada individuo es distinta. Expresiones como: “bien”, “mal” o “como todo el mundo” no significan nada en terapia.

Hay que bucear detrás del significado que tienen cada una de esas expresiones o esas palabras para cada uno de nuestros pacientes, porque en el significado reside la esencia del proceso. Por eso hay que hacerles preguntas como: “¿Qué significa para ti estar mejor o estar peor?”, “¿En qué consiste esa mejoría o ese empeoramiento?”, “Cuando dices, como le pasa a todo el mundo… ¿A qué te refieres?”.

En terapia, sólo podemos trabajar lo que es concreto, la vivencia de cada uno, las sensaciones… no lo que es abstracto y sólo reside en el mundo de las ideas.

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500 palabras para la compasión

Sara Losantos, Pilar Pastor y Patricia Díaz, psicólogas de FMLC

 

© MalagónCuando tuvieron lugar los terribles atentados de Estambul y Niza, el equipo de psicólogas de la Fundación Mario Losantos del Campo escribió este artículo para expresar su solidaridad y cercanía a los afectados, así como para aportar alguna pauta para aliviar y apoyar desde aquí a los familiares y amigos de las víctimas de la violencia terrorista. Lamentablemente, hoy este artículo sigue vigente.

Resulta enormemente difícil encontrar palabras para abordar un tema tan complejo y tan espinoso como es el duelo que produce la muerte de un ser querido, cuando ésta ha sido provocada por otro semejante.

Obstáculos en el duelo traumático

Una de las principales complicaciones que puede encontrar cualquier persona que pierda a un ser querido en un atentado es la dificultad para darle sentido a la experiencia de pérdida. Todo aquello que generalmente resulta útil en un proceso de duelo resulta insuficiente cuando afrontamos la muerte de un ser querido en un atentado, debido a la magnitud del impacto.

Tras un atentado de estas características, la prioridad es atender la devastación que deja la crueldad a su paso. Tan sólo el amor, la compasión y el encuentro genuino con otro ser humano pueden sostener y contener el alma rota de un país en duelo.

Tal vez esta explicación pueda resultar pueril o insuficiente, pero en este momento el amor constituye realmente una auténtica fuerza frente al odio, al horror y la destrucción. Aunque ahora mismo pueda parecer que el odio lo ocupa todo, al igual que aquel sabio indio, necesitamos descubrir que “el amor es silencioso, pero es superior al odio que hay en el mundo. Si no fuera así, el mundo no resistiría”.

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Diferentes aspectos de la soledad en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Igual que existen diferentes tipos de tristeza, la soledad también tiene muchos matices. Existe un tipo de soledad –la “soledad llena”– que nos permite acercarnos a la tristeza y a la experiencia intima de duelo, de recuerdo, de angustia y, desde allí, encontrar la manera de acompañarnos a nosotros mismos.

También existe la “soledad vacía”, en la que uno se siente abandonado y perdido, todo nos abruma y parece que va a vencernos. Seguramente todo aquel que esté atravesando o haya pasado por un proceso de duelo conoce ambas.

Una parte importante de la soledad que viven muchas personas durante la elaboración de su duelo se relaciona con la tendencia que existe en la sociedad actual de sentir miedo ante el dolor o la muerte y, por lo tanto, darle la espalda. Parece que nos cuesta acompañar el dolor en su profundidad, no sólo en los primeros momentos o los más “sociales”, sino también en el proceso de profundo sufrimiento, cuando el tiempo pasa y la realidad del día a día abruma.

El acompañamiento en duelo

Cuanto más nos cuesta estar con nuestro propio dolor, más nos cuesta estar con el del otro. Cuanto menos compasiva sea nuestra mirada al mundo, con menor compasión y empatía podremos estar al lado de nuestro dolor y el del otro. El duelo pide ser expresado, llorado, compartido y vivido en compañía.

Una parte del duelo necesita de otra persona para poder poner en palabras todo aquello que bulle por dentro, porque hay partes de la experiencia dolorosa, de uno mismo, que no pueden explorarse en soledad, necesitan la compañía empática y cuidadosa de otro ser humano.

Duelo y crecimiento personal

No toda esa soledad que se siente en el duelo tiene que ver con las demandas o expectativas del entorno y la sociedad. También hay aspectos vinculados a la forma en que nos relacionamos con nuestro propio dolor que ponen más distancia con la propia experiencia emocional y a través de los cuales el doliente sentirá mayor soledad.

El dolor tiene una cualidad: la de ponernos en contacto con una parte de mucha intimidad, de vulnerabilidad, que no es fácil mostrar a los demás, casi ni a uno mismo. Todo esto que el dolor comunica, transmite y con lo que nos pone en contacto es información muy esencial e íntima de cada uno, que llama a ser sentida y explorada en soledad.

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La importancia del vínculo con el fallecido en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Si hay una premisa a través de la cual entendemos el duelo, es que no existe un duelo igual a otro. Y lo que hace que un duelo sea tan particular para cada persona es el vínculo único que existía con el fallecido.

Por eso, ante el fallecimiento de un padre, por ejemplo, cada hijo lo sentirá de una manera diferente porque, aun tratándose de la misma persona, la relación, el vínculo que les unía a cada uno, era completamente distinto. Las características del vínculo son las que resumen por completo la relación, la expresión de la unión que mantenían el difunto y el doliente, y sobre la que se asienta la relación.

Cómo funcionan los vínculos

En la relación, cada persona se coloca alrededor del vínculo en una relación circular y sistémica. Se unen y relacionan en función de este vínculo, que está repleto de emociones y experiencias vividas conjuntamente, pero interpretadas individualmente, en las que se mezclan miedos, certezas, amor, etc.

Cada relación establece un vínculo: aunque tengamos tendencia a relacionarnos y a crear vínculos de una determinada manera, cada relación tiene sus características particulares. Por esa razón cada pérdida es única y por eso es tan importante adentrarnos en la relación que había con el fallecido para poder elaborar el proceso de duelo.

Si no había vínculo con el fallecido, no puede desencadenarse el proceso de duelo. Y esto puede ocurrir incluso dentro de una familia. La forma en que el doliente desarrolle el duelo estará definida por cómo era su relación con el difunto.

La influencia del vínculo en el duelo

El vínculo ha sido largamente estudiado en los procesos de duelo: tanto poniendo el foco en la calidad del apego -como hizo Bowlby-, de forma que el duelo se irá elaborando de forma más o menos complicada, como poniendo el foco en la transformación del vínculocomo lo trabaja Neimeyer-, de tal manera que el doliente encontrará la manera de conectar de un modo más sutil, pero también más profundo, brillante y acorde con el cambio en la relación.

La relación cambia, de modo que el vínculo también cambia: pasa a tener un significado más trascendente donde el amor lo llena todo. Pero para llegar aquí, muchos dolientes necesitan llevar a cabo pasos y procesos intermedios.

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Herramientas para trabajar el duelo: La huella vital

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl duelo es un proceso que implica múltiples tareas para ser elaborado por el doliente. Por un lado está el dolor, definitorio del proceso, pero sobre el que no tenemos mucho control: no sabemos ni cuánto durará, ni que intensidad tendrá, es diferente en cada experiencia de pérdida. Sólo podemos recibirlo y atenderlo -que ya es mucho, ya que implica afrontarlo- con paciencia y aceptación, puesto que el duelo consiste en eso, en sentir el dolor que deja la ausencia del ser querido.

Por otro lado, hay multitud de aspectos del duelo que sí son susceptibles de ser trabajados intencionadamente, como por ejemplo, el trabajo de reconstrucción del vínculo.

El dolor en el duelo inmediato

Cuando alguien que queremos fallece, por un lado deja un vacío, un espacio que no puede ser ocupado por otra persona. Por otro lado, nos deja también una influencia de experiencias, de formas de ver la vida, de sentimientos, de expresiones y de costumbres.

Al comienzo del proceso de duelo, todos estos recuerdos e influencias están acompañados fundamentalmente de dolor, aunque también existe la necesidad de recordar al fallecido, de estar con sus pertenencias y con la tristeza, puesto que también trae algo de alivio.

Conforme el proceso se va elaborando y la aceptación va permitiendo relacionarse con el propio duelo de una forma más serena, todas esas experiencias que conformaban el vínculo con el fallecido se empiezan a experimentar con agradecimiento y parece como si brillaran más.

Recolocar emocionalmente al fallecido

Una de las tareas que debe afrontar cada doliente para elaborar correctamente el duelo es la reconstrucción del vínculo con la persona que ya no está. Esta tarea es necesaria en un momento del proceso, pues para que el duelo pueda ser elaborado, el doliente debe encontrar la manera de transformar el vínculo que tenía con el fallecido.

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Herramientas para elaborar el duelo: La caja de recuerdos

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónPor definición, el duelo es un proceso de adaptación y de aceptación. Para elaborarlo es necesario, entre otras cosas, sentir la parte emocional, drenarla y aliviarla. Los rituales y determinadas herramientas pueden facilitar el proceso, ya que actúan como reguladores de la emoción.

El papel de los símbolos en el duelo

El duelo es un proceso en el que son muy importantes los símbolos. Desde el inicio de la civilización, todos los pueblos han recurrido a los ritos funerarios, símbolos y creencias alrededor de la muerte, independientemente de su cultura. Es una necesidad del ser humano a todos los niveles, tanto emocional como existencial.

Nuestro inconsciente, nuestros procesos mentales más complejos se sirven de símbolos para aquello que es casi imposible de verbalizar pero que, sin embargo, necesita ser significado y expresado. Cada vez más a menudo intentamos despojar al duelo de sus señas de identidad, de los rituales y de los hitos que van marcando momentos importantes del proceso. Sin embargo, a nivel emocional necesitamos ceremonias, rituales y símbolos que permitan aliviar el dolor que genera la muerte.

El duelo y los ritos funerarios

Las ceremonias y rituales que se realizan en comunidad tienen una función catártica y social que ayuda a poner en común el dolor y permite que las personas de nuestro entorno también se involucren en nuestra pérdida y la podamos compartir, además de darle un significado más elevado y espiritual.

Hay otra serie de ritos, símbolos y herramientas que cumplen una función emocional más individual. En esta línea, las cartas de despedida, ciertos rituales de despedida o la tarea que trabajamos en este artículo permiten que los procesos emocionales complejos encuentren su manera de ser simbolizados a través de objetos o actos concretos.

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