La filosofía del acompañamiento en duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El duelo es un proceso natural de la vida. Cuando fallece alguien a quien amamos, nuestro corazón se duele y se abre este camino de dolor y amor, de aceptación y rebeldía, de miedo y crecimiento.

Cuando nos sentamos frente a alguien que atraviesa un proceso de duelo, estamos ante una persona que está recorriendo un proceso natural que está hecho de mucha sensibilidad, que mezcla la vida y la muerte. Como profesionales, necesitamos una especie de médula espinal hecha de teoría y técnica que nos dé la solidez y el conocimiento. Pero no sólo necesitamos esa médula espinal que sea el eje de una espalda fuerte, también necesitamos un corazón abierto a toda esa sensibilidad y complejidad que abarca el duelo.

Esta frase de Jung siempre me ronda por la mente cuando pienso en la interacción terapeuta-cliente: ”Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas un alma humana”. Creo que no hay mejor guía que esta frase para todo profesional de la salud que trabaje con personas en duelo.

La relación entre terapeuta y doliente

Con esta mirada hacia la intervención y la interacción que se da entre el terapeuta y el cliente, no se trata tanto de un protocolo a seguir con una persona que demanda ayuda para su proceso de duelo, sino más bien de acompañar: ésta es la actitud que mejor se ajusta a lo que requiere el duelo. Este acompañamiento es una actitud y una filosofía, no es una técnica.

Esto implica que el terapeuta no sólo está atento a la otra persona, sino también a sí mismo: por un lado, por el trabajo personal que implica el adoptar esta forma de trabajar; por otro, porque estar presente a lo que en uno pasa en el momento de la terapia -bien como experiencia propia, donde algo de nosotros mismos se revela, bien porque eso que estamos sintiendo es parte de la experiencia que se está dando en el aquí y ahora con el doliente- y, por tanto, poder escucharlo y transformarlo en palabras, aporta luz en el camino. Continue reading

Cuidando al cuidador profesional: La fatiga compasiva (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Estoy convencida de que la mejor herramienta que tenemos como cuidadores profesionales somos nosotros mismos, es decir: toda la formación, las horas de estudio, las lecturas… están al servicio de nuestra persona. La formación más importante es la mía propia, la que conlleva madurez, crecimiento y solidez.

Si yo estoy “afinada”, las herramientas que utilizo funcionan mejor porque las aplico mejor, con mayor congruencia, más ajustadamente, en el momento más adecuado y de manera más flexible y apropiada. No sólo eso, hay algo más importante: es mi presencia.

Presencia y escucha en duelo

Cuando estoy en presencia (presente, conectada, alineada, centrada) estoy en mi centro y puedo escuchar y aludir al centro del otro. Estoy más en silencio interno, no hay tanto ruido (ni el crítico interno me genera inseguridad, ni el terapeuta interno me mete prisa por ver cambios y, si lo hacen, puedo darles un espacio y acogerlos) por lo que puedo escuchar en mayor profundidad, captando con mayor amplitud y con confianza. Desde ahí puedo estar sobre todo en la interacción del momento, en el presente.

Pero estar así requiere autocuidado y cultivo constante, compromiso conmigo. Evidentemente el llamamiento que hacemos es al autocuidado y parece que a algo más… ¿Qué significa cuidarnos? Parece que a veces esta tarea es especialmente difícil para los cuidadores profesionales. Continue reading

El miedo en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El miedo es una emoción que está muy presente durante el proceso de duelo, sin embargo, no se la suele esperar. Vivir el fallecimiento de una persona a la que queremos nos enfrenta no sólo a un camino emocionalmente duro de elaboración y aceptación, sino también al hecho de experimentar en primera persona de la inevitabilidad de la muerte, la enfermedad, la pérdida repentina o la alteración del aparente orden lógico de la vida.

Muchos de nuestros esquemas mentales y vitales son confrontados, por eso es común sentir miedo durante ese proceso de adaptación y aceptación. Cuando nos enfrentamos a estas verdades en mayúsculas, nuestro interior tiembla y se abren viejas heridas de inseguridad, de falta de control, de falta de capacidad. En ocasiones también abre un espacio de vacío, de sensación de falta de rumbo interno o de sentirse perdidos.

El bloqueo en el duelo

Durante un proceso de crisis, dificultad y dolor como es el duelo, en el que el doliente se siente vulnerable y frágil, es muy normal que junto a esa sensación de vulnerabilidad y fragilidad aparezca miedo. Parece como si nos sintiéramos pequeños frente a la vida y sus retos. El miedo es una emoción poderosa, que tiende a inundar y arrollar, y que casi siempre paraliza.

Del miedo surgen automensajes a través de los cuales nos generamos más miedos (“Esto nunca se me va a pasar”, “Sólo me ocurren cosas malas”), y parece que entramos en un círculo del miedo del que surge más temor, más sensación de vulnerabilidad, la voz del miedo habla cada vez más y más alto. Parece que esa parte de nosotros que está asustada lo abarca todo.

El duelo como proceso de introspección

Existe un componente importante de la experiencia emocional y de la gestión de la misma, que consiste en tomar consciencia. Quizá un gran primer paso sea detectar cómo es mi miedo, cómo me hace sentir, qué automensajes me lanzo desde el propio miedo y cómo me hacen reaccionar y manejarme en el día a día.

El miedo en el proceso de duelo se puede manifestar de muchas maneras, pero estas dos son las más frecuentes:

-El miedo a estar mejor: A menudo viene camuflado con una sensación de culpa. Esa sensación de estar haciendo algo mal por atreverse a dar pasos hacia la vida, para estar mejor, más tranquilo, más seguro. Muchas veces esa culpa que siente el doliente hunde sus raíces en una emoción más profunda y primaria, como es el miedo. De hecho, estas dos emociones suelen ir entrelazadas habitualmente. Continue reading

Cuidando al cuidador profesional: La fatiga compasiva (I)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Últimamente numerosas revistas especializadas han dedicado artículos al tema de los cuidados al cuidador, lo que resulta de lo más esperanzador. Centrarse en la parte personal del profesional sanitario y no sólo en sus competencias profesionales es el camino para que éste ejerza su labor desde una perspectiva integral, consciente y saludable, tanto para él como para sus pacientes. No es posible dedicarnos a este trabajo si no cuidamos y trabajamos nuestra interioridad.

En este contexto han surgido algunas voces que dedican atención al profesional sanitario que trabaja en ámbitos donde el dolor y el sufrimiento son palpables, abordando cómo afronta su trabajo y cómo lo procesa como ser humano.

Así, se ha acuñado el concepto “fatiga por compasión” para hablar de una vivencia compleja: la que sucede cuando el contacto constante con el dolor y el sufrimiento de otros comienza a pesar tanto que se cuela en todos los ámbitos de la vida del profesional e interfiere no sólo en su trabajo, sino en la imagen de sí mismo, mermándola a todos los niveles.

Síntomas de la fatiga por compasión

Cuando entramos en esta vivencia de fatiga -a la que somos susceptibles simplemente por ser humanos-, se abre ante nosotros el camino de la vuelta al contacto con uno mismo, el momento de identificar, parar y discernir el camino a seguir.

Las señales que nos permiten identificar la fatiga por compasión son de varios tipos:

-Cognitivas: Dificultades en atención y memoria, revivir el trauma (del paciente), sacudida de creencias, percepción de vulnerabilidad, desconfianza, disminución de las actividades de ocio placenteras y divertidas, aislamiento de la familia y los amigos.

-Emocionales: Experiencia de intenso miedo, tristeza o ira, que puede producir vulnerabilidad, desesperanza, pérdida de la alegría y la felicidad.

-Somáticas: Reacciones propias de la hiperactividad de la rama simpática del sistema nervioso autónomo (palpitaciones, molestias gastrointestinales, estreñimiento, dolores de cabeza…), dolores difusos debido a tensiones musculares, cansancio y/o sensación de que el descanso no es reparador y, en el caso de las mujeres, agudización de las molestias menstruales.

-Laborales: Percepción de escasa capacitación profesional, tendencia a dirigir la intervención hacia las áreas no relacionadas con el sufrimiento, aislamiento del resto del equipo, sensación de incomprensión, absentismo y bajas laborales.

Si necesitamos una manera más objetiva, concreta y completa de medir la fatiga compasiva, en este enlace tenemos un auto-cuestionario que la mide y que podéis consultar en este enlace. Continue reading

Ha pasado tiempo desde que comenzó mi duelo y me encuentro peor

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Una de las preocupaciones más frecuentes que suelen aparecer durante el proceso de duelo y que genera numerosas consultas surge cuando, pasado un periodo de tiempo considerable desde la muerte del ser querido, el doliente siente que se encuentra peor.

Parece que esa creencia de que El tiempo lo cura todo nos ha calado socialmente y esa sensación de encontrarse peor transcurrido un tiempo la contradice por completo, generando mucha inquietud y desconcierto, de manera que el doliente siente que está haciendo algo mal.

Sin embargo, tiene todo el sentido del mundo que, cuando ha pasado un tiempo desde el fallecimiento, el doliente se encuentre peor que al principio.

Asumir la realidad de la pérdida

Sea la muerte esperada o no, es frecuente que cuando por fin tiene lugar la pérdida del ser querido, el doliente lo viva con incredulidad, con la sensación de estar viviendo una realidad alejada de sí mismo, como si se tratara de una película o un mal sueño. Es como si una parte de nosotros entendiera y asumiera lo que ha sucedido, mientras que otra parte no lo entiende, se queda bloqueada, anclada al momento del fallecimiento.

Al recordar esos primeros momentos tras el fallecimiento, muchas personas recuerdan su estado describiendo la sensación como “estar en una nube”. Esa sensación no solo es característica de los primeros días del duelo, sino que puede extenderse también a los primeros meses. Continue reading

Superar el duelo: ¿Dónde está mi ilusión?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Una preocupación habitual que manifiestan las personas que están atravesando un proceso de duelo tiene que ver con la pérdida de la ilusión y de las ganas de emprender proyectos o actividades, o simplemente fantasear con ellas. Muchos dolientes temen que ya nunca volverán a sentir esta emoción y que van a estancarse en esa sensación de bloqueo o de tristeza que todo lo cubre.

La ilusión va asociada a volver a estar presente en la vida, a interesarse y participar de nuevo como agente activo, pasando del modo automático al consciente. Por eso, la tristeza profunda que trae el duelo en sus momentos más agudos es difícil de combinar con la ilusión, ya que son dos fuerzas contrarias y la tristeza nos lleva hacia dentro: al recuerdo, al repaso, al llanto, al recogimiento.

Las fuerzas que dirigen el duelo

El duelo mezcla muchas emociones: no sólo está presente la tristeza, también el miedo, la ira, la culpa. Todas ellas demandan una gran energía. A los dolientes les sorprende el cansancio que sienten, pero es que este trabajo emocional es agotador. Este conjunto de emociones que requieren tanto y que dirigen el foco de nuestra atención hacia dentro, durante mucho tiempo son las que llevan el ritmo y la dirección del proceso.

La ilusión, por el contrario, es una emoción expansiva cuya fuerza se centra en el presente y que permite mirar hacia el futuro. Así, entra en contradicción con la dirección de la tristeza y de otras emociones habituales en el duelo cuando éstas se encuentran en su intensidad máxima.

Las emociones en el duelo

Tras la pérdida de un ser querido, lo que vamos sumando es, por un lado, la tristeza, que nos hace mirar hacia dentro y buscar la sensación de un lugar seguro; por otro lado, aparece el miedo, la inseguridad, que por un tiempo limita nuestra seguridad para dirigirnos hacia lo nuevo. Parece que la propia confusión (o la incertidumbre, que es otra de las caras del miedo) que define el proceso del duelo es suficiente reto. Continue reading

Recursos para profesionales sanitarios: El genograma como recurso movilizador en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Ejemplo de genograma.

En la consulta de terapia de duelo, por norma general atendemos al doliente de forma individual. Sin embargo, el duelo no es ni mucho menos un proceso individual, sino un proceso familiar y social. Cuando una persona fallece, el sistema familiar se transforma: a menudo salen a relucir secretos familiares, discusiones y enfados, estallan conflictos, se cuestionan roles dentro de la familia que son difíciles de mantener, o que los demás esperan del doliente, etcétera.

En el mejor de los casos, la pérdida supone un punto de inflexión que mueve a la familia a realizar tanto cambios prácticos, del día a día, como cambios más sutiles, relacionados con la organización y el funcionamiento del sistema familiar, así como con el manejo emocional del proceso.

Cómo ayuda el genograma en el duelo

Uno de los procedimientos básicos de las terapias familiar y de pareja sistémicas es realizar un genograma completo, que constituye un excelente recurso terapéutico. Es muy útil para el profesional en su trabajo para comprender el marco del doliente y, a la vez, resulta esclarecedor para el propio doliente, permitiéndole contextualizar su dolor dentro del gran sistema familiar, añadiendo comprensión a determinadas emociones, maneras o creencias que salen a relucir durante el duelo.

El genograma es un sencillo mapa, un árbol familiar donde se suelen incluir tres generaciones (abuelos-padres-hijos) y la información básica tanto demográfica como de las relaciones que mantienen entre ellos. El genograma facilita que podamos ver de un vistazo toda la información relacional y básica de una familia. El objetivo es comprender desde el corazón -no para juzgar, sino para aceptar- cómo es la familia a la que pertenecemos y cómo se está viviendo el proceso de duelo.

Cómo elaborar un genograma de nuestra familia

Elaborar un buen genograma es un arte y, aunque de apariencia sencilla, como todo requiere de entrenamiento, comprensión y práctica.

El proceso de elaboración del genograma implica que, mediante un solo vistazo, podamos asomarnos a la estructura familiar y sus relaciones y será la estructura familiar la que elaboremos en un primer paso. Conforme vamos elaborando la estructura de la familia, vamos completando los datos demográficos de cada uno, que pueden consignarse con símbolos para que así nos resulte aún más sencillo.

Podemos encontrar una explicación más minuciosa y detallada de la elaboración de un genograma en este estupendo artículo. Continue reading

Recursos para trabajar el duelo: El salvavidas

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

En el camino del duelo hay momentos que son especialmente arduos. Unas veces tiene que ver con la proximidad de fechas señaladas (no podemos dar la espalda al calendario, aunque lo intentemos) y otras, tiene que ver con el propio proceso, con los movimientos que sigue, que a menudo lleva al doliente a zonas de mucha oscuridad.

En momentos así, además del trabajo que se propone en terapia, podemos plantear un trabajo extra para gestionar estos días. Esta propuesta se puede hacer tanto en terapia individual como en grupo.

Una ayuda para los momentos más duros del duelo

Lo denominamos “salvavidas” porque es el recurso al que proponemos recurrir cuando los días están siendo o se avecinan complicados, o cuando se está atravesando un momento de especial crudeza en el duelo.

Recientemente leí que el sentido profundo de nuestra vida lo encontramos buceando muy adentro de nosotros mismos. Quizá, encontrar el sentido de nuestra existencia es una tarea grande que implica un trayecto muy largo, casi de una vida, pero mi experiencia es que es dentro de cada persona donde reside lo más auténtico de cada uno, que es guía y timón en nuestras vidas.

Todo proceso de autoconocimiento, de autoindagación, lleva a esa profundidad en la que se puede sentir que no sólo somos nuestra personalidad, nuestros automatismos, sino que somos mucho más que todo eso; que hay una parte esencial en nosotros a la que nadie pueda acceder desde fuera y que, aunque permanece enterrada bajo muchas capas, es motor de vida y busca hacerse camino y crecer.

Razón y corazón en el duelo

En los momentos oscuros, reconectar con esta parte de nosotros puede ser un salvavidas, volver al hogar interno, conectar con lo que nos da raíces y que nos permite “acompañar” a otras partes de nosotros que se sienten con miedo, abrumadas, bloqueadas o sin rumbo.

En circunstancias así, no solo necesitamos de nuestro intelecto para manejarnos con ello, necesitamos de partes mucho más sutiles. La parte racional de nuestra mente, con toda su potencia y su capacidad, no abarca este nivel de sutileza, se pierde frente a toda la inmensidad del complejo mundo interno. El pensamiento no tiene límite y puede perderse fácilmente. La emoción, sin embargo, que nos lleva a aspectos muy centrales y muy esenciales, nos da una información que a la que luego damos sentido mediante el pensamiento. Continue reading

Recursos para trabajar el duelo en grupo: El uso de fotos y objetos

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

De la misma manera que en las primeras sesiones de terapia individual nos centramos en el cuidado y desarrollo del vínculo terapéutico para crear un lugar seguro y de confianza, en las primeras sesiones de terapia de grupo buscamos lo mismo.

Si el profesional que facilita un grupo no ha participado nunca en uno, debe entender la sensación de exposición que éste supone al principio para los participantes y cómo hay que cuidar el espacio, los reflejos, la empatía, para que los pacientes sientan que es un lugar donde pueden abrirse.

En este proceso podemos utilizar dinámicas que favorezcan la comunicación, la empatía y la cohesión entre ellos. Hay múltiples libros y referencias a este tipo de dinámicas que se pueden consultar.

El psicólogo como facilitador del grupo de terapia

Una parte importante de este proceso cohesivo es el modelado que haga el terapeuta como facilitador. El paciente que asiste por primera vez a una terapia de grupo no sabe cómo funciona, qué se busca, cuál es la manera de estar en ella, ni qué es lo terapéutico, por lo que esa una parte importante de las primeras sesiones también será señalar lo que buscamos, lo que es terapéutico y lo que no, lo que es una buena sesión, y lo que moviliza y ayuda.

A medida que esta base se va construyendo, podemos ir adentrándonos en el trabajo específico del duelo. Se trata de ir acercándonos poco a poco al dolor, de ponerle palabras, ir aproximándonos a la globalidad de la experiencia que incluye aspectos racionales, emocionales, religiosos, corporales y espirituales. No se trata sólo de centrarse en el desahogo y compartir, sino de la manera terapéutica de ir acercándose al dolor.

Atender a los aspectos más profundos del duelo

El proceso de duelo es extremadamente simbólico, a menudo sutil, y conecta con partes de nuestra mente que no son racionales ni emocionales, sino que funcionan a una profundidad mayor, en una capa más profunda, existencial y espiritual. La dinámica que proponemos en este artículo atiende a los aspectos emocionales de la experiencia, porque ayuda a poner el foco en la relación con el fallecido de una forma global y amplia, peto también va a esa zona más profunda y sutil, porque estamos comenzando a trabajar el vínculo, o mejor dicho, a transformarlo. Continue reading

Recursos para trabajar el duelo en grupo: El camino del duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Cuando un doliente participa en un grupo de duelo se encuentra con muchos elementos favorecedores, que resultan de gran ayuda en su proceso.

En el grupo, el doliente se siente comprendido, escuchado, es un entorno donde no se enjuicia y en el que puede compartir su experiencia, que al mismo tiempo está siendo vivida también por el resto de los participantes, con las diferentes particularidades de cada caso.

A todos ellos les une una fuerte experiencia común: la pérdida de un ser querido y el dolor que conlleva. El grupo permite ver otras formas de manejar el proceso: existen tantas formas de experimentar el duelo como personas y el hecho de poder compartirlo es de gran riqueza.

Aspectos positivos de los grupos de duelo

Desde una perspectiva profesional, cuando facilitamos grupos, a nosotras siempre nos queda una sensación de haber sido testigos y parte de un encuentro muy especial, casi sagrado. Tenemos la sensación de que lo que se comparte en el grupo de duelo viene de un lugar de mucha intimidad, como es el dolor.

A medida que se van creando los lazos de confianza, compasión, empatía y aceptación necesarios para que el participante sienta que el grupo es un lugar seguro, donde es libre de decir aquello que quizá expresa por primera vez, el doliente se va atreviendo a compartir, a abrir su corazón a sí mismo y a los demás.

El grupo entero va profundizando más y más, como si el proceso fuese una espiral. Elaborar el duelo en grupo conecta con dos fuerzas muy presentes en el ser humano: las del autoconocimiento y la autocomprensión, y las de interrelación e interconexión.

El papel del psicólogo en el grupo de duelo

La función del facilitador del grupo es favorecer que se puedan desarrollar estas dos vías: por un lado atender la parte intraindividual de cada participante, atendiendo a su mundo interno; por otro lado, favorecer la parte relacional, la de interrelación, la de humanidad compartida. Continue reading