Libros recomendados para reflexionar sobre el duelo (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

La literatura es el arte que nos transporta a todo tipo de lugares, tanto externos como internos, y a través de una historia pone palabras a la vida. En anteriores artículos os recomendábamos algunos libros en torno al duelo, que nos acercan a ese camino que se abre ante nosotros cuando alguien a quien queremos fallece.

El sufrimiento y el dolor por la pérdida implican mucha oscuridad, mucho desconcierto. La lectura puede transformarse en una medicina que pone luz a través de las palabras. Además, el doliente se siente reconocido y, de alguna manera, acompañado en lo más nuclear de su experiencia, lo que puede servirle de ayuda para construir camino, conectarse con su dolor y descubrir otras maneras de elaborar su duelo.

En los últimos años son muchos los autores que han abordado en sus novelas y ensayos el tema del duelo por un ser querido. Recomendamos a continuación algunos títulos que pueden servir de ayuda en este proceso.

“La ridícula idea de no volver a verte”, de Rosa Montero

El libro de Rosa Montero combina dos aspectos: por un lado, se adentra en la emoción sin tapujos de dos mujeres de gran honestidad y congruencia que han vivido la pérdida de sus parejas: Marie Curie y ella misma. Pone palabras a la locura que supone la pérdida y la vida tras la pérdida.

Por otro lado, el libro es un continuo recordatorio de cómo cada uno tiene su propio camino en el duelo, sus tiempos, sus maneras y su forma. Y aborda la importancia de respetar profundamente ese camino y confiar en que hay una sabiduría interna, una intuición, que nos guía en este recorrido.

“También esto pasará”, de Milena Busquets

E9788433997883l libro de Milena Busquets comienza con el fallecimiento de su madre, al que sigue el proceso de pérdida, catalizador de una revisión de su vida con su madre, de su propia vida y de la relación entre las dos.

Es un libro sobre la aceptación de la realidad de la muerte y, también, de la realidad de la vida. A lo largo de esta obra, el duelo se va integrando en la vida. La protagonista abre las puertas al dolor de la pérdida y, con ello, también a la vida en toda su plenitud.

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El duelo por la muerte de personas mayores

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Cuando se produce una muerte en el seno de una familia y quien fallece es una persona de edad muy avanzada, parece que hay menos derecho a sentirlo. La frase “Es ley de vida” acalla y sentencia el dolor del doliente y le amputa el derecho a sentir y a expresar su pérdida.

La pérdida de una madre o de un padre ya mayores (o de unos abuelos que han sido como padres, o bien han estado presentes en la vida del doliente de una manera determinante) requiere también de su espacio de dolor y atención.

No hay que dar nada por sentado en el duelo

Si hay una lección importante en lo que concierne al duelo es que no debemos dar nada por supuesto. Esto quiere decir que para cada persona su duelo es único, que el dolor o la experiencia que vive cada uno tras una pérdida genera un proceso donde intervienen factores observables y otros muchos inconscientes, derivados de la relación, el vínculo con el difunto, o el sistema familiar.

Esa parte es un misterio a resolver. Por eso no podemos anteponer teorías, creencias o supuestos a la realidad de la experiencia sentida por el doliente. En el duelo, como en la vida, lo que marca la reacción es la emoción, no la razón. Parece que el hecho de clasificar, establecer categorías y teorizar forma parte de la naturaleza del ser humano.

Acompañar el dolor sin juzgarlo

Esa tendencia de mirar al doliente con las gafas de la teoría y de lo supuesto nos lleva a generalizar. También nos hace mantenernos distantes de la experiencia emocional real que está atravesando la persona en duelo.

El no juicio y la intención auténtica de comprensión profunda es lo que nos acerca al doliente y nos permite entender su mundo de referencia. Sólo desde ahí podemos conocer lo que supone una pérdida para otro. Y sólo desde ahí, podemos acompañar.

La importancia de las despedidas en el duelo

Cuando fallece un ser querido de edad avanzada, lo más deseable es que hubiésemos tenido espacio y tiempo para poder despedirnos. Ayuda poder estar con esa persona y acompañarla en la medida de lo posible, además de anticipar y actuar para la muerte que iba a venir.

Esto no implica idealizar las despedidas y dejar de hacer reales las relaciones, sino poner atención en el momento vital que se atraviesa. Significa centrarse en la realidad de la muerte y actuar de forma consciente, con decisión y tomando decisiones relativas a lo que tal vez queda por decir o sería bueno expresar aunque se dé por supuesto. Eso es podernos despedir: hacer consciente el momento y decidir conscientemente y en consecuencia, dejando al lado automatismos, evitaciones o mecanismos que nos alejen de la realidad.

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500 palabras para la compasión

Sara Losantos, Pilar Pastor y Patricia Díaz, psicólogas de FMLC

 

© MalagónCuando tuvieron lugar los terribles atentados de Estambul y Niza, el equipo de psicólogas de la Fundación Mario Losantos del Campo escribió este artículo para expresar su solidaridad y cercanía a los afectados, así como para aportar alguna pauta para aliviar y apoyar desde aquí a los familiares y amigos de las víctimas de la violencia terrorista. Lamentablemente, hoy este artículo sigue vigente.

Resulta enormemente difícil encontrar palabras para abordar un tema tan complejo y tan espinoso como es el duelo que produce la muerte de un ser querido, cuando ésta ha sido provocada por otro semejante.

Obstáculos en el duelo traumático

Una de las principales complicaciones que puede encontrar cualquier persona que pierda a un ser querido en un atentado es la dificultad para darle sentido a la experiencia de pérdida. Todo aquello que generalmente resulta útil en un proceso de duelo resulta insuficiente cuando afrontamos la muerte de un ser querido en un atentado, debido a la magnitud del impacto.

Tras un atentado de estas características, la prioridad es atender la devastación que deja la crueldad a su paso. Tan sólo el amor, la compasión y el encuentro genuino con otro ser humano pueden sostener y contener el alma rota de un país en duelo.

Tal vez esta explicación pueda resultar pueril o insuficiente, pero en este momento el amor constituye realmente una auténtica fuerza frente al odio, al horror y la destrucción. Aunque ahora mismo pueda parecer que el odio lo ocupa todo, al igual que aquel sabio indio, necesitamos descubrir que “el amor es silencioso, pero es superior al odio que hay en el mundo. Si no fuera así, el mundo no resistiría”.

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El duelo como proceso psicológico profundo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

A menudo definimos el duelo como un proceso global, holístico, que abarca todas las áreas del ser humano. Para muchos dolientes, el duelo no puede cerrarse sin antes atender la parte más existencial de la experiencia, los miedos más esenciales y los rincones más profundos de su ser.

Esa parte existencial está relacionada con el sentido más profundo de la vida y la muerte, con el encuentro con áreas de uno mismo que se sienten confusas y poco exploradas, pero que están muy presentes en el día a día, en el manejo de la vida y en las decisiones que se van tomando, como un telón de fondo que nos acompaña y siempre está ahí.

La introspección en el duelo

El duelo llama especialmente la atención por su aspecto más emocional, pero también tiene un aspecto cognitivo, el relacional, el práctico, el espiritual y el existencial… zambullirse en todo este trabajo constituye una verdadera revolución interior. El dolor es la puerta de entrada a muchos aspectos íntimos, que sólo nos detenemos a mirar cuando dicho dolor nos conduce a ello.

Con esto no queremos decir que en todos los procesos de duelo haya obligatoriedad de realizar un proceso interior profundo y una revisión minuciosa, muchos dolientes no lo necesitan ni lo buscan; pero para otros, cuando comienza el duelo, se abre también un proceso más profundo que invita al autoconocimiento y a transitar por áreas de uno mismo y de la propia existencia que hasta ese momento no se habían explorado.

El autoconocimiento tras la pérdida

Parece que el duelo es un momento propicio para revisar aspectos que hasta entonces no habían sido habitados. El propio contacto con el misterio de la muerte nos abre al misterio de la vida y a una dimensión de nuestra psique a la que habitualmente damos la espalda y evitamos, pero que es donde se encuentra lo más esencial de nosotros.

En este camino -que puede resultar confuso e incierto y, de hecho, lo es- el doliente sólo puede guiarse por sí mismo. Hay una inteligencia distinta a la racional, que tiene que ver con la intuición, con una guía interna que viene de lo más esencial de cada uno. Esa inteligencia, esa sabiduría, es la que marca los tiempos y el movimiento de esta exploración interior. Gran parte del proceso de duelo (así como de la terapia y el acompañamiento) consiste en aprender a escuchar a esta parte de nosotros mismos.

Aspectos vitales que influyen en el duelo

Según cuál sea el momento vital que atraviesa el doliente, el proceso se va a desencadenar y necesitará un nivel de profundidad u otro. El duelo se suma a lo que ya se es y a lo que el doliente está viviendo interna y externamente en su vida en el momento de la pérdida.

De este modo, si al sufrir la pérdida el doliente atravesaba un momento de crisis personal, de interiorización o de descubrimiento, o simplemente a raíz de la crisis brutal que implica la muerte de un ser querido, el proceso de duelo se va a convertir en un catalizador para explorar más aspectos de la vida, para pararse a sentir y a descubrirse a uno en totalidad, con las luces y las sombras.

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Superar la pérdida: El duelo como tarea

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El duelo es el proceso natural que sigue a la pérdida de un ser querido. Esto quiere decir que es un proceso necesario, integrado en nuestros recursos y que, ante una pérdida, nuestro interior emprende el mismo proceso que el cuerpo cuando, tras una herida, comienza el proceso de curación y cicatrización.

Al igual que el dolor físico, el dolor y la tristeza nos avisan de que algo no está bien en nuestro cuerpo y que debemos atenderlo y cuidarlo. El dolor emocional nos habla de lo que ocurre a nivel interno, profundo, de lo que nuestro ser necesita. Nos lleva al recogimiento, el recuerdo y a estar con nosotros mismos. Quizá el reto del duelo es escuchar esta necesidad -la que el doliente tenga- y estar con ella.

Escucharse, tener paciencia y dedicar tiempo al duelo

La tendencia habitual es la de no escucharse a uno mismo, porque es difícil, doloroso y muchas veces da miedo. Acostumbramos a evitar por todos los medios permitirnos sentir la emoción o las sensaciones corporales. Sin embargo, dejar que el cuerpo y la emoción se expresen es necesario para que este proceso natural se ponga en marcha.

El proceso de duelo tiene una inercia natural, el trabajo y la tarea del doliente es reconocer qué es lo que necesita su propio proceso para que pueda desarrollarse. Este proceso requiere de paciencia y también de tiempo, los procesos se cocinan a fuego lento, sobre todo los que implican adentrarse en uno mismo.

El duelo necesita atención y espacio

También es un proceso activo por parte del doliente: esto quiere decir que el doliente tiene por delante un camino que pasa por hacerse cargo de su duelo. Todo proceso de crisis y de cambio tan drástico en la vida implica pararse y mirar hacia dentro. Eso no debe impulsarnos a banalizar y simplificar este complejo proceso.

Es muy frecuente escuchar que: “Todo está en tu cabeza, si tú no haces por curarte nada lo hará”. Esa afirmación tiene parte de verdad y una parte de falsa idea de control. No es sencillo ni fácil, es un reto complejo que, para muchas personas, puede constituir el proceso más intenso de sus vidas. Como todo proceso de crisis y de transformación, el motor y el cambio comienza en el interior. El duelo necesita de atención, espacio y una mirada hacia adentro.

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Los miedos del profesional socio-sanitario ante el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

En esta sociedad de la que formamos parte, que siente el dolor y el sufrimiento con aprensión, y que busca distanciarse del dolor propio y ajeno, ¿a qué retos se enfrenta el profesional que trabaja en contacto con el duelo y la muerte?

Parece necesaria una revisión y un trabajo personal por parte del profesional para trabajar en este campo, ya que participa de esta sociedad y está inmerso en dicha corriente de (no) afrontamiento del dolor.

La herramienta más importante del profesional que trabaja con personas es él mismo. Más importante que cualquier técnica o herramienta es que el profesional esté presente (en presencia terapéutica), en autenticidad y consciencia en el momento de la terapia o la consulta.

Hacia la humanización de la atención socio-sanitaria

Entre los profesionales socio-sanitarios (psicólogos, médicos, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, etc.) está surgiendo con fuerza una tendencia a humanizar la salud, a deshacer ese camino que se ha andado en pro de la tecnificación y la medicalización, devolviendo la importancia del contacto humano y abogando por el trabajo interno a cargo del profesional, por la compasión (entendida como la comprensión profunda y como invitación a acompañar al otro) y la empatía.

Parece que este movimiento que surge desde la Medicina, la Psiquiatría, la Psicología… está suponiendo una revolución silenciosa, que va poniendo las semillas para crear en el trabajo terapéutico una forma de relación basada en la humanidad y en el cuidado de calidad.

La importancia de la escucha

Quizá una de las principales tareas que tiene por delante un profesional sanitario es la de parar: parar para poder escuchar y escucharse; para poder tomar conciencia de qué partes de su interior se activan en el encuentro terapéutico con el dolor.

Trabajamos como somos, así que los miedos, las creencias, las emociones, los mecanismos propios de afrontamiento y todo aquello que nos despierta el sufrimiento, la muerte y el dolor en nosotros mismos, van a estar presentes en el momento de la terapia.

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Diferentes aspectos de la soledad en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Igual que existen diferentes tipos de tristeza, la soledad también tiene muchos matices. Existe un tipo de soledad –la “soledad llena”– que nos permite acercarnos a la tristeza y a la experiencia intima de duelo, de recuerdo, de angustia y, desde allí, encontrar la manera de acompañarnos a nosotros mismos.

También existe la “soledad vacía”, en la que uno se siente abandonado y perdido, todo nos abruma y parece que va a vencernos. Seguramente todo aquel que esté atravesando o haya pasado por un proceso de duelo conoce ambas.

Una parte importante de la soledad que viven muchas personas durante la elaboración de su duelo se relaciona con la tendencia que existe en la sociedad actual de sentir miedo ante el dolor o la muerte y, por lo tanto, darle la espalda. Parece que nos cuesta acompañar el dolor en su profundidad, no sólo en los primeros momentos o los más “sociales”, sino también en el proceso de profundo sufrimiento, cuando el tiempo pasa y la realidad del día a día abruma.

El acompañamiento en duelo

Cuanto más nos cuesta estar con nuestro propio dolor, más nos cuesta estar con el del otro. Cuanto menos compasiva sea nuestra mirada al mundo, con menor compasión y empatía podremos estar al lado de nuestro dolor y el del otro. El duelo pide ser expresado, llorado, compartido y vivido en compañía.

Una parte del duelo necesita de otra persona para poder poner en palabras todo aquello que bulle por dentro, porque hay partes de la experiencia dolorosa, de uno mismo, que no pueden explorarse en soledad, necesitan la compañía empática y cuidadosa de otro ser humano.

Duelo y crecimiento personal

No toda esa soledad que se siente en el duelo tiene que ver con las demandas o expectativas del entorno y la sociedad. También hay aspectos vinculados a la forma en que nos relacionamos con nuestro propio dolor que ponen más distancia con la propia experiencia emocional y a través de los cuales el doliente sentirá mayor soledad.

El dolor tiene una cualidad: la de ponernos en contacto con una parte de mucha intimidad, de vulnerabilidad, que no es fácil mostrar a los demás, casi ni a uno mismo. Todo esto que el dolor comunica, transmite y con lo que nos pone en contacto es información muy esencial e íntima de cada uno, que llama a ser sentida y explorada en soledad.

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Claves para ayudar a los profesionales sanitarios a detectar el duelo en Atención Primaria

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Los estudios que se han realizado sobre el duelo en Atención Primaria relacionan este proceso con una mayor frecuencia de visitas a la consulta del médico de cabecera y un mayor número de afecciones físicas difusas.

El duelo, como proceso integral, no sólo se experimenta a través de su vertiente emocional, sino que a menudo también implica un desajuste a nivel orgánico que, mediante esta vía, encuentra la manera de ser expuesto a la consciencia.

Por otro lado, en ocasiones anteriores hemos mencionado la creciente tendencia que existe en nuestra sociedad de buscar en el profesional sanitario el espacio, el consuelo y la comprensión que en ocasiones el doliente no encuentra en su entorno más cercano y que necesita para elaborar su duelo.

Por estos motivos, para el profesional sanitario resulta de mucha ayuda conocer y tener claras una serie de certezas sobre el proceso de duelo, cómo detectarlo y cómo entenderlo, puesto que en multitud de ocasiones se encontrará con un doliente en su consulta.

El duelo duele

Puede parecer redundante, pero no hay mayor verdad con respecto al duelo. Es imposible que no sintamos dolor ante el fallecimiento de alguien que queremos, de modo que la reacción sana y esperable ante la pérdida es la tristeza y lo que sana esta emoción es expresarlo mediante el llanto. No debemos caer en el error de patologizar una reacción natural y beneficiosa.

El duelo es un proceso único en cada caso

El vínculo que une a dos personas es especial, por eso el proceso que va a desencadenarse tras el fallecimiento de una de ellas va a ser particular. Esto se traduce en que sólo vamos a poder valorar el curso del duelo sano en función de cada caso en concreto. Contamos con ciertas generalidades que nos pueden guiar para dirimir entre lo patológico y lo normal, pero en ningún caso las directrices teóricas primarán sobre el caso real.

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La importancia del vínculo con el fallecido en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Si hay una premisa a través de la cual entendemos el duelo, es que no existe un duelo igual a otro. Y lo que hace que un duelo sea tan particular para cada persona es el vínculo único que existía con el fallecido.

Por eso, ante el fallecimiento de un padre, por ejemplo, cada hijo lo sentirá de una manera diferente porque, aun tratándose de la misma persona, la relación, el vínculo que les unía a cada uno, era completamente distinto. Las características del vínculo son las que resumen por completo la relación, la expresión de la unión que mantenían el difunto y el doliente, y sobre la que se asienta la relación.

Cómo funcionan los vínculos

En la relación, cada persona se coloca alrededor del vínculo en una relación circular y sistémica. Se unen y relacionan en función de este vínculo, que está repleto de emociones y experiencias vividas conjuntamente, pero interpretadas individualmente, en las que se mezclan miedos, certezas, amor, etc.

Cada relación establece un vínculo: aunque tengamos tendencia a relacionarnos y a crear vínculos de una determinada manera, cada relación tiene sus características particulares. Por esa razón cada pérdida es única y por eso es tan importante adentrarnos en la relación que había con el fallecido para poder elaborar el proceso de duelo.

Si no había vínculo con el fallecido, no puede desencadenarse el proceso de duelo. Y esto puede ocurrir incluso dentro de una familia. La forma en que el doliente desarrolle el duelo estará definida por cómo era su relación con el difunto.

La influencia del vínculo en el duelo

El vínculo ha sido largamente estudiado en los procesos de duelo: tanto poniendo el foco en la calidad del apego -como hizo Bowlby-, de forma que el duelo se irá elaborando de forma más o menos complicada, como poniendo el foco en la transformación del vínculocomo lo trabaja Neimeyer-, de tal manera que el doliente encontrará la manera de conectar de un modo más sutil, pero también más profundo, brillante y acorde con el cambio en la relación.

La relación cambia, de modo que el vínculo también cambia: pasa a tener un significado más trascendente donde el amor lo llena todo. Pero para llegar aquí, muchos dolientes necesitan llevar a cabo pasos y procesos intermedios.

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La importancia de los homenajes y los rituales en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl duelo es un proceso de mucha simbología, en el que los homenajes y los rituales cobran una especial relevancia. Necesitamos actos que trasciendan las palabras para poder simbolizar y representar lo que sentimos, y que las palabras no alcanzan a expresar.

El lenguaje del inconsciente, de nuestra psique y nuestra emoción a menudo fluye de manera más viva y completa a través de los símbolos que de las palabras, sobre todo cuando lo que queremos expresar es algo tan grande como amor, orgullo o falta.

Los ritos de despedida

En este contexto, los homenajes y los rituales son las vías que el hombre ha desarrollado en todas las civilizaciones, teniendo una importancia crucial a nivel cultural, psicológico y espiritual: es la manera que tenemos de canalizar una simbología mayor a través de un acto.

Por otro lado, a través de los homenajes y los ritos hacemos partícipe a la comunidad del dolor que siente una familia. Los homenajes unen. En una sociedad que tiende a esconder el dolor y a hacerlo cada vez más privado y más médico, los ritos permiten a la familia romper con ese aislamiento y que los lazos de la comunidad arropen y acojan lo sucedido.

Compartir el dolor para aliviarlo

Necesitamos ceremonias que alivien la angustia de la irrupción de la muerte. Todo fallecimiento, aun siendo esperado y acompañado, viene con dolor y con sorpresa: no terminamos de estar preparados ante la muerte. La muerte deja una sensación de descontrol y vacío, por eso necesitamos ritos que den cierta continuidad a la vida, a través del dolor compartido. Cuando mantenemos ese “susto” que deja la muerte a su paso en el silencio y aislamiento de la soledad, ese vacío se queda sin atender y tiende a convertirse en un prisma a través del cual el doliente empieza a mirar la vida.

Los homenajes permiten que el duelo se canalice y no quede arrinconado en el doliente. Canalizar el duelo tiene mucho que ver con compartir, con la necesidad psicológica de catarsis compartida. Pero no todo el valor del ritual tiene que ver con compartir. También es importante para simbolizar y expresar el dolor a través de un acto que tiene una simbología especial.

Procesar las emociones del duelo

Cuando el doliente empieza a pensar en organizar algún tipo de homenaje o ritual, se ponen en marcha muchos aspectos importantes de la elaboración del duelo: en primer lugar, se para a escuchar qué necesita, cómo llevarlo a cabo, a quién involucrar, cómo planificarlo y qué es lo que quiere expresar en ese homenaje o acto concreto. El duelo es un proceso integral y en la elaboración de los rituales se ponen en marcha todas las áreas del ser humano: la emocional, la cognitiva y la espiritual.

Hay muchos tipos de homenajes y de rituales. Esto tiene que ver sobre todo con la cultura a la que pertenece el doliente. En nuestra cultura los desarrollamos fundamentalmente a través de los ritos funerarios, ceremonias religiosas y reuniones, aunque cada vez es más frecuente que los dolientes opten por otro tipo de homenajes y ritos. En otras culturas se enfatizan más otros aspectos más tribales, quizá más energéticos o vitales, que también pueden ser una fuente de inspiración.

Duelo, homenajes y aniversarios

Cuando se acercan fechas especiales como Navidad, cumpleaños, aniversarios… puede ser un buen momento (si así lo necesita el doliente) para pensar en hacer un homenaje. Hay personas que ya consideran la reunión familiar un homenaje y así lo entienden y lo viven, pero otras necesitan organizar actos más simbólicos, más públicos o más privados.

El homenaje puede consistir en hacer algo que tenga especial sentido para el doliente en el momento que está atravesando: desde organizar algo de más alcance que involucre a familia y amigos, o ir a algún lugar especial, leer algo, realizar una suelta de globos o hacer un viaje. Para cada doliente será la manera de simbolizar y expresar algo concreto, atendiendo a qué plano necesite ser expresado (cognitivo, emocional o espiritual).

Pequeños ritos de paso en el duelo

En ciertos momentos del proceso del duelo que son importantes para el propio doliente, desarrollar o emprender algún rito u homenaje también tiene una simbología especial. El camino del duelo es un proceso doloroso de superación personal,  marcado por pequeños pasos que, sin embargo, suponen hitos para la experiencia interna del doliente.

Por ejemplo, cuando un doliente empieza a salir de paseo los fines de semana, tal vez desde fuera no suponga un gran cambio, pero para el propio doliente esto puede implicar deshacerse de una culpa, sentirse más independiente, etc. Y, cuando se alcanza determinado desarrollo personal, simbolizarlo a través de un acto significativo implica como cerrar un círculo y afianzarlo. Por ejemplo: para la persona que empieza a salir de paseo, un rito simbólico podría ser prepararse durante unos meses para hacer una excursión a una montaña determinada. Para el resto del mundo será un paseo por la montaña, pero para ella puede suponer el reencontrarse con su fortaleza interna.

Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dude en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org