Cómo acompañar en duelo a nuestro amigo adolescente

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

 

Una característica que tienen en común la mayoría de los duelos es la dificultad que tiene el entorno para apoyar y ayudar a los niños o adolescentes que han perdido a un ser querido.

Esto se debe a que a menudo nos cuesta sobrellevar el sufrimiento ajeno, porque nos resulta desagradable y porque pensamos erróneamente que la mejor forma de ayudar al doliente es animándole o distrayéndole, cuando esto sólo funciona en contadas ocasiones.

Este artículo va dirigido a aquellos jóvenes y adolescentes que no saben muy bien qué hacer para ayudar a un amigo o amiga que ha sufrido una muerte cercana. Como paso previo, podéis revisar el post anterior en el que comentamos las frases que no es recomendable decirle a alguien que está en un proceso de duelo.

Cuando un adolescente tiene un amigo o amiga que ha sufrido la pérdida de un ser querido cercano, surge la duda: ¿Qué puedo hacer yo para que se sienta mejor? Estas son algunas opciones. Continue reading

Dificultades de los adolescentes para hablar del duelo con sus amigos

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

La preadolescencia y la adolescencia son etapas fuertemente sociales. En ellas, cobra especial relevancia la formación de un grupo de pares donde el menor pueda desarrollar su autonomía de forma segura.

A grandes rasgos, durante la infancia la autoestima del niño depende en gran medida de que sus padres le hagan sentir bueno y valioso. El objetivo es llegar a sentirse bueno y valioso por lo que uno piensa de sí mismo, pero, entre un paso y el siguiente está la adolescencia, durante la cual la autoestima pasa a depender de que el grupo de pares también haga sentir bueno y valioso al menor.

Así nace el sentimiento de pertenencia, que se convierte en un arma de doble filo: por un lado, aporta seguridad al menor para el desarrollo de sus competencias, pero también le provoca miedo a sentirse rechazado. Durante la preadolescencia y la adolescencia es muy fácil que el niño haga esta asociación: “Si soy distinto, aumentan mis probabilidades de ser rechazado”.

El duelo en la adolescencia

Es aquí donde entra en escena el duelo. Cuando un adolescente sufre la muerte de un ser querido, se encuentra más inestable a nivel emocional y conductual, y eso puede provocar un trato diferente de los demás miembros del grupo. Ese trato diferencial que nace del consuelo y la protección puede ser vivido como algo muy desagradable por el adolescente (“Si soy distinto, es más fácil que me rechacen”). Continue reading

Por qué es bueno que los niños participen en los ritos funerarios

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

Los ritos funerarios son aquellas ceremonias que se celebran a raíz de la muerte de una persona.

En artículos anteriores hemos señalado que es conveniente que los niños y las niñas participen de estos ritos, cómo prepararlos para ello y a partir de qué edad pueden participar. En este post explicaremos por qué son beneficiosos estos ritos.

William Worden, uno de los autores más prestigiosos en el ámbito de la psicología del duelo, establece en su libro Children and Grief (1996) que los ritos funerarios son beneficiosos porque ayudan a satisfacer tres necesidades de los niños y niñas en duelo que os exponemos a continuación.

Ayudan a reconocer la muerte del ser querido

Los ritos funerarios ayudan al menor a aceptar la muerte del ser querido, porque la hacen evidente: la gente se reúne para despedir al ser querido que no va a volver. Ya se entierre o se incinere al fallecido, esto facilita que los niños y niñas que asistan se cercioren de que su ser querido no va a reaparecer, al menos de un modo físico.

Esta es la evidencia sobre la cual construimos el duelo: se produce una despedida y nos empezamos a adaptar a una vida sin la persona fallecida.

Esto no significa que, si un niño o una niña no acude a los ritos de despedida de sus seres queridos, va a tener irremediablemente un proceso de duelo complicado. No, lo que quiere decir es que acudir a ellos generalmente resulta beneficioso. Continue reading

El duelo infantil: La metáfora de la pelota de playa

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

A menudo los psicólogos hacemos uso de metáforas para referirnos a problemas que traen los pacientes. Hoy vamos a hablar de una metáfora, propuesta por Steven Hayes, que puede aplicarse a muchos casos de niños en duelo por la muerte de un ser querido.

Vamos a imaginarnos que estamos tranquilamente en una playa o en una piscina. De pronto, empiezan a aparecer pensamientos y emociones muy desagradables: dolor por la ausencia de nuestro ser querido, tristeza, nostalgia, ansiedad, miedo, enfado, pensamientos de no tener nada por lo que vivir… Todas estas emociones y pensamientos se meten dentro de una gran pelota de playa. Esta pelota nos recuerda todo lo doloroso y desagradable que tenemos: ¿Qué podemos hacer con ella? Lo que intentamos es meterla debajo del agua para que no se vea. Una vez sumergida, todo está bien: la piscina o la playa vuelven a ser como eran antes, salvo por el hecho de que estamos esforzándonos mucho en intentar mantener la pelota bajo el agua. Además, tampoco podemos nadar o jugar, porque en el momento en el que lo hagamos, la pelota volverá a emerger a la superficie.

La evitación del dolor tras una pérdida

Muchos niños en duelo se ven en sus piscinas con sus correspondientes pelotas de playa, y, en algunos casos, optan por intentar sumergirlas. Ocultan lo que sienten, lo ignoran y aparentan que no ha pasado nada. Esto se debe a que les faltan las herramientas necesarias para gestionar las emociones y los pensamientos que hay dentro de la pelota, y así ir deshinchándola poco a poco. Continue reading

El duelo infantil y las distorsiones cognitivas [III]

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

En artículos anteriores hablábamos de las tendencias de pensamiento que cambian nuestra manera de percibir la realidad durante el duelo. Decíamos que en la mente del doliente aparecen una especie de “gafas cognitivas” que cambian su forma de mirar lo que le pasa o lo que sucede alrededor. ¡Terminemos de conocer estas gafas!

Sabemos ya el nombre de muchas y cómo funcionan. Durante el duelo la realidad causa mucho dolor, ya que la ausencia del ser querido provoca una marea de emociones desagradables que cambian la forma en que los niños perciben la realidad. Por eso, involuntariamente se ponen unas gafas que les impiden ver la realidad tal y como es. Estas gafas se conocen como distorsiones cognitivas.

Estas gafas o distorsiones nos provocan sufrimiento: parte del dolor que sienten los niños durante el duelo depende de cómo perciben la realidad.

Distorsiones cognitivas comunes: los pensamientos tiranos

Se denominan “las gafas de la tiranía” porque dan órdenes en vez de expresar deseos o intenciones. No es lo mismo decir “Tengo que sacar mejores notas” que “Quiero sacar mejores notas”, o “Voy a sacar mejores notas”. Aunque las tres frases se refieran al mismo concepto, se aproximan desde puntos muy distintos.

Un niño con las gafas de la tiranía sentirá que nunca es suficientemente bueno. Además, en el duelo es muy común encontrarse estas gafas centradas en el pasado: en vez de “tengo que” o “debería”, es normal encontrar “tendría que haber” o “debería haber”. Esta forma de hablar hace mucho daño, ya que el pasado no se puede cambiar. Pensamientos como: “Tendría que haber sido mejor hijo” o “Debería haberme portado mejor” son losas que nos echamos a la espalda: nos hacen sentir insuficientes y culpables.

Cuando un niño lleva puestas estas gafas de la tiranía, podemos ayudarle insistiendo en que modifique el verbo: de “Tengo que” a “Quiero” o “Voy a”. Si lleva las gafas centradas en el pasado, hemos de recordarle que nadie es perfecto y que todos cometemos errores, pero que su ser querido estaba orgulloso de ellos, o satisfecho. Un pequeño truco con el que algunos niños enganchan muy bien es decirles que, si no lo saben conjugar, no lo deben decir: “Quiero portarme mejor” es un claro presente de indicativo, mientras que “Debería haberme portado mejor” es… ¿?

El duelo infantil y la inferencia arbitraria

También denominada “las gafas de los adivinos”. En este grupo tenemos dos tipos de gafas:

  • Las gafas de la telepatía. Estas gafas nos hacen creer que sabemos lo que piensan los demás. Podemos encontrarlas en niños que dicen cosas como: “Me han invitado por pena”, “Todos me miran y sé que hablan de mí a mis espaldas”, “Papá no estaba orgulloso de mí cuando se murió”… Son unas gafas que distorsionan la realidad ya que es imposible leer los pensamientos de los demás.
  • Las gafas de bola de cristal. Estas gafas nos hacen pensar que sabemos lo que va a pasar en el futuro. Un niño con estas gafas dirá cosas como: “Nadie me va a querer nunca”, “Voy a estar solo siempre”, “No quiero salir porque voy a ponerme a llorar”, etc. Decimos que son unas gafas que nos engañan, porque nadie sabe con certeza qué va a ocurrir.

Cuando un niño lleva puesto este tipo de gafas, le ayuda que nos pongamos nuestras batas de científicos y estudiemos qué pruebas tiene para afirmar lo que dice. Le preguntaremos si siempre acierta cuando intenta adivinar lo que piensa la gente, si alguna vez ha profetizado algo que no se ha cumplido… para hacerles ver no pueden saber si lo que piensa va a ocurrir realmente: puede que sí, pero probablemente no.

La tendencia a la etiquetación en los niños en duelo

Las últimas gafas que vamos a analizar son “las gafas de las etiquetas”. Con ellas puestas vamos colocando etiquetas -generalmente dañinas- a nosotros mismos y a los demás. En menores en duelo las solemos encontrar cuando afirman cosas como: “Soy el raro de clase”, “Soy tonto”, “Soy un mal hermano”, “Soy un paquete”, “Los demás son unos imbéciles”, etc.

Estas gafas constituyen un atajo, ya que para un niño es más fácil decir “Soy el raro de clase” que “Soy la única persona que ha sufrido una muerte y me hace sentir distinto”; o “Soy tonto” en lugar de “Estoy frustrado porque no puedo concentrarme al estudiar”. Estos atajos implican asumir que uno es lo que uno hace, cuando no es así.

Además, son atajos directos a una trampa. Al decir: “Soy un paquete” estoy diciendo que no tengo remedio porque es muy difícil cambiar cómo soy. Sin embargo, si digo: “Hoy he jugado mal porque estaba distraído”, estoy hablando de algo puntual que sí que tiene solución. Si un niño lleva estas gafas, podemos ayudarle recordándole la distinción entre ser y hacer: una vez sepamos qué hace para sentir que es así, podremos abordar lo que realmente le preocupa y hablarlo, o intentar solucionarlo.

Pautas para abordar el duelo infantil

Con esto concluimos el repaso a las distorsiones cognitivas en el duelo infantil. El primer paso para quitarse cualquiera de estas tres gafas siempre es darse cuenta de que las llevamos puestas. Por eso, como adultos conviene que se las señalemos al niño si somos capaces de detectarlas. Así ayudaremos a la elaboración del duelo infantil, reduciendo los efectos de las distorsiones cognitivas.

Para saber más sobre la atención del duelo infantil, podéis acudir a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de duelo infantil, solicitar que impartamos una charla gratuita para padres y profesores en vuestro centro educativo (a través de este proyecto) o descargar gratis nuestro manual práctico “Hablemos de Duelo”, que ofrece pautas para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y da claves sobre cómo viven el duelo los menores según su edad.

También incluye un apartado sobre cómo atender el duelo en el colegio y cómo ayudar a afrontar el duelo a las personas con discapacidad intelectual. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org

El duelo infantil y las distorsiones cognitivas [II]

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

En el post anterior a este, hablábamos de cómo hay ciertas tendencias de pensamiento durante el duelo que pueden alterar nuestra forma de percibir la realidad: son “gafas” cognitivas que cambian nuestra forma de mirar lo que sucede a nuestro alrededor. En este artículo continuaremos explorando las distorsiones cognitivas en relación al duelo infantil.

Durante el duelo, estas gafas distorsionan la forma de los niños (y los adultos) de distinguir la realidad que les rodea. En el transcurso de este proceso, la realidad se torna hostil, desagradable, dañina, desapacible…

En el campo de la psicología, estas “gafas” se denominan “distorsiones cognitivas” y ya comenzamos a hablar de ellas en el post anterior. Lo que defiende esta teoría, es que parte de nuestro dolor emana de cómo interpretamos la realidad: no es únicamente lo que vemos, sino cómo lo miramos.

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Distorsiones cognitivas en el duelo infantil [I]

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

Hemos comentado en varios posts, cómo la muerte de un ser querido altera nuestra percepción de la realidad y nuestra manera de acercarnos a ella: hay una pérdida de sentido, aumenta nuestro pesimismo, hay actividades que nos dan más pereza… En ese sentido, cabe resaltar que los niños tampoco son ajenos a este cambio. En esta ocasión, analizaremos cómo afectan las distorsiones cognitivas al duelo infantil.

El duelo cambia nuestra forma de discernir e interpretar la realidad. Durante este proceso, sobre todo en las primeras etapas, la realidad se torna hostil, desagradable, dañina, desapacible… Sin embargo, ¿podría ser que la realidad no es (del todo) lo que nos hace daño, sino la forma en la que la miramos? A lo largo de los siguientes posts, abordaremos una serie de errores que tendemos a cometer al interpretar la realidad. En esencia, se trata de formas erróneas de procesar la información de nuestro entorno.

En el campo de la psicología, estas malinterpretaciones se denominan distorsiones cognitivas y fueron propuestas por Aaron Beck en 1979. Lo que Beck nos quiere decir, es que parte de nuestro dolor, emana de cómo interpretamos la realidad. Es decir, no es únicamente lo que vemos, sino cómo lo miramos. Las distorsiones cognitivas vendrían a ser unas gafas polarizadas, que sólo nos muestran ciertos datos de la realidad, llevándonos a error.

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El duelo infantil: la importancia de identificar las emociones

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

 

En posts anteriores, hemos comentado cómo en el duelo se experimentan distintas emociones: dolor, tristeza, enfado, soledad, vacío, melancolía, desgana, culpa, miedo, inseguridad… Podemos pasar muchas veces de una a otra o, incluso, sentir varias a la vez. En el duelo infantil ocurre lo mismo: la muerte de un ser querido produce un baile de emociones. El problema está en que a los niños, a veces, no se les da tan bien bailar con ellas. De ahí, la importancia de la educación emocional. En este artículo, ahondaremos en la necesidad de aprender a identificar las emociones para poder facilitar el duelo infantil.

Cuando un bebé tiene hambre, grita y llora. Si tiene sueño, grita y llora. En el caso de sentir miedo, grita y llora. Cuando está triste, también grita y llora. Es decir: maneja de la misma forma todas las emociones que siente. La educación emocional consiste en aprender a manejar las diferentes emociones de un modo distinto.

La importancia de la educación emocional

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¿Es posible programar el duelo infantil?

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

La muerte provoca reacciones cognitivas, conductuales y emocionales en todas aquellas personas cercanas al fallecido, al igual que ocurre con los niños y adolescentes. Por lo general, estas reacciones suelen empezar en todos los dolientes en el momento en el que se sufre la pérdida. En ese instante, surge un sentimiento de profunda tristeza durante los ritos de despedida. El doliente siente soledad y vacío cuando está en casa, se pueden producir enfados con la persona que ha fallecido o con la vida por ser injusta, tiende a estar más irritable con las personas de su alrededor, es usual que pierdan las ganas de hacer cosas, etcétera.

Pero no siempre es así. Puede ser que el duelo se bloquee, o se oculte y se manifieste tiempo después. A veces, cuando la realidad es demasiado abrumadora y no se tienen los recursos para hacerla frente, se bloquean las posibles reacciones a esta realidad.

Imaginemos que no nos gustan las alcachofas y que nos ponen un plato lleno a rebosar de ellas, cogemos un trozo a regañadientes y nos lo empezamos a comer. Cuando lo hemos masticado dos veces y tenemos toda la boca con sabor a alcachofa, además del plato enorme, también nos colocan en la mesa una fuente cinco veces más grande, para que nos la comamos. En ese primer instante en el que vemos cómo se posa la fuente en la mesa, probablemente ocurra un momento de bloqueo, como diciendo “no puede ser”. Esa situación concreta de aturdimiento, también se puede dar en el duelo y además, puede prolongarse durante mucho tiempo.

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El duelo infantil: Cómo retomar la rutina con los niños tras el confinamiento

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

A menudo la muerte de un ser querido nos conduce al retraimiento y al recogimiento en el hogar. Una de las características del duelo es el desinterés por retomar la rutina, realizando actividades fuera de casa y la inapetencia de abandonar el hogar (¡o incluso la habitación!). Esto no es ningún signo de alarma, al contrario, es algo muy natural. Incluso los animales heridos buscan el retraimiento y la soledad.

La alarma salta cuando la persona que ha sufrido la pérdida es incapaz de reincorporarse a las actividades fuera de casa, a los encuentros sociales y a disfrutar del ocio. En este artículo, plantearemos cómo retomar la rutina con los niños tras el confinamiento motivado por el Coronavirus y tras la pérdida de un ser querido.

Durante esta situación de pandemia, es probable que muchos niños hayan perdido a un ser querido y se hayan visto recluidos en sus casas. Es posible también que algunos niños hayan sufrido una muerte anterior al estallido del Covid-19 y hayan tenido que eliminar sus actividades de fuera de casa y sus encuentros sociales.

¿Cómo afecta el confinamiento a los niños?

El confinamiento es una situación en cierto sentido apetecible: el duelo constituye una situación muy estresante, puesto que ocurren muchos cambios a niveles muy profundos y el cuerpo no tiene los recursos suficientes para hacerles frente de un modo muy eficaz. En este contexto, el hogar supone un ambiente con unas bajas demandas al que es más fácil enfrentarse.

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