El duelo infantil y las distorsiones cognitivas [II]

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

En el post anterior a este, hablábamos de cómo hay ciertas tendencias de pensamiento durante el duelo que pueden alterar nuestra forma de percibir la realidad: son “gafas” cognitivas que cambian nuestra forma de mirar lo que sucede a nuestro alrededor. En este artículo continuaremos explorando las distorsiones cognitivas en relación al duelo infantil.

Durante el duelo, estas gafas distorsionan la forma de los niños (y los adultos) de distinguir la realidad que les rodea. En el transcurso de este proceso, la realidad se torna hostil, desagradable, dañina, desapacible…

En el campo de la psicología, estas “gafas” se denominan “distorsiones cognitivas” y ya comenzamos a hablar de ellas en el post anterior. Lo que defiende esta teoría, es que parte de nuestro dolor emana de cómo interpretamos la realidad: no es únicamente lo que vemos, sino cómo lo miramos.

Distorsiones cognitivas habituales en el duelo infantil

  • La maximización o minimización.

Estas gafas graduadas aumentan desproporcionalmente nuestros errores, tanto que los percibimos como grandes fracasos y catástrofes. Un niño con las gafas de la maximización podrá creer que porque se porten mal una vez le vamos a dejar de querer, o que una bronca con su padre fallecido provocó que este se muriera infeliz.

Estas gafas también tienden a disminuir nuestros éxitos atribuyéndolos a la suerte, a que “cualquiera sería capaz de hacerlo” o alguna otra responsabilidad ajena.

Cuando un niño tiene estas gafas puestas, podemos utilizar el lenguaje como herramienta para enviar mensajes que ayuden a reducir sus errores a un tamaño normal. Por ejemplo, diciendo que «broncas se tienen todo el rato, pero la felicidad o el amor de los padres no depende de una bronca momentánea o un error pequeño». A su vez, otro recurso al que podemos recurrir para asistirles, es alabar aquellas cosas que se hacen bien, atribuyéndoselas a ellos. No es lo mismo decir “qué buenas notas sacas”, que “hay que ver cuánto te lo estás currando y lo mucho que te estás esforzando”.

  • El pensamiento polarizado.

Estas gafas nos enseñan el mundo de blanco o negro y con ellas valoramos la realidad de forma extrema. Cuando llevamos estas gafas, en nuestro lenguaje se refleja el uso de palabras como “siempre”, “nunca”, “todo” o “nada”. Tras la muerte de un ser querido, un menor que porte estas gafas podrá creer que todo le pasa a él, que nada le sale bien, que la vida no tiene sentido.

Si un niño lleva estas gafas, le ayudará que le señalemos el resto de la realidad. Indicarle que no todo le sucede a él, que hay cosas que le salen bien (y le saldrán) y que la vida puede parecer una porquería durante un tiempo, pero no por ello carece de sentido. A su vez, también podemos cambiar esas palabras absolutas, por otras relativas. Por ejemplo, utilizar «a veces» en lugar de «siempre o nunca», «algunas cosas», en vez de «todo o nada».

  • El razonamiento emocional.

Una de las gafas más usadas durante el duelo. Las gafas del razonamiento emocional nos muestran la realidad del color de la emoción que sintamos. Con ellas parece que las emociones reflejan cómo son las cosas, creemos que lo que sentimos es cierto necesariamente. Es posible que un menor que usa estas gafas considere que no puede contar con nadie nunca porque se siente solo. Por otro lado, puede pensar que no hay nada que le motive en el mundo porque se siente triste, o incluso que nada puede salir mal porque se siente contento.

Cuando un menor lleva estas gafas, le ayudará que le señalemos que la realidad no tiene siempre el color de la emoción que sintamos. Las emociones son mensajeras, a nivel biológico son hormonas que nos informan de algo. Si hay algo que nos parece injusto probablemente nos enfademos, si echamos en falta algo probablemente nos sintamos tristes, si percibimos una amenaza probablemente estemos nerviosos… Sin embargo, las emociones no son invariablemente verdaderas, a veces aparecen provocadas por nuestras conductas o pensamientos o por fallos en la percepción.

El primer paso para quitarse cualquiera de estas tres gafas, es darse cuenta de que se llevan. Por ello, conviene que como adultos se las señalemos, si somos capaces de detectarlas. De esta forma, ayudaremos al desarrollo del proceso de duelo infantil reduciendo los efectos de las distorsiones cognitivas.

Recursos para atender el duelo infantil

Para saber más sobre la atención del duelo infantil, podéis acudir a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de duelo infantil, solicitar que impartamos una charla gratuita para padres y profesores en vuestro centro educativo (a través de este proyecto) o descargar gratis nuestro manual práctico “Hablemos de Duelo”, que ofrece pautas para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y da claves sobre cómo viven el duelo los menores según su edad.

También incluye un apartado sobre cómo atender el duelo en el colegio y cómo ayudar a afrontar el duelo a las personas con discapacidad intelectual. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org