Cómo afecta el duelo a las relaciones familiares

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Cuando una persona fallece, la pérdida puede llegar a afectar a una media de veinte personas, según indican los estudios científicos recientes sobre el duelo. Si tenemos en cuenta este dato, aunque las cifras no se cumplan al pie de la letra en todos los casos, resulta evidente que el número de personas implicadas es bastante elevado. Así, es fácil deducir que, si la pérdida afecta a una persona, muy probablemente va a afectar a la dinámica familiar.

Habitualmente hablamos del duelo y de la pérdida en singular. Así definimos cómo afecta el duelo, qué es y en qué consiste, cuánto dura o cómo abordarlo. Existen múltiples teorías que permiten responder a estas preguntas de forma más o menos clara y simple. Sin embargo, no resulta igual de sencillo explicar cómo afecta el duelo a una familia entera.

El duelo en la familia

En el caso del duelo familiar, se dan simultáneamente dos procesos: uno individual, que responde a las necesidades de cada miembro de la familia, a cómo vive cada uno el dolor y cómo enfrenta el sufrimiento; y, a la vez, se da un proceso grupal, que responde a las normas del grupo y, en este caso, responde a las normas específicas que se dan en un tipo de grupo peculiar que es la familia.

Cada familia tiene sus propios códigos y resulta imprescindible conocerlos para poder reparar la dinámica familiar que se ha roto con la pérdida. Pongamos por caso una familia de varios miembros: los hijos y los padres. Si muere uno de los hijos, cada uno de los cónyuges se verá afectado de distinta manera: por un lado, por la distinta relación que cada uno de ellos tenía con el hijo fallecido; por otro, debido a la distinta forma que tienen de afrontar la pérdida o el sufrimiento.

La dinámica que se genere entre los cónyuges va a influir de manera innegable en la relación de ambos con los hijos supervivientes. Continue reading

Cinco preguntas acerca del tabú en torno a la muerte

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEstá demostrado que las cosas que podemos anticipar nos resultan más fáciles de asimilar que aquellas que no podemos. De forma paradójica -y a pesar de que es la única certeza de la vida- a los seres humanos nos cuesta hablar de la muerte y prepararnos para abordar los temas que nos preocupan con respecto al fin de la vida.

A continuación, abordaremos algunas cuestiones en torno al tabú que existe sobre la muerte en la sociedad actual, así como de sus causas, sus efectos y cómo hacerle frente.

¿Por qué nos cuesta tanto hablar de la muerte? ¿Se trata de un tabú?

No hay un único factor que permita explicar por completo la dificultad que tenemos para hablar de la muerte, sino que existen varias razones para ello:

Razones sociológicas, como el aumento de la esperanza de vida, el avance de los tratamientos médicos, la tecnificación de la muerte, que alejan la realidad de la muerte de nosotros (la muerte les sucede a “otros”).

Razones culturales: En determinadas culturas, la muerte está más presente y forma parte de lo cotidiano: se representa, se admite e incluso se celebra. Esto tiene que ver con un sentido de la trascendencia que, en Occidente y sobre todo en Europa, hemos ido perdiendo.

Razones psicológicas: Nuestra propia muerte se nos hace irrepresentable. Esto es algo que tiene mucho que ver con el miedo a lo desconocido. Sin duda en nuestra sociedad existe un claro tabú que aleja la muerte de nuestras vidas, la encierra en los hospitales y la traslada de las casas a los tanatorios. Nuestra sociedad es prisionera de la inmediatez: se basa en una cultura hedonista que busca la recompensa sin esfuerzo y que huye del sufrimiento, en una fantasía que presupone que, si no hablamos de ello, no sucederá. Continue reading

El duelo en la pareja: Signos que indican una crisis en la relación

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

En artículos anteriores hablábamos de los diferentes escenarios que pueden darse en una relación de pareja, cuando uno de sus miembros -o los dos- sufre la muerte de un ser querido. En los casos en que se produce un distanciamiento de la pareja, los signos que nos pueden indicar que existe una crisis son cambios en las siguientes áreas:

La comunicación

Dado que el duelo es un proceso que requiere mucha energía e implica poner en marcha muchos recursos, puede suceder que el doliente deje de ser tan comunicativo como era antes o que modifique su patrón de comunicación, pasando de un estilo más cercano a uno más distante, de uno más distendido o relajado a uno más tenso, o de ser muy comunicativo a serlo poco o nada.

Esto tiene que ver con la necesidad de establecer un diálogo interno con el propio dolor para ir dándole salida y darle sentido. Esta comunicación interna puede inhibir o modificar la comunicación habitual dentro de la pareja. Si la pérdida ha sido conjunta el patrón afectará a ambos y, en el caso de que sólo uno de los miembros de la pareja haya sufrido la pérdida, sólo le afectará a él. Los cambios en la pareja vendrán derivados de la posibilidad de adaptarse a ese nuevo patrón de comunicación.

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Diferentes situaciones de duelo dentro de la pareja

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Hemos hablado en alguna ocasión de que el duelo por un ser querido puede afectar a la relación de una pareja. En este nuevo artículo reflexionaremos sobre las distintas situaciones de duelo que pueden tener lugar en el seno de una pareja y qué diferentes escenarios pueden darse.

Normalmente son dos las situaciones que podemos encontrar. En primer lugar, puede ocurrir que la pareja haya experimentado una pérdida conjunta, es decir: los dos han sufrido la muerte de un ser querido para ambos, aunque a cada uno de ellos haya podido afectarle de un modo diferente. Estamos hablando, por ejemplo, del caso de los padres que hayan perdido a un hijo.

Cuando ambos pierden a un ser querido

En este caso, los dos están en duelo, pero cada uno lo vive de una manera distinta.  Son precisamente esas diferencias a la hora de vivir el proceso de duelo y, sobre todo, las que afecten al ritmo del proceso en cada miembro de la pareja, las que pueden generar distancia e incluso la ruptura de la relación.

También existen casos en los que la pérdida ha servido para unir más a la pareja y de este proceso salen reforzados y con una relación más sólida, aunque los estudios nos dicen que aumentan las probabilidades de ruptura.

Cuando sólo un miembro de la pareja está en duelo

Cuando sólo uno de los cónyuges es quien ha vivido la pérdida de un ser querido, éste atravesará un proceso de duelo, mientras que su compañero o compañera, no. En este caso, la dificultad para comprender al otro, así como las distintas necesidades que tiene cada uno, son las que pueden influir en que se produzca un alejamiento o acercamiento dentro de la pareja.

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El duelo demorado: Qué es y qué actitudes lo causan

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn el proceso de duelo a veces las apariencias engañan. Hay personas que aparentemente están bien -porque no lloran, o porque se han reincorporado enseguida a sus tareas habituales- y puede parecernos que eso significa que están mejor o están recuperándose muy pronto.

En general, el hecho de que el proceso de duelo dure poco se valora como un rasgo de fortaleza y, en cambio, se considera un signo de debilidad que el proceso se prolongue en el tiempo. Parece que la sociedad traduce como una mejoría que no haya signos externos del duelo como el llanto o la apatía y, sin embargo, no lo es.

La necesidad de expresar el dolor

El duelo implica indiscutiblemente dolor: la pérdida produce dolor y no sentirlo puede deberse a que se nos haya fundido la capacidad de sentir, o bien a que nos encontremos ante un duelo demorado o retrasado.

Un duelo retrasado implica que hemos perdido el contexto: aquello que explicaba y daba sentido a que sintiéramos dolor. El hecho de que algo sea normal o no lo sea viene siempre determinado por su contexto. Las situaciones o las reacciones de duelo analizadas de forma aséptica pueden parecer irregulares, pero, si las miramos a la luz de su contexto, cobran un sentido distinto. Es decir: no es normal que te duela un pie pero, si antes te ha caído una piedra encima, sí lo es.

Sentir dolor ante la muerte de un ser querido es normal y casi necesario, independientemente de la forma que adopte ese dolor. Pero comenzar a sentir dolor varios años después de la pérdida de un ser querido nos deja desprovistos del contexto, de ahí que irremediablemente surja la pregunta: “¿Por qué ahora y no antes?”.

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Claves para ayudar a los profesionales sanitarios a detectar el duelo en Atención Primaria

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Los estudios que se han realizado sobre el duelo en Atención Primaria relacionan este proceso con una mayor frecuencia de visitas a la consulta del médico de cabecera y un mayor número de afecciones físicas difusas.

El duelo, como proceso integral, no sólo se experimenta a través de su vertiente emocional, sino que a menudo también implica un desajuste a nivel orgánico que, mediante esta vía, encuentra la manera de ser expuesto a la consciencia.

Por otro lado, en ocasiones anteriores hemos mencionado la creciente tendencia que existe en nuestra sociedad de buscar en el profesional sanitario el espacio, el consuelo y la comprensión que en ocasiones el doliente no encuentra en su entorno más cercano y que necesita para elaborar su duelo.

Por estos motivos, para el profesional sanitario resulta de mucha ayuda conocer y tener claras una serie de certezas sobre el proceso de duelo, cómo detectarlo y cómo entenderlo, puesto que en multitud de ocasiones se encontrará con un doliente en su consulta.

El duelo duele

Puede parecer redundante, pero no hay mayor verdad con respecto al duelo. Es imposible que no sintamos dolor ante el fallecimiento de alguien que queremos, de modo que la reacción sana y esperable ante la pérdida es la tristeza y lo que sana esta emoción es expresarlo mediante el llanto. No debemos caer en el error de patologizar una reacción natural y beneficiosa.

El duelo es un proceso único en cada caso

El vínculo que une a dos personas es especial, por eso el proceso que va a desencadenarse tras el fallecimiento de una de ellas va a ser particular. Esto se traduce en que sólo vamos a poder valorar el curso del duelo sano en función de cada caso en concreto. Contamos con ciertas generalidades que nos pueden guiar para dirimir entre lo patológico y lo normal, pero en ningún caso las directrices teóricas primarán sobre el caso real.

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El deseo y la inapetencia sexual durante el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Este año ha caído en mis manos el libro de Milena Busquets, “También esto pasará”. Se trata de una novela muy profunda y emotiva, donde la autora narra en primera persona el duelo que vivió por la muerte de su madre. Es un libro muy recomendable y, leyéndolo, sentí la necesidad de hablar del papel que desempeña el sexo en el proceso de duelo.

Considerado como un tema tabú para muchos y como un instinto primario en el ser humano para otros, el sexo es, sin embargo, el gran olvidado en el proceso de duelo. Pero, en realidad, el sexo forma parte del ciclo evolutivo y conecta al ser humano con la vida de un modo único. El papel que desempeña el sexo en el proceso de duelo es distinto para cada persona. A pesar de ello, podemos distinguir fundamentalmente dos supuestos:

Inapetencia sexual durante el duelo

Por un lado, nos encontramos con aquellas personas para las que la sexualidad supone algo excesivo, casi obsceno, porque hay quienes sienten que disfrutar del sexo durante el duelo -o incluso reír o cantar- es una muestra de deslealtad hacia la persona que ha fallecido.

Para ellos es como si fuera irrespetuoso disfrutar mientras el ser querido está muerto y como si la muerte nos obligase a guardar un tiempo “prudente” de luto más o menos riguroso, consistente en una cierta solemnidad y en guardar la memoria del difunto a través de la inactividad. Es como si el mundo hubiese muerto con él. El problema es que los márgenes del luto están tan desdibujados que los dolientes no tienen un tiempo “concreto” durante el que dolerse y acaban por no saber a qué atenerse.

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Emociones irracionales que son razonables en el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónYa lo decía Blaise Pascal, cuando afirmaba que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Durante el proceso de duelo, a veces las emociones nos inundan, nos sacuden y nos confunden. En esa situación, buscamos poner orden a través de nuestra razón y juzgamos que nuestra tristeza es excesiva, o demasiado prolongada, o bien que nuestro enfado es demasiado intenso. Entonces nuestra respuesta es enfadarnos con nuestra tristeza o avergonzarnos de nuestro miedo, pero eso, lejos de clarificar la situación, la complica y le añade oscuridad.

En definitiva, esta reacción demuestra que confiamos poco en nuestras emociones y mucho en nuestra cabeza, en nuestro pensamiento. Y a menudo esto nos hace olvidar que somos seres pensantes, pero también seres sintientes. Creemos que el pensamiento es más auténtico que la emoción y restamos valor a la ventaja adaptativa que han supuesto las emociones para el ser humano.

Elaborar las emociones del duelo

La segunda tarea del duelo -según la teoría de William Worden– es quizás la que mayor complejidad encierra y la que mayor esfuerzo y tiempo implica para nuestros pacientes. Ésta consiste en elaborar las emociones relacionadas con la pérdida, pero no especifica qué emociones son esas, ni tampoco establece que unas sean buenas y otras malas.

Los psicólogos tenemos clasificaciones para todo: catalogamos las emociones como positivas y negativas, racionales e irracionales. Sin embargo, estas clasificaciones no arrojan luz sobre el proceso de duelo, porque una emoción puede ser irracional, pero necesaria, e incluso irracional pero razonable.

Emociones irracionales pero necesarias

Todo esto puede parecer una paradoja o una contradicción, pero no lo es. Uno de los mayores obstáculos a la hora de elaborar la segunda tarea del duelo es precisamente el juicio que nosotros mismos hacemos sobre nuestras emociones. En ocasiones vertimos ese juicio hacia nosotros mismos -cuando juzgamos nuestra propia experiencia-, mientras que otras veces es nuestro entorno quien juzga la validez, la adecuación, o la utilidad de nuestros sentimientos en el seno del proceso de duelo.

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“Tonterías” importantes en el proceso de duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónA medida que una terapia de duelo avanza y, con ella, el proceso, surgen inquietudes bastantes comunes entre los pacientes. Se trata de pequeños detalles, situaciones breves y en apariencia poco importantes, que concentran y ocultan aguijonazos de dolor y ráfagas de ausencia.

Es muy habitual que, en el transcurso de la terapia de duelo, y más cerca del final que del principio, surjan estas cuestiones relacionadas con el malestar que genera a los pacientes darse cuenta de que existen pequeñas cosas que han perdido con la muerte de su ser querido. Esto les genera un nivel de sufrimiento que a priori puede parecer mayor que el que les produjo la muerte en sí.

Pequeñas cosas que reavivan el duelo

A menudo se trata de situaciones o cosas materiales que los propios pacientes definen como “banales”, cosas inapreciables para cualquier observador imparcial, pero que para el doliente tienen una importancia que puede avivar su dolor e incluso hacerlo más intenso.

Se trata de situaciones cotidianas como que el coche se averíe, que se funda una bombilla, que un hijo suspenda o llegue por correo una tarjeta comercial de felicitación, para celebrar el que hubiera sido el próximo cumpleaños del ser querido en caso de seguir vivo. Estas circunstancias dejan al descubierto vacíos que nuestros seres queridos llenaban de algún modo y que no son importantes en sí mismos, sino por lo que representan.

Las recaídas en el proceso de duelo

Nuestros pacientes suelen restar importancia, e incluso se avergüenzan de que esas situaciones les produzcan un nivel de malestar tan elevado, pero lo cierto es que son verdaderos detonadores de sensaciones que, a veces, los dolientes han reprimido mediante el esfuerzo o una actividad frenética.

En realidad, si estas sensaciones se saben desgranar, aportan al proceso de duelo una información valiosísima. Constituyen las brasas de un dolor que fue y que aún no se ha extinguido. En este artículo las denominamos “tonterías importantes” para explicar que son piezas clave en la resolución del duelo y que no sólo no son tonterías, sino que es necesario poder manejarlas.

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El duelo en el entorno familiar (II)

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEn artículos anteriores hablábamos sobre las posibles reacciones de la familia y seres queridos ante el duelo de una persona.

Hoy analizaremos las circunstancias especiales que pueden afectar a la respuesta y al apoyo que presta el entorno al doliente.

El duelo en la familia

Cuando una persona que ha sufrido la pérdida de un ser querido busca apoyo en su entorno familiar, cabe la posibilidad de que sus familiares cercanos también estén sufriendo y se encuentren atravesando su propio proceso de duelo.

Imaginemos a una familia en la que fallece un niño y los padres, los tíos y los abuelos están en duelo: en ese caso, el entorno no tiene la capacidad de contener ni de atender el sufrimiento de esos padres, por lo que habrá que buscar otros espacios que sirvan a este fin.

Claves del acompañamiento en duelo

También existe la posibilidad de que la familia (entendida en un sentido amplio) claudique, es decir, que abandone sus esfuerzos por apoyar y acompañar al doliente. Esto ocurre en ocasiones, cuando no saben qué decir o cuando omiten o esquivan el tema abiertamente.

En nuestra sociedad, muchísima gente parece mantener la creencia de que existe una frase, una palabra o un comentario que aliviará el dolor de manera rápida y definitiva. Y esa fórmula rápida, cocinada al albur de una sociedad que huye del sufrimiento y que lo considera enfermizo, no existe. De hecho no hay nada que una persona pueda decirle a otra y que consuele o calme su dolor.

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