Superar el duelo: Cuando se instala la culpa

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLCEl sentimiento de culpa en el duelo tras la muerte de un ser querido es una emoción habitual en la experiencia del doliente.

Cuando esta emoción se instala y se bloquea, se convierte en el centro del proceso de duelo, complicando su elaboración y convirtiéndose en una de las emociones más difíciles de abordar en la terapia.

Las falsas creencias sobre el duelo

En el duelo, la culpa se relaciona con algo que ha ocurrido y que el doliente considera irreversible. Este sentimiento viene acompañado de angustia, irritabilidad y tristeza. La autoimagen de la persona en duelo se resiente y el pensamiento está ocupado principalmente por los hechos concretos por los que se culpabiliza el doliente.

En ocasiones, la culpa que aparece en el duelo se sustenta en ideas irracionales -pero muy extendidas-, como por ejemplo: “A él no le gustaría que sufrieras” o “Si no lo superas, no dejas descansar al fallecido”. Esta clase de afirmaciones favorecen que el doliente se sienta culpable por no superar rápido su dolor, o por llorar, o por sentirse triste.

El sentimiento de culpa del superviviente

A medida que se desarrolla el proceso de aceptación y asimilación de la pérdida, se van disipando la sensación de culpa, o los autorreproches que el doliente se hace por disfrutar, o por volver a hacer cosas que se habían dejado de lado tras el fallecimiento del ser querido, incluido el sentimiento de culpa por seguir viviendo. Esto ocurre cuando se va asimilando la aceptación de la realidad de la muerte.

En las terapias es frecuente observar esa sensación de culpa, por ejemplo, en los padres que sobreviven a sus hijos, como si no tuvieran derecho a vivir. Durante la elaboración de su duelo y conforme aceptan lo que ha ocurrido, vuelven a darse permisos y se dan cuenta de que el dolor no es el único camino para echar de menos a quien han perdido.

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Los límites de la terapia de duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEl ser humano está biológicamente preparado para superar el duelo, aunque existen casos que son más difíciles que otros debido a que se suman muchos factores en contra, hasta el punto de que el dolor resulte infranqueable si la persona que lo atraviesa así lo decide. Por el contrario, cuando sólo existe duelo, éste es fácil de tratar y el resultado esperable es que el dolor disminuya mucho e incluso llegue a desaparecer por temporadas. Esto es así, al menos desde el punto de vista teórico.

Sin embargo, cuando al duelo le añadimos otros factores -ya sean situaciones económicas difíciles, problemas de trabajo o elementos traumáticos-, entonces se vuelve más complejo. El psicólogo austriaco Sigmund Freud definía el duelo como un trabajo “que requiere emplear mucho tiempo y mucho esfuerzo para poder resolverlo adecuadamente».

Cómo evoluciona la resolución del duelo

A menudo explicamos a nuestros pacientes que, cuando las personas están en duelo, es como si en primer plano estuvieran viendo una película con el volumen muy alto y no pudiesen prestar atención a ninguna otra cosa.

El nivel adecuado en el que se considerará resuelto el duelo será el que cada persona elija, habrá quienes encuentren aceptable un nivel de dolor bajo y con eso consideren que pueden finalizar la terapia, mientras que otros pacientes necesitarán drenar más su dolor.

Lo que está claro es que la acción es fundamental para que el duelo evolucione: hay que actuar, ya que resulta tremendamente ingenuo por parte del doliente esperar una mejora en su estado sin hacer ningún cambio en su vida, por muy legítima que sea esta actitud.

Salir del duelo es posible, pero no fácil

A veces, cuando hablamos del duelo desde una perspectiva teórica, olvidamos las circunstancias de cada uno y somos muy estrictos a la hora de definir y conceptualizar este proceso. Esto tal vez puede provocar que algunos de los dolientes que acuden a nuestro blog para resolver sus dudas no se reconozcan o incluso se sientan culpables por no estar mejor.

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El duelo de las víctimas de una catástrofe natural

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Cada cierto tiempo tienen lugar en nuestro planeta catástrofes naturales como terremotos, inundaciones o huracanes que arrasan países dejando miles de víctimas a su paso. Sin duda son noticias que nos impactan a todos e, inevitablemente, nos hacen reflexionar sobre las secuelas psicológicas que tiene una tragedia como ésta en la población. En este artículo analizaremos cuáles son las características generales del duelo tras una catástrofe natural de tal magnitud, a qué van a enfrentarse los supervivientes y qué factores complican o facilitan el desarrollo del proceso de duelo.

Las víctimas de una catástrofe natural deben hacer frente a numerosas pérdidas en un corto periodo de tiempo: pérdidas personales, pérdidas materiales, de su entorno, etc. Esto les obliga a emprender un éxodo lleno de incertidumbre. Al dolor de la pérdida (de los seres queridos que han muerto, de su hogar, etc.) se suman intensas vivencias de miedo, conmoción, peligro o desorientación.

Cómo reaccionan las víctimas de una catástrofe

Expertos como la psicóloga Roxane Cohen Silver, que ha estudiado durante décadas las reacciones personales y colectivas ante catástrofes naturales, aseguran que debemos ser sensibles a la variabilidad de respuesta individual que se produce ante un acontecimiento de estas características. También alerta sobre la existencia de muchos mitos en torno a cómo responde una persona a un evento de esta magnitud.

Lo que Cohen Silver ha demostrado en sus investigaciones, entre otras conclusiones, es que el duelo no sigue unas pautas ordenadas en fases, que la respuesta de una persona frente a la tragedia no es predecible, y que no es necesaria la angustia para poder afrontarlo. Sus estudios concluyen de manera firme que no existe ninguna manera concreta de afrontar una tragedia provocada por un terremoto, un tsunami o un huracán.

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Después del duelo por una pareja: ¿Y si me vuelvo a enamorar?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónLa cuarta tarea del duelo, según Worden, nos habla de recolocar emocionalmente a la persona querida que ha fallecido y seguir viviendo.

Históricamente, las conclusiones de los estudios sobre duelo se obtenían de estadísticas de mujeres viudas procedentes de Estados Unidos, por lo que gran parte de las cosas que sabemos acerca del duelo están mediadas por este factor.

Esto también implica que se interpretara esta tarea como la necesidad de volver a amar y a enamorarse para considerar el duelo concluido. A día de hoy, entendemos que esto es falso.

¿Podré volver a enamorarme de nuevo tras el duelo?

En primer lugar, es falso porque la muerte de la pareja no es la única que nos encontramos en la terapia de duelo. Y en segundo lugar, porque no consideramos que sea imprescindible encontrar pareja para superar el duelo. Hemos encontrados varias razones que justifican esta postura:

  • ● No existe una ley universal válida para todo el mundo, de hecho, hay personas a quienes este planteamiento (la posibilidad de volver a enamorarse tras perder a su pareja) les parece casi ofensivo.
  • ● No es esencial vivir en pareja para ser feliz.
  • ● No siempre es fácil encontrar pareja, de modo que si ése fuera el criterio para dar el alta, por ejemplo, la terapia podría prolongarse fácilmente durante años o incluso no finalizar nunca.

En cualquier caso, no es criterio clínico para dar por elaborado un duelo.

El duelo por la pérdida del amor

A la consulta también acuden personas que han perdido a su pareja y que se plantean si podrán volver a amar y, en cualquier caso, si podrán volver a sentir lo mismo. En algunos de estos casos, lo que predomina es el miedo a no poder volver a sentir todo lo que el amor trae consigo. En otras ocasiones, la emoción que predomina es el sentimiento de culpa, como si volver a amar a alguien fuera una traición o una infidelidad.

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Cómo aprender a convivir y aceptar el dolor como parte de la vida

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

 

Tenemos una teoría, elaborada a través de nuestra experiencia clínica: a las personas nos cuesta ser testigos del dolor ajeno, del dolor normal ante la pérdida de un ser querido. Nos cuesta porque, por asociación de ideas, presenciar el dolor ajeno nos hace entrar en contacto con nuestro propio dolor. Y entrar en contacto con el dolor que nos ha llevado tanto tiempo arrinconar implica una inversión emocional para la que no estamos preparados.

Aprender a aceptar e incluso convivir con cierto nivel de dolor, insatisfacción o disconformidad, asumiendo que la vida no es una fiesta continua, nos hace estar más en contacto con la realidad. No queremos decir que la vida no pueda ser bella -como la célebre película de Roberto Benigni-, sino que habría que redefinir y acotar las expectativas que tenemos acerca de la felicidad.

Ideas preconcebidas sobre el existencia humana

Algunos sectores marcadamente consumistas de nuestra sociedad afirman que podemos adelgazar en diez sesiones, aprender inglés con pocas palabras u obtener un crédito en apenas unas horas. Y todo esto es verdad, hasta cierto punto. Probablemente forma parte de un intento de pasar por alto el dolor, el sufrimiento y la muerte. Y la realidad es que, a pesar de la belleza y de la felicidad más o menos efímera de la que disfrutamos durante nuestra vida, experimentar dolor, sufrimiento o vivir de cerca la muerte de un ser querido es inevitable.

Pasamos gran parte de nuestra vida imaginando lo hermosa que será nuestra existencia, con unos ideales acerca del amor, de la pareja y del bienestar claramente influenciados por las películas de Disney. Y es el velo de esta fantasía el que a veces nos impide apreciar la belleza de los instantes que disfrutamos, simplemente porque estamos más pendientes de que coincidan con aquello que imaginamos, que con cómo son en realidad.

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Lo más leído del año: las preguntas más frecuentes sobre el duelo

© Malagón

Con apenas un año de andadura, nuestro blog de Psicología ha superado ya las 40.000 visitas, lo que reafirma nuestra creencia de que en nuestra sociedad es necesario un mayor debate y una mejor información sobre el tema del duelo.

Durante este periodo, nuestro equipo de expertos ha analizado los más diversos aspectos del proceso de duelo: desde su desencadenamiento hasta la resolución del mismo, tanto en adultos como en niños y adolescentes.

En el artículo de hoy os resumimos cuáles han sido los artículos que más interés han despertado entre los lectores durante los últimos meses. Se trata de un dato muy valioso que indica cuáles son las dudas más comunes que nos surgen a la hora de afrontar el duelo.

A continuación os presentamos los artículos más leídos del blog:

¿Llevo a mi hijo al tanatorio, al entierro y al funeral?

Cuando se produce un fallecimiento en la familia, el primer paso es organizar los ritos que nos ayudan a despedirnos y homenajear el ser querido que ya no está. El dilema de si los niños deben participar en ellos es uno de los que más preocupan a los padres, cuando afrontan una muerte en su entorno más cercano. En este artículo proporcionamos varias claves para ayudar a las familias a tomar la mejor decisión.  (Leer artículo)

Preguntas sin respuesta: ¿Cuánto dura el duelo?

Al afrontar un duelo y las intensas emociones que éste implica, muchas personas sienten dudas sobre si lo que están experimentando es normal, e incluso tienen la impresión de que no se recuperarán nunca. Cada duelo es una experiencia tan única como la persona que lo padece, sin embargo existen herramientas como el Inventario Texas Revisado (ITR), que pueden ayudarnos a medir la intensidad del duelo. (Leer artículo)

Las tareas del duelo: Andando el camino

A menudo los expertos se refieren al duelo como un camino que se abre y se recorre cuando perdemos un ser querido. En este artículo se describen las tareas que deben afrontarse y elaborarse durante el proceso de duelo para readaptarnos al mundo y a una nueva vida donde la persona fallecida ya no está presente. (Leer artículo)

¿Qué puedo decir para consolar a una persona en duelo?

Cuando debemos asistir a un funeral o dar el pésame a alguien cercano que ha perdido a un ser querido, con frecuencia sentimos dudas sobre qué debemos decir en esa situación, qué palabras son las más adecuadas para que esa persona se sienta mejor. Nuestros responden a estas dudas tan comunes. (Leer artículo)

El duelo y los adolescentes

Son muchas las personas que nos consultan sobre cómo abordar a los adolescentes y tratar con ellos el tema del duelo y la muerte. Entre todos ellos, hay una preocupación que se repite especialmente: qué hacer cuando un adolescente pierde una persona importante en su vida. He aquí algunas guías claras sobre el tema. (Leer artículo)

El duelo por un ser querido: ¿Qué hago con sus cosas?

Cuando fallece una persona, es un momento de dolor y shock para sus familiares, que además deben hacer frente a numerosos trámites para los que, a menudo, no se sienten preparados. Una de las dudas más comunes que surgen en estas circunstancias es qué hacer con las pertenencias del fallecido. En este artículo ofrecemos algunas respuestas a este dilema. (Seguir leyendo)

Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda gratuita, no dude en consultar nuestra página web: www. fundacionmlc.org

Preguntas sin respuesta (I): ¿Cuánto dura el duelo?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEl ser humano necesita responder a preguntas para obtener certezas. Hemos avanzado mucho desde el “¿Quiénes somos?”, “¿A dónde vamos?” y el «¿De dónde venimos?” y cada vez necesitamos respuestas más complejas. De hecho, a la par que encontramos esas respuestas, surgen nuevos interrogantes.

Esto no cambia cuando nos enfrentamos a un duelo. En esta situación, nos preguntamos cuánto debe durar éste, o qué síntoma es normal y cuál es un signo de duelo patológico o complicado.

Dicen que lo que no se puede medir no se puede cambiar. Por eso, en su afán por desarrollar el método científico, el ser humano ha buscado herramientas que le permitan medir o acotar resultados: en la Medicina se usan radiografías o análisis para cuantificar el nivel de una enfermedad y, en el ámbito de la Psicología, factores como el nivel de inteligencia.

Baremamos, medimos. El ser humano se maneja mejor con conceptos que podamos contabilizar: “Estoy enfermo, pero, ¿cuánto?”. Necesitamos responder a preguntas como: “¿Cuánto dolor es normal?”, “¿Cuánto tiempo dura esto?”, “¿Cómo voy a rehacer mi vida?”.

Herramientas para medir el duelo

No resulta sencillo responder a estas preguntas, ni tampoco existe una única respuesta correcta. No existen radiografías para los estados emocionales. Sin embargo, existe una herramienta: el Inventario Texas Revisado (ITRD) que está adaptado a la población española.

Se trata de un inventario auto-administrado que se aplica a mayores de 14 años cuyo ser querido ha fallecido en un período no inferior a 3 meses ni superior a 3 años. No es válido en personas que tengan alguna enfermedad mental grave, sean alcohólicos o consuman drogas por vía parenteral.

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