Distorsiones cognitivas en el duelo infantil [I]

David Oslé, psicólogo infanto-juvenil de FMLC

Hemos comentado en varios posts, cómo la muerte de un ser querido altera nuestra percepción de la realidad y nuestra manera de acercarnos a ella: hay una pérdida de sentido, aumenta nuestro pesimismo, hay actividades que nos dan más pereza… En ese sentido, cabe resaltar que los niños tampoco son ajenos a este cambio. En esta ocasión, analizaremos cómo afectan las distorsiones cognitivas al duelo infantil.

El duelo cambia nuestra forma de discernir e interpretar la realidad. Durante este proceso, sobre todo en las primeras etapas, la realidad se torna hostil, desagradable, dañina, desapacible… Sin embargo, ¿podría ser que la realidad no es (del todo) lo que nos hace daño, sino la forma en la que la miramos? A lo largo de los siguientes posts, abordaremos una serie de errores que tendemos a cometer al interpretar la realidad. En esencia, se trata de formas erróneas de procesar la información de nuestro entorno.

En el campo de la psicología, estas malinterpretaciones se denominan distorsiones cognitivas y fueron propuestas por Aaron Beck en 1979. Lo que Beck nos quiere decir, es que parte de nuestro dolor, emana de cómo interpretamos la realidad. Es decir, no es únicamente lo que vemos, sino cómo lo miramos. Las distorsiones cognitivas vendrían a ser unas gafas polarizadas, que sólo nos muestran ciertos datos de la realidad, llevándonos a error.

Cuáles son las distorsiones cognitivas en el duelo infantil

  • La personalización: Estas gafas nos indican únicamente los detalles de la realidad que nos hacen pensar que somos responsables de acontecimientos en los que apenas hemos participado o que, directamente, no tienen nada que ver con lo que nosotros podemos hacer. Un niño con las gafas de la personalización, podrá creer que su abuelito se ha muerto porque él se ha portado mal. Incluso podría considerar que si hubiera estado vigilando a mamá, no se habría muerto. En otro supuesto, podría pensar que de haberse fijado antes en síntomas de la enfermedad de su padre porque si lo hubiera hecho, éste no se habría muerto. Estas gafas nos hacen creer que la vida y la muerte de los demás no exceden a nuestro control. Esto es una interpretación errónea de la realidad, puesto que, en la grandísima mayoría de los casos, los menores no pueden hacer mucho por evitarlo. Cuando los niños llevan estas gafas puestas, ayuda que les señalemos que ellos hicieron todo cuanto pudieron (en el caso de que realmente hicieran algo: apoyar durante una enfermedad o cuidar de un abuelo muy mayor). A su vez, también es útil aclararles las responsabilidades. Es decir, que ellos no tuvieron nada que ver con que su ser querido falleciera, pero sí con que su ser querido disfrutase de su tiempo vivo.

 

  • La abstracción selectiva (o filtraje): Las gafas polarizadas por excelencia. Las gafas del filtraje sólo exponen las partes de la realidad que nos van a resultar desagradables o dañinas. Por contra, tienden a ocultar aquellas partes que pudieran ser agradables o placenteras. Un niño con las gafas de la abstracción selectiva, creerá que desde que se murió su padre no le va bien en ninguna asignatura, que nadie va a verle a sus partidos de fútbol desde que murió su abuelo o que ya no tiene a quién le quiera desde que falleció su madre. En estos casos, las gafas ocultan que las notas académicas no han bajado tanto, que sus hermanos y su abuela siguen yendo a sus partidos o que tiene un montón de gente alrededor que le quiere y le cuida. Cuando un niño lleva estas gafas, le ayudará que le recordemos estos datos que las gafas ocultan.

 

  • La sobregeneralización: En este supuesto, las gafas nos enseñan esa parte de la realidad que nos demuestra que si algo doloroso ha ocurrido una vez, sucederá sistemática e irremediablemente. En el caso del duelo, esta forma de pensar tiene una base muy sólida, puesto que todos nos vamos a morir. No obstante, en el caso de los niños, estas gafas les enseñan que el resto de personas que han sobrevivido al ser querido van a morir en el futuro cercano. Cuando se tienen estas gafas puestas, ayuda que usemos la postergación: todos nos vamos a morir, pero lo normal es que ocurra en un futuro lejano, cuando seamos ancianitos y ellos tengan trabajo y familia. La postergación no es una mentira, porque no se afirma que ”no nos vamos a morir”. A través de este recurso, se subraya que lo más probable es que no suceda próximamente. Los niños más espabilados verán que hay gente que se muere que no son ancianos: vecinos, amigos, tíos… En ese caso, les diremos que es cierto, que es posible, pero que no es lo normal (basándonos en una normalidad puramente estadística).

El primer paso para quitarse cualquiera de estas tres gafas, es darse cuenta de que se llevan. Por eso, conviene que como adultos se las señalemos si somos capaces de detectarlas.

 

Recursos para atender el duelo infantil

Para saber más sobre la atención del duelo infantil, podéis acudir a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de duelo infantil, solicitar que impartamos una charla gratuita para padres y profesores en vuestro centro educativo (a través de este proyecto) o descargar gratis nuestro manual práctico “Hablemos de Duelo”, que ofrece pautas para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y da claves sobre cómo viven el duelo los menores según su edad.

También incluye un apartado sobre cómo atender el duelo en el colegio y cómo ayudar a afrontar el duelo a las personas con discapacidad intelectual. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org