Superar el duelo: A propósito del amor

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Existen pocas cosas que podamos hacer frente a las grandes catástrofes, las tragedias con pérdidas múltiples, los horrores que un ser humano puede llegar a sufrir o frente al dolor natural de la pérdida.

Sin duda la presencia de otro ser humano es un elemento básico para “paliar” en alguna medida los efectos de la tragedia o los efectos del dolor. Sólo otro ser humano puede consolar o aliviar el dolor de una persona que sufre. Hablamos de una presencia no sólo física, sino también genuina: una presencia auténtica, que acompañe ese dolor de la forma única en que cada uno sabe y puede acompañar.

La escucha que sana

Eso es lo que cuenta, eso es lo que marca la diferencia, eso es lo que recuerdan las personas al rememorar cómo fueron consoladas y acompañadas: recuerdan  lo que fue único, lo que fue especial y olvidan las fórmulas manidas, las palabras vacías y los lugares comunes a los que recurrimos para dar el pésame o para acompañar a un doliente.

Da igual lo que se dijo o lo que se hizo: lo importante, lo verdaderamente tranquilizador, la única manera de encontrar algo de serenidad en el caos que implica el duelo es encontrar a alguien dispuesto a arriesgar su propia integridad para atender a otro; dispuesto a dejarse contagiar o embargar por la angustia, a dejarse conmover. Y para esto no existen fórmulas ni subterfugios, salvo que la fórmula sea ser auténtico.

El bienestar del paciente en terapia de duelo

Al final, en eso consiste la terapia de duelo: más allá de herramientas o técnicas, lo que funciona en terapia es la presencia “amorosa” de un terapeuta con su paciente. Cuando hablamos de amor, nos referimos al amor de ágape y no de filia. “Ágape” es una palabra de origen griego que se traduce como amor incondicional y reflexivo, por el cual el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado. Se trata de un amor entendido como amor universal, como amor a la verdad o a la humanidad en contraposición al amor personal. Continue reading

Ayuda en duelo: Balance del año 2016

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEn 2016 hemos crecido en número de pacientes y terapias en nuestro servicio de Psicoterapia de duelo. No es que nos alegremos de que haya duelos, pero sí nos alegra saber que la gente cada vez confía más en nosotros y se atreve a hacer visible su dolor. No lo ocultan ni consideran que deben sufrir solos, sino que empiezan a querer compartir su dolor y a buscar un lugar donde al menos éste se valide, y puedan expresar abiertamente qué sienten y cómo.

Durante el pasado año, un total de 146 personas han confiado en nosotros para consultarnos sus dudas, empezar una terapia o sencillamente para saber que lo que sentían estaba dentro de la normalidad y que no les pasaba nada malo. Mucha gente también confirma con nosotros que el tiempo que emplea en su dolor y la forma de expresarlo son normales; y que su proceso no es patológico ni complejo, sino que sencillamente se están enfrentando a un duelo tras el fallecimiento de alguien a quien han querido y ha sido pieza fundamental en sus vidas.

Casos más frecuentes de duelo

La muerte de un progenitor es la que mayor preocupación suscita, quizá porque en estos casos a menudo los dolientes reciben comentarios como: “Es normal”, “Era muy mayor”… o sencillamente porque se supone que debemos sobrevivir a los padres y, por tanto, damos por hecho que la persona debe tener recursos para hacerlo, aunque nunca antes se hubiera enfrentado a un duelo. También son frecuentes los casos de hijos que han cuidado de sus padres hasta la extenuación, que dedicaban gran parte de su tiempo al bienestar y la compañía de sus progenitores y que, tras su fallecimiento, han visto que su vida se ha quedado muy vacía y les cuesta mucho reincorporarse a una nueva existencia sin sus progenitores.

Más del 40% de nuestras valoraciones se deben a la pérdida de un progenitor, pero es la pérdida de un cónyuge la que ocupa el segundo lugar en número de consultas (más de un 25%), ya sea por el dolor que sufre la persona tras la pérdida de su pareja, marido o mujer, compañero y compañera, confidente… Es frecuente que, al perder a una pareja, haya que redefinir muchos aspectos vitales que nunca se habían planteado, lo que -unido al dolor de la pérdida- suele dificultar el hecho de volver a vivir con el recuerdo del fallecido. Es normal que el cónyuge superviviente se sienta inseguro, preocupado, ante una realidad dolorosa y novedosa que, aunque sabida en ocasiones, no se planteó afrontar hasta que llega el momento.

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Superar el duelo: La escucha que sana

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Habitualmente escribo en tercera persona sobre cuestiones más o menos técnicas y con una cierta distancia, ya que éste no es un blog personal. Sin embargo, hoy quiero hacer una excepción. Quiero aprovechar esta plataforma, que recibe una media de 25.000 visitas al mes, para expresar un deseo personal.

Muchas personas dicen que la plenitud en la vida tiene que ver con plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Mi deseo es dejar un legado, siento la obligación moral de transmitir lo que he aprendido. Hace unos años quería cambiar el mundo, ahora me conformo con trascender dejando algún cambio tras de mí.

La necesidad de ser escuchados

Una de las cosas más fundamentales que he aprendido es la necesidad que tenemos los seres humanos de escuchar y de ser escuchados. Por eso, y a pesar de haber reflexionado ya sobre este tema en artículos anteriores, quiero dedicar algunas palabras más a lo que he aprendido sobre la escucha, con la firme intención de que sirva a otros como guía para aprender a escuchar mejor y generar un cambio en la forma en que nos comunicamos entre nosotros.

Puede que no sea la clave, pero sin duda, el mundo sería un lugar mejor si nos escucháramos más. Continue reading

Preguntas para explorar el duelo (II): ¿De qué está hecho mi dolor?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl dolor es un sentimiento complejo, compuesto de las distintas emociones que cada persona siente, elabora y experimenta de forma diferente. Si bien el dolor es el sentimiento esencial y compartido cuando sufrimos una pérdida, el trabajo de cada uno con su dolor se lleva a cabo conociéndolo.

Elaborar el duelo tiene mucho que ver con sentir, conocer y permitir el dolor. Es una de las tareas del duelo que nos propone Wiliam Worden: “Elaborar las emociones y el dolor que viene con la pérdida”. Según este reconocido autor, siempre que se produce la pérdida de un ser querido, ésta se siente con dolor en mayor o menor medida, con las características únicas de cada persona.

Pero un duelo no se puede elaborar sin sentir dolor. El dolor está tan relacionado con el duelo, que el mismo origen latino de la palabra, “dolus”, significa dolor.

Diferencias en la forma de sentir el dolor tras una muerte

Hablar de dolor, sin embargo, puede resultar ambiguo. Mi concepto y mi sentir del dolor es distinto al tuyo y, cuando se refiere a una pérdida, esta diferencia se acentúa más aún. No es lo mismo que el dolor de alguien sea como sentirse huérfano o que el dolor de otra persona sea como sentirse perdido. Ambos son dolores, pero no se sienten igual, ni implican lo mismo, ni significan lo mismo.

Siempre insistimos en que es imposible comparar el grado de dolor entre una pérdida y otra, y en que no podemos establecer cuál es la muerte más dolorosa ni la peor, puesto que aquí entra el concepto de dolor, y el dolor es algo puramente subjetivo y muy complejo. El dolor ante una muerte depende fundamentalmente del vínculo que el doliente tenía con la persona que ha fallecido, las circunstancias en que ocurrió la muerte, la historia previa y la personalidad del doliente, y del apoyo subjetivo que siente.

No hay que evitar el dolor tras una pérdida

La propuesta que hacemos para adentrarnos un poco más en el conocimiento del propio dolor comienza con no evitarlo. En la medida en que nos acercamos al propio dolor, vamos liberándolo y conociéndolo. Y a medida que vamos conociéndolo, vamos quitando capas hasta conectar con el núcleo del dolor.

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Claves para ayudar a los profesionales sanitarios a detectar el duelo en Atención Primaria

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Los estudios que se han realizado sobre el duelo en Atención Primaria relacionan este proceso con una mayor frecuencia de visitas a la consulta del médico de cabecera y un mayor número de afecciones físicas difusas.

El duelo, como proceso integral, no sólo se experimenta a través de su vertiente emocional, sino que a menudo también implica un desajuste a nivel orgánico que, mediante esta vía, encuentra la manera de ser expuesto a la consciencia.

Por otro lado, en ocasiones anteriores hemos mencionado la creciente tendencia que existe en nuestra sociedad de buscar en el profesional sanitario el espacio, el consuelo y la comprensión que en ocasiones el doliente no encuentra en su entorno más cercano y que necesita para elaborar su duelo.

Por estos motivos, para el profesional sanitario resulta de mucha ayuda conocer y tener claras una serie de certezas sobre el proceso de duelo, cómo detectarlo y cómo entenderlo, puesto que en multitud de ocasiones se encontrará con un doliente en su consulta.

El duelo duele

Puede parecer redundante, pero no hay mayor verdad con respecto al duelo. Es imposible que no sintamos dolor ante el fallecimiento de alguien que queremos, de modo que la reacción sana y esperable ante la pérdida es la tristeza y lo que sana esta emoción es expresarlo mediante el llanto. No debemos caer en el error de patologizar una reacción natural y beneficiosa.

El duelo es un proceso único en cada caso

El vínculo que une a dos personas es especial, por eso el proceso que va a desencadenarse tras el fallecimiento de una de ellas va a ser particular. Esto se traduce en que sólo vamos a poder valorar el curso del duelo sano en función de cada caso en concreto. Contamos con ciertas generalidades que nos pueden guiar para dirimir entre lo patológico y lo normal, pero en ningún caso las directrices teóricas primarán sobre el caso real.

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La importancia del vínculo con el fallecido en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Si hay una premisa a través de la cual entendemos el duelo, es que no existe un duelo igual a otro. Y lo que hace que un duelo sea tan particular para cada persona es el vínculo único que existía con el fallecido.

Por eso, ante el fallecimiento de un padre, por ejemplo, cada hijo lo sentirá de una manera diferente porque, aun tratándose de la misma persona, la relación, el vínculo que les unía a cada uno, era completamente distinto. Las características del vínculo son las que resumen por completo la relación, la expresión de la unión que mantenían el difunto y el doliente, y sobre la que se asienta la relación.

Cómo funcionan los vínculos

En la relación, cada persona se coloca alrededor del vínculo en una relación circular y sistémica. Se unen y relacionan en función de este vínculo, que está repleto de emociones y experiencias vividas conjuntamente, pero interpretadas individualmente, en las que se mezclan miedos, certezas, amor, etc.

Cada relación establece un vínculo: aunque tengamos tendencia a relacionarnos y a crear vínculos de una determinada manera, cada relación tiene sus características particulares. Por esa razón cada pérdida es única y por eso es tan importante adentrarnos en la relación que había con el fallecido para poder elaborar el proceso de duelo.

Si no había vínculo con el fallecido, no puede desencadenarse el proceso de duelo. Y esto puede ocurrir incluso dentro de una familia. La forma en que el doliente desarrolle el duelo estará definida por cómo era su relación con el difunto.

La influencia del vínculo en el duelo

El vínculo ha sido largamente estudiado en los procesos de duelo: tanto poniendo el foco en la calidad del apego -como hizo Bowlby-, de forma que el duelo se irá elaborando de forma más o menos complicada, como poniendo el foco en la transformación del vínculocomo lo trabaja Neimeyer-, de tal manera que el doliente encontrará la manera de conectar de un modo más sutil, pero también más profundo, brillante y acorde con el cambio en la relación.

La relación cambia, de modo que el vínculo también cambia: pasa a tener un significado más trascendente donde el amor lo llena todo. Pero para llegar aquí, muchos dolientes necesitan llevar a cabo pasos y procesos intermedios.

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El coste (emocional) del duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

“Nadie dijo que la vida fuera fácil” y no lo es. A lo largo de la vida vivimos una gran cantidad de experiencias y situaciones que requieren de nosotros un enorme gasto de energía y de recursos emocionales.

Desde pequeños, todos partimos con una bolsa simbólica de recursos, diferente para cada uno, con los que hacer frente a los sucesos desagradables que a veces tenemos que afrontar en la vida, como la muerte de un ser querido, una ruptura, un trauma, etc. Cada evento traumático desencadena un conjunto de reacciones por nuestra parte, dirigidas a reparar el daño y a recuperar el equilibrio. Pero esa reparación tiene un “precio” y éste consiste en un “gasto” en nuestra bolsa simbólica de recursos.

El duelo tiene un gran impacto en la persona y la obliga a hacer un desembolso de recursos, de tal manera que la capacidad de cada doliente para afrontar un duelo dependerá en cierta forma de la cantidad de recursos que tenga en ese momento para hacer frente a la pérdida. Y dicha cantidad dependerá en gran medida de los eventos anteriores o “gastos” que haya tenido que hacer, en función de las distintas experiencias que haya vivido esa persona hasta ese momento.

¿Qué ocurre cuando el saldo emocional que tenemos es negativo?

A veces puede suceder que en la vida hayamos tenido que hacer frente a muchas pérdidas, lo que podría determinar que hubiera habido que hacer muchos gastos. Es el caso de las personas con historias duras, pasados tortuosos, que han sufrido múltiples pérdidas o han vivido experiencias trágicas.

En esos casos, la capacidad de afrontamiento está limitada, igual que una cuenta bancaria estaría en números rojos cuando una persona ha tenido que hacer frente a gastos imprevistos. Entonces nos podríamos encontrar con una persona sin energía, desesperanzada y sin ganas de luchar.

¿Qué hacer en estas situaciones?

En las ocasiones en que nos encontramos con un “saldo” insuficiente para hacer frente a la pérdida, hay que trabajar para ganar recursos, para generar y recuperar un «saldo positivo». Sería algo así como “pedir una hipoteca”.

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Cómo atender las expectativas del paciente ante la terapia de duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Cuando las personas en duelo acuden a nuestra Fundación en busca de ayuda terapéutica, en la primera sesión con ellos les explicamos cómo trabajamos, en qué consiste la terapia y revisamos con ellos qué expectativas tienen para contrastar juntos que estamos alineados en la misma dirección.

Muchos de nuestros pacientes insisten en que quieren una terapia indolora, que no les haga sufrir. En estos casos, resulta tentador comprometerse a intentarlo, pero lo ideal es dejarles claro desde el principio que esa expectativa es poco realista.

El duelo tiene que doler

Algunos de estos pacientes nos hablan de terapias milagrosas que prometen efectos desde la primera sesión, que duran poco, que alivian el dolor de manera inmediata… Cuentan historias individuales de amigos o vecinos que fueron a esas terapias y se recuperaron enseguida, o dejaron de tener síntomas después de mucho tiempo, o fueron muy felices y resolvieron todos sus problemas.

Cuando esto ocurre, les escuchamos de forma muy atenta, respetuosa, interesada, porque a menudo nos gustaría pensar que es verdad, que existe para nuestros pacientes una alternativa menos dolorosa a la terapia de duelo que practicamos. A fin de cuentas, los psicólogos nos comprometemos con el principio ético de no maledicencia (ante todo no hacer daño).

No existen terapias indoloras

En ocasiones nos gustaría inventar terapias fáciles, rápidas e indoloras, pero lamentablemente no existe nada parecido. Es verdad que existen historias de recuperaciones milagrosas, pero son sólo eso, historias individuales, excepcionales pero que, en cualquier caso, no son habituales ni le funcionan a todo el mundo. También la medicina describe casos milagrosos de “remisiones espontáneas” en enfermos de dolencias graves, pero no por eso podemos creer que esas enfermedades no necesiten  tratamiento.

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Herramientas para trabajar el duelo: La huella vital

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl duelo es un proceso que implica múltiples tareas para ser elaborado por el doliente. Por un lado está el dolor, definitorio del proceso, pero sobre el que no tenemos mucho control: no sabemos ni cuánto durará, ni que intensidad tendrá, es diferente en cada experiencia de pérdida. Sólo podemos recibirlo y atenderlo -que ya es mucho, ya que implica afrontarlo- con paciencia y aceptación, puesto que el duelo consiste en eso, en sentir el dolor que deja la ausencia del ser querido.

Por otro lado, hay multitud de aspectos del duelo que sí son susceptibles de ser trabajados intencionadamente, como por ejemplo, el trabajo de reconstrucción del vínculo.

El dolor en el duelo inmediato

Cuando alguien que queremos fallece, por un lado deja un vacío, un espacio que no puede ser ocupado por otra persona. Por otro lado, nos deja también una influencia de experiencias, de formas de ver la vida, de sentimientos, de expresiones y de costumbres.

Al comienzo del proceso de duelo, todos estos recuerdos e influencias están acompañados fundamentalmente de dolor, aunque también existe la necesidad de recordar al fallecido, de estar con sus pertenencias y con la tristeza, puesto que también trae algo de alivio.

Conforme el proceso se va elaborando y la aceptación va permitiendo relacionarse con el propio duelo de una forma más serena, todas esas experiencias que conformaban el vínculo con el fallecido se empiezan a experimentar con agradecimiento y parece como si brillaran más.

Recolocar emocionalmente al fallecido

Una de las tareas que debe afrontar cada doliente para elaborar correctamente el duelo es la reconstrucción del vínculo con la persona que ya no está. Esta tarea es necesaria en un momento del proceso, pues para que el duelo pueda ser elaborado, el doliente debe encontrar la manera de transformar el vínculo que tenía con el fallecido.

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Herramientas para elaborar el duelo: La caja de recuerdos

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónPor definición, el duelo es un proceso de adaptación y de aceptación. Para elaborarlo es necesario, entre otras cosas, sentir la parte emocional, drenarla y aliviarla. Los rituales y determinadas herramientas pueden facilitar el proceso, ya que actúan como reguladores de la emoción.

El duelo es un proceso en el que son muy importantes los símbolos. Desde el inicio de la civilización, todos los pueblos han recurrido a los ritos funerarios, símbolos y creencias alrededor de la muerte, independientemente de su cultura. Es una necesidad del ser humano a todos los niveles, tanto emocional como existencial.

Nuestro inconsciente, nuestros procesos mentales más complejos se sirven de símbolos para aquello que es casi imposible de verbalizar pero que, sin embargo, necesita ser significado y expresado. Cada vez más a menudo intentamos despojar al duelo de sus señas de identidad, de los rituales y de los hitos que van marcando momentos importantes del proceso. Sin embargo, a nivel emocional necesitamos ceremonias, rituales y símbolos que permitan aliviar el dolor que genera la muerte.

El duelo y los ritos funerarios

Las ceremonias y rituales que se realizan en comunidad tienen una función catártica y social que ayuda a poner en común el dolor y permite que las personas de nuestro entorno también se involucren en nuestra pérdida y la podamos compartir, además de darle un significado más elevado y espiritual.

Hay otra serie de ritos, símbolos y herramientas que cumplen una función emocional más individual. En esta línea, las cartas de despedida, ciertos rituales de despedida o la tarea que trabajamos en este artículo permiten que los procesos emocionales complejos encuentren su manera de ser simbolizados a través de objetos o actos concretos.

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