El duelo en adolescentes: Cuando ignorar la muerte provoca conductas de riesgo

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

© MalagónHace ya tiempo que uno de los problemas que tenemos en la sociedad es que vivimos ignorando la muerte. Desde hace años no contemplamos a nadie morir, no vemos la muerte, de ahí que los adolescentes desarrollen conductas muy peligrosas, pensando que a su edad esquivarán la muerte casi con total confianza.

Con el paso del tiempo, hemos perdido actividades, costumbres y situaciones que nos acercaban a la realidad de la muerte y, al mismo tiempo, se han instaurado otras que la alejan. A continuación os exponemos algunos de ejemplos de este fenómeno.

Factores que destierran la muerte de nuestro día a día

  • Ya no se amortaja a los muertos en casa. Es más, muchas personas menores de veinte años no saben el significado de la palabra amortajar.
  • No se pasa a las casas a dar el pésame, ni se deja abierta la casa mientras las personas rezan alrededor del fallecido.
  • No se guarda el luto, el negro es un color de moda para vestir y ya no es indicativo de muerte.
  • La esperanza de vida ha crecido mucho.
  • La medicina ha avanzado de forma ostensible y los tratamientos prolongan la vida incluso ante los peores pronósticos.
  • Los centros de paliativos propician una muerte distinta.
  • Hay una gran cultura de “lo sano”, con productos dirigidos a obtener un mejor modo de vida.
  • La publicidad nos dirige a lo saludable y al no envejecimiento.
  • Llegamos a todas partes con las redes sociales y las nuevas tecnologías.
  • No existen esas familias numerosas con muchos hijos que siempre habían sufrido alguna pérdida perinatal o en los primeros años de vida.
  • Se han erradicado o se tienen vacunas para enfermedades que antes nos golpeaban (escarlatina, sarampión, polio, varicela…).
  • El acceso a la medicina es rápido y mucho más preciso.
  • Las drogas que antes mataban ahora no lo hacen. No existe esa figura de consumidor hasta la sobredosis, tan habitual en los años 80 y 90, y hay muchos más consumidores recreativos.
  • Se ha avanzado de forma significativa en materia de educación sexual y no hay tantos problemas derivados de la falta de cultura en este tema.

Todos estos factores se unen al perfil del adolescente, que suele creer que se encuentra por encima del bien y del mal, presentan personalidades transgresoras, corren riesgos, aparentan constantemente por la exigencia de las redes sociales… Todo ello hace que la muerte les quede muy lejana, no sólo por edad, si no porque culturalmente no han vivido esa situación.

Conductas de riesgo en la adolescencia

Si nos ceñimos a ese desarrollo adolescente, lo que nos encontramos es que la muerte está tan alejada de sus vidas que no conciben que vaya a pasar y tienen conductas de riesgo de este estilo:

  • Hacerse selfies en lugares peligrosos o prohibidos. Ya conocemos varios casos de fallecimiento por esta práctica.
  • Conducción temeraria de vehículos. Los adolescentes consideran que a ellos no les va a pasar nada y actúan de forma imprudente. No sólo hace referencia a coches y motos, también al uso indebido de bicicletas, patinetes eléctricos, patinetes, patines…
  • Actividades de riesgo con bajo control: por ejemplo, parkour, escalada libre, balconing
  • Consumos de riesgo: Consumo de grandes cantidades de alcohol y sustancias nocivas.
  • Y actualmente, también incluye saltarse las restricciones propias del Estado de Alarma y las limitaciones de la desescalada con la cuarentena de enfermedades como el COVID-19, porque piensan que hay baja incidencia, porque creen que lo pasarán leve, porque necesitan quedar, porque no entienden que pueden ser portadores…

En resumen, muchos adolescentes ponen en riesgo sus vidas realizando actividades peligrosas, debido a lo alejada que está la muerte de su realidad cotidiana. A la vez, también ponen en riesgo la vida de otros, porque no creen que la muerte les vaya a golpear, es una realidad ajena a sus circunstancias. Si luego la valoran, creerán que ha sido una situación excepcional o cuestión de mala suerte.

Si queremos ayudarles, hay que dar una entidad a la muerte en nuestras vidas, tiene que formar parte de nuestra cultura, pero no de manera excepcional, porque ninguno de nosotros estamos exentos de morir en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Hagamos un ejercicio de responsabilidad y eduquemos a los niños en algo que puede ser real, no por pandemias ni por imprudencias, sino porque es algo que forma parte de la vida desde el momento en que nacemos: la muerte.

Recursos para atender el duelo infantil

Para saber más sobre la atención del duelo infantil, podéis acudir a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de duelo infantil, solicitar que impartamos una charla gratuita para padres y profesores en vuestro centro educativo (a través de este proyecto) o descargar gratis nuestro manual práctico “Hablemos de Duelo”, que ofrece pautas para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y da claves sobre cómo viven el duelo los menores según su edad.

También incluye un apartado sobre cómo atender el duelo en el colegio y cómo ayudar a afrontar el duelo a las personas con discapacidad intelectual. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org