Duelo infantil: Cómo hablar a un niño del hermano que no ha conocido

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

La situación que abordamos en este artículo es más habitual de lo que pensamos, ya sea porque un hijo no ha llegado a nacer y ha fallecido en las últimas semanas de gestación, o bien porque debido a una muerte súbita, o una enfermedad, falleció antes de que naciesen el resto de sus hermanos.

La situación que planteamos es la de unos padres que perdieron a un hijo y luego tuvieron más; de modo que el nuevo hijo, y en ocasiones único, no conoció a su hermano.

Ante estas circunstancias, muchos padres nos preguntan si es mejor ocultar la situación, o expresan su preocupación por no saber hablarle al nuevo hijo sobre la existencia de otro hermano fallecido y poder transmitirle así el recuerdo de un hijo que vivió poco.

Transmitir el recuerdo de un hermano que no está

La realidad es que son hermanos y eso debe saberlo. También tiene que saber que ha habido un hermano que ha fallecido, así que lo ideal es intentar transmitirle un recuerdo de este hermano que no conoció, o que apenas pudo llegar a conocer a causa de su muerte prematura.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el niño superviviente no puede crecer a la sombra del hermano fallecido: no valen las comparaciones, cada hijo es -o ha sido- único y así hay que transmitírselo. No importa lo ideal que fuera el hijo fallecido, esa idea es del adulto y no es bueno para el hijo superviviente tener celos de un hermano muerto o que no ha conocido.

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La sobreprotección de los hijos tras la pérdida de un ser querido

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

 

Cuando tiene lugar la muerte de un progenitor, es habitual que el padre o la madre superviviente desarrolle cierto temor a que le ocurra algo malo a su hijo, o hijos. Si además el fallecimiento ha ocurrido de manera inesperada -ya sea debido a una enfermedad repentina, una muerte súbita o un accidente-, esto impide que la familia se adapte y realice con antelación los ajustes pertinentes en la estructura familiar para afrontar los cambios que conllevará la nueva situación.

Una pérdida inesperada no deja que se adapten el entorno, los cuidados, ni las rutinas en el seno de la familia. Así, tras una situación tan traumática, es común que los progenitores se sumerjan en una espiral de sobreprotección, que suele tener consecuencias nefastas.

Estos son ejemplos de situaciones comunes que se dan en las familias tras la muerte de uno de los progenitores:

  • Dormir con el niño, bien en la cama que era del matrimonio o en la del propio niño. Es habitual que el progenitor superviviente se sienta solo y triste, y piense que el niño también lo está. También es común pensar que así van a estar más vigilados y protegidos en caso de que ocurra algo. Sin embargo, la realidad es justo lo contrario: los niños necesitan mantener sus hábitos y rutinas, necesitan autonomía y, si dormimos con ellos o les permitimos que duerman con nosotros, habremos generado un gran problema. Será difícil convencerles más adelante de que vuelvan a su cama. O, incluso, será muy difícil conseguir intimidad si aparece una nueva persona en la vida del adulto.

  • Dar al menor un papel muy relevante, casi a la altura del progenitor fallecido. Esto ocurre cuando hablamos al niño como si fuera el responsable, el cabeza de familia. Emitimos mensajes como “Sólo nos tenemos el uno al otro”, “Eres lo más importante para mí”, “Ahora eres el hombre de la casa”, “Tienes que hacerte un hombre”, etc. Dar a los niños más poder del que deben tener por su edad los convierte en algo tiranos y luego es muy difícil intentar ponerles normas o límites.

  • Informar al niño de dónde estamos en todo momento para tranquilizarle. Podemos coger la costumbre de decirle al niño en dónde vamos a estar para que se quede tranquilo: con quién vamos, a dónde vamos, cuánto tardaremos… Esto trae como consencuencia que el niño pregunte siempre de manera inquisitorial dónde vamos, con quién… en un intento de controlar nuestra vida. Cuando, pasado un tiempo, ya no necesitemos -ni queramos- que el niño sepa lo que hacemos siempre, será difícil explicárselo y el menor se habrá vuelto muy controlador, extendiendo esta conducta al resto de las personas de su confianza.

  • Dejar de salir por miedo a que el niño se quede solo o note demasiado nuestra ausencia: Al principio es una reacción normal, los planes sociales no apetecen igual tras una pérdida. Más adelante queremos proteger a los niños de la soledad y nos quedamos en casa. Pero, cuando ya queramos salir, no se puede porque los niños se han hecho miedosos y su rutina es que estemos con ellos, así que es más costoso recuperar la normalidad en nuestra vida. Lo ideal es que el niño entienda desde el primer momento que no pasa nada, que todo sigue y que cada miembro de la familia sigue haciendo más o menos las mismas cosas. No puede ser que su mundo esté intacto y, por el contrario, el del adulto esté del revés.

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El duelo infantil: Cuando enmascaramos el problema

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónA menudo, cuando sobreviene una muerte en la familia, o se prevé el fallecimiento inminente de un familiar enfermo, la tendencia de los adultos es proteger a los niños. Por ejemplo: enviándoles lejos con otros parientes o incluso apuntándolos a alguna actividad de varios días, como un campamento o una granja escuela.

Cuando los adultos anticipamos un fallecimiento y tenemos a los niños cerca, es fácil que pensemos en alternativas que supuestamente los protegen. No queremos que el menor esté presente cuando la persona muere, queremos ahorrarles esa agonía que pensamos que va a pasar la persona enferma.

Por eso, ante la muerte de un familiar cercano, a menudo pensamos que es buena idea proporcionar algo de ocio a los niños y enmascarar una gran parte del dolor que se vive cuando tiene lugar un fallecimiento.

Los niños y la experiencia de la pérdida

Los adultos creemos que ver morir a una persona va a causar a los niños un impacto difícil de superar. También anticipamos que las exigencias y el estrés que rodea a esta situación no nos permitirán atender al niño adecuadamente. Así que buscamos la mejor salida y lo enviamos a casa de otros parientes, a excursiones, a campamentos, justificándolo con excusas como: “Para que no lo vea”, “Que no viva esto”, “Así se distrae”, etc.

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Duelo infantil: Cuando un niño pierde a un ser querido en verano

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

El verano es una época en la que los niños tienen aproximadamente tres meses para hacer muchas cosas. Es común que acudan a campamentos urbanos, o campamentos situados fuera de su lugar de residencia habitual. O que se vayan de vacaciones con su familia, que salgan más, o que tengan mucho más trato con sus iguales y con su familia extensa.

En verano también es habitual que se produzcan fallecimientos, algunos esperados y otros más inesperados. Las estadísticas indican que es una época en la que mueren más ancianos. Esto se debe a que sus patologías se agravan por el calor y a que aumenta el número de desplazamientos. Por eso, también es común que haya niños y adolescentes que atraviesan un duelo en verano.

Entre las muertes más habituales que nos encontramos tras el la época estival, o durante la misma, está: la pérdida de un abuelo por un agravamiento de su estado de salud, la pérdida de un progenitor de manera súbita o tras un periodo de enfermedad; o la muerte de un compañero o profesor del colegio.

La vuelta al cole de un menor en duelo

Reincorporarse al colegio tras haber sufrido una pérdida puede ser complicado para un niño o adolescente. Ya sea porque la situación es nueva, porque es inesperada, porque ha provocado muchos cambios, o porque el fallecimiento no se ha comunicado al centro educativo. Así que os vamos a dar algunas pistas que pueden facilitar esa situación:

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Lo que preocupa a los padres vs. lo que preocupa a los hijos: la protección de los niños

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Cuando trabajamos en duelo con padres y con hijos, es habitual que las vivencias sean muy diferentes: los padres suelen preocuparse por cosas distintas a las que preocupan a los niños y eso dificulta que sus respuestas sean las que el niño necesita para calmarse y reorganizar su información.

Hay que ser conscientes de que a los adultos nos preocupan cosas distintas que a los niños. A medida que crecen les preocupan cosas similares a las de los adultos, pero en la infancia los temas que les preocupan a veces están muy alejados de la realidad que vive el adulto y no somos capaces de encontrar las respuestas adecuadas.

La preocupación de proteger a los hijos

Una de las cosas que más preocupa a los padres cuando se produce un fallecimiento en la familia es proteger a los niños, así que les dan la información con cuentagotas. En general, los adultos pensamos que cuanto menos sepan los niños, mejor. En el mundo adulto no saber implica sufrir menos, así que la creencia adulta es que lo mejor es dar el menor número de detalles posible.

Sin embargo, esta desinformación genera inestabilidad a los niños: no saben qué ha pasado y rellenan este vacío con su imaginación, llegando a generar teorías mucho más crueles que las verdaderas circunstancias que rodean la pérdida. Hay que tener en cuenta que ellos pueden encontrar todo tipo de explicaciones ante el silencio -desde las mágicas a las más terroríficas- y no pueden contrastarlas, porque los adultos no les damos la información.

Los riesgos de no decir la verdad a los niños

La actitud de no darles toda la información genera desconfianza en los niños, ya que se sienten excluidos como miembros de la familia, llegando a pensar que no son queridos y que ese es el motivo por el que se les aparta.

Si en algún momento les damos la información completa -bien porque ya consideramos que pueden entenderlo o porque tienen edad suficiente para asimilarlo-, se sentirán infravalorados y engañados, especialmente si se creyeron las primeras informaciones que les dimos, lo que podría influir en la confianza a largo plazo en el seno de la familia.

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Cómo responder a las preguntas de los niños cuando muere un ser querido (II)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónHoy continuamos nuestro anterior post sobre cómo responder a las preguntas que plantean los niños cuando fallece un ser querido. Estas preguntas suelen ser directas, son dudas que les surgen y que impactan a los adultos, ya que les confrontan con una realidad que no les gusta tras haberles dado unas explicaciones poco exactas, lo que puede desembocar en discusiones desagradables cuando se plantean preguntas incómodas.

● ¿Va a estar en mi cumpleaños?

Es una pregunta relacionada con el deseo de que la persona fallecida regrese, de que acuda al cumpleaños o a cualquier otra celebración. En cierto modo es una huida de la realidad, igual que hacen los adultos cuando se imaginan distintas situaciones en las que el fallecido vuelve y está presente.

Ante esta pregunta, hay que responder al niño que entendemos su deseo, pero que el fallecido no va a estar en su cumpleaños y aclararle que esta situación no es temporal, sino definitiva, que aunque nos gustaría mucho es imposible, no va a estar en ningún cumpleaños ni celebración. También hay que explicarles que esto no se debe a que el fallecido les haya dejado de querer, sino porque cuando uno se muere ya no puede hacer cosas, así que no va a estar ni en su cumpleaños ni en ningún otro sitio.

● ¿En el cielo (o donde se ubique al fallecido) hace frío?

Ejemplo de respuesta adecuada: “Yo no sé si hace frío o no, pero la persona fallecida no siente, porque cuando alguien muere deja de sentir, el cuerpo no funciona y no siente. Cuando el corazón se para y el cerebro deja de funcionar, no puede sentir, las conexiones que tenía eran las que hacían que se sintiera frío o calor”.

● ¿Cómo es el cielo?

Modelo de respuesta: “En realidad el cielo es un sitio mejor, a mí me gusta pensar que el cielo es un lugar en mi recuerdo donde la persona está mejor, así que pienso en cómo le gustaba estar y me imagino que su cielo será…”. Le explicamos  un ejemplo: “Podría ser un sillón muy cómodo, con luz, una taza de café y un libro, que es como a él le gustaba estar” y podemos explicarle cómo pensamos que será nuestro cielo, por ejemplo: “A mí una de las cosas que más me gusta es estar tumbada en la playa, tomando algo en una hamaca mientras leo un libro”.

● ¿Duele morirse?

Ejemplo de respuesta: “Aunque hay veces que a las personas les puede doler un poco, ese dolor es momentáneo, pero lo que sí sé es que cuando las personas están muy-muy malitas, los médicos hacen todo lo posible para que no duela. o les duela lo menos posible”.

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¿Es aconsejable llevar a un niño a que se despida de un familiar enfermo?

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEn nuestro artículo de hoy, hemos decidido abordar este tema tras un interesante debate que mantuvimos recientemente con profesionales de la Medicina, en el marco de un curso sobre cuidados óptimos al final de la vida para pediatras y neonatólogos que están en contacto con niños muy enfermos.

Una cuestión muy interesante que surgió fue si los niños deben despedirse de sus hermanos enfermos. De ahí la cuestión se extrapoló a la posibilidad de que los pequeños entrasen en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) -tanto pediátricas como de adultos- para despedirse de los seres queridos.

La realidad que viven estos profesionales en su día a día es que, cuando hay niños que van a fallecer en las UCI neonatales y pediátricas, se les da una gran importancia a sus padres, pero no siempre ocurre lo mismo con los demás familiares y, con frecuencia, estos niños tienen hermanos que viven esa situación con mucho miedo e incertidumbre.

¿Debe un niño visitar a un familiar enfermo?

Durante la charla, este grupo de profesionales planteó la pregunta sobre si es conveniente o no que los niños puedan tener la oportunidad de despedirse de las personas a las que quieren, en momentos médicos tan complejos como las enfermedades que se atienden en la UCI. En este contexto, nuestra respuesta es contundente: sí, los niños tienen que poder despedirse de sus seres queridos.

Es un hecho que esta opinión choca frontalmente con la “burocracia” hospitalaria o con las normas que existen en muchas UCI de hospitales, que no permiten el acceso a los menores. En otros muchos centros hospitalarios, sólo permiten el acceso de menores siempre que sean mayores de 14 años.

La importancia de las despedidas

Cuando preguntamos a los profesionales que trabajan en las UCI si a ellos les gustaría tener la oportunidad de despedirse de un ser querido en el último momento (ya sea un padre, una madre, un hermano, una pareja, un abuelo, un amigo, etc.), su respuesta también es contundente: SÍ. Siempre responden de la misma manera: por supuesto, aunque fuese un momento duro, querrían haber tenido la oportunidad de entrar al menos a darle un beso.

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La muerte de un ser querido vista por un niño entre los 3 y 6 años

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónLa pérdida de un ser querido para un niño pequeño puede constituir su primer contacto con la muerte y convertirse en una experiencia que le marque en muchos sentidos. Es posible que esta experiencia contribuya a darle un carácter de normalidad a la pérdida; o bien que le genere mucha confusión y dificultades para procesar esa información.

Es importante saber cómo ve un niño la muerte de un ser querido. Así, conociendo cuáles son sus interpretaciones más comunes de la muerte, sabremos de dónde vienen los mensajes que nos lanzan y cómo ayudarles a comprender mejor este suceso. Lo primero que hay que recordar es que los niños de esa edad son bastante literales. Así que los mayores problemas van a venir de cómo entienden los mensajes.

Cómo interpretan los niños la muerte

Hay que tener en cuenta que los niños no entienden el concepto de irreversibilidad de la muerte, es decir, no entienden que es definitiva, sino que la viven como un viaje, algo temporal. Este aspecto se relaciona tanto con el pensamiento mágico, como con la fantasía.

El periodo entre los 3 y los 6 años se caracteriza porque las reglas de la realidad pasan muy desapercibidas. En la mente del niño todo es posible, los juegos son una mezcla de realidad y fantasía, los superhéroes tienen un componente de verdad, existen personajes imaginarios y otros elementos que van a complicar la comprensión del niño.

Elementos que dificultan a los niños comprender la muerte

Vamos a analizar algunos conceptos que, mientras para los adultos resultan obvios, para los niños significan otras cosas y a largo plazo pueden dar lugar a dificultades o bloqueos:

  • ● Está en un lugar mejor/Está en el cielo. Lo que el niño entiende de esa frase es su significado literal: que el fallecido está en un lugar mejor. El menor interpretará cual es el lugar mejor, ya sea un sitio de vacaciones, un parque de atracciones…  Del mismo modo, los niños de esa edad interpretan la expresión “Está en el cielo” como que la persona está en el cielo -concretamente en lo azul que está separado de la tierra por la línea del horizonte-, así que el niño preguntará cómo es el sitio en el que está, querrá detalles de cómo ha llegado, qué hay, qué se come, si hay colegio, televisión… También imaginará que, si va en avión o globo, podrá ver al fallecido que vive en el cielo. E incluso se sorprenderá si no se da el caso.

  • ● Ha subido al cielo. Esta expresión es muy común y, aunque se parece a las anteriores tiene algunos matices diferentes. Los niños creen literalmente que la persona fallecida ha subido al cielo. Por eso, se interesarán por el modo de subir (si ha sido por escaleras, en ascensor, la localización del ascensor, por qué no ve el modo de subir y la pregunta del millón: Si el fallecido ha subido, ¿cuándo va a bajar?), Ante estas preguntas, si los adultos no queremos dar al niño detalles precisos, nos veremos envueltos en una serie de explicaciones complejas de las que resulta difícil salir.

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Un suicidio en la familia: ¿Cómo se lo digo a los niños?

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónHoy abordamos un tema muy controvertido, pero que es necesario tratar, ya que son muchas las consultas que recibimos sobre este problema. Hablamos del suicidio y de qué hacer cuando se produce uno en nuestra familia o entorno más cercano.

El suicidio se considera a menudo un estigma social, pero sin embargo es una de las principales causas de muerte en el mundo. De hecho, silenciar este tema es lo que propicia su estigmatización, por eso es necesario darle cabida en este blog y hablar de ello, ya que resulta importante para las personas que sufren una pérdida de estas características.

Cómo comunicar un suicidio: sinceridad

Explicar el suicidio suele ser complicado y esa dificultad se acrecienta si nos referimos al mundo infantil. A menudo pensamos que es mejor que el niño no se entere del motivo de la muerte y se la edulcoramos. Le contamos “mentiras piadosas” pensando que así va a sufrir menos.

Sin embargo, aunque no sea fácil para nosotros dar explicaciones sobre un suicidio, lo cierto es que es mejor hablar de ello que convertirlo un tema tabú. He aquí los motivos:

● Mentir a los niños no suele dar buen resultado. Ya lo hemos comentado en otras ocasiones: aunque les mintamos, al final se enteran de todo y arriesgamos su confianza en nosotros.

● El suicidio no suele ser la causa de la muerte. Y con los niños hay que apelar a la causa. Aunque un ser querido se suicide, normalmente la causa de la muerte se debe a las lesiones o efectos derivados del acto. El suicidio en sí mismo no es causa de muerte.

● El hecho de no hablar de la muerte, o hablar de una muerte ficticia para evitar nombrar el suicidio, hace que los adultos que rodeamos a los niños tengamos que contener e inhibir determinados sentimientos. Pero siempre es mejor compartir nuestras emociones con los niños que esconderlas, ya que en ese caso nuestros hijos entenderán que deben ocultar las suyas.

● Hablando de lo ocurrido evitamos que los niños se enteren por terceras personas que no podemos controlar. Y, aunque pueden ser personas cercanas, también puede ser que reciban la noticia de forma inadecuada, dificultando su duelo posterior.

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Reacciones más comunes de los niños tras la pérdida de un ser querido

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

© Malagón

Una pregunta recurrente en las consultas que recibe el servicio de atención terapéutica infanto-juvenil de la Fundación Mario Losantos del Campo es la siguiente: “¿Lo que le pasa a mi hijo es normal?”.

Muchos padres vienen preocupados, intentando comprender si las reacciones emocionales de los niños y niñas ante la muerte son normales y si les están transmitiendo los mensajes más adecuados.

En este artículo intentaremos aclarar qué reacciones son las más esperables en los niños ante la muerte.

Si un niño no muestra ninguna reacción emocional tras una pérdida

Este aspecto es uno de los que más preocupa a los adultos: ver al niño “muy entero”, que no llore, que no exprese emociones… Aunque no es lo ideal, hay que saber si las ha expresado en la intimidad, si expresa con los amigos, o si los familiares también están muy enteros.

Podemos considerar normal esta reacción si estamos hablando de adolescentes, ya que ellos sobre todo tienden a inhibir las reacciones emocionales para aparentar fortaleza, o para no añadir más dolor al de sus familiares.

Los niños no quieren hablar sobre la muerte de un ser querido

Lo que comentamos en el apartado anterior está muy unido a otro comportamiento común: que el menor no quiera hablar de lo que ha pasado, bien porque no es el momento de hablar, o porque está impactado y habrá que buscar el mejor momento para hablar de lo sucedido.

Este aspecto también es habitual y entra dentro de la normalidad. Cada niño tiene su ritmo: los hay que hablan mucho del tema y con naturalidad, y los hay que no. También tiene que ver con la forma en que se comportan los adultos que les rodean: si favorecen el diálogo o, por el contrario, tienen mucha emoción y los niños detectan que ese tema afecta demasiado y lo inhiben. Continue reading