Superar el duelo: Cuando fracasa el entorno social

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

La pérdida de un ser querido es casi siempre un acontecimiento dramático, tanto si la persona que fallece llevaba enferma mucho tiempo, como si la muerte es repentina o se trataba de un pariente de edad muy avanzada. La desaparición de una persona que ha sido significativa en nuestras vidas nos llena de vacío y dolor.

Cuando estamos atravesando un duelo, necesitamos buscar el acompañamiento de personas de nuestro entorno que entiendan nuestra tristeza, que sepan escucharnos, con las que podamos compartir esta experiencia, expresar nuestras emociones y hablar de la relación perdida.

Hablamos de personas que, desde el respeto a nuestra experiencia subjetiva, nos ayuden a encontrar alivio y a comprender lo sucedido. Esta necesidad de contacto se convierte en una necesidad psicológica y casi fisiológica para el ser humano enfrentado a la muerte.

El duelo se supera en comunidad

Si el doliente recibe esta ayuda, la recuperación va a ser mejor, pero, si no se recibe este apoyo, si el entorno no es capaz de reconocer y validar su sufrimiento, de ayudarlo a expresar sus necesidades, si no recibe el contacto cálido y comprensivo de sus allegados, sus sentimientos de inadecuación pueden acrecentarse.

A un nivel profundo, el doliente puede llegar a sentirse culpable de no estar haciéndolo bien. A medio plazo puede incluso llegar a sentir vergüenza de sus propios sentimientos y del hecho de necesitar ayuda.

Todos estos sentimientos añaden más dolor al duelo. Para el doliente, la ausencia de comprensión que percibe en su entorno constituye una nueva pérdida, provocada por los fallos de apoyo continuos de la familia, los amigos y los conocidos.

Cómo acompañar a un doliente

Cada cultura marca cómo deberían ser los sentimientos, la expresión y la duración de las personas en duelo. Antiguamente, en España -y especialmente en los núcleos rurales- se esperaba del doliente incluso una determinada manera de vestir, el luto.

A menudo nos ocurre que no sabemos qué decir a nuestros seres queridos o a los conocidos que están atravesando un duelo.

Y muchas de las expresiones tópicas que usamos no resultan de ayuda, porque son expresiones de invalidación, desautorización, minimizaciones, descalificaciones, rechazo, impaciencia o desinterés.

Qué no decir a una persona en duelo

En nuestra sociedad es común que los dolientes tengan que escuchar frases como: “¿Aún estás así?”, a medida que pasa el tiempo y su dolor no disminuye. Esta expresión refleja la prisa y la exigencia en el trato al tiempo que no brinda apoyo.

Otra frase común es: “Piensa y habla de otras cosas, distráete”, que evidencia la falta de capacidad para escuchar a la persona en su necesidad de recordar al ser querido para adaptarse a su pérdida y para reubicarlo en su interior con el recuerdo compartido.

Otra frase hecha que no debemos decir es: “Llorar no te hace ningún bien”. Implica una descalificación de los sentimientos que el doliente está experimentando, ya sean las lágrimas y tristeza, el miedo, la angustia, la soledad, el vacío… cuando lo que necesita es que sean escuchados y no descalificados o minimizados. Quien acompaña al doliente puede ser franco diciendo lo difícil que le resulta esta tarea y reconocer “que no sabe qué decir”.

Actitudes invalidantes del duelo

En ocasiones el entorno no concede a determinadas personas el derecho de ser tratadas cómo dolientes, por ejemplo: niños, personas mayores, personas con discapacidad psíquica… Los excluyen del duelo con excusas como: “Ellos no se enteran”, “No sienten tanto”, “Mejor contarles una mentira”, “Le va a desequilibrar y es mejor que no lo sepa”, etc.

En esos casos el entorno decide por ellos sin consultarles si quieren o no participar en los ritos funerarios, sin tener en cuenta su derecho a saber qué ha ocurrido y a ser apoyados como dolientes. Esto es un error común que se hace en aras de su bienestar y por desconocimiento de lo devastador de la mentira, que quita a estas personas el derecho de pertenecer al grupo familiar y compartir sus emociones.

El doliente necesita a alguien que escuche sin juzgar, desde un acompañamiento auténtico y cálido. Debe poder expresar lo que esté sintiendo y ser apoyado por su entorno en lo que necesita, que la mayoría de las veces consiste en un silencio compartido, el respeto a su ritmo y el ofrecimiento de ayudas concretas.

Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dude en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org