Curso on-line de Intervención en Duelo

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Tenemos buenas noticias para todos aquellos que desde hace tiempo nos habéis mostrado vuestro interés en adquirir formación sobre la intervención en duelo normal y complicado: desde este mes, ya podéis inscribiros en nuestro Curso on-line de intervención en duelo”, que arrancará en octubre y tiene como objetivo proporcionar al profesional sanitario formación para atender el proceso de duelo, tanto en adultos como en menores.

El curso consta de 5 módulos teóricos que abarcan todos los aspectos que rodean el proceso de duelo y su abordaje terapéutico: definición, tratamiento y complicaciones, la terapia de duelo grupal e individual, el duelo en niños y adolescentes, o el abordaje del duelo traumático. Podéis consultar el programa completo en este enlace.

¿Por qué este curso?

Desde hace más de una década nuestra entidad ha trabajado para profundizar en el conocimiento del duelo y hemos tomado conciencia de las necesidades y peculiaridades de este proceso. A través de nuestra experiencia terapéutica hemos detectado la inmensa necesidad de apoyo que manifiestan los dolientes en una sociedad donde la muerte y el duelo se han convertido en un tabú.

Por esta razón, cada vez es más habitual que los dolientes recurran a los profesionales sanitarios en busca de orientación y ayuda. Por este motivo, saber detectar los síntomas del duelo complicado y cómo intervenir resulta crucial para que el profesional pueda responder de forma adecuada ante esta demanda creciente.

Objetivos

Este Curso on-line de Intervención en Duelo ofrece al profesional los conocimientos necesarios para atender el proceso de duelo, así como herramientas que le permitan afrontar el dolor ajeno y gestionar las situaciones de gran intensidad emocional.

Esto se consigue a través de una completa combinación de exposiciones teóricas, casos prácticos y lecturas sometidas a debate, todo ello dividido en 5 módulos teóricos que abordan desde las características del duelo complicado, hasta la terapia de grupo e individual, el duelo en menores o su abordaje en casos especiales.

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Superar el duelo: Cuando usamos el dolor como homenaje

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn las terapias de duelo que realizamos en FMLC, muchos de nuestros pacientes viven la mejoría como una deslealtad al difunto, durante algún tiempo. Sienten que dejar de sentir dolor es una traición a la persona que falleció y se sienten culpables por ser capaces de reponerse de la pérdida.

En cambio, para nosotros, los terapeutas, esto suele ser un indicador de mejoría, aunque luego los pacientes tengan que lidiar con la culpa. Este comportamiento se da con más frecuencia en las madres o padres que han perdido a alguno de sus hijos, pero no es una reacción exclusiva de estos casos.

El camino hacia la superación del duelo

En ocasiones existe una tensión, difícil de resolver, entre el deseo de estar mejor y sentir menos dolor y, por otro lado, la necesidad de dolerse, como si el dolor fuese un medidor de lo mucho que han amado a su ser querido, algo así como un algoritmo que computase así: «A más dolor + durante más tiempo = más amor».

En esas circunstancias, lo que hacemos es reflejarles que eso significa que están mejorando y que es el curso normal que dibuja el duelo, porque el dolor tiende a disminuir. La intensidad que tiene el dolor durante el duelo agudo es difícil de soportar durante mucho tiempo e impide llevar una vida normal, de modo que lo habitual y lo esperable es que vaya disolviéndose de manera casi espontánea en la mayoría de los casos.

La importancia del entorno en el duelo

Cuando fallece un ser querido, el dolor cumple la función de intensificar el recuerdo y de mantener de algún modo el vínculo con esa persona que ya no está, porque hace que esté más presente. Lo que ocurre es que tan sólo potencia los recuerdos dolorosos, los traumáticos, y ensombrece los recuerdos alegres o serenos que hayamos tenido con el difunto. Esto suele coincidir con la curva que dibuja el duelo: cuando el dolor empieza a ser menos intenso, el recuerdo empieza a tener menos presencia y ya no ocupa tanto espacio en nuestras vidas.

Hay a quienes les preocupa el juicio que pueda hacer su entorno sobre su mejoría: si les va a parecer que es demasiado pronto, si van a pensar que es que no les importaba o no querían lo suficiente al difunto, como si existiera una norma social implícita que dice que, cuando una persona pierde a un ser querido, no debe superarlo nunca.

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El duelo perinatal: Superar la pérdida de un bebé

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónDenominamos duelo perinatal al duelo que se experimenta tras la muerte de un hijo, cuando el fallecimiento se produce durante el periodo que va desde la concepción hasta el primer año de vida. El rasgo fundamental que caracteriza a este tipo de pérdidas es que se tiende a quitarles importancia, o son silenciadas por parte del entorno, cuando en realidad son tan dolorosas como cualquier otra. Tal es así, que suelen encuadrarse dentro de los llamados “duelos silenciados o desautorizados”.

Las diferentes pérdidas del duelo perinatal

En el duelo perinatal se reúnen varias características que lo hacen único: por un lado están los sentimientos de pérdida y dolor, que son inherentes a todo proceso de duelo. Por otro lado, presenta características definitorias como son: la pérdida del momento de convertirse en padre o madre; la pérdida del rol de padre o madre, si se trata del primer hijo; la pérdida de la inocencia con respecto al embarazo y el parto; la pérdida del derecho a mencionar a ese hijo en ciertos lugares, así como la pérdida del contacto y de la posibilidad de crear recuerdos.

El doliente tiene todo el derecho a dolerse y hay que respetar su tiempo para elaborar este proceso como necesite. Quizá este sea uno de los mayores retos a los que se va a enfrentar el doliente que ha sufrido una perdida perinatal: atender y reconocer su necesidad de dolor. Incluso dentro de la pareja, cada uno llevará su proceso, con sus diferentes necesidades, formas y tiempo. Compartir en pareja un proceso de duelo requiere un esfuerzo de comunicación, comprensión y empatía por parte de los dos.

Creencias erróneas en torno al duelo perinatal

Cuando tiene lugar una pérdida perinatal, es frecuente que los dolientes escuchen en su entorno frases como: “Eres muy joven, podrás tener más hijos”, etc. Con esta respuesta, el entorno familiar busca aliviar el dolor -desde la buena voluntad- y animar a quien está sufriendo. Sin embargo, aunque detrás de estas frases haya un intento de dar ánimos, el mensaje que recibe el doliente es que se está minimizando su dolor y su proceso.

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El exceso de medicación en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSi existe una máxima en la terapia de duelo es que el duelo duele y no podemos hacer nada para evitarlo. Sólo se puede elaborar atravesándolo. Partimos de una premisa que no sólo comparten las teorías psicológicas que estudian el duelo, sino que también comparten todas las tradiciones filosóficas y espirituales.

Si investigamos un poco, todos los sabios, eruditos y filósofos occidentales y orientales hacen referencia a la necesidad de sentir y experimentar los malos momentos y los sentimientos (mal llamados negativos) para poder afrontarlos y aprender de ellos. No podemos vivir de espaldas a una emoción –en este caso, el dolor- que está siendo y se está manifestando.

Esto no es una invitación al masoquismo, ni para hacer del dolor nuestra bandera, convirtiéndonos en sufridores expertos. Pero sí hay que tener en cuenta que el proceso de duelo implica que, cuando fallece alguien a quien quiero, inevitablemente va a doler, y mucho. Y que, aunque al atravesar momentos de dolor sobrecogedor no lo parezca, tenemos recursos suficientes para afrontar lo sucedido. No podemos hacer del dolor nuestra bandera, pero tampoco podemos evitar el dolor eternamente. Por supuesto, cada caso es único y como tal debe ser atendido. Este artículo es una reflexión, no una orientación y recomendación rígida.

Los recursos para afrontar el duelo

Los recursos con los que contamos todos para afrontar el duelo tienen que ver con nuestra capacidad para aceptar la realidad, la gestión que hacemos de las emociones, la sensación de apoyo que percibimos por parte de nuestro entorno, como lo vive nuestra familia, cuidar el descanso, la alimentación, el ejercicio físico, el cuerpo, leer acerca del duelo, pasear, buscar recogimiento, escribir, estar en silencio, ordenar recuerdos, hablar de lo que pensamos, compartir,  buscar aquello que necesitemos que nos relaje, nos anime o nos cuide.

Por supuesto otro de los recursos a los que podemos acceder es la medicación. A menudo es necesaria y está más que justificada, pero a veces recurrimos con demasiada rapidez a aquello que nos libera momentáneamente de sentir nuestras emociones, cuando experimentarlas y aprender a gestionar y drenar ese dolor es una parte fundamental de la resolución del duelo.

El papel de la medicación en el duelo

Hay que procurar no recurrir a la medicación como huida y anestesia emocional del dolor, porque entonces estamos convirtiendo la ayuda en un problema. Recurriendo a la sobremedicación como recurso principal, estamos bloqueando emocionalmente el proceso.

La medicación es un recurso adecuado en muchas ocasiones. Controlada por el médico, adaptada a nuestra necesidad clínica y limitada en el tiempo, resulta de ayuda cuando las sensaciones, emociones y sensaciones físicas nos desbordan, son incontrolables y nos incapacitan para afrontar el día a día.

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Cuando nada funciona en la terapia de duelo (I)

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCDicen que el fracaso es huérfano y que el éxito tiene muchos padres. En el ámbito de la terapia de duelo esto ocurre a menudo, entorpeciendo la forma en que nos relacionamos con  nuestros pacientes.

En la facultad de Psicología nos enseñan a ser eficaces: aprendemos las mejores estrategias, descubrimos cuáles son las claves de una terapia exitosa en estudios de posgrado y estamos entrenados para no dejar de buscar la mejor herramienta cuando las terapias no siguen el curso que creemos que deben seguir. Sin embargo, las estadísticas nos dicen que el éxito terapéutico no siempre es posible, al menos no al 100%.

Cuando no se llega a superar el duelo

Sabemos que el 90% de las personas que sufren la pérdida de un ser querido van a vivir un duelo normal, un duelo sano, pero hay un 10% de personas que atravesarán un duelo complicado o patológico. Y dentro de ese 10%, existe un pequeño porcentaje de pacientes que no superarán el duelo o que, al menos, no lo harán en todo su potencial, que se quedarán en lo que se conoce como la “sombra del duelo”: personas en las que la huella del duelo permanece para siempre.

No existen estadísticas al respecto, pero es cierto que hay pacientes que no mejoran a pesar de nuestros esfuerzos. No es un espejismo, existen, pero nadie habla de ellos, no hay datos ni teorías al respecto. Por esta razón, cuando nos enfrentamos a estos casos, no sabemos cómo manejarlos. Hoy quiero hablar de esos casos que nos resulta difícil enfocar, porque nos han enseñado a manejar dificultades, pero no a manejar el fracaso. Y vivimos estos casos como un fracaso profesional.

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El duelo en el entorno (III): Ideas erróneas sobre el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

En artículos anteriores hablábamos del apoyo que puede o no dar el entorno del doliente a éste tras una pérdida, y sobre la importancia de dejar un espacio a la escucha frente a lo que podamos decir.

En este artículo nos centraremos en los peligros que entraña dar mensajes inadecuados sobre el duelo, es decir, hablaremos de las ideas irracionales acerca de este proceso.

El ser humano es un ser racional, pero no siempre se comporta de manera racional. A veces, comete errores cognitivos y tiene ideas distorsionadas sobre la realidad.

Ideas preconcebidas sobre el duelo

En general, el ser humano tiene ideas preconcebidas o simplificadas sobre la realidad que le ayudan a manejarse en el mundo y en la vida con el menor número de datos posible. Esto le permite sobrevivir y adaptarse a su medio, así como tomar decisiones más rápido.

Esto viene a colación porque todos tenemos una idea preconcebida acerca de cómo debe resolverse el duelo o cómo es este proceso. A veces estas ideas se basan en la experiencia (que no es universal) y otras, ni siquiera eso, pero este mecanismo nos permite acercarnos al duelo de una manera menos amenazadora.

Las falsas creencias más comunes sobre el duelo

“El tiempo lo cura todo”: Esa es la esperanza de todos los dolientes, el bastón al que se agarran y una de las frases más escuchadas en tanatorios, cementerios y funerales. Detrás de esta frase está la promesa de que el dolor desaparecerá. Y eso es verdad: el dolor puede desaparecer, o al menos disminuir mucho, pero eso nunca se produce mágicamente. El tiempo por sí solo no cura nada, ya que el duelo no es una enfermedad. Lo que hace el tiempo es poner distancia con la muerte de nuestro ser querido y eso, de alguna manera, matiza el dolor.

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El duelo en el entorno familiar (I)

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEl pasado 26 de abril participamos en la IV Jornada de Duelo de la asociación Menudos Corazones, donde impartimos una charla acerca de las reacciones del entorno familiar y social ante el duelo y su influencia en la superación del mismo. Dado el interés que suscitó este tema, reproduciremos la ponencia aquí, dividida en varios posts.

El duelo en el entorno

En nuestra sociedad existe una tendencia más o menos generalizada que tiende a protegerse del dolor huyendo de él. Huir de lo que nos produce dolor y acercarnos a lo que nos produce placer forma parte del instinto humano. Esta forma de enfrentarnos a la vida y al mundo nos ha mantenido sanos y salvos como especie durante millones de años. Ésa es la manera natural de acercarse a algo doloroso.

El duelo lo vivimos en sociedad porque somos seres sociales. Por este motivo, el modo en que la sociedad evalúa o maneja el duelo influye tremendamente en la forma en que el doliente vive su dolor. No hace mucho tiempo, el duelo se vivía en familia y tenía un impacto en la sociedad. La vivencia del duelo era comunitaria.

La necesidad de aceptar el dolor para superarlo

Sin embargo, ahora el duelo se vive cada vez más de manera aislada, no compartida. La razón es que nos encontramos en una sociedad que vive de espaldas al dolor, a la muerte y al sufrimiento. Vivimos en una sociedad «abrefácil» donde lo importante son las cosas que se consiguen sin esfuerzo.

Por eso rechazamos y apartamos de nuestras vidas todo lo que tiene que ver con el dolor o con el sufrimiento: lo obviamos, lo desplazamos y, al final, acabamos no atendiéndolo mientras podemos. Y, cuando ya no nos queda más remedio -porque estamos frente a la muerte, frente al dolor y al sufrimiento- entonces la muerte es tremendamente impactante y produce un shock en el ser humano.

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Las claves para una terapia de duelo exitosa

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCDurante las sesiones de terapia, siempre decimos a nuestros pacientes que cada duelo es único, que cada uno tiene su propio ritmo a la hora de elaborarlo y que en ese proceso existen generalidades, pero no universalidades.

Sin embargo, a pesar de repetir esta idea en todas nuestras terapias, somos conscientes de que hay determinados aspectos o condiciones que resulta imprescindible que se den para que la terapia tenga éxito. Se trata de condiciones sin las cuales no puede darse una resolución del duelo. Nosotras consideramos que al menos existen cinco factores necesarios para garantizar el éxito del proceso, aunque somos conscientes de que pueden surgir discrepancias al respecto, tanto por parte de los dolientes como de los profesionales de la Psicología.

Factores imprescindibles para la terapia de duelo

Este listado de condiciones se basa en la observación basada en nuestro ejercicio de la terapia de duelo durante más de una década:

    • Una relación terapéutica basada en el respeto y exenta de juicio. La relación entre paciente y terapeuta es curativa en sí misma. Debemos creer en las posibilidades reales de nuestros pacientes y esto implica creer que el ser humano es capaz de sobrevivir a la pérdida. Esta relación se basa en la confianza: si un paciente confía en nosotros, se defenderá menos, por lo que la terapia progresará más rápido. No existe la confianza sin el respeto. En el momento en que nuestro paciente sienta que puede ser juzgado, se protegerá. Perder su confianza implica perder el proceso. Y, en cualquier caso, sería una actitud paternalista por nuestra parte.

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Reflexiones sobre la nueva clasificación diagnóstica del duelo (I)

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEl experto en duelo se sirve de distintas medidas a la hora de categorizar o tratar el duelo. Por un lado, se nutre de sus propios conocimientos y, por otro, de su experiencia clínica. Esta experiencia resulta fundamental para resolver si un caso de duelo es complicado o normal, si la intensidad es excesiva o no lo es, etc.

También puede tratar de buscar información en los distintos manuales estadísticos que regulan lo que es normal y lo que no para una población determinada. Es decir: los límites, más o menos definidos, entre la salud y la enfermedad.

Manuales de referencia sobre el duelo

Al hablar de manuales, nos estamos refiriendo al Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM) y a la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). Son las diferentes guías que orientan a los profesionales de la salud mental en todo el mundo.

El DSM es un manual que elabora la Asociación de Psiquiatras Americanos y que recoge, por tanto, la idiosincrasia de una cultura determinada como es la americana. La CIE la elabora la Organización Mundial de la Salud y se usa mayoritariamente en Europa, aunque no en España.

Criterios para diagnosticar el duelo

Hasta ahora, el duelo aparecía codificado en el DSM-IV TR como una entidad susceptible de recibir atención clínica. Además, establecía un diagnóstico diferencial para la depresión mayor y el duelo, que excluía el diagnóstico de depresión en los casos donde la persona estaba atravesando también un duelo y habían pasado menos de dos meses desde el fallecimiento del ser querido, aunque cumpliese con los criterios del trastorno depresivo mayor.

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El duelo: cuando la muerte de un hijo conlleva otra pérdida

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSiempre hemos oído decir que la muerte de un hijo es la peor de todas las pérdidas: porque es antinatural, porque no se puede reponer y por la intensidad del dolor que produce.

En los grupos de terapia de duelo es habitual que las personas que han perdido a un hijo defiendan que lo suyo duele más, que es peor que lo que padecen los otros dolientes, o que ni siquiera existe una palabra para definir el estado que adquiere la persona que ha perdido un hijo, frente a los que pierden a su progenitor (huérfanos) o a su cónyuge (viudos).

Cuando el duelo nos impide empatizar con los demás

Durante nuestra trayectoria profesional, el equipo de expertos de FMLC hemos comprobado que a cada uno le duele lo suyo: cuando comienza la terapia de grupo, sus integrantes están centrados en su propio dolor y, aunque suene impactante, el de los demás no les importa. Esto no es por maldad, sino porque aún no existen vínculos que faciliten la empatía entre los participantes y, por otro lado, el dolor de cada uno de ellos aún es demasiado intenso y ocupa demasiado espacio emocional como para atender el de otra persona.

Así visto, parece bastante lógico que cada uno de los miembros del grupo crea y defienda que lo suyo es lo peor. Normalmente acaban llegando a la conclusión de que cada uno tiene su dolor y que éste no es mayor ni peor que el de otro doliente, sólo distinto. Aún así, la muerte de un hijo, socialmente, parece la más paradigmática, la más relevante, la innombrable.

Cómo afecta el duelo a la familia

Casi todos los duelos implican un exhaustivo proceso de introspección, de revisión de valores, de cambio. Y como todo proceso de cambio, el duelo puede acarrear otras pérdidas: pueden estar relacionadas con la forma de vida que teníamos antes; con el ocio; podemos perder también nuestro guión vital y tener que reconstruirlo, etc. Los estudios hablan de efectos físicos sobre la salud, especialmente durante los dos primeros años.

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