Duelo y medicación: pros y contras

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

No podría decir si apruebo o no el uso de medicación a lo largo del proceso de duelo, porque en realidad no estoy ni a favor ni en contra. Considero que la medicación un recurso útil, a nivel práctico, cuando la situación lo requiere.

Hace algunos meses otra de las psicólogas del equipo de FMLC escribió en este mismo blog acerca de la necesidad de evitar el exceso de medicación en el duelo. En este artículo abordarmos la necesidad de rescatar el uso terapéutico de la medicación, en combinación con la terapia de duelo.

No medicarse para evitar el dolor

Obviamente no estoy de acuerdo con sobremedicar el proceso de duelo. Entre otras cosas porque sabemos fehacientemente que el dolor no se puede extirpar. Además, numerosos estudios han demostrado que la medicación antidepresiva durante el duelo no es más eficaz que la terapia convencional.

Sin embargo, hay ocasiones en las que el uso de la medicación es imprescindible. Hay que matizar que nos referimos a una medicación indicada y controlada por un profesional de la salud mental. Esto se debe a que a veces se dan casos de personas que necesitan medicación y la rechazan porque les parece que es cosa de locos. Que nos prescriban medicación no debe ser visto como una ofensa. Tampoco es algo exclusivo de personas que hayan perdido su salud mental. Son sustancias que a veces pueden ayudar en el proceso. Continue reading

El exceso de medicación en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSi existe una máxima en la terapia de duelo es que el duelo duele y no podemos hacer nada para evitarlo. Sólo se puede elaborar atravesándolo. Partimos de una premisa que no sólo comparten las teorías psicológicas que estudian el duelo, sino que también comparten todas las tradiciones filosóficas y espirituales.

Si investigamos un poco, todos los sabios, eruditos y filósofos occidentales y orientales hacen referencia a la necesidad de sentir y experimentar los malos momentos y los sentimientos (mal llamados negativos) para poder afrontarlos y aprender de ellos. No podemos vivir de espaldas a una emoción –en este caso, el dolor- que está siendo y se está manifestando.

Esto no es una invitación al masoquismo, ni para hacer del dolor nuestra bandera, convirtiéndonos en sufridores expertos. Pero sí hay que tener en cuenta que el proceso de duelo implica que, cuando fallece alguien a quien quiero, inevitablemente va a doler, y mucho. Y que, aunque al atravesar momentos de dolor sobrecogedor no lo parezca, tenemos recursos suficientes para afrontar lo sucedido. No podemos hacer del dolor nuestra bandera, pero tampoco podemos evitar el dolor eternamente. Por supuesto, cada caso es único y como tal debe ser atendido. Este artículo es una reflexión, no una orientación y recomendación rígida.

Los recursos para afrontar el duelo

Los recursos con los que contamos todos para afrontar el duelo tienen que ver con nuestra capacidad para aceptar la realidad, la gestión que hacemos de las emociones, la sensación de apoyo que percibimos por parte de nuestro entorno, como lo vive nuestra familia, cuidar el descanso, la alimentación, el ejercicio físico, el cuerpo, leer acerca del duelo, pasear, buscar recogimiento, escribir, estar en silencio, ordenar recuerdos, hablar de lo que pensamos, compartir,  buscar aquello que necesitemos que nos relaje, nos anime o nos cuide.

Por supuesto otro de los recursos a los que podemos acceder es la medicación. A menudo es necesaria y está más que justificada, pero a veces recurrimos con demasiada rapidez a aquello que nos libera momentáneamente de sentir nuestras emociones, cuando experimentarlas y aprender a gestionar y drenar ese dolor es una parte fundamental de la resolución del duelo.

El papel de la medicación en el duelo

Hay que procurar no recurrir a la medicación como huida y anestesia emocional del dolor, porque entonces estamos convirtiendo la ayuda en un problema. Recurriendo a la sobremedicación como recurso principal, estamos bloqueando emocionalmente el proceso.

La medicación es un recurso adecuado en muchas ocasiones. Controlada por el médico, adaptada a nuestra necesidad clínica y limitada en el tiempo, resulta de ayuda cuando las sensaciones, emociones y sensaciones físicas nos desbordan, son incontrolables y nos incapacitan para afrontar el día a día.

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