Lo que no se puede nombrar: El duelo por un suicidio

Begoña Rodríguez Acosta, psicóloga de FMLC

 

La muerte raramente consiente despedidas elegantes o adioses limpios. Llega inesperadamente y deja a algunos con la angustia de haber sido abandonados deslealmente. El abandono no es tan terrible cuando hay tiempo y espacio para un verdadero adiós. Cuando no ha habido un verdadero adiós, o peor aún, un mal adiós, la muerte se convierte en odiosa y deja un sentimiento de vacío y perplejidad.” – A. Pangrazzi

Aquellos que viven un duelo por el suicidio de un ser querido suelen atravesar un proceso de más larga y difícil duración. Los familiares o las personas cercanas al difunto a menudo se convierten en víctimas de lo sucedido, debido a la carga que heredan de este trágico suceso, con emociones como el sentimiento de abandono, la vergüenza, la culpa, la incomprensión social y el consiguiente enfado hacia el suicida.

La búsqueda de respuestas tras un suicidio

El suicidio de una persona querida suele dejar a los sobrevivientes con una profunda sensación de fracaso: fracaso como progenitor, cónyuge, hermano o amigo.

La pérdida trae consigo la búsqueda de una explicación a lo ocurrido y, en esa búsqueda de sentido, el superviviente no puede evitar preguntarse persistentemente por qué el suicida hizo lo que hizo, por qué no se dio cuenta de lo que ocurría, qué podría haber hecho para evitarlo… y con estas preguntas aparece inevitablemente la culpa.

El sentimiento de vergüenza tras un suicidio

A nivel social, el suicidio es inaceptable y se suele asociar a los trastornos psíquicos. Sin embargo, según la OMS un 20% de los suicidios no tiene ningún diagnóstico psiquiátrico. Cuando se da este caso, los dolientes no tienen ninguna explicación a la que agarrarse que les proteja de la mirada crítica de un entorno que se cuestiona cómo los allegados no consiguieron prevenirlo

Es aquí donde, además de la culpa, aparece también la vergüenza. Conscientes y temerosos de la posible imagen social que proyectan -y sintiendo la necesidad de proteger al fallecido de las especulaciones sobre los motivos de su decisión-, los familiares tienden a evitar el contacto social e incluso pueden llegar a negar el mismo acto del suicidio.

Dificultades del duelo tras un suicidio

Lamentablemente la evitación del contacto contribuye a dificultar aún más la elaboración del duelo. La pérdida de nuestro ser querido nos produce un enorme dolor que buscamos expresar y compartir de forma natural con aquellos que sabemos nos van a escuchar y nos pueden entender.

Sin embargo, cuando no se percibe el entorno como un lugar capaz de acoger nuestro sufrimiento sin juzgarlo, la culpa y la vergüenza pueden instalarse generando un enorme sufrimiento. Así, poco a poco el doliente puede terminar silenciando u ocultando el suicidio, lo que dificulta el duelo, ya que al negar el problema desaparece la necesidad de pedir ayuda, se potencia el aislamiento y se fomenta la desconfianza del entorno.

El sentimiento de culpa después de un suicidio

Como ya hemos comentado en artículos anteriores, la culpa tiene una función muy peculiar en el duelo. Es una forma de mantener nuestra sensación de control sobre el mundo. Si soy culpable de que algo haya ocurrido, es que estaba en mi mano haberlo evitado, por tanto, tengo el poder de prevenir ciertas catástrofes.

Es curioso como a menudo preferimos convivir con el asfixiante peso de la culpa, antes que asumir que la muerte puede aparecer en nuestro camino sin que podamos hacer nada para evitarlo, o aceptar que el mundo está lleno de peligros que no podemos controlar y que la fragilidad también es parte de nuestra existencia.

De lo que se trata no es de vivir con miedo a la posible pérdida, sino ser conscientes de que donde hay vida también puede haber muerte, porque ésta forma parte natural de la misma. Se trata de tomar conciencia de esta realidad de forma que aprendamos a vivir plenamente el presente.

Cómo acompañar el duelo por un suicidio

Cuando tiene lugar un suicidio, la muerte del ser querido se produce en circunstancias especiales, dado que es la propia persona quien decide quitarse la vida, una decisión personal que no suele tener en cuenta segundas opiniones. La persona que se suicida es la que toma la última decisión, que puede permanecer inexplicable para los dolientes, quienes difícilmente encontrarán respuesta a sus preguntas o, al menos, una respuesta suficientemente válida para encontrar un sentido a tan dolorosa pérdida.

El reto consistirá en acompañar al doliente en el camino de duelo con paciencia y delicadeza, de manera que poco a poco aprenda a convivir con una realidad a la que a veces le faltan respuestas. Por eso, el doliente exigirá del experto la capacidad de “soportar” y cargar con esa intensidad del dolor que el doliente no puede sobrellevar.

Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dude en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

Cómo afrontar el duelo por un suicidio

Sara Losantos, Pilar Pastor y Patricia Díaz, psicólogas de FMLC

 

© MalagónCon motivo del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, decidimos explicar en un artículo las características del duelo que tiene lugar tras el suicidio de un ser querido. Los datos más recientes son impactantes: en España se producen alrededor de 10 suicidios diarios y, por cada una de esas muertes, hay entre 10 y 20 tentativas de suicidio.

Actualmente, la tendencia entre los profesionales de la Psicología es empezar a hablar de forma más clara sobre el suicidio, con el objetivo de profundizar en sus causas y, así, poder poner en marcha planes de prevención.

Sin embargo, el suicidio continúa siendo un tabú en nuestra sociedad y constituye un estigma para las familias afectadas. Esto hace que para muchos dolientes constituya un motivo de vergüenza y culpa, por lo que tratan de ocultarlo con un silencio que contribuye a complicar el proceso.

Características del duelo por un suicidio

El duelo por suicidio plantea al doliente un camino emocional especialmente intenso y con arduos procesos de preguntas de difícil o ninguna respuesta, e incluso de cuestionamiento de uno mismo, lo que supone un reto para el proceso de aceptación y elaboración.

Se trata de un proceso especialmente complejo, debido a la voluntariedad de la muerte del ser querido que ha fallecido, por lo que requiere un esfuerzo especial por parte del doliente y puede que también necesite más tiempo y autocuidado hasta que pueda encontrar serenidad y calma dentro del dolor. A continuación os ofrecemos algunas claves para manejar el duelo tras un suicidio.

El sentimiento de culpa tras un suicidio

Cuando se produce un suicidio en nuestro entorno, al dolor por la pérdida suele sumarse un elemento muy central, que es la culpa. Este sentimiento está muy relacionado con la negación y con la necesidad de algunos dolientes de atravesar un periodo de sufrimiento antes de permitirse elaborar lo sucedido.

En un intento de controlar el momento en el que ocurrió el suicidio, el doliente repasa una y otra vez lo que sucedió. En este punto se plantean cuestiones relativas a si el suicidio era evitable o no. Cuando un doliente acude a la consulta, la muerte de su ser querido ya ha sucedido y, en su caso concreto, ha sido inevitable. Por eso, volver al pasado una y otra vez para averiguarlo sólo va a provocarle dificultad para aceptar la realidad de la muerte.

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