Superar el duelo: Lo que no se puede contar

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSiempre he pensado que el alivio en el duelo tiene que ver con nombrarlo, con hablar de ello. Shakespeare lo expresaba de una manera más poética cuando decía: “Dad palabras al dolor, porque la pena que no habla murmura en el fondo del corazón y le invita a romperse”. Lo que ocurre es que a menudo el dolor se silencia y hay cosas que no se pueden contar, ya sea por temor al reproche social, por temor a resultar “pesados” o por vergüenza.

El duelo está lleno de secretos, de tabúes y de juicios. Y todo eso que se calla, que se silencia, todo lo que se esconde acaba generando mucha soledad. A lo largo de nuestra experiencia en terapia, nos hemos encontrado con distintas situaciones y escenarios, que describimos a continuación.

Duelos que a menudo no son reconocidos

  • – Cuando la pérdida se produce tras un suicidio, a veces la familia oculta esa información para no “dañar” la imagen de la persona que ha fallecido, en un intento de evitar un juicio social. Por lo tanto, esa parte que tiene que ver con cómo se ha producido la muerte y que en ocasiones encierra tanto dolor, no puede ser contada ni explicitada. Es un dolor que no se legitima, no se escucha y se queda enquistado.
  • – Cuando se pierde a una pareja que no estaba socialmente reconocida, ya sea una relación con una persona casada, o una relación con una persona del mismo sexo. Al no haber hecho pública la relación, el entorno no comprende la pérdida y, por lo tanto, no atiende ni tampoco entiende el dolor de esa persona.
  • – Otro caso es el de las personas que han perdido a un progenitor, o incluso a un abuelo, cuando ya era “muy mayor” o estaba muy enfermo. Con frecuencia estas personas se encuentran con mucha incomprensión por parte de su círculo más cercano. Les dicen que es ley de vida, o que es mejor así, o que no deberían llorar pasado cierto tiempo… y, sin embargo, el dolor no desaparece. Estos comentarios hacen que los dolientes se sientan rechazados y acaben por omitir esas sensaciones o esos sentimientos, encerrándose en una coraza en la que se sienten profundamente solos, dado que no pueden mostrarse tal y como están en ese momento.
  • – También puede darse el caso de dolientes que pierden a una ex pareja con la que seguían manteniendo algún tipo de relación. Esto ocurre incluso cuando ha habido situaciones de malos tratos o abandono, por lo que el hecho de que la persona sienta dolor en lugar de alivio resulta todavía más incomprensible para el entorno.
  • – Esta incomprensión también la he detectado en los casos de pérdidas perinatales. Algunos de nuestros pacientes en esa situación han tenido que escuchar cosas del tipo: ¿Cómo te puede doler tanto, si ni siquiera lo conociste, si no le viste nunca, si puedes tener hijos, si hay gente que no tiene hijos y es feliz?

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Duelo y compasión

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El sentimiento de compasión en el duelo de una persona tiene una doble vertiente. Por un lado, está la compasión que el entorno y el profesional pueden ofrecer al doliente; por otro, está la compasión como actitud que adopta el doliente hacia lo que a él mismo le ocurre, como una nueva forma de relacionarse consigo mismo y con el proceso que atraviesa en este momento de su vida.

Para adentrarnos en la compasión como actitud, lo primero que haremos será centrarnos en cómo definirla, puesto que es un término al que culturalmente hemos dado un significado confuso. Tal y como la entendemos desde este punto de vista, la compasión es lo que mueve al ser humano a paliar el sufrimiento de otro ser humano.

Culturalmente tenemos una concepción paternalista de lo que implica sentir compasión por alguien que sufre, e incluso a muchas personas les resulta insultante que alguien se compadezca de ellas.

Dos obstáculos para la compasión: la lástima y el miedo

Cuando aquí hablo de este concepto, me refiero a padecer con el otro, acompañando y compartiendo, de igual a igual. Como expresa Joan Halifax, terapeuta de enfermos terminales y estudiosa de la compasión y su efecto terapéutico, “los enemigos de la compasión son la lástima y el miedo”. Ambos sentimientos nos distancian del ser humano que sufre y nos colocan en un nivel diferente, generalmente de superioridad, no de igualdad: la lástima convierte la relación en algo desigual, elevando a un plano superior a quien siente lástima por el otro (ya que lo coloco en una situación de incapaz, le ofrezco una mirada desde la superioridad emocional, o económica, o moral, etc.).

El miedo es el otro enemigo y también distancia, pero en este caso dejando solo al que sufre, ya que buscamos protegernos de lo que nos parece que no controlamos; o bien esto nos abruma y nos alejamos (física o emocionalmente), en general porque nos sentimos incapaces de manejar todos esos sentimientos en nosotros mismos o por intentar adoptar un rol que no nos corresponde, como de salvadores.

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Diferentes situaciones de duelo dentro de la pareja

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Hemos hablado en alguna ocasión de que el duelo por un ser querido puede afectar a la relación de una pareja. En este nuevo artículo reflexionaremos sobre las distintas situaciones de duelo que pueden tener lugar en el seno de una pareja y qué diferentes escenarios pueden darse.

Normalmente son dos las situaciones que podemos encontrar. En primer lugar, puede ocurrir que la pareja haya experimentado una pérdida conjunta, es decir: los dos han sufrido la muerte de un ser querido para ambos, aunque a cada uno de ellos haya podido afectarle de un modo diferente. Estamos hablando, por ejemplo, del caso de los padres que hayan perdido a un hijo.

Cuando ambos pierden a un ser querido

En este caso, los dos están en duelo, pero cada uno lo vive de una manera distinta.  Son precisamente esas diferencias a la hora de vivir el proceso de duelo y, sobre todo, las que afecten al ritmo del proceso en cada miembro de la pareja, las que pueden generar distancia e incluso la ruptura de la relación.

También existen casos en los que la pérdida ha servido para unir más a la pareja y de este proceso salen reforzados y con una relación más sólida, aunque los estudios nos dicen que aumentan las probabilidades de ruptura.

Cuando sólo un miembro de la pareja está en duelo

Cuando sólo uno de los cónyuges es quien ha vivido la pérdida de un ser querido, éste atravesará un proceso de duelo, mientras que su compañero o compañera, no. En este caso, la dificultad para comprender al otro, así como las distintas necesidades que tiene cada uno, son las que pueden influir en que se produzca un alejamiento o acercamiento dentro de la pareja.

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Preguntas para explorar el duelo (II): ¿De qué está hecho mi dolor?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl dolor es un sentimiento complejo, compuesto de las distintas emociones que cada persona siente, elabora y experimenta de forma diferente. Si bien el dolor es el sentimiento esencial y compartido cuando sufrimos una pérdida, el trabajo de cada uno con su dolor se lleva a cabo conociéndolo.

Elaborar el duelo tiene mucho que ver con sentir, conocer y permitir el dolor. Es una de las tareas del duelo que nos propone Wiliam Worden: “Elaborar las emociones y el dolor que viene con la pérdida”. Según este reconocido autor, siempre que se produce la pérdida de un ser querido, ésta se siente con dolor en mayor o menor medida, con las características únicas de cada persona.

Pero un duelo no se puede elaborar sin sentir dolor. El dolor está tan relacionado con el duelo, que el mismo origen latino de la palabra, “dolus”, significa dolor.

Diferencias en la forma de sentir el dolor tras una muerte

Hablar de dolor, sin embargo, puede resultar ambiguo. Mi concepto y mi sentir del dolor es distinto al tuyo y, cuando se refiere a una pérdida, esta diferencia se acentúa más aún. No es lo mismo que el dolor de alguien sea como sentirse huérfano o que el dolor de otra persona sea como sentirse perdido. Ambos son dolores, pero no se sienten igual, ni implican lo mismo, ni significan lo mismo.

Siempre insistimos en que es imposible comparar el grado de dolor entre una pérdida y otra, y en que no podemos establecer cuál es la muerte más dolorosa ni la peor, puesto que aquí entra el concepto de dolor, y el dolor es algo puramente subjetivo y muy complejo. El dolor ante una muerte depende fundamentalmente del vínculo que el doliente tenía con la persona que ha fallecido, las circunstancias en que ocurrió la muerte, la historia previa y la personalidad del doliente, y del apoyo subjetivo que siente.

No hay que evitar el dolor tras una pérdida

La propuesta que hacemos para adentrarnos un poco más en el conocimiento del propio dolor comienza con no evitarlo. En la medida en que nos acercamos al propio dolor, vamos liberándolo y conociéndolo. Y a medida que vamos conociéndolo, vamos quitando capas hasta conectar con el núcleo del dolor.

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Preguntas para explorar y profundizar en el duelo: ¿Qué necesito?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El duelo es un camino que lleva implícito un trabajo para poder ser recorrido. Es un proceso que no depende del tiempo, sino del “cómo” lo transite cada doliente.

El camino no es recto, ni mucho menos, por eso, a veces el camino pide que el doliente se tome un tiempo para estar en una parte concreta del mismo, quizá profundizando en ella o cogiendo fuerzas para la subida que se aproxima. El camino que atraviesa cada persona es diferente y sólo el doliente sabe en su interior cómo atravesarlo.

La introspección en el duelo

Para poder conectar con esa intuición o inteligencia que “sabe” lo que está bien para cada uno (y que no suele estar totalmente accesible) el doliente comienza un trabajo de introspección, de ir más allá de los mecanismos de defensa que pueden confundirnos, yendo un paso por debajo del miedo o de la tristeza, sentimientos que tienden a orientarnos hacia la negación o hacia algún otro lugar de bloqueo o de poco avance.

Una manera de profundizar en la experiencia del duelo, de ir más allá de lo que automáticamente nos surge desde los mecanismos de defensa, es el trabajo a través de preguntas. Una de las muchas que puede hacerse el doliente y que responde a procesos que se dan el transcurso del duelo, es la que planteamos en este post: ¿Qué necesito? Conectar con la auténtica necesidad y proveernos de lo que necesitamos marca todo un camino.

Las necesidades del doliente tras la pérdida

La necesidad puede ir de lo más concreto y físico -como necesidad de descanso- a la necesidad más amplia, incluso podríamos decir existencial: “Necesito poner límites”. La propuesta de trabajar con preguntas no es quedarnos sólo a nivel racional, es decir, no se trata de contestar con una solución o con lo que más rápido venga a la cabeza.

Además de la inteligencia racional, el ser humano también posee la inteligencia emocional, la intuitiva, la corporal… La propuesta de trabajo con esta pregunta es hacer una pausa y romper con el automatismo de nuestros mecanismos de defensa.

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Cuando el profesional sanitario está en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A través de este artículo queremos promover una reflexión profunda en todos aquellos profesionales que, directa o indirectamente, intervienen o atienden a personas que están atravesando un duelo por la pérdida de un ser querido.

En anteriores artículos hemos hablado de cómo abordar el duelo, cómo identificar las señales de un duelo complicado, qué hacer para ayudar al doliente en los primeros momentos, pero… ¿qué ocurre cuando quien ha sufrido la muerte de un ser querido es el propio profesional que atiende a personas en duelo? 

Cuando se da esta situación tenemos que atender a dos aspectos:

  • – Por un lado, ¿qué ocurre con los pacientes de un experto en duelo cuando éste se encuentra atravesando un duelo?
  • – Por otro lado, ¿quién atiende o cómo se ayuda a un profesional en duelo?

Qué hacer si el duelo afecta al profesional

Con respecto al primer punto, puede ocurrir que el profesional, al menos en los primeros momentos de su propio proceso, no pueda contener la emoción ni concentrarse en su trabajo, o que simplemente le remueva demasiado el contacto con personas que están en duelo. En este caso, lo ideal es que se tome un tiempo de descanso, por lo menos en relación a la práctica clínica. Esta pausa debe servirle para reponer energías y para ir elaborando su duelo.

El profesional puede encontrarse esta situación en cualquier punto de su propio proceso, puede ser que al principio no le afecte y luego sí, o al revés. Una vez que lo advierta, debe retirarse de la práctica clínica para no ser maledicente y derivar a sus pacientes a otro profesional que pueda hacerse cargo. A veces es un compañero quien detecta esta situación y sugiere al profesional que se supervise y se retire. Para eso están los equipos de trabajo y las supervisiones colectivas.

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Superar la pérdida: Aspectos claves del duelo (I)

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A lo largo de nuestra experiencia profesional, hemos ido descubriendo diversos aspectos que se repiten en los procesos de duelo. Aunque es verdad que cada duelo es único, también es cierto que algunos aspectos se repiten y hay herramientas o habilidades que funcionan en muchos pacientes diferentes.

Son claves que parecen meros matices o detalles, pero que son importantes para el proceso de duelo en su conjunto. Resulta difícil percatarse de ellas cuando te encuentras en la vorágine de la práctica clínica, pero al tomar distancia se revelan como llaves del proceso y como herramientas fundamentales para favorecer la resolución del duelo.

En base a nuestra experiencia, estos son para nosotros algunos de los elementos fundamentales de una terapia de duelo:

En el duelo no hay que dar nada por sentado

A veces, en el transcurso de una terapia, las palabras se convierten en “lugares comunes” y damos por sentado que las palabras tienen el mismo significado para distintas personas, pero eso no es así. La atribución de significados de cada individuo es distinta. Expresiones como: “bien”, “mal” o “como todo el mundo” no significan nada en terapia.

Hay que bucear detrás del significado que tienen cada una de esas expresiones o esas palabras para cada uno de nuestros pacientes, porque en el significado reside la esencia del proceso. Por eso hay que hacerles preguntas como: “¿Qué significa para ti estar mejor o estar peor?”, “¿En qué consiste esa mejoría o ese empeoramiento?”, “Cuando dices, como le pasa a todo el mundo… ¿A qué te refieres?”.

En terapia, sólo podemos trabajar lo que es concreto, la vivencia de cada uno, las sensaciones… no lo que es abstracto y sólo reside en el mundo de las ideas.

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5 cosas que no debes decir jamás a una persona en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Durante años hemos trabajado ofreciendo terapia a personas en duelo y esto nos ha permitido conocer de primera mano qué expresiones, comentarios o reflexiones sirven de consuelo en los primeros momentos del duelo y cuáles generan desasosiego o simplemente no consuelan en absoluto.

Es normal que cuando acudimos a un funeral o al tanatorio a dar el pésame a un ser cercano que ha sufrido una pérdida, no sepamos qué decir ni qué hacer. A menudo el dolor ajeno nos abruma y decimos lo primero que se nos viene a la cabeza. Sin embargo, existen ciertas expresiones manidas que hacen más daño que bien.

Si tuviéramos que quedarnos con alguna sería con las cinco siguientes:

Sé cómo te sientes

Ya hemos dicho en alguna ocasión que no existe un duelo igual a otro, por lo que resulta complicadísimo que podamos saber qué siente una persona ante una pérdida. Cada pérdida significa cosas diferentes para cada persona y eso debe hacernos deducir que esa expresión es, cuanto menos, falsa y que invita a que el doliente permanezca en silencio.

Lo que realmente parece querer decir esta frase es: “No  hace  falta que me lo cuentes, si ya lo sé yo”, cuando lo que realmente deberíamos fomentar es que la persona se exprese si lo necesita.

No te preocupes, el tiempo lo cura todo

Esa expresión favorece que el doliente permanezca en una actitud pasiva, esperando que el duelo se resuelva con el mero paso del tiempo. El duelo exige una gran implicación de parte del doliente, exige tomar decisiones como si ir o no a terapia, si recoger o no las cosas de la persona que ha fallecido, si pedir ayuda o no…

Esas decisiones son las que van a determinar que el duelo avance o que el duelo se detenga. Lo único que hace el tiempo es poner distancia frente a un hecho que ha supuesto un gran impacto, pero no cura nada.

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El duelo demorado: Qué es y qué actitudes lo causan

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn el proceso de duelo a veces las apariencias engañan. Hay personas que aparentemente están bien -porque no lloran, o porque se han reincorporado enseguida a sus tareas habituales- y puede parecernos que eso significa que están mejor o están recuperándose muy pronto.

En general, el hecho de que el proceso de duelo dure poco se valora como un rasgo de fortaleza y, en cambio, se considera un signo de debilidad que el proceso se prolongue en el tiempo. Parece que la sociedad traduce como una mejoría que no haya signos externos del duelo como el llanto o la apatía y, sin embargo, no lo es.

La necesidad de expresar el dolor

El duelo implica indiscutiblemente dolor: la pérdida produce dolor y no sentirlo puede deberse a que se nos haya fundido la capacidad de sentir, o bien a que nos encontremos ante un duelo demorado o retrasado.

Un duelo retrasado implica que hemos perdido el contexto: aquello que explicaba y daba sentido a que sintiéramos dolor. El hecho de que algo sea normal o no lo sea viene siempre determinado por su contexto. Las situaciones o las reacciones de duelo analizadas de forma aséptica pueden parecer irregulares, pero, si las miramos a la luz de su contexto, cobran un sentido distinto. Es decir: no es normal que te duela un pie pero, si antes te ha caído una piedra encima, sí lo es.

Sentir dolor ante la muerte de un ser querido es normal y casi necesario, independientemente de la forma que adopte ese dolor. Pero comenzar a sentir dolor varios años después de la pérdida de un ser querido nos deja desprovistos del contexto, de ahí que irremediablemente surja la pregunta: “¿Por qué ahora y no antes?”.

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Diferentes aspectos de la soledad en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Igual que existen diferentes tipos de tristeza, la soledad también tiene muchos matices. Existe un tipo de soledad –la “soledad llena”– que nos permite acercarnos a la tristeza y a la experiencia intima de duelo, de recuerdo, de angustia y, desde allí, encontrar la manera de acompañarnos a nosotros mismos.

También existe la “soledad vacía”, en la que uno se siente abandonado y perdido, todo nos abruma y parece que va a vencernos. Seguramente todo aquel que esté atravesando o haya pasado por un proceso de duelo conoce ambas.

Una parte importante de la soledad que viven muchas personas durante la elaboración de su duelo se relaciona con la tendencia que existe en la sociedad actual de sentir miedo ante el dolor o la muerte y, por lo tanto, darle la espalda. Parece que nos cuesta acompañar el dolor en su profundidad, no sólo en los primeros momentos o los más “sociales”, sino también en el proceso de profundo sufrimiento, cuando el tiempo pasa y la realidad del día a día abruma.

El acompañamiento en duelo

Cuanto más nos cuesta estar con nuestro propio dolor, más nos cuesta estar con el del otro. Cuanto menos compasiva sea nuestra mirada al mundo, con menor compasión y empatía podremos estar al lado de nuestro dolor y el del otro. El duelo pide ser expresado, llorado, compartido y vivido en compañía.

Una parte del duelo necesita de otra persona para poder poner en palabras todo aquello que bulle por dentro, porque hay partes de la experiencia dolorosa, de uno mismo, que no pueden explorarse en soledad, necesitan la compañía empática y cuidadosa de otro ser humano.

Duelo y crecimiento personal

No toda esa soledad que se siente en el duelo tiene que ver con las demandas o expectativas del entorno y la sociedad. También hay aspectos vinculados a la forma en que nos relacionamos con nuestro propio dolor que ponen más distancia con la propia experiencia emocional y a través de los cuales el doliente sentirá mayor soledad.

El dolor tiene una cualidad: la de ponernos en contacto con una parte de mucha intimidad, de vulnerabilidad, que no es fácil mostrar a los demás, casi ni a uno mismo. Todo esto que el dolor comunica, transmite y con lo que nos pone en contacto es información muy esencial e íntima de cada uno, que llama a ser sentida y explorada en soledad.

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