El duelo infantil: Cómo reacciona el niño ante la muerte

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEstamos muy acostumbrados a ver distintas reacciones en los adultos cuando les comunicamos una muerte: desde una gran afectación, con muchísimas muestras externas de dolor, hasta periodos de incredulidad, emociones contenidas e incluso carcajadas nerviosas irreprimibles.

Así es como reaccionamos los adultos. Pero, ¿qué reacciones cabe esperar en los niños y adolescentes? En el artículo de hoy intentaremos esbozar algunas pinceladas que sirvan para delimitar, en la medida de lo posible, las posibles reacciones de los niños a la hora de explicarles un tema tan delicado.

Inexpresión

A veces, cuando comunicamos una muerte a un niño, no hay expresión emocional, es decir, el niño no parece sentirse afligido por la muerte, esto se debe a varias cosas:

• Ha entendido la muerte, le ha impactado y no reacciona.

• No ha entendido la muerte.

• Está pendiente de otras cosas, algo común de la etapa de egocentrismo infantil, y prefiere no atender a esa información en ese momento. Es una reacción normal. Atienden a sus rutinas porque aún no quieren hacerse cargo de esa información, hay que dejarles que sigan con sus juegos y, en otro momento, volveremos a acercarnos para explicarles la muerte de nuevo.

Expresión emocional similar a la nuestra

Nuestra reacción ante la noticia de una muerte, o ante el duelo, es un modelo de conducta que, a menudo, el niño usará como referencia para elaborar sus propias emociones.

Enfado ante la muerte

Esta reacción es muy normal, a menudo es la forma que tienen los niños de expresar la pérdida y lo que les supone, sus rutinas son alteradas y aparecen las rabietas, las pataletas, protestas, etc. No hay que darle mayor importancia, sino tratarles con dulzura, explicándoles que a veces la tristeza nos hace reaccionar así, que estar enfadados no nos ayuda, pero que les entendemos.

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Factores determinantes en el proceso de duelo (I)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El estudio del proceso de duelo desde la Psicología ha desarrollado teorías que explican tanto el proceso en sí, como sus determinantes. El acercamiento al duelo se hace desde la teoría, que orienta y habla desde la generalidad. Atenderemos cada caso concreto, a cada persona, conociendo las generalidades que explican el proceso. Pero seremos conscientes al mismo tiempo de que cada caso es único y de que  no existen las universalidades en el duelo.

Lo que sabemos acerca del duelo se refiere a la evolución, las emociones, incluso a los procesos mentales implicados. Conocer la teoría nos ayuda a orientarnos dentro del proceso, pero sus matices – el “cómo”- es único en cada doliente. En este artículo nos vamos a acercar a esas “generalidades” para profundizar en el conocimiento del duelo y los factores que lo complican. Pero los trataremos con precaución, como guía y orientación, no como certezas universales.

Esto no quiere decir que el duelo se vaya a complicar inevitablemente solo por poseer un factor de riesgo. Este dato puede alertarnos y explorar más en profundidad un duelo concreto para observar su evolución, así como la influencia de ese factor.

Factores de riesgo y de protección

Existen multitud de circunstancias alrededor de una pérdida y del proceso de duelo que se desencadena posteriormente, que determinan de qué manera se desarrollará previsiblemente el duelo. Dentro de estas circunstancias hay que distinguir entre los factores de riesgo y los factores de protección.

Los factores de riesgo son aquellos que, si están presentes en el doliente, aumentan las posibilidades de que el duelo se complique. Por el contrario,  los factores de protección son aquellos cuya presencia puede facilitar que el duelo se desarrolle sin complicación.

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Si no duele, no hay duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCAsí de simple y así de directo. La palabra “Duelo” proviene del latín “dolus, que significa dolor. Los romanos eran un pueblo culto, reyes de la oratoria y de la retórica. También eran muy hábiles en la nomenclatura, así que del antiguo vocablo latino es fácil deducir que “duelo” implica dolerse.

La intención del título elegido para el artículo de hoy es que sea suficientemente elocuente como para hablar por sí solo. Si tuviésemos que resumir este post en una sola frase, sería esta “No duele: no duelo”.

No existen atajos ni ungüentos que arranquen o eliminen el dolor, tampoco trucos caseros, ni técnicas extraordinarias. La verdad es así de contundente: hay que atravesar el dolor doliéndose para poder elaborarlo.

Si no se afronta, el duelo se complica

Hay personas que, cuando sienten el dolor de la pérdida, les resulta tan agudo, intenso y devastador que prefieren arrinconarlo o inhibirlo. Es natural tratar de evitar el dolor, porque al fin y al cabo huir del dolor y acercarse a lo que le produce placer es una tendencia característica del ser humano. Es así por una cuestión de supervivencia.

Sin embargo, en el caso del duelo esto es distinto ya que, si no se atiende, se enquista. Dolerse es el precio que pagamos por haber amado. Aunque resulte paradójico, el dolor que no se afronta crece, mientras que el dolor al que se hace frente, disminuye, se deshace. Y ésta es una de las máximas del duelo.

Es cierto que existen cuestiones discutibles en función de las distintas teorías que estudian el duelo. Sin duda los diversos fenómenos del duelo pueden interpretarse desde numerosos puntos de vista diferentes, pero en esto hay unanimidad: un duelo que no duele es otra cosa.

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Cómo se lo explico (II): Trabajar la muerte en el aula

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© Malagón

Es muy frecuente que los profesores y orientadores nos planteen numerosas consultas acerca de cómo trabajar la muerte en el aula con sus alumnos, ya que casi ningún aula o colegio es ajeno a la experiencia del duelo entre los estudiantes.

A menudo, si preguntamos a los alumnos de un centro educativo, casi el 90% de ellos ha vivido alguna experiencia de pérdida o muerte de algún ser querido.

Por esta razón, es normal que los centros se preocupen por dar una respuesta adecuada y educativa y -lo que es más importante en estos casos- preventiva, ya que capacitará a los alumnos para responder adecuadamente ante la muerte y les protegerá de los distintos duelos que atravesarán durante sus vidas.

En este artículo proponemos algunas actividades, dirigidas a los más pequeños, para ir trabajando distintos aspectos de la muerte en el aula.

Aprovechar las festividades y las fechas señaladas

 A. Organizar un taller de tarjetas de despedida en el día de Todos los Santos
  • • De esta forma, se trabaja la despedida.
  • • Se ve la muerte como algo natural y cotidiano.
  • • Se enseña que cualquier momento es bueno para despedirse.
  • • Permite hacer una despedida simbólica.
 B. Celebrar Halloween eligiendo disfraces relacionados con la muerte y los muertos
  • • Se vive la muerte como un cambio, no necesariamente dramático.
  • • Se valora el aspecto lúdico de la muerte.
  • • Da la oportunidad de explicar los distintos elementos que rodean la muerte y el motivo por el cual son necesarios.
C. Explicar la caída de los dientes y lo que implica esa pérdida
  • • Se trabaja una pérdida común a todos los niños.
  • • Se trabajan los aspectos que implica ese cambio.
  • • Explicamos que, aunque haya cambios, a veces son necesarios para crecer.

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