Cómo afecta el proceso de duelo a la relación de pareja

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl duelo es un proceso en parte interno y en parte compartido: interno, porque implica un proceso de introspección, de revisión y reconstrucción, guiado por el dolor; y compartido, porque como seres sociales que somos, vivimos en familia, en comunidad, etc.

Lo que vivimos afecta a nuestro entorno y, al mismo tiempo, la manera en que lo vivimos está mediada por nuestro círculo más cercano y por nuestra cultura.

El duelo dentro de la pareja

Cuando tiene lugar una pérdida en la familia, sus miembros inevitablemente inician su proceso de duelo, cada uno diferente, a su manera y con sus peculiaridades. En el ámbito de la pareja, se establecen las mismas diferencias individuales, con la dificultad añadida de que hay que manejar este proceso con la dinámica previa de la pareja y con la carga añadida que suele depositarse en los momentos de dolor.

El duelo por la muerte de un hijo es la primera de las pérdidas que nos viene a la mente cuando pensamos en el duelo conjunto que vive la pareja, pero la muerte de algún familiar cercano o de amigos también desencadena el duelo y, por tanto, el proceso compartido.

Aceptar las diferencias en la vivencia del duelo

A menudo somos testigos de cómo dos personas que ven una misma escena pueden interpretarla de diferente manera e, incluso, pueden explicarla de forma tan dispar que, a veces, parece que han visto escenas distintas.

Con el duelo y la pareja ocurre lo mismo: puede que ambos hayan perdido a un hijo, pero la forma de asumirlo, expresarlo y vivirlo va a ser distinta, puesto que son personas distintas. Y ahí está el reto de la pareja que experimenta una pérdida: en saber entender que el duelo del otro, su forma de expresarlo y vivirlo, es tan válido como el propio.

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El duelo infantil: Cuando enmascaramos el problema

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónA menudo, cuando sobreviene una muerte en la familia, o se prevé el fallecimiento inminente de un familiar enfermo, la tendencia de los adultos es proteger a los niños. Por ejemplo: enviándoles lejos con otros parientes o incluso apuntándolos a alguna actividad de varios días, como un campamento o una granja escuela.

Cuando los adultos anticipamos un fallecimiento y tenemos a los niños cerca, es fácil que pensemos en alternativas que supuestamente los protegen. No queremos que el menor esté presente cuando la persona muere, queremos ahorrarles esa agonía que pensamos que va a pasar la persona enferma.

Por eso, ante la muerte de un familiar cercano, a menudo pensamos que es buena idea proporcionar algo de ocio a los niños y enmascarar una gran parte del dolor que se vive cuando tiene lugar un fallecimiento.

Los niños y la experiencia de la pérdida

Los adultos creemos que ver morir a una persona va a causar a los niños un impacto difícil de superar. También anticipamos que las exigencias y el estrés que rodea a esta situación no nos permitirán atender al niño adecuadamente. Así que buscamos la mejor salida y lo enviamos a casa de otros parientes, a excursiones, a campamentos, justificándolo con excusas como: “Para que no lo vea”, “Que no viva esto”, “Así se distrae”, etc.

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El luto y la superación del duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

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El luto se define como el signo exterior que expresa el dolor por la muerte de un ser querido, viene a ser la manifestación externa del duelo. En cierto modo, el luto regula la manera de vestir de la familia, el grupo o la sociedad durante el período de duelo.

Históricamente, el luto constaba de unas normas muy estrictas sobre la duración del mismo y el modo en que había que vestir o comportarse. Pero, con el tiempo, estas normas se han ido relajando hasta el punto de que, actualmente, no se penaliza socialmente la no observancia del luto estricto. Esto es así desde mediados del siglo XX, aproximadamente.

Cuál es el significado del luto en el duelo

Antiguamente el sentido del luto era identificar a las personas que se encontraban en duelo, para que los demás pudieran mostrar cierta consideración hacia ellas. Al mismo tiempo, le servían al doliente para expresar públicamente su dolor y tener un gesto de respeto hacia el difunto.

Las normas que regían esta costumbre, variables de un país a otro y de una cultura a otra, eran muy estrictas y, durante un tiempo, permitían a los dolientes tener una idea clara sobre lo que se esperaba de ellos.

Espacios necesarios para dolerse

Hoy en día esas normas se han ido desdibujando y la ausencia de reglas concretas al respecto impide a los dolientes adaptarse a la pérdida con un sentido social. La pena y el dolor dejan de vivirse con una perspectiva social o cultural, y ha pasado a tener un sentido individual, relegándose al ámbito privado.

Actualmente el duelo se vive en soledad y, a menudo, el entorno no participa de ello, de ahí la necesidad de crear espacios físicos de terapia que acojan las emociones del duelo y permitan construir normas para cada uno, en torno a las cuales discurre el proceso. Antes, estas normas o ese espacio lo facilitaba el entorno del doliente, o su grupo de referencia, pero ahora mismo la sociedad ha abandonado esa función para delegarla en el psicólogo o en el experto en duelo.

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Herramientas para elaborar el duelo: La caja de recuerdos

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónPor definición, el duelo es un proceso de adaptación y de aceptación. Para elaborarlo es necesario, entre otras cosas, sentir la parte emocional, drenarla y aliviarla. Los rituales y determinadas herramientas pueden facilitar el proceso, ya que actúan como reguladores de la emoción.

El papel de los símbolos en el duelo

El duelo es un proceso en el que son muy importantes los símbolos. Desde el inicio de la civilización, todos los pueblos han recurrido a los ritos funerarios, símbolos y creencias alrededor de la muerte, independientemente de su cultura. Es una necesidad del ser humano a todos los niveles, tanto emocional como existencial.

Nuestro inconsciente, nuestros procesos mentales más complejos se sirven de símbolos para aquello que es casi imposible de verbalizar pero que, sin embargo, necesita ser significado y expresado. Cada vez más a menudo intentamos despojar al duelo de sus señas de identidad, de los rituales y de los hitos que van marcando momentos importantes del proceso. Sin embargo, a nivel emocional necesitamos ceremonias, rituales y símbolos que permitan aliviar el dolor que genera la muerte.

El duelo y los ritos funerarios

Las ceremonias y rituales que se realizan en comunidad tienen una función catártica y social que ayuda a poner en común el dolor y permite que las personas de nuestro entorno también se involucren en nuestra pérdida y la podamos compartir, además de darle un significado más elevado y espiritual.

Hay otra serie de ritos, símbolos y herramientas que cumplen una función emocional más individual. En esta línea, las cartas de despedida, ciertos rituales de despedida o la tarea que trabajamos en este artículo permiten que los procesos emocionales complejos encuentren su manera de ser simbolizados a través de objetos o actos concretos.

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Duelo infantil: Cuando un niño pierde a un ser querido en verano

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEl verano es una época en la que los niños tienen aproximadamente tres meses para hacer muchas cosas. Es común que acudan a campamentos urbanos, o campamentos situados fuera de su lugar de residencia habitual. O que se vayan de vacaciones con su familia, que salgan más, o que tengan mucho más trato con sus iguales y con su familia extensa.

Cuando una pérdida ocurre en verano

En verano también es habitual que se produzcan fallecimientos, algunos esperados y otros más inesperados. Las estadísticas indican que es una época en la que mueren más ancianos. Esto se debe a que sus patologías se agravan por el calor y a que aumenta el número de desplazamientos. Por eso, también es común que haya niños y adolescentes que atraviesan un duelo en verano.

Entre las muertes más habituales que nos encontramos tras el la época estival, o durante la misma, está: la pérdida de un abuelo por un agravamiento de su estado de salud, la pérdida de un progenitor de manera súbita o tras un periodo de enfermedad; o la muerte de un compañero o profesor del colegio.

La vuelta al cole de un menor en duelo

Reincorporarse al colegio tras haber sufrido una pérdida puede ser complicado para un niño o adolescente. Ya sea porque la situación es nueva, porque es inesperada, porque ha provocado muchos cambios, o porque el fallecimiento no se ha comunicado al centro educativo. Así que os vamos a dar algunas pistas que pueden facilitar esa situación:

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