Preguntas para explorar y profundizar en el duelo: ¿Qué necesito?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El duelo es un camino que lleva implícito un trabajo para poder ser recorrido. Es un proceso que no depende del tiempo, sino del “cómo” lo transite cada doliente.

El camino no es recto, ni mucho menos, por eso, a veces el camino pide que el doliente se tome un tiempo para estar en una parte concreta del mismo, quizá profundizando en ella o cogiendo fuerzas para la subida que se aproxima. El camino que atraviesa cada persona es diferente y sólo el doliente sabe en su interior cómo atravesarlo.

La introspección en el duelo

Para poder conectar con esa intuición o inteligencia que “sabe” lo que está bien para cada uno (y que no suele estar totalmente accesible) el doliente comienza un trabajo de introspección, de ir más allá de los mecanismos de defensa que pueden confundirnos, yendo un paso por debajo del miedo o de la tristeza, sentimientos que tienden a orientarnos hacia la negación o hacia algún otro lugar de bloqueo o de poco avance.

Una manera de profundizar en la experiencia del duelo, de ir más allá de lo que automáticamente nos surge desde los mecanismos de defensa, es el trabajo a través de preguntas. Una de las muchas que puede hacerse el doliente y que responde a procesos que se dan el transcurso del duelo, es la que planteamos en este post: ¿Qué necesito? Conectar con la auténtica necesidad y proveernos de lo que necesitamos marca todo un camino.

Las necesidades del doliente tras la pérdida

La necesidad puede ir de lo más concreto y físico -como necesidad de descanso- a la necesidad más amplia, incluso podríamos decir existencial: “Necesito poner límites”. La propuesta de trabajar con preguntas no es quedarnos sólo a nivel racional, es decir, no se trata de contestar con una solución o con lo que más rápido venga a la cabeza.

Además de la inteligencia racional, el ser humano también posee la inteligencia emocional, la intuitiva, la corporal… La propuesta de trabajo con esta pregunta es hacer una pausa y romper con el automatismo de nuestros mecanismos de defensa.

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5 cosas que no debes decir jamás a una persona en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Durante años hemos trabajado ofreciendo terapia a personas en duelo y esto nos ha permitido conocer de primera mano qué expresiones, comentarios o reflexiones sirven de consuelo en los primeros momentos del duelo y cuáles generan desasosiego o simplemente no consuelan en absoluto.

Es normal que cuando acudimos a un funeral o al tanatorio a dar el pésame a un ser cercano que ha sufrido una pérdida, no sepamos qué decir ni qué hacer. A menudo el dolor ajeno nos abruma y decimos lo primero que se nos viene a la cabeza. Sin embargo, existen ciertas expresiones manidas que hacen más daño que bien.

Si tuviéramos que quedarnos con alguna sería con las cinco siguientes:

Sé cómo te sientes

Ya hemos dicho en alguna ocasión que no existe un duelo igual a otro, por lo que resulta complicadísimo que podamos saber qué siente una persona ante una pérdida. Cada pérdida significa cosas diferentes para cada persona y eso debe hacernos deducir que esa expresión es, cuanto menos, falsa y que invita a que el doliente permanezca en silencio.

Lo que realmente parece querer decir esta frase es: “No  hace  falta que me lo cuentes, si ya lo sé yo”, cuando lo que realmente deberíamos fomentar es que la persona se exprese si lo necesita.

No te preocupes, el tiempo lo cura todo

Esa expresión favorece que el doliente permanezca en una actitud pasiva, esperando que el duelo se resuelva con el mero paso del tiempo. El duelo exige una gran implicación de parte del doliente, exige tomar decisiones como si ir o no a terapia, si recoger o no las cosas de la persona que ha fallecido, si pedir ayuda o no…

Esas decisiones son las que van a determinar que el duelo avance o que el duelo se detenga. Lo único que hace el tiempo es poner distancia frente a un hecho que ha supuesto un gran impacto, pero no cura nada.

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El duelo demorado: Qué es y qué actitudes lo causan

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn el proceso de duelo a veces las apariencias engañan. Hay personas que aparentemente están bien -porque no lloran, o porque se han reincorporado enseguida a sus tareas habituales- y puede parecernos que eso significa que están mejor o están recuperándose muy pronto.

En general, el hecho de que el proceso de duelo dure poco se valora como un rasgo de fortaleza y, en cambio, se considera un signo de debilidad que el proceso se prolongue en el tiempo. Parece que la sociedad traduce como una mejoría que no haya signos externos del duelo como el llanto o la apatía y, sin embargo, no lo es.

La necesidad de expresar el dolor

El duelo implica indiscutiblemente dolor: la pérdida produce dolor y no sentirlo puede deberse a que se nos haya fundido la capacidad de sentir, o bien a que nos encontremos ante un duelo demorado o retrasado.

Un duelo retrasado implica que hemos perdido el contexto: aquello que explicaba y daba sentido a que sintiéramos dolor. El hecho de que algo sea normal o no lo sea viene siempre determinado por su contexto. Las situaciones o las reacciones de duelo analizadas de forma aséptica pueden parecer irregulares, pero, si las miramos a la luz de su contexto, cobran un sentido distinto. Es decir: no es normal que te duela un pie pero, si antes te ha caído una piedra encima, sí lo es.

Sentir dolor ante la muerte de un ser querido es normal y casi necesario, independientemente de la forma que adopte ese dolor. Pero comenzar a sentir dolor varios años después de la pérdida de un ser querido nos deja desprovistos del contexto, de ahí que irremediablemente surja la pregunta: “¿Por qué ahora y no antes?”.

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Cuando no sabemos qué decir ante una persona en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Muchas personas se quedan sin palabras cuando se encuentran ante alguien que está sufriendo dolor. Este “vacío de palabras” aumenta si la persona ante quien están ha experimentado la pérdida de un ser querido.

Es común observar esta reacción en tanatorios, en cementerios o en celebraciones religiosas. Nos quedamos mudos, sin palabras, sin saber qué decir. A veces nos preguntan: ¿Qué le puedo decir a una persona que acaba de perder a un ser querido? ¿Cómo puedo consolar a alguien cuyo familiar acaba de fallecer? No existe una respuesta sencilla a esta pregunta.

Cada uno necesita diferentes formas de consuelo

Dado que no existe ni un solo duelo igual a otro, tampoco puede haber una expresión o una frase que sirva por igual a todo aquel que haya vivido una pérdida reciente. Es una de las cuestiones que más preguntas generan en la red, en nuestro blog y en las consultas.

Y sin embargo en este artículo queremos plantear otra pregunta con la esperanza de que proporcione respuesta a la primera: ¿Existe una palabra o conjunto de ellas cuya combinación pueda disminuir, aliviar o calmar el dolor de alguien en duelo?

­­­­La respuesta es taxativamente NO. No existe tal fórmula. Ninguna palabra, por amable o cálida que sea, puede reparar el dolor que produce la muerte de alguien a quién queremos. Las únicas palabras que pueden aliviar a una persona en duelo son las que el propio doliente pronuncia cuando nombra su experiencia y pone palabras a su dolor.

Frases vacías que no ayudan al duelo

Sentimos una gran presión al buscar mentalmente una frase mágica que sirva de bálsamo al doliente. Pero no son las palabras las que curan: es la cercanía, la escucha, los ofrecimientos concretos.

En esos momentos de silencio, de tensión, a veces tenemos la tentación de apagar el dolor, de acallarlo y rompemos el silencio para interrumpir la incomodidad que genera esa situación. En esas ocasiones, puede suceder que recurramos a frases hechas, frases como “Te acompaño en el sentimiento” o  “Sé cómo te sientes”.

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Los miedos del profesional socio-sanitario ante el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

En esta sociedad de la que formamos parte, que siente el dolor y el sufrimiento con aprensión, y que busca distanciarse del dolor propio y ajeno, ¿a qué retos se enfrenta el profesional que trabaja en contacto con el duelo y la muerte?

Parece necesaria una revisión y un trabajo personal por parte del profesional para trabajar en este campo, ya que participa de esta sociedad y está inmerso en dicha corriente de (no) afrontamiento del dolor.

La herramienta más importante del profesional que trabaja con personas es él mismo. Más importante que cualquier técnica o herramienta es que el profesional esté presente (en presencia terapéutica), en autenticidad y consciencia en el momento de la terapia o la consulta.

Hacia la humanización de la atención socio-sanitaria

Entre los profesionales socio-sanitarios (psicólogos, médicos, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, etc.) está surgiendo con fuerza una tendencia a humanizar la salud, a deshacer ese camino que se ha andado en pro de la tecnificación y la medicalización, devolviendo la importancia del contacto humano y abogando por el trabajo interno a cargo del profesional, por la compasión (entendida como la comprensión profunda y como invitación a acompañar al otro) y la empatía.

Parece que este movimiento que surge desde la Medicina, la Psiquiatría, la Psicología… está suponiendo una revolución silenciosa, que va poniendo las semillas para crear en el trabajo terapéutico una forma de relación basada en la humanidad y en el cuidado de calidad.

La importancia de la escucha

Quizá una de las principales tareas que tiene por delante un profesional sanitario es la de parar: parar para poder escuchar y escucharse; para poder tomar conciencia de qué partes de su interior se activan en el encuentro terapéutico con el dolor.

Trabajamos como somos, así que los miedos, las creencias, las emociones, los mecanismos propios de afrontamiento y todo aquello que nos despierta el sufrimiento, la muerte y el dolor en nosotros mismos, van a estar presentes en el momento de la terapia.

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Aptitudes necesarias para ser un buen experto en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEs importante saber qué requisitos debe tener un experto en duelo. Igual que para ser  deportista de élite son necesarias ciertas aptitudes, también hay determinadas habilidades imprescindibles para trabajar como experto en duelo.

Entre estos requisitos o condiciones hay algunos más objetivos, que se relacionan con la formación, mientras que otros tienen más que ver con actitudes que debe tener el experto en duelo.

La formación del experto en duelo

Entre los requisitos relacionados con la formación, es conveniente que el experto en duelo sea licenciado en Psicología o Medicina. No es imprescindible, pero sí muy recomendable. La razón es que la formación en ambas disciplinas permite abarcar aspectos del ser humano que se abordan de manera insuficiente en otras carreras.

La terapia de duelo es una terapia que trabaja con muchos aspectos del ser humano y lo hace de una manera global: trabaja aspectos filosóficos o antropológicos, fisiológicos, emocionales o conductuales. No basta una formación al uso relacionada con un solo aspecto, sino que es conveniente tener una formación integral que permita cubrir, trabajar y revisar todas las áreas del ser humano. No podemos trabajar el duelo de manera aislada, ya que el duelo destapa muchos más aspectos que intervienen en su resolución.

El duelo y su contexto

También es imprescindible una formación en duelo que permita conocer las teorías que explican este proceso, las cifras o estadísticas relacionadas con su incidencia o la prevalencia en distintos individuos en diferentes culturas. Esta información es básica para trabajar con el duelo, porque el ser humano necesita encontrar sentido a las cosas que le ocurren, para poder ordenarlas y gestionarlas.

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El profesional sanitario y su actitud ante la muerte

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn este artículo vamos a centrar nuestra mirada en el profesional socio-sanitario que trabaja cara a cara con el dolor, el sufrimiento y la muerte; en la manera única en que se coloca cada profesional frente al doliente, el enfermo, el familiar, con su mochila de experiencias personales, creencias, carácter y con los condicionantes que marca la cultura a la que pertenece.

Cuando se produce el encuentro entre el profesional sanitario y el doliente -y en la relación que se establece ahí-, cada uno va con una actitud propia con la que filtra el dolor y la muerte. Cada vez se pone mayor interés en la figura del profesional de la salud, debido a la importancia que tiene su relación con el doliente en la elaboración del proceso de duelo.

Empatía y acompañamiento

En la formación reglada de los profesionales sanitarios no se les enseña a estar frente al sufrimiento y el dolor. Sin embargo la atención, el cuidado y el entrenamiento a nivel técnico en el uso de herramientas y procedimientos es tan importante como el entrenamiento del profesional a nivel personal.

El duelo es un proceso profundamente humano, que requiere de un acompañamiento de profunda humanidad. Serán importantes las técnicas y herramientas que pongamos a disposición del doliente, pero no serán efectivas ni movilizadoras si no se sustentan sobre una base de empatía, autenticidad, congruencia y presencia por parte del profesional sanitario.

La relación del personal médico y las familias en duelo

Cada vez se pone más en evidencia la importancia de la actitud de los profesionales sanitarios frente a la muerte y el dolor. Por un lado, por la repercusión que ha demostrado tener la calidad de su relación con el doliente en la elaboración del duelo. Tanto en los momentos previos como posteriores a la pérdida, el papel del personal médico tiene una gran influencia: tanto su relación con el doliente durante la enfermedad u hospitalización del ser querido, como en el momento de recibir las noticias, o en los instantes de muerte y duelo.

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Cuáles son los diferentes tipos de tristeza en el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

© Malagón

Ante la pérdida de un ser querido, las personas suelen experimentar sentimientos de tristeza, pero esta tristeza nunca es la misma. Entender y desmenuzar los matices de este sentimiento en cada ocasión ayuda a aliviarla y a hacer que sea menor.

Emociones comunes en el duelo

La tristeza no es la única emoción posible en el duelo, pero sí la más común. Existen muchos tipos distintos de tristeza: podemos hablar de tristeza, pena o nostalgia y cada una de ellas permite explicar una parte diferente de nosotros mismos y de lo que nos está ocurriendo.

Nuestras emociones nos conectan con la realidad y dan información a nuestro entorno y a nosotros mismos acerca de nuestro propio estado. Rechazarlas supone desaprovechar una ventaja adaptativa y una valiosísima guía.

Diferentes tipos de tristeza en duelo

Existe la tristeza vaga, como difusa: es una tristeza a ráfagas, propia de los primeros momentos del duelo. Es una tristeza hecha a jirones, mezclada con aturdimiento. Está demostrado que las lágrimas tienen un efecto calmante sobre nosotros.

También está la tristeza densa como el alquitrán, profunda e impermeable: ésta es propia del duelo traumático o del duelo agudo, cuando la persona ya es plenamente consciente de la pérdida y de todo lo que implica. Es una tristeza hecha de desesperanza, desolación y amargura. Cuando está presente, es cuando el doliente necesita más apoyo. Puede conducir a la depresión si se mantiene en el tiempo y, veces, requiere medicación. Definirla, nombrarla y ponerle coto permite desmenuzarla y atravesarla más fácilmente.

Tristeza y nostalgia

También está la nostalgia, propia del final del duelo. La palabra “nostalgia” procede de la combinación del término griego “nostos” -que significa retorno” y de “algia”, que significa dolor. Implica sentir tristeza por lo que se ha tenido y se ha perdido, alude a la larga odisea de Ulises y está demostrado que fortalece los lazos con el entorno más cercano y propicia un acercamiento y protección de la persona nostálgica.

La nostalgia cumple pues una función social. Es una tristeza más mansa, más sosegada, más tolerable. Distintos tipos de tristeza nos permiten identificar distintos momentos en el duelo y distintas necesidades por parte del doliente.

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Soluciones infalibles para aliviar el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCAl final de cada una de las sesiones formativas que impartimos en la Fundación Mario Losantos del Campo, siempre hay alguien que pregunta: ¿Cómo puedo ayudar a una persona en duelo? Esta consulta suele repetirse en diferentes ocasiones y ante circunstancias distintas, y la verdad es que suscita mucho interés.

Estos interrogantes reflejan la búsqueda de soluciones infalibles, recetas únicas, que les permitan ayudar a personas que están en duelo. En ocasiones nos lo piden para ayudar a algún conocido y, otras veces, para sí mismos. Durante mucho tiempo nos hemos resistido a ofrecer recetas generales para situaciones particulares. Creemos que es casi imposible que una fórmula general pueda captar la inmensa complejidad de matices del duelo.

El duelo como proceso único

Desde siempre hemos partido de la base de que el duelo es un proceso único y que no existe un duelo igual a otro, y todo eso sigue siendo verdad. No hemos abandonado esta idea y nos ratificamos en que resulta casi imposible afinar en el duelo, sin tener en cuenta las particularidades casi infinitas de cada caso. Pero, al mismo tiempo, es cierto que existen respuestas, o actitudes, o pautas que funcionan siempre.

Estas pautas no sirven para dar una respuesta clínica profesional a la resolución de un duelo complicado, pero sí para aliviar al doliente durante un proceso de duelo sano. Son actitudes o pautas que siempre ayudan a aliviar el dolor, pero hay que tener en cuenta lo limitado de su alcance. No son pautas terapéuticas en el sentido clínico de la palabra, simplemente aligeran el peso del duelo y facilitan que este proceso sea sano.

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La importancia de la escucha activa en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLCUna de las campañas más recientes de Médicos sin Fronteras decía así: “Lo único capaz de salvar a un ser humano es otro ser humano”. No podemos estar más de acuerdo con esta frase.

En lo concerniente a una terapia o al encuentro de una persona con otra que sufre, no existe herramienta más poderosa que el hecho de estar presente y atento, escuchando y acogiendo eso que surge.

Escucha activa frente a escucha reactiva

Normalmente, tendemos a identificar la escucha como un acto pasivo, como si quien escucha se convirtiera en un receptor inerte de lo que le cuentan. La escucha a la que nos referimos hoy tiene que ver con la escucha activa. Esto implica poner intención en entender, empatizar y acoger aquello que se escucha. Implica ir un poco más allá del contenido de las palabras e ir a una profundidad mayor. Cuando escuchamos atentamente a alguien, podemos verle globalmente. Podemos ver más allá de sus palabras.

En general, tenemos una tendencia a la multitarea: mientras escuchamos, conectamos con situaciones vitales parecidas que hemos vivido y a menudo redirigimos la conversación hacia nosotros, o recurrimos a dar soluciones y decir lo que la otra persona debería hacer. Con frecuencia reaccionamos así para suavizar más la angustia que nos invade cuando nos enfrentamos al dolor ajeno, en lugar de responder a la verdadera necesidad de quien nos habla. Sin embargo, la escucha implica un interés autentico por lo que el otro me comunica.

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