Turkana: Un desafío que no cesa

Se cumplen más de quince años desde que pusimos en marcha nuestro primer proyecto de cooperación en una de las regiones más empobrecidas de Kenia: Turkana. Aislada del resto del país por una cordillera montañosa y por el gran lago que le da su nombre, esta región permanece aislada del progreso, mientras que las tribus que la habitan sobreviven tratando de salvaguardar su estilo de vida ancestral frente a amenazas como la explotación petrolífera, la sequía, la pobreza o el cambio climático.

Programa de Salud

Nuestro primer proyecto en Turkana fue pequeño y, al mismo tiempo, una enorme demostración del potencial de cambio que tiene la ayuda humanitaria en esta remota región de Kenia. Las beneficiarias fueron 50 mujeres de Lodwar a las que ofrecimos formación y financiación para que equipasen diez panaderías en diferentes zonas, de manera que pudieran aprender un oficio y mantener a sus familias.

El éxito de esta iniciativa y la enorme necesidad de desarrollo que detectamos en este distrito nos animó a emprender un proyecto aún más ambicioso: la creación en 2007 de un dispensario médico en Todonyang, a fin de proporcionar atención médica a los numerosos asentamientos que pueblan esta región y que hasta entonces se encontraban en una situación muy vulnerable.

Desde entonces, este centro sanitario se ha convertido en la base de operaciones desde la cual trabajamos para mejorar el acceso a la salud de casi 10.000 personas al año. Gracias a nuestra clínica móvil, podemos llegar a las comunidades más alejadas, cuyos habitantes carecen por completo de medios para trasladarse a un hospital en caso de enfermedad grave y que, hasta nuestra llegada, dependían de la habilidad de los curanderos tradicionales.

Un proyecto que cambia vidas

Desde nuestro dispensario hemos trabajado para mejorar el acceso a agua potable de la población de la zona; proporcionamos formación a curanderos y voluntarios locales para que aprendan cómo detectar enfermedades como la polio, el sarampión y el tétanos; coordinamos campañas de vacunación; y, sobre todo, ayudamos a salvar vidas mediante nuestro servicio de traslado urgente a hospitales. Vidas como la de Billa, un niño enfermo de anemia al que logramos salvar con una transfusión urgente de sangre; o la de Cholo, una mujer con tuberculosis pulmonar que pudo recibir tratamiento gracias a nuestra intervención urgente; o Fran, un pequeño que ha podido olvidar su cojera gracias al tratamiento ortopédico que le facilitamos.

Nuestra labor no es fácil: las condiciones de vida de Turkana son extremadamente duras y uno de nuestros desafíos permanentes es la estabilidad de nuestro personal sanitario. Además, la convivencia de las tribus de este territorio a menudo se ve alterada por conflictos provocados por la escasez de agua y pastos. Sin embargo, después de casi dos décadas de trabajo, nuestro dispensario médico se ha convertido en una referencia para todos ellos. La confianza de la población en nuestra labor ha crecido y el impacto de nuestras actividades de sensibilización e higiene es cada vez mayor. El reto de trabajar en esta región es enorme, pero aún lo es más nuestro compromiso con su futuro.

Programa de Educación

Casi al mismo tiempo que nacía nuestro dispensario médico de Todonyang, en 2005 arrancaba nuestra primera guardería en Turkana, el centro de recuperación nutricional de Nayenae, a las afueras de la localidad de Lodwar, donde más de 70 niños sin recursos de entre tres y siete años recibían clases de educación infantil y dos comidas diarias. Fue el primer paso antes de que iniciásemos un proyecto aún más ambicioso: la construcción de una escuela en las cercanías del asentamiento de Kapedor, una zona situada aún más al norte y mucho más necesitada de todo tipo de infraestructuras.

Así, en 2011 abrió sus puertas el Centro Emmanuel de Educación para el Desarrollo, una escuela que no sólo busca ofrecer acceso a una educación básica a la población infantil de Kapedor, sino también reducir los índices de malnutrición, aumentar la incorporación igualitaria de las niñas al colegio y, sobre todo, fomentar el crecimiento económico de la región promoviendo el asentamiento de las tribus en torno a sus infraestructuras educativas, ya que uno de los principales escollos que dificultan el desarrollo de esta zona es el estilo de vida nómada de sus habitantes, cada vez más en riesgo a causa de los grandes cambios que ha experimentado el país en las últimas décadas.

Casi una década después de su apertura, este centro educativo ha acogido a una media de 150 estudiantes al año, beneficiando a alrededor de 8.000 personas. Poco a poco hemos logrado que las familias de Kapedor se impliquen más en la educación de sus hijos, involucrándose activamente en las reuniones con los profesores, enviando a las niñas a clase e incorporando a su estilo de vida las innovaciones que aprenden sus hijos en el colegio en materias como la agricultura, el cuidado del medio ambiente o la racionalización del agua potable.

Pero sin duda uno de nuestros mayores logros tiene nombre y rostro de niña: Alice. Hija de un humilde pastor, fue una de las primeras alumnas que se incorporaron a nuestro centro educativo de Kapedor, donde aprendió a leer y escribir, matemáticas e inglés. Este año, una Alice ya adolescente se prepara para empezar Secundaria después de haberse convertido en la primera niña de su poblado que ha logrado terminar su educación Primaria. Su hito marca un antes y un después en la historia de las mujeres de Turkana y esperamos que, después de ella, muchas niñas más sigan su mismo camino.

Nosotros no dejaremos de trabajar para conseguirlo.

 

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