Un año de pandemia: Nuestra labor médica en Todonyang

Un año de pandemia: Nuestra labor médica en Todonyang

El año de 2020 ha supuesto todo un desafío para los responsables de nuestro dispensario médico de Turkana, al noreste de Kenia. Este pequeño centro médico proporciona atención sanitaria básica a los habitantes de la región de Todonyang y alrededores. Estas comunidades viven en condiciones de pobreza extrema y aislados de los hospitales más próximos debido a la ausencia de infraestructuras y transportes.

El dispensario Príncipe de Paz, que pusimos en marcha hace once años en colaboración con la MCSPA, lleva más de una década trabajando a pleno rendimiento y en 2019 batió su récord de personas atendidas: ayudó a casi 10.000 pacientes. Sin embargo, el estallido de la epidemia mundial de coronavirus en marzo del año pasado vino a interrumpir este crecimiento.

La desnutrición, un mal endémico

Con el fin de prevenir aglomeraciones y contagios, se suspendieron algunas de las actividades del dispensario, entre ellas tres campañas de vacunación contra la polio y la meningitis que tienen lugar anualmente. Así, durante 2020 el número de pacientes atendidos descendió a 6.839 personas, si bien la labor de nuestro equipo sanitario ha sido infatigable.

La mayoría de las consultas que recibimos a lo largo del pasado año fueron causadas por problemas vinculados a la malnutrición, seguido de los cuidados prenatales, derivaciones a hospitales, vacunas e inmunización, maternidad y VIH.

A su vez, nuestra clínica móvil realizó 84 salidas a siete áreas sanitarias diferentes, una de ellas de nueva incorporación: el poblado de Kanamkuny, situado cerca del lago Turkana. Durante estas salidas se ofrecen los mismos servicios que en el dispensario: nutrición, revisión médica mensual, cuidado prenatal, vacunación e inmunización, y atención a personas con VIH.

Los retos al margen de la epidemia

Entre los retos a los que debemos hacer frente de cara al futuro está seguir mejorando las instalaciones y los servicios del dispensario, y asegurar la estabilidad de la plantilla que trabaja en él, ya que al tratarse de una zona de trabajo muy dura e inhóspita, el personal sanitario no suele permanecer mucho tiempo.

Durante 2020, el aislamiento territorial que históricamente ha perjudicado al desarrollo de Turkana ha demostrado tener un lado positivo: el impacto de la pandemia de Covid-19 ha sido relativamente leve en comparación con otras zonas de Kenia, aunque no por ello hemos relajado las medidas de prevención. Todo lo contrario: hemos intensificado las charlas sobre higiene para concienciar a las tribus locales, mientras esperamos a que la vacunación contra el Covid-19 comience por fin a implantarse en África.

 

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