Vidas cambiadas en Malaui: La historia de Mary

Vidas cambiadas en Malaui: La historia de Mary

A través del conmovedor testimonio de Mary, una de las beneficiarias de nuestro programa de asistencia a ancianos en Benga, queremos acercaros a la labor humanitaria que llevamos a cabo en esta comarca de Malaui.

«Hace muchos años, mi marido y yo nos mudamos a Benga. Dejamos atrás a nuestros parientes y, buscando tierras más fértiles, nos establecimos en el poblado de Mtambe. Los años fueron pasando, tuvimos once hijos, pero tan solo uno sobrevivió, aunque por desgracia tiene problemas con el alcohol y sus visitas son escasas. Ahora ya somos mayores y débiles, y solo tenemos un pequeño terreno para labrar. Gracias a la ayuda del proyecto de Asistencia a Ancianos, los alimentos y cuidados que recibimos nos mantienen fuertes y, desde que nos disteis un nuevo hogar, ya no dormimos sobre el suelo húmedo.

El pasado mes de noviembre estuve varios días muy enferma. Sin dinero y sin nadie a quien acudir, ninguna de las hierbas tradicionales que probé funcionaron. Toda la gente de mi entorno pensó que no saldría adelante. Mi esposo estaba desconsolado y lloraba  al ver que mi estado se agravaba y que parecía a punto de morir. Como no tenemos teléfono, ni ningún medio de comunicación moderno, él le pidió ayuda a un vecino, y éste caminó kilómetros y kilómetros para informaros de que vuestra amiga (yo) se estaba muriendo.

Inmediatamente enviasteis un vehículo para trasladarme al hospital. Mis vecinos no creían que valiera la pena, ya que me consideraban “incurable”, pero vosotros nunca os disteis por vencidos. Me visitasteis y cuidasteis durante mi hospitalización. Y, varios días después de recuperarme, os encargasteis personalmente de llevarme de vuelta a casa. Ese día, di gracias a Dios por prolongar mi vida a través de vosotros, deseo que bendiga a todos aquellos que apoyan vuestra gran labor.

Como si eso no fuese suficiente, os pedí una bolsa de fertilizante y también me disteis el dinero que necesitaba para adquirirlo. A medida que me iba recuperando lentamente, mi marido y yo labramos el terreno, usamos el abono y cultivamos maíz. Hoy me alegra contaros que hemos conseguido cosechar 15 sacos de maíz (750 kg) y hemos decidido regalaros dos de ellos y una gallina. Podéis utilizar una parte en vuestra misión y el resto destinarlo a salvar otra vida, como hicisteis conmigo. De no ser por vuestro programa y vuestras acciones, seguramente no habría sobrevivido ni tendríamos esta cosecha.

Que Dios os bendiga».

 

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