Si no duele, no hay duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCAsí de simple y así de directo. La palabra “Duelo” proviene del latín “dolus, que significa dolor. Los romanos eran un pueblo culto, reyes de la oratoria y de la retórica. También eran muy hábiles en la nomenclatura, así que del antiguo vocablo latino es fácil deducir que “duelo” implica dolerse.

La intención del título elegido para el artículo de hoy es que sea suficientemente elocuente como para hablar por sí solo. Si tuviésemos que resumir este post en una sola frase, sería esta “No duele: no duelo”.

No existen atajos ni ungüentos que arranquen o eliminen el dolor, tampoco trucos caseros, ni técnicas extraordinarias. La verdad es así de contundente: hay que atravesar el dolor doliéndose para poder elaborarlo.

Si no se afronta, el duelo se complica

Hay personas que, cuando sienten el dolor de la pérdida, les resulta tan agudo, intenso y devastador que prefieren arrinconarlo o inhibirlo. Es natural tratar de evitar el dolor, porque al fin y al cabo huir del dolor y acercarse a lo que le produce placer es una tendencia característica del ser humano. Es así por una cuestión de supervivencia.

Sin embargo, en el caso del duelo esto es distinto ya que, si no se atiende, se enquista. Dolerse es el precio que pagamos por haber amado. Aunque resulte paradójico, el dolor que no se afronta crece, mientras que el dolor al que se hace frente, disminuye, se deshace. Y ésta es una de las máximas del duelo.

Es cierto que existen cuestiones discutibles en función de las distintas teorías que estudian el duelo. Sin duda los diversos fenómenos del duelo pueden interpretarse desde numerosos puntos de vista diferentes, pero en esto hay unanimidad: un duelo que no duele es otra cosa.

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Cómo se lo explico (II): Trabajar la muerte en el aula

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© Malagón

Es muy frecuente que los profesores y orientadores nos planteen numerosas consultas acerca de cómo trabajar la muerte en el aula con sus alumnos, ya que casi ningún aula o colegio es ajeno a la experiencia del duelo entre los estudiantes.

A menudo, si preguntamos a los alumnos de un centro educativo, casi el 90% de ellos ha vivido alguna experiencia de pérdida o muerte de algún ser querido.

Por esta razón, es normal que los centros se preocupen por dar una respuesta adecuada y educativa y -lo que es más importante en estos casos- preventiva, ya que capacitará a los alumnos para responder adecuadamente ante la muerte y les protegerá de los distintos duelos que atravesarán durante sus vidas.

En este artículo proponemos algunas actividades, dirigidas a los más pequeños, para ir trabajando distintos aspectos de la muerte en el aula.

Aprovechar las festividades y las fechas señaladas

 A. Organizar un taller de tarjetas de despedida en el día de Todos los Santos
  • • De esta forma, se trabaja la despedida.
  • • Se ve la muerte como algo natural y cotidiano.
  • • Se enseña que cualquier momento es bueno para despedirse.
  • • Permite hacer una despedida simbólica.
 B. Celebrar Halloween eligiendo disfraces relacionados con la muerte y los muertos
  • • Se vive la muerte como un cambio, no necesariamente dramático.
  • • Se valora el aspecto lúdico de la muerte.
  • • Da la oportunidad de explicar los distintos elementos que rodean la muerte y el motivo por el cual son necesarios.
C. Explicar la caída de los dientes y lo que implica esa pérdida
  • • Se trabaja una pérdida común a todos los niños.
  • • Se trabajan los aspectos que implica ese cambio.
  • • Explicamos que, aunque haya cambios, a veces son necesarios para crecer.

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Superar el duelo: cuándo pedir ayuda

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLC

Lo primero que explica la definición del duelo es que se trata de un proceso normal. Y con normal nos referimos a que es esperable y sano que exista dolor y tristeza, tras el fallecimiento de una persona a la que hemos estado vinculados.

Es imposible no sentir cierto nivel de dolor cuando fallece alguien de nuestro entorno, por lo que es perfectamente normal  que, tras la muerte, se desencadene el duelo.

Aunque es un proceso natural, como todo proceso, puede complicarse. Lo más habitual es que el duelo se afronte sin necesidad de ayuda profesional especializada, pero si no sigue el curso esperado (duelo complicado) e interfiere en el funcionamiento de la persona, comprometiendo su salud, la psicoterapia especializada en duelo resulta imprescindible.

Cómo saber que un duelo se ha complicado

Pistas que pueden ayudarnos a saber cuándo solicitar ayuda  a un profesional especializado:

  • • Sentirse bloqueado en el proceso.
  • • Sensaciones físicas vagas, difusas, o parecidas a las que experimentaba el fallecido durante un periodo de tiempo • largo (Somatizaciones contrastadas médicamente).
  • • Sentirse incapaz de afrontar la vida sin el fallecido.
  • • No sentir nada.
  • • Dificultad para asumir la realidad de la muerte.
  • • Sentir una emoción muy intensa al hablar del fallecido, aun habiendo pasado al menos seis meses después de su muerte.

Diferencias entre duelo normal y complicado

Como hemos comentado en post anteriores, la diferencia entre duelo normal y duelo complicado viene en gran parte delimitada por la intensidad y duración de las manifestaciones del duelo.

Esta distinción a menudo resulta muy difícil de matizar: por un lado, debido a la confusión que existe a nivel académico con respecto a la definición de duelo complicado; y por otro, a que el duelo normal y el complicado se mueven en un continuo de intensidad, por lo que su diferenciación es compleja.

El diagnóstico y diferenciación entre duelo normal y complicado ha preocupado desde hace años a los investigadores de este proceso, siendo este tema fuente de reflexión y de estudio para muchos autores relevantes. Prigerson es uno de los que más han investigado la delimitación de los criterios de duelo complicado. Como resultado se ha desarrollado un Inventario de Duelo Complicado* para facilitar al profesional el diagnostico de duelo complicado.

Cuándo buscar ayuda psicológica para el duelo

La adaptación española del inventario de duelo complicado de Prigerson la han realizado Garcia, Landa et al., que elaboran una serie de criterios para la delimitación del duelo complicado que ponemos a continuación:

● Criterio A: Estrés por la separación afectiva que conlleva la muerte.

Presentar, cada día o en grado acusado, 3 de los 4 síntomas siguientes:

1) Pensamientos intrusivos -que entran en la mente sin control- acerca del fallecido.

2) Añoranza -recordar su ausencia con enorme y profunda tristeza- del fallecido.

3) Búsqueda -aún sabiendo que está muerto- del fallecido.

4) Sentimientos de soledad como resultado del fallecimiento.

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Cuánto dura el duelo: ¿De verdad el tiempo lo cura todo?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCTodos disponemos de mapas de la realidad, creados por nosotros mismos para adaptarnos al mundo en el que vivimos. Se trata de creencias concretas sobre la vida, que asumimos como ciertas y que nos permiten dar sentido a lo que nos sucede.

Estos esquemas que tenemos de la realidad son atajos que nos permiten tomar decisiones de manera más ágil. De otro modo, si tuviéramos que conocer todos los datos acerca de una realidad concreta para poder tomar una decisión, eso nos ralentizaría y bloquearía nuestras acciones de manera fulminante.

Así pues, contar con dichos mapas de la realidad -aunque a veces no se correspondan enteramente con ella- es positivo y nos facilita la vida. Lo que ocurre es que, igual que unas veces agilizan nuestra toma de decisiones, en otras ocasiones nos hacen cometer errores. Esto es así en todos los ámbitos de la realidad (conocer a alguien nuevo, empezar a trabajar…) incluido el proceso de duelo.

Falsas creencias sobre el duelo

Algunas de estas ideas o creencias acerca del duelo, muy extendidas culturalmente, pueden dificultar la resolución del mismo, ya sea porque lo intensifican o lo alargan. Hoy examinaremos alguna de esas creencias, para poder cuestionarlas y analizar su validez, con el único propósito de evitar bloqueos en un proceso que está llamado a resolverse de una manera casi espontánea.

Éstas son algunas de las ideas o creencias erróneas más comunes sobre el duelo:

  • • “El tiempo lo cura todo”.
  • • “Hay que ser fuerte”.
  • • “Si no lo superas, no dejas descansar al fallecido”.
  • • “Los que estamos aquí necesitamos que estés bien”.
  • • “Él/ella no querría verte así”.
  • • “Es mejor no pensarlo”.

Hoy profundizaremos en la primera de ellas: “El tiempo lo cura todo”. Se trata de una de las creencias másextendidas y es habitual escucharla al menos una vez en la vida: el paso del tiempo como solución o remedio frente al dolor.

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El duelo infantil: Cómo explicar a un niño que su padre o madre va a morir

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónHoy hablaremos de uno de los momentos más difíciles para cualquier familia: cómo explicar a los niños que su padre o su madre va a morir. Hemos decidido abordar este escenario porque, aunque duro, sucede con una frecuencia mayor de lo que nos imaginamos.

Este tema es complejo porque, además del impacto que genera a los adultos el hecho de pensar que vamos a perder a nuestro cónyuge, a esto se unen las numerosas dudas sobre nuestro futuro familiar que nos plantea esta situación y el problema de explicárselo a los hijos. Por esta razón, en este artículo nos ceñiremos únicamente a las explicaciones que podemos dar a los niños en esos momentos en que la muerte se hace inminente.

Cómo comunicar una situación grave a los niños

Cuando recibimos la noticia de que el fallecimiento es inminente, en primer lugar es necesario tranquilizarse: los niños responden a nuestros estados de ánimo. Si no queremos generarles un impacto mayor, es conveniente que intentemos transmitir la información lo más objetivamente posible y con la mayor serenidad de la que seamos capaces.

Tranquilizarse no implica esconder nuestras emociones: hay que dejar que el niño las vea, no conviene ocultarlas. No existen emociones buenas ni malas, simplemente hay emociones. El único problema es que, si nuestros sentimientos son muy intensos, el niño podría asustarse o impregnarse de nuestra emoción. Por esta razón, es conveniente tranquilizarse y expresar las emociones de manera serena.

La rutina durante el duelo infantil

En esta situación, también es fundamental que nos organicemos para no cambiar los hábitos o rutinas de los más pequeños: debemos garantizarles que todas sus necesidades y actividades estarán igual de cubiertas que antes de la enfermedad.

En principio, lo ideal es que sea uno de los padres quien les ayude en su rutina diaria. Pero, si esto no es posible, es recomendable recurrir a personas cercanas de nuestro entorno, en las que los niños confíen, de modo que no noten los cambios que iremos preparando de manera gradual.

Cómo explicar la enfermedad de un padre

En necesario transmitir la información de forma adecuada para que los niños entiendan la situación. Hay que explicarles que el proceso es irreversible, es decir, que papá o mamá está muy muy malito, tanto que no es posible que se pueda recuperar.

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Cómo acompañar a una persona durante su duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLCEn este artículo nos centraremos en cómo acompañar al doliente, una vez que ha pasado un tiempo desde la pérdida: cuando ya ha afrontado el duelo inmediato, la persona en duelo comienza a darse cuenta de la realidad de la pérdida y vuelve a retomar su rutina.

Esta etapa se conoce como duelo agudo. Acompañar a alguien de nuestro entorno que haya sufrido una pérdida puede resultar difícil a la hora de saber cuál es la mejor manera de ayudarle, qué decir y qué no decir.

Cómo atender el duelo agudo

La barrera fundamental a la que nos enfrentamos cuando estamos al lado de una persona en duelo y queremos ayudarle son nuestros propios miedos: miedo al dolor, a la muerte, a no saber qué decir o qué hacer, miedo a hacer más daño, etc.

Acompañar a alguien en duelo supone centrarse en el otro y colocarse al lado del que sufre, sabiendo que no tenemos la capacidad de liberar mágicamente el dolor de nadie. Pero sí podemos ofrecer una ayuda fundamental escuchando, interesándonos, ofreciendo ayuda concreta y respetando el proceso del otro.

Cómo consolar a una persona en duelo

La primera de las ayudas básicas que podemos proporcionar a alguien que está en duelo es ofrecerle nuestro interés y nuestra apertura a la comunicación; mostrarnos interesados y abiertos a lo que la persona quiere compartir. Es importante ser conscientes de que nada de lo que podamos decir va a aliviar instantáneamente el dolor de la persona.

El duelo duele y que exista dolor es parte inherente del proceso. Escuchar realmente a alguien que está sufriendo, estar a su lado de forma auténtica, con cariño y cuidado es una ayuda fundamental y de gran valor. Si no se sabe qué decir, es mejor no decir nada. Reconforta más un acompañamiento en silencio o una mano en el hombro que una frase hecha.

La escucha en el duelo

Se suele menospreciar el poder de la escucha y del acompañamiento, como si no fuera suficiente. Sin embargo, estar al lado de alguien que sufre, validar con nuestra atención todo aquello que está viviendo, le ayudará a andar el camino del duelo. Permitir al doliente poner palabras al dolor, expresarse con el llanto o el enfado, o compartir cómo está afrontando su pérdida le va a ayudar a elaborar las tareas del duelo de una manera casi espontánea.

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Superar el duelo: Cómo atender al doliente en los primeros días

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEn este artículo abordamos cómo atender el duelo agudo o inmediato, cuando ha pasado muy poco tiempo desde el fallecimiento de un ser querido. Ya hemos comentado que el duelo es un proceso relativamente largo, que tiene una duración imprecisa y una intensidad que varía de una persona a otra, ya que no existe una única forma de vivir el duelo, ni tampoco una sola manera de elaborarlo correctamente. Nuestras recomendaciones, directrices o consejos están basados en nuestra práctica clínica, pero no tienen un alcance universal.

A lo largo del duelo hay etapas diferenciadas y comúnmente aceptadas por los teóricos de este proceso. Existe una primera etapa -el momento inicial- que comprende desde que se produce el fallecimiento hasta pasadas las 24 primeras horas, e incluso la primera semana. Esta etapa se conoce como “duelo inmediato”.

El duelo inmediato y el bloqueo

El duelo inmediato es un momento de mucha incertidumbre y aturdimiento. En este contexto puede surgir el bloqueo, que es uno de los mecanismos que utiliza el ser humano para protegerse de una realidad tan dolorosa y tan inverosímil como la pérdida de un ser querido.

El bloqueo se caracteriza por la inmovilidad. Es como si de algún modo el tiempo, el mundo entero, se detuviera. Por ejemplo, en los funerales, o en un tanatorio, es habitual observar cómo las personas más allegadas al difunto caminan más despacio, sin energía.

En estos primeros momentos, en que la muerte resulta increíble y todo parece tan difícil de entender, lo fundamental es atender las necesidades más básicas del doliente, ya que a menudo el trabajo que implica elaborar el duelo absorbe toda la su energía. Por esta razón, es probable que las actividades cotidianas que antes resolvía y gestionaba con facilidad ahora le supongan exigencias inalcanzables.

Cómo atender el duelo agudo

En estos momentos, lo fundamental es asegurarse de que el doliente va a comer correctamente, dormir y descansar lo necesario, así como garantizar que se sienta acompañado. Cualquier tipo de ayuda que le queramos brindar deberá ir encaminada a cubrir una de estas necesidades.

Se trata de ayudarles en tareas simples, como por ejemplo hacerles la compra durante una temporada, o programar sus comidas, acompañarles al médico, preguntarles si están descansando suficientes horas; o bien ayudarles a tramitar una baja en caso de que sea necesario.

Ésta es una oportunidad para demostrarle a alguien que seguimos ahí y que puede contar con nosotros. También es posible ayudarle gestionando los trámites que se ponen en marcha cuando alguien fallece: certificados de defunción, avisos al seguro, trámites de notaría, etc. Y si esto resulta útil, pasemos a enumerar una serie de cosas que conviene no hacer a la hora de tratar con una persona en duelo.

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¿Llevo a mi hijo al tanatorio, al entierro y al funeral?

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEl dilema de si los niños deben participar en los ritos de despedida tras la muerte de un ser querido (ir al tanatorio, a un velatorio, al entierro o a un funeral) es uno de los que más preocupan a los padres, cuando se enfrentan a una muerte en la familia y tienen que tomar decisiones sobre algunas de estas cuestiones:

  • • ¿Es bueno que mi hijo vea en el hospital a la persona enferma? ¿Puede traumatizar al niño ver a una persona que va a morir?
  • • ¿Deben los niños despedirse de esa persona antes de morir?
  • • ¿Llevo a mi hijo al tanatorio?
  • • ¿Dejo que el niño vaya al entierro?
  • • ¿Traumatizará al niño la visita al tanatorio?

A veces es muy difícil tomar este tipo de decisiones sobre los niños. Es normal que nos planteemos si están preparados para tener este tipo de experiencias, e incluso si éstas podrían impactarles o “traumatizarles”, ya que normalmente nos guiamos por lo que nos impacta a los adultos y la muerte lo hace.

En este artículo vamos a tratar de ofrecer varias pistas que sirvan de orientación para tomar una buena decisión en este tipo de situaciones.

¿A qué edad pueden participar los niños en los ritos funerarios?

No existe una edad mejor que otra, pero, para que puedan entender los rituales que existen en torno a la muerte, los expertos consideran que a partir de los 6 años los niños pueden participar plenamente en cualquier ritual.

Si vamos a ir a un hospital, hay que explicarle con detalle al niño lo que va a ver, cómo son, cómo va a encontrar al enfermo, etc. Si no se lo explicamos con cuidado sí podríamos impactarles. Las explicaciones deben ser completas y sencillas, para facilitar que el niño anticipe lo que va a ver.

A continuación os proporcionamos varios ejemplos de explicaciones posibles:

–  “Tiene oxígeno, eso quiere decir que lleva una mascarilla que le ayuda a respirar, porque al estar tan malito ya no puede respirar solo. El oxígeno se lo proporciona una máquina que hace mucho ruido, así que no te asustes”.

–  “Vas a ver que tiene unos tubos en la garganta que le ayudan a respirar y tiene los ojos cerrados. No va a poder hablarte ni contestar, pero tú puedes hablarle”.

–  “Hay unas máquinas que hacen mucho ruido, a veces pitarán, esas máquinas miden los latidos de su corazón y su temperatura, porque los médicos necesitan esa información. Tienes que tener cuidado, porque hay muchos cables en esas máquinas que van hasta el pecho, el cuerpo, las manos… y a lo mejor puedes tropezarte. Pero no te preocupes, que yo voy a estar contigo y vamos a ir con cuidado”.

– «Cuando entres, verás que hay unas bolsas de líquido que van a su brazo: es la alimentación y las medicinas. Cuando uno está muy malito, lo mejor es que se las pongan directamente en las venas, pero aunque te pueda parecer que hace daño, no duele”.

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Las tareas del duelo: Andando el camino

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Hemos hablado del duelo como el camino que se abre y se va recorriendo cuando fallece alguien querido, pero, ¿en qué consiste realmente este proceso?

El proceso de duelo consiste en ir afrontando y elaborando una serie de tareas que describen, concretan y ponen nombre a las distintas facetas que supone la readaptación al mundo, tras el fallecimiento de quien estaba en nuestra vida.

El proceso de duelo supone para el doliente ir reelaborando desde su día a día sus valores más profundos. Es un proceso de dentro hacia fuera y de fuera hacia dentro: cómo es ahora el mundo para el doliente y cómo se ve ahora el doliente en el mundo con la certeza de la ausencia.

Las tareas que el doliente necesita resolver para elaborar el duelo y que Worden describe, son las siguientes:

1ª tarea:  Aceptar la realidad de la pérdida

Por muy esperada que sea, toda muerte conlleva una sensación de irrealidad. Esta tarea consiste en asimilar completamente lo que implica la muerte, tanto a nivel racional (sé que la persona ha muerto y no va a volver) como emocional (sé que ha muerto y lo acepto).  Tiene que ver con darse cuenta de que la persona está muerta y no va a volver, con aceptar que eso es así. La aceptación consiste en asumir que la realidad es la que es. No quiere decir que nos guste o que estemos de acuerdo.

Evitar esta tarea no protege del dolor que supone vivir sin el fallecido. Aceptar que el fallecido ya no va a volver es una idea dolorosa, a veces casi tan grande que parece que no nos entra en la cabeza, pero permanecer a la espera de una vuelta que no se va a producir es, si cabe, una idea aún más angustiosa.

Dejar intacta la habitación del fallecido, continuar hablando en presente de él o recoger todas sus pertenencias tras la muerte indica un bloqueo de esta tarea.

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Preguntas sin respuesta (II): ¿Hasta cuándo nos duele el duelo?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCTras la pérdida de un ser querido y, a la hora de superar la pérdida, mucha gente se pregunta: “¿Cuánto dura el duelo?” o “¿Hasta cuándo me voy a sentir así?”.

Hay incluso quien se plantea la siguiente cuestión: “¿Termina alguna vez el duelo?”.

Cuánto dura el duelo

Los estudios afirman que, de media, el duelo puede durar entre uno y dos años. Casi todos ellos coinciden en que lo que ocurre en los tres primeros meses tras el fallecimiento del ser querido es normal. Es el caso del Inventario de Duelo Revisado de Texas, que se aplica a mayores de 14 años cuyo ser querido ha fallecido en un período no inferior a 3 meses ni superior a 3 años.

Sin embargo, esta herramienta no es un instrumento clínico en sí mismo y, por lo tanto, tan sólo mide duelo a secas, mide la intensidad de un duelo sano, pero no discrimina entre duelo patológico y duelo normal. De todas formas, existen otras herramientas terapéuticas para medir el duelo, entre las cuales resulta fundamental la entrevista clínica. El mismo Worden habla de la existencia de doce pistas, o síntomas, del duelo complicado que pueden ser valoradas por el profesional y son indicativas de duelo patológico.

La voluntad del paciente en el duelo

No hay que olvidar, por otro lado, que la duración del duelo tiene que ver con una decisión personal. Casi siempre hay momento en el proceso de duelo, y especialmente en terapia, en el que el paciente debe averiguar si quiere seguir estando en duelo o no. No está en nuestras manos decidir cuándo morirán nuestros seres queridos, pero sí lo está decidir si se consulta o no a un especialista, si se acude o no puntualmente a las sesiones, o qué hacer con las cosas que pertenecían al fallecido.

Este hecho, que la continuidad del duelo dependa de nuestra decisión, permite recobrar en cierta medida la sensación de control que se pierde con la muerte de un ser querido, porque el duelo está trufado de pequeñas y grandes decisiones, de cuyo resultado depende que el duelo progrese o se enquiste. Así que, en rigor, conviene aclarar que los plazos de duración del duelo son meramente orientativos y que no podemos saber exactamente cuánto dura, ya que esto depende enormemente de la decisión que adopte cada uno.

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