Los profesionales socio-sanitarios y el acompañamiento en duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLCEn el artículo de hoy vamos a poner el foco de atención en el acompañamiento y en las acciones incluidas en este tipo de intervención que pueden facilitar el buen desarrollo del duelo. Dependiendo del momento en que una persona en duelo contacte con el profesional socio-sanitario, éste intervendrá de una de las siguientes maneras:

  • Terapia: La meta de la terapia es identificar y resolver los conflictos que imposibilitan la realización de las tareas del duelo en personas cuyo duelo no aparece, se retrasa, o es excesivo o prolongado, es decir: cuando se trata de un duelo complicado. La terapia la realizará un psicólogo experto en duelo.
  • Asesoramiento: La meta del asesoramiento es facilitar la resolución de las tareas del duelo reciente, para que el proceso finalice con éxito. El asesoramiento lo llevan a cabo profesionales socio-sanitarios formados en duelo. También existen lugares donde esta responsabilidad corre a cargo de voluntarios que han atravesado circunstancias similares.
  • Acompañamiento: La meta del acompañamiento es permanecer al lado de la persona doliente que recientemente ha perdido un ser querido, escuchar su dolor y validarlo. Dar tiempo para la expresión emocional. Esta tarea la realizan los profesionales que están en contacto puntual con personas en situación de duelo agudo, como el personal de los tanatorios, profesionales de urgencias, etc.

La escucha, fundamental en el acompañamiento en duelo

La labor fundamental que va a llevar a cabo la persona que realice acompañamiento en duelo va a ser la escucha. Puede parecer que escuchar el dolor de alguien o estar a su lado no es suficiente, pero la escucha atenta, sin juicio y realizada con interés resulta una ayuda fundamental que se puede prestar al doliente durante la fase de duelo agudo.

En los primeros momentos de duelo, es importante que el profesional que esté en contacto con el doliente tenga en cuenta que, al principio, lo que domina en la respuesta de duelo son los mecanismos de defensa. Por esta razón, lo que aparezca en esos momentos iniciales (bloqueo, culpa, llanto, negación, etc.) forma parte de la primera respuesta que puede dar la persona.

Cómo comunicar la muerte de un ser querido

Puede ser que el primer contacto con el doliente se produzca en el momento de tener que darle la noticia del fallecimiento. Resulta fundamental dar esta información con cuidado, tomándose tiempo. Podemos poner en antecedentes a la persona si, por ejemplo, ha sido una muerte inesperada. O preguntarle cuándo fue la última vez que la vio, empezar a utilizar los verbos en pasado, etc. Así le daremos tiempo para ir procesando poco a poco la noticia que vamos a darle.

Para que el impacto sea menos intenso puede ayudar quedarse al lado de la persona o, si lo permite, reconfortarle con gestos físicos como ponerle una mano en el hombro, tomarle la mano, etc.

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Afrontar la sensación de injusticia tras la muerte de un ser querido

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLC

Es común a casi todos nuestros pacientes que, en algún momento de la terapia, tienen que afrontar la sensación de injusticia por la muerte de un ser querido, manifestando que la persona que han perdido todavía tenía mucho por vivir.

No entienden por qué ha tenido que ser ahora, lo hubieran entendido más adelante, pero no ahora. Y es que generalmente la muerte nos pilla de improviso, incluso en los casos en los que se trata de una muerte anunciada: mantenemos la esperanza de que ocurra algo que cambie el destino.

Pocas personas tienen asumida la muerte como parte de la vida. Y es que, al vivir en una sociedad que vive de espaldas a la muerte, encontrársela de golpe nos rompe los esquemas que manejamos sobre nuestra existencia.

Aprender a aceptar la muerte

En un primer momento, tratamos de acoger y acompañar el dolor y la impotencia que produce esa muerte, porque es importante ponerse en contacto con esas emociones para liberarlas.

Sin embargo, casi siempre llegan a la sesión en la que les decimos que ésas son las normas de la vida: pueden parecer terribles, pero son las normas del mundo en el que vivimos, son así para todos y rebelarse contra ellas sólo produce más sufrimiento. Aunque parezcan obviedades, les explicamos que quien ha muerto es porque ha vivido y que todo el que está vivo va a morir.

La sensación de pérdida de control en el duelo

El contacto con la muerte nos produce un shock que hace tambalear los cimientos sobre los que se asientan nuestras creencias. Hemos desnaturalizado tanto la muerte, que a veces nos puede parecer irreal, que les pasa a los otros. Mantenemos la tesis de que la muerte viene con los años, o con la imprudencia, y que si mantenemos una vida saludable moriremos ancianos.

Sin embargo, lo cierto es que vivimos en un mundo azaroso donde no podemos controlar todos los factores que pueden influir en la muerte. Vivir una vida saludable es mejor para que los años que se vivan tengan la mayor calidad posible, pero no garantiza que la muerte desaparezca.

Compartimos con nuestros pacientes la idea de que lo ideal sería morir muy ancianos pero, por desgracia, esto no siempre es posible. Asimilar e integrar esto en nuestra vida nos libera de una lucha desigual que no vamos a ganar nunca.

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El duelo en adolescentes: Cuando se muere el amigo de mi hijo

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© Malagón

Es muy frecuente que durante la adolescencia se produzcan fallecimientos significativos en el entorno del menor. Hace unas semanas hablábamos de cómo atender el duelo en adolescentes. Sin embargo, hay una pérdida que marca un antes y un después en la vida de un adolescente: la pérdida de uno de sus mejores amigos.

Los adolescentes son seres sociales. El grupo de amigos es uno de los pilares más importantes para su desarrollo, las opiniones de los amigos “van a Misa”, todos tienen unos gustos parecidos, un estilo similar, comparten confidencias, etc. Dentro del grupo de amigos siempre hay alguno que destaca por intimidad, al que normalmente el menor se siente muy unido, es con quien más confidencias comparte y a quien busca para pedir opinión.

Qué supone la muerte de un amigo para un adolescente

Hoy en día una amistad íntima entre adolescentes implica que pasan horas chateando por whatsapp, hablan por Facebook y Tuenti, y se etiquetan en todas las fotos porque comparten planes. En definitiva, los padres opinan que parecen gemelos o clones.

Así que resulta fácil imaginar lo que supone la pérdida de un amigo para un adolescente, a grandes rasgos:

  • –  Pérdida de un confidente.
  • –  Pérdida de un referente.
  • – Disminución de la comunicación con sus iguales: En muchas ocasiones su amigo era la principal comunicación, llegándole a dedicar tanto tiempo que se produce el aislamiento social con otros iguales. Los adolescentes viven por y para sus amigos
  • – Culpa por todo lo que no se le dijo, o por todo lo contrario. Ya sabemos que los adolescentes a veces tienen relaciones tortuosas, un día están bien y al otro mal, y lo mismo pasa con los amigos que un día son “lo mejor” y otro “lo peor”, así que ante una pérdida se pueden dar ambas situaciones: lo que ha quedado por decir o lo que se dijo y no se reparó… Al final, la conclusión a la que llega el adolescente es la misma: ¿Sabría mi amigo la verdad?
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¿Quién marca el ritmo en la evolución del duelo?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Existen multitud de suposiciones, teorías y creencias extendidas en la sociedad acerca de cómo se desarrolla el duelo y sobre los factores que intervienen y determinan su evolución.

Es frecuente atribuir al tiempo la evolución y la resolución del duelo. Ya hemos comentado en artículos anteriores que el tiempo no desempeña un papel curativo en este proceso, sino que pone distancia sobre el hecho en sí, lo que facilita que se pongan en marcha recursos: el tiempo pasa y eso ayuda a que desarrollemos mecanismos y recursos para afrontar la elaboración del duelo.

Puesto que el duelo es un proceso complejo, su duración es larga: de ahí que sea importante que transcurra el tiempo, para que puedan elaborarse las tareas en ese intervalo.

Intentar controlar el proceso de duelo

Es habitual que las personas intenten ejercer un excesivo control sobre el proceso de duelo. Tratar de controlar lo que nos causa dolor o malestar es un mecanismo de defensa del ser humano. A menudo nos parece que sentir el dolor, vivirlo y llorarlo va a destruirnos o hacernos caer en una depresión. Asimismo, la sociedad y el entorno cercano presiona al doliente para que vuelva a estar bien y se distraiga de la emoción.

Ponernos en contacto con el dolor nos lleva al recogimiento, al recuerdo, al repaso de la relación con el fallecido, a darnos cuenta de lo que más nos duele y de cómo podemos afrontar el futuro: ponernos en contacto con el dolor de la pérdida es una pieza fundamental de la resolución del duelo.

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Cómo superar el duelo cuando ha pasado mucho tiempo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEn ocasiones nos consultan personas preocupadas porque no han conseguido resolver su duelo mucho tiempo después de la muerte de un ser querido. Todas ellas comparten una cierta sensación de culpa, o de vergüenza, por  no haber sabido hacerlo correctamente.

A veces han pasado años hasta que han decidido buscar ayuda profesional. Nuestra respuesta a sus preguntas suele ser que nunca es tarde para trabajar el duelo y que, a veces, encontrar el momento adecuado para comenzar a trabajar requiere de tiempo.

Las tareas del duelo

No existe un instante concreto a partir del cual podamos decir que el duelo debería estar resuelto. Tratar de fijar una fecha concreta, o fijar un límite al duelo, es como intentar concretar cuánto se tarda en construir una casa o en pintar un cuadro: a menudo depende del tiempo que hayamos invertido en el objetivo. En el duelo ocurre lo mismo, ya que existen tareas que deben afrontarse para elaborar correctamente el dolor y, si éstas no se resuelven, el duelo tampoco.

Desde un punto de vista profesional, nuestra opinión es que detrás de esa sensación de vergüenza que comparten los dolientes que, pasado un tiempo, no han logrado elaborar su duelo, está la máxima que dice que el tiempo lo cura todo. Esta máxima está muy arraigada en nuestra sociedad, al igual que sus implicaciones, como, por ejemplo, que pasado un tiempo desde la muerte el duelo debe estar ya recolocado.

El tiempo no lo cura todo

Llegado este punto es necesario aclarar dos factores importantes. La primera es que la máxima de “El tiempo lo cura todo” es falsa, porque el duelo no se cura -pues no es una enfermedad-, sino que se elabora, se resuelve o se recoloca. Pero  no se cura: es un proceso normal que siempre sigue a la pérdida de un ser querido.

El segundo factor es que nunca es demasiado tarde para tratar de aliviar el dolor del duelo o para terminar de elaborarlo.

Cuándo sabemos que un duelo ha quedado sin resolver

Un duelo ha quedado sin resolver cuando, pasado cierto tiempo -entre 18 y 24 meses-, el dolor sigue siendo igual de intenso que los primeros días o, aunque se haya atenuado, todavía es muy profundo. Si no se tiene ilusión ni ganas de vivir, y la vida se contempla como una condena. También es un síntoma que sigamos combatiendo la idea de que nuestro ser querido ha muerto de diferentes formas: celebrando sus cumpleaños, imaginando finales diferentes, etc.

Por el contrario, es normal sentir algo de dolor en las fechas señaladas, como el aniversario de un fallecimiento o en el cumpleaños de la persona perdida. Cualquier fecha que hubiera sido importante en vida seguirá manteniendo un cierto grado de importancia tras la muerte, e invocará al recuerdo.

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Cómo ayudar a los adolescentes en duelo

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónSon muchas las personas que nos consultan sobre cómo abordar a los adolescentes y tratar con ellos el tema del duelo y la muerte. Entre todos ellos, hay una preocupación que se repite especialmente: qué hacer cuando un adolescente pierde una persona importante en su vida, ya sea un amigo, un progenitor, un abuelo, un hermano o un profesor significativo.

En este artículo vamos a intentar abordar, de manera general, algunas guías claras para tratar el duelo en los adolescentes.

El duelo y la inseguridad adolescente

En primer lugar, hay que tener en cuenta el momento evolutivo en el que se encuentran: los adolescentes sufren un montón de transformaciones durante este periodo, no se trata únicamente de un proceso hormonal duro -al que quitamos importancia-, sino de grandes cambios físicos y cognitivos durante los cuales tiene que crearse una imagen adecuada de su cuerpo y del mundo.

Si a esto le unimos un duelo por alguien significativo, que era fuente de seguridad para él, es probable que el adolescente vea cómo su mundo en construcción se tambalea y su supuesta seguridad caerá unos peldaños, mientras intenta aparentar una falsa normalidad. Dos máximas en el pensamiento adolescente son: “Yo puedo con todo” y “Aquí no pasa nada, todo está bien”. Así que hay que estar prevenido ante estas actitudes. No es que no les duela, sino que simplemente en ese momento no pueden ni quieren manejar ese dolor.

La búsqueda de autonomía

El adolescente se encuentra en un proceso de búsqueda de independencia y autonomía, de modo que es normal que busque ser lo opuesto a sus padres y a los adultos que le rodean. En cierto modo busca independencia y, por otro lado, dejar huella. Esta búsqueda de autonomía implica en muchos casos que se establezcan malas relaciones entre los adolescentes y las figuras significativas que les rodean: se saltan los límites, las normas, tienen conductas inadecuadas, se enfadan con sus amigos, cambian sus prioridades.

Si en ese momento tiene lugar la pérdida de un ser querido, es posible que el adolescente interprete que esa persona fallecida no sabía el cariño real que le tenía y se quedará con esos momentos malos; es decir, el adolescente puede polarizar su pensamiento y creer que son más significativos los malos momentos que toda la gama de buenos momentos vividos, que normalmente pasan a un segundo plano.

La importancia del grupo para el adolescente

El grupo es importante, desde dos puntos de vista diferentes. Una de las quejas habituales de los adultos que conviven con los adolescentes es la incomunicación que perciben. Sin embargo, esto es algo común: los adolescentes hablan de sus cosas con sus amigos, así que es normal que decidan compartir sus sentimientos con sus iguales y no expresen su tristeza o dolor con los adultos, ya que se sienten más comprendidos por sus pares.

Por otro lado, el adolescente no quiere ser el diferente, “el raro”, y la muerte los hace distintos a sus iguales, los hace más vulnerables y frágiles, así que no debemos sorprendernos si muestran un comportamiento de aparente normalidad: no quiere decir que no les duela, sino que no quieren significarse, ni ser diferentes.

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Factores determinantes en el proceso de duelo (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónAnteriormente hemos hablado de los factores que influyen en el duelo y su evolución, centrándonos en aquellos cuya presencia puede suponer un riesgo para la complicación del proceso.

Los factores determinantes del proceso de duelo son todos aquellos que intervienen en la evolución, las circunstancias que rodean la muerte y el proceso que se desencadena posteriormente. Desde la literatura científica, se considera que a la hora de determinar cómo va a evolucionar proceso son influyentes los siguientes factores: características personales del doliente, características relacionadas con el fallecido y características de la enfermedad o de la muerte que ha tenido lugar.

En este artículo vamos a poner el foco en los factores cuya presencia supone un factor de protección, es decir: aquellos elementos que pueden amortiguar los efectos de la complicación del proceso de duelo. Los detallamos a continuación.

Características personales del doliente

En esta categoría incluimos factores como:

– La madurez emocional: Es la forma en que el doliente procesa sus emociones, si las sabe reconocer y expresar, si las acepta y acoge, etc.

– La salud física y mental: El duelo se suma a lo que somos, si el doliente se encuentra aquejado de una enfermedad física, o padece algún problema emocional, el proceso de duelo se va a sumar a todo eso, haciendo que el camino sea más complejo.

– El auto-cuidado: Esto se refiere a cómo el doliente pone en marcha su capacidad para cuidarse física y emocionalmente. El hecho de que sepa reconocer lo que le hace sentir bien y lo que le ayuda en esos momentos va a resultarle muy beneficioso)

– La resiliencia: Se define como la capacidad para reelaborar una situación traumática o dolorosa, transformándola en una oportunidad de crecimiento personal y de aprendizaje vital.

– La espiritualidad: La religión, la fe, las creencias, etc., pueden actuar como bastón de ayuda en el proceso de resignificación y en la aceptación de la muerte.

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Duelo y fe

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCDenostada por unos y ensalzada por otros, la fe, como no puede ser de otra manera, aparece rodeada de un halo de misterio. Muchas personas se plantean cómo influye la religión en la superación del duelo. Por esta razón, en este artículo analizaremos algunos de los interrogantes que la fe nos plantea en el contexto del proceso de duelo.

Antes de continuar, es necesario dejar claro que la fe nos plantea preguntas a las que no podemos dar respuesta. Al fin y al cabo en eso se basa la fe, en creer sin evidencias, sino no sería fe, sería ciencia.

La fe como apoyo frente al dolor

La fe puede ser un refugio para quienes han perdido un ser querido, teniendo en cuenta que una de las promesas que nos hace la religión católica (la más extendida en nuestro país) es que nos reencontraremos con nuestros seres queridos cuando muramos y que la persona fallecida está en un lugar mejor.

Para muchas personas, la fe es un apoyo muy importante. En nuestra experiencia como psicólogos, hemos comprobado que la fe es un bastión que permite aligerar el dolor a las personas creyentes. Hay quienes, ante una pérdida, se aferran a la fe como una tabla de salvación, y esto les aporta sosiego y serenidad.  Sin embargo, también hay personas que no son creyentes y este factor no les resulta imprescindible para superar el duelo.

Como todo, si interpretamos la fe de un modo rígido, se puede complicar la aceptación de la muerte, porque hay mensajes que pueden parecer contradictorios, aunque en realidad no lo son.

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El duelo infantil: Cómo reacciona el niño ante la muerte

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEstamos muy acostumbrados a ver distintas reacciones en los adultos cuando les comunicamos una muerte: desde una gran afectación, con muchísimas muestras externas de dolor, hasta periodos de incredulidad, emociones contenidas e incluso carcajadas nerviosas irreprimibles.

Así es como reaccionamos los adultos. Pero, ¿qué reacciones cabe esperar en los niños y adolescentes? En el artículo de hoy intentaremos esbozar algunas pinceladas que sirvan para delimitar, en la medida de lo posible, las posibles reacciones de los niños a la hora de explicarles un tema tan delicado.

Inexpresión

A veces, cuando comunicamos una muerte a un niño, no hay expresión emocional, es decir, el niño no parece sentirse afligido por la muerte, esto se debe a varias cosas:

• Ha entendido la muerte, le ha impactado y no reacciona.

• No ha entendido la muerte.

• Está pendiente de otras cosas, algo común de la etapa de egocentrismo infantil, y prefiere no atender a esa información en ese momento. Es una reacción normal. Atienden a sus rutinas porque aún no quieren hacerse cargo de esa información, hay que dejarles que sigan con sus juegos y, en otro momento, volveremos a acercarnos para explicarles la muerte de nuevo.

Expresión emocional similar a la nuestra

Nuestra reacción ante la noticia de una muerte, o ante el duelo, es un modelo de conducta que, a menudo, el niño usará como referencia para elaborar sus propias emociones.

Enfado ante la muerte

Esta reacción es muy normal, a menudo es la forma que tienen los niños de expresar la pérdida y lo que les supone, sus rutinas son alteradas y aparecen las rabietas, las pataletas, protestas, etc. No hay que darle mayor importancia, sino tratarles con dulzura, explicándoles que a veces la tristeza nos hace reaccionar así, que estar enfadados no nos ayuda, pero que les entendemos.

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Factores determinantes en el proceso de duelo (I)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El estudio del proceso de duelo desde la Psicología ha desarrollado teorías que explican tanto el proceso en sí, como sus determinantes. El acercamiento al duelo se hace desde la teoría, que orienta y habla desde la generalidad. Atenderemos cada caso concreto, a cada persona, conociendo las generalidades que explican el proceso. Pero seremos conscientes al mismo tiempo de que cada caso es único y de que  no existen las universalidades en el duelo.

Lo que sabemos acerca del duelo se refiere a la evolución, las emociones, incluso a los procesos mentales implicados. Conocer la teoría nos ayuda a orientarnos dentro del proceso, pero sus matices – el “cómo”- es único en cada doliente. En este artículo nos vamos a acercar a esas “generalidades” para profundizar en el conocimiento del duelo y los factores que lo complican. Pero los trataremos con precaución, como guía y orientación, no como certezas universales.

Esto no quiere decir que el duelo se vaya a complicar inevitablemente solo por poseer un factor de riesgo. Este dato puede alertarnos y explorar más en profundidad un duelo concreto para observar su evolución, así como la influencia de ese factor.

Factores de riesgo y de protección

Existen multitud de circunstancias alrededor de una pérdida y del proceso de duelo que se desencadena posteriormente, que determinan de qué manera se desarrollará previsiblemente el duelo. Dentro de estas circunstancias hay que distinguir entre los factores de riesgo y los factores de protección.

Los factores de riesgo son aquellos que, si están presentes en el doliente, aumentan las posibilidades de que el duelo se complique. Por el contrario,  los factores de protección son aquellos cuya presencia puede facilitar que el duelo se desarrolle sin complicación.

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