Cuando un duelo sepulta el dolor por otra pérdida

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Cuando una persona pide ayuda para resolver el duelo, lo más natural y habitual es que lo resuelva. Unas veces lo supera de forma espontánea, sin necesidad de ayuda o apoyo, otras veces lo supera gracias a la terapia y en ocasiones a pesar de ésta, pero lo más habitual es que lo resuelva.

Las estadísticas confirman estos datos: estamos preparados para sobrevivir a la pérdida. Pero, aunque es inusual, a veces ocurre que, a pesar de los esfuerzos del doliente y del experto, el proceso se complica y no avanza.

Causas del duelo bloqueado

El estancamiento del proceso de duelo puede deberse a varios factores:

  • 1. El paciente se resiste a afrontar el dolor y lo evita, de manera que perpetúa el duelo. En este caso el experto no puede presionar ni empujar al paciente, sino reflejarlo y esperar a que el propio paciente tome la decisión de avanzar o dejarlo como está. Cada persona tiene derecho a elegir lo que quiere para sí misma.
  • 2. Aunque el paciente desea afrontar el dolor, y a pesar de la pericia del experto, el dolor es tan intenso que abrasa al doliente y el proceso se enquista. Superarlo a veces es una cuestión de paciencia y otras tiene que ver con temas anteriores al duelo que se suman y lo complican.
  • 3. A veces no hay una explicación convincente o clara para el fracaso terapéutico y, a pesar de todo, el proceso fracasa.

Cuando otro conflicto bloquea el duelo

El cuarto factor es que en ocasiones puede ocurrir que, aunque aparentemente el conflicto es el duelo, el conflicto real sea otro distinto, unas veces parecido y otras, completamente diferente. Esto hace que la intervención sobre el conflicto o duelo evidente no reporte mejorías ni produzca avances. Es como un proceso médico en el que la infección parece provenir de un foco cuando, en realidad, el origen es otro. Continue reading

Cómo hablar a los niños de un familiar que falleció

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Hace tiempo se creó cierta polémica en torno al anuncio de una marca de comida rápida, en el que un niño buscaba incesantemente el posible parecido con su padre, dando a entender que había fallecido antes de que él naciera.

En el spot, el menor buscaba características que le descubrieran algún rasgo compartido con ese padre que había muerto: preguntaba a su madre si su pelo se parecía, si tenían el mismo color de ojos, la misma sonrisa… Y ella no encontraba ningún parecido, hasta que él pedía el menú del restaurante de comida rápida en cuestión y entonces le revelaba que en eso era igual que su padre, a quien le gustaba el mismo menú, y el niño sonreía.

En aquellas pérdidas en las que los niños no han conocido a la persona fallecida, hayan pasado poco tiempo compartido con esta, o no son capaces de recordarla, es habitual que sientan una gran curiosidad por aquellas características que hayan podido heredar o les unieran al fallecido.

El vínculo con el fallecido en el duelo

Para el niño, saber quiénes son, a quién se parecen, qué cosas, gustos, preferencias y demás tenían en común con la persona que ya no está, le permite tener una referencia de quien era el fallecido, así como establecer con él una vinculación que de otro modo no sería posible.

Es positivo que estas cosas se vayan reflejando de manera muy natural y así el niño pueda tomar conciencia de ciertas cosas que son reales y que pueden servir para recordar a una persona a la que no conocieron o de la que apenas tienen información o recuerdos propios porque no han tenido oportunidad ni tiempo.

No abrumar con detalles sobre el difunto

El entorno del menor tiene que enseñarle esas cosas, pero sin agobiarle ni tampoco convertirlo en el eje principal de la relación. Con esto queremos decir que hay familiares que, al sufrir una pérdida, tienden a sobrecargar al niño con información de este tipo pensando que puede olvidar o que no recordará al fallecido, e inician una cruzada por preservar la memoria del difunto.

Nuestra recomendación es que es mejor huir de esa actitud. Los niños son el centro y la información que podamos darles sobre el fallecido es una pincelada que les ayudará a tomar esa referencia, pero no lo haremos de manera central. Continue reading

Superar el duelo: ¿Dónde está mi ilusión?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Una preocupación habitual que manifiestan las personas que están atravesando un proceso de duelo tiene que ver con la pérdida de la ilusión y de las ganas de emprender proyectos o actividades, o simplemente fantasear con ellas. Muchos dolientes temen que ya nunca volverán a sentir esta emoción y que van a estancarse en esa sensación de bloqueo o de tristeza que todo lo cubre.

La ilusión va asociada a volver a estar presente en la vida, a interesarse y participar de nuevo como agente activo, pasando del modo automático al consciente. Por eso, la tristeza profunda que trae el duelo en sus momentos más agudos es difícil de combinar con la ilusión, ya que son dos fuerzas contrarias y la tristeza nos lleva hacia dentro: al recuerdo, al repaso, al llanto, al recogimiento.

Las fuerzas que dirigen el duelo

El duelo mezcla muchas emociones: no sólo está presente la tristeza, también el miedo, la ira, la culpa. Todas ellas demandan una gran energía. A los dolientes les sorprende el cansancio que sienten, pero es que este trabajo emocional es agotador. Este conjunto de emociones que requieren tanto y que dirigen el foco de nuestra atención hacia dentro, durante mucho tiempo son las que llevan el ritmo y la dirección del proceso.

La ilusión, por el contrario, es una emoción expansiva cuya fuerza se centra en el presente y que permite mirar hacia el futuro. Así, entra en contradicción con la dirección de la tristeza y de otras emociones habituales en el duelo cuando éstas se encuentran en su intensidad máxima.

Las emociones en el duelo

Tras la pérdida de un ser querido, lo que vamos sumando es, por un lado, la tristeza, que nos hace mirar hacia dentro y buscar la sensación de un lugar seguro; por otro lado, aparece el miedo, la inseguridad, que por un tiempo limita nuestra seguridad para dirigirnos hacia lo nuevo. Parece que la propia confusión (o la incertidumbre, que es otra de las caras del miedo) que define el proceso del duelo es suficiente reto. Continue reading