Recursos para trabajar el duelo en grupo: El camino del duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Cuando un doliente participa en un grupo de duelo se encuentra con muchos elementos favorecedores, que resultan de gran ayuda en su proceso.

En el grupo, el doliente se siente comprendido, escuchado, es un entorno donde no se enjuicia y en el que puede compartir su experiencia, que al mismo tiempo está siendo vivida también por el resto de los participantes, con las diferentes particularidades de cada caso.

A todos ellos les une una fuerte experiencia común: la pérdida de un ser querido y el dolor que conlleva. El grupo permite ver otras formas de manejar el proceso: existen tantas formas de experimentar el duelo como personas y el hecho de poder compartirlo es de gran riqueza.

Aspectos positivos de los grupos de duelo

Desde una perspectiva profesional, cuando facilitamos grupos, a nosotras siempre nos queda una sensación de haber sido testigos y parte de un encuentro muy especial, casi sagrado. Tenemos la sensación de que lo que se comparte en el grupo de duelo viene de un lugar de mucha intimidad, como es el dolor.

A medida que se van creando los lazos de confianza, compasión, empatía y aceptación necesarios para que el participante sienta que el grupo es un lugar seguro, donde es libre de decir aquello que quizá expresa por primera vez, el doliente se va atreviendo a compartir, a abrir su corazón a sí mismo y a los demás.

El grupo entero va profundizando más y más, como si el proceso fuese una espiral. Elaborar el duelo en grupo conecta con dos fuerzas muy presentes en el ser humano: las del autoconocimiento y la autocomprensión, y las de interrelación e interconexión.

El papel del psicólogo en el grupo de duelo

La función del facilitador del grupo es favorecer que se puedan desarrollar estas dos vías: por un lado atender la parte intraindividual de cada participante, atendiendo a su mundo interno; por otro lado, favorecer la parte relacional, la de interrelación, la de humanidad compartida. Continue reading

Aspectos preocupantes en el duelo infantil y juvenil

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Sois muchos los padres que, tras haber experimentado la pérdida de un familiar, nos expresáis vuestras dudas sobre si las emociones y comportamientos de vuestros hijos son normales o debéis alarmaros y estar pendientes.

En este artículo vamos a tratar de responder a esa inquietud de la forma más completa posible, para que podáis decidir si lo que viven es normal o puede ser preocupante.

Síntomas a los que prestar atención

Cuando en la vida de un niño tiene lugar un fallecimiento significativo, es habitual que el menor manifieste una amplia gama de conductas, síntomas o comportamientos que, lejos de preocuparnos, debemos considerar normales. Estos son algunos ejemplos:

  • – Miedos: A dormir solos, a apagar la luz, a quedarse solos en casa…
  • – Problemas relacionados con el sueño: Ya sea para conciliarlo o para mantenerlo. También podemos encontrarnos pesadillas relacionadas con la muerte o con morir.
  • – Bajada del rendimiento académico: Puede darse una bajada en las notas o del rendimiento en niños.
  • – Problemas de concentración y de memoria: Son más propensos a olvidarse los deberes, a dejarse cuadernos o el material escolar. Se olvidan de apuntar en la agenda cosas relevantes, tienden a no recordar fechas significativas, etc.
  • – Ansiedad de separación: Les cuesta separarse de otras figuras significativas por temor a que les pase algo mientras no están, sobre todo a los más pequeños.
  • – Síntomas de ansiedad: Problemas estomacales, sudoración, respiración agitada…
  • – Temor ante la propia muerte y la posibilidad de que mueran sus demás seres queridos.
  • Regresiones como volver a coger el chupete, requerir ayuda para vestirse, piden que les vuelvan a dar la comida en un biberón o que se la den, tienen problemas con el control de esfínteres…
  • – Problemas de concentración y de memoria, especialmente en el aula. Pequeños errores en trabajos, exámenes, tienden a olvidar cosas que antes hubieran sabido sin problema.
  • – Emociones disfóricas como tristeza, ira o enfado.
  • – Alternancia emocional: Podemos encontrar que un niño con temperamento extremadamente triste que alterna con periodos de indiferencia. O, incluso, los alterna con momentos de extrema felicidad, como si nada hubiera pasado.
  • – Conductas de comprobación muy parecidas a las del adulto. Se sientan a esperar en la puerta, no quieren comer esperando que sea el fallecido el que venga a darles la comida, etc.
  • Reticencia a incorporarse a sus actividades cotidianas.
  • – Sentimientos y sensaciones de culpa.

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