Cómo atender las expectativas del paciente ante la terapia de duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Cuando las personas en duelo acuden a nuestra Fundación en busca de ayuda terapéutica, en la primera sesión con ellos les explicamos cómo trabajamos, en qué consiste la terapia y revisamos con ellos qué expectativas tienen para contrastar juntos que estamos alineados en la misma dirección.

Muchos de nuestros pacientes insisten en que quieren una terapia indolora, que no les haga sufrir. En estos casos, resulta tentador comprometerse a intentarlo, pero lo ideal es dejarles claro desde el principio que esa expectativa es poco realista.

El duelo tiene que doler

Algunos de estos pacientes nos hablan de terapias milagrosas que prometen efectos desde la primera sesión, que duran poco, que alivian el dolor de manera inmediata… Cuentan historias individuales de amigos o vecinos que fueron a esas terapias y se recuperaron enseguida, o dejaron de tener síntomas después de mucho tiempo, o fueron muy felices y resolvieron todos sus problemas.

Cuando esto ocurre, les escuchamos de forma muy atenta, respetuosa, interesada, porque a menudo nos gustaría pensar que es verdad, que existe para nuestros pacientes una alternativa menos dolorosa a la terapia de duelo que practicamos. A fin de cuentas, los psicólogos nos comprometemos con el principio ético de no maledicencia (ante todo no hacer daño).

No existen terapias indoloras

En ocasiones nos gustaría inventar terapias fáciles, rápidas e indoloras, pero lamentablemente no existe nada parecido. Es verdad que existen historias de recuperaciones milagrosas, pero son sólo eso, historias individuales, excepcionales pero que, en cualquier caso, no son habituales ni le funcionan a todo el mundo. También la medicina describe casos milagrosos de “remisiones espontáneas” en enfermos de dolencias graves, pero no por eso podemos creer que esas enfermedades no necesiten  tratamiento.

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Superar el duelo: Cuando perdemos la sensación de control en nuestra vida

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

La muerte nos coloca frente a la experiencia de la temporalidad de la vida. Desde nuestra cultura del bienestar nos mantenemos en la sensación de que podemos controlarlo todo y de que todo tiene un orden lógico. Pero la muerte –sobre todo cuando sucede de una manera repentina- deja una sensación de falta de control y de miedo en el doliente. Es como si los esquemas con los que entendía el mundo se resquebrajaran y ya no sirvieran.

Cuando la muerte se vive de esta manera, deja una sensación de mucha vulnerabilidad en el doliente. La sensación de vulnerabilidad trae consigo sensaciones de indefensión, parálisis vital o ansiedad. Y cuando todas estas sensaciones se arremolinan en el interior de la persona, surgen mecanismos básicos de defensa.

Autoprotección frente al duelo

Cuando un animal resulta herido, su reacción instintiva es buscar protección, correr a refugiarse y, si se encuentra algún otro animal en esa huida, se defenderá atacando hasta llegar a su madriguera, donde podrá lamerse las heridas. Compartimos con los animales este mecanismo tan básico, que como todo mecanismo de defensa, tiene una función adaptativa y necesaria.

En un primer momento nos lleva a buscar protección, a estar con nosotros mismos, a mantenernos un tanto al margen de los demás, permitiéndonos una escucha a lo que nos ocurre y permanecer con el dolor. Eso nos permite afrontar y asimilar ese dolor, esa herida, y permitir que se cure y se cicatrice. Sin embargo, cuando las sensaciones se perciben como invasivas y desbordantes, y el mecanismo que en un principio ayudaba se vuelve la única manera de afrontar la realidad, la soledad y la sensación de incapacidad comienzan a hacer mella.

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Duelo infantil: Cómo hablar a un niño del hermano que no ha conocido

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

La situación que abordamos en este artículo es más habitual de lo que pensamos, ya sea porque un hijo no ha llegado a nacer y ha fallecido en las últimas semanas de gestación, o bien porque debido a una muerte súbita, o una enfermedad, falleció antes de que naciesen el resto de sus hermanos.

La situación que planteamos es la de unos padres que perdieron a un hijo y luego tuvieron más; de modo que el nuevo hijo, y en ocasiones único, no conoció a su hermano.

Ante estas circunstancias, muchos padres nos preguntan si es mejor ocultar la situación, o expresan su preocupación por no saber hablarle al nuevo hijo sobre la existencia de otro hermano fallecido y poder transmitirle así el recuerdo de un hijo que vivió poco.

Transmitir el recuerdo de un hermano que no está

La realidad es que son hermanos y eso debe saberlo. También tiene que saber que ha habido un hermano que ha fallecido, así que lo ideal es intentar transmitirle un recuerdo de este hermano que no conoció, o que apenas pudo llegar a conocer a causa de su muerte prematura.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el niño superviviente no puede crecer a la sombra del hermano fallecido: no valen las comparaciones, cada hijo es -o ha sido- único y así hay que transmitírselo. No importa lo ideal que fuera el hijo fallecido, esa idea es del adulto y no es bueno para el hijo superviviente tener celos de un hermano muerto o que no ha conocido.

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Aptitudes necesarias para ser un buen experto en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEs importante saber qué requisitos debe tener un experto en duelo. Igual que para ser  deportista de élite son necesarias ciertas aptitudes, también hay determinadas habilidades imprescindibles para trabajar como experto en duelo.

Entre estos requisitos o condiciones hay algunos más objetivos, que se relacionan con la formación, mientras que otros tienen más que ver con actitudes que debe tener el experto en duelo.

La formación del experto en duelo

Entre los requisitos relacionados con la formación, es conveniente que el experto en duelo sea licenciado en Psicología o Medicina. No es imprescindible, pero sí muy recomendable. La razón es que la formación en ambas disciplinas permite abarcar aspectos del ser humano que se abordan de manera insuficiente en otras carreras.

La terapia de duelo es una terapia que trabaja con muchos aspectos del ser humano y lo hace de una manera global: trabaja aspectos filosóficos o antropológicos, fisiológicos, emocionales o conductuales. No basta una formación al uso relacionada con un solo aspecto, sino que es conveniente tener una formación integral que permita cubrir, trabajar y revisar todas las áreas del ser humano. No podemos trabajar el duelo de manera aislada, ya que el duelo destapa muchos más aspectos que intervienen en su resolución.

El duelo y su contexto

También es imprescindible una formación en duelo que permita conocer las teorías que explican este proceso, las cifras o estadísticas relacionadas con su incidencia o la prevalencia en distintos individuos en diferentes culturas. Esta información es básica para trabajar con el duelo, porque el ser humano necesita encontrar sentido a las cosas que le ocurren, para poder ordenarlas y gestionarlas.

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