El profesional sanitario y su actitud ante la muerte

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn este artículo vamos a centrar nuestra mirada en el profesional socio-sanitario que trabaja cara a cara con el dolor, el sufrimiento y la muerte; en la manera única en que se coloca cada profesional frente al doliente, el enfermo, el familiar, con su mochila de experiencias personales, creencias, carácter y con los condicionantes que marca la cultura a la que pertenece.

Cuando se produce el encuentro entre el profesional sanitario y el doliente -y en la relación que se establece ahí-, cada uno va con una actitud propia con la que filtra el dolor y la muerte. Cada vez se pone mayor interés en la figura del profesional de la salud, debido a la importancia que tiene su relación con el doliente en la elaboración del proceso de duelo.

Empatía y acompañamiento

En la formación reglada de los profesionales sanitarios no se les enseña a estar frente al sufrimiento y el dolor. Sin embargo la atención, el cuidado y el entrenamiento a nivel técnico en el uso de herramientas y procedimientos es tan importante como el entrenamiento del profesional a nivel personal.

El duelo es un proceso profundamente humano, que requiere de un acompañamiento de profunda humanidad. Serán importantes las técnicas y herramientas que pongamos a disposición del doliente, pero no serán efectivas ni movilizadoras si no se sustentan sobre una base de empatía, autenticidad, congruencia y presencia por parte del profesional sanitario.

La relación del personal médico y las familias en duelo

Cada vez se pone más en evidencia la importancia de la actitud de los profesionales sanitarios frente a la muerte y el dolor. Por un lado, por la repercusión que ha demostrado tener la calidad de su relación con el doliente en la elaboración del duelo. Tanto en los momentos previos como posteriores a la pérdida, el papel del personal médico tiene una gran influencia: tanto su relación con el doliente durante la enfermedad u hospitalización del ser querido, como en el momento de recibir las noticias, o en los instantes de muerte y duelo.

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Cómo afecta a los niños el duelo de los padres

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Nos hemos animado a escribir este artículo porque, con mucha frecuencia, a nuestra consulta no sólo acuden menores en duelo, sino que tras ellos suele haber uno o varios adultos en duelo, que influyen en la recuperación y retorno a las actividades normales del niño.

Cuando se produce una muerte en el seno de una familia, son muchos los ajustes que hay que hacer y a menudo las reacciones emocionales no solo son intensas, sino duraderas. En las familias donde hay niños o adolescentes, el duelo les afecta de manera especial, pero no exclusivamente por la muerte del ser querido, sino también porque en ocasiones a la pérdida también se une el malestar de otros miembros que les rodean.

El duelo adulto vs. el duelo infantil

Hay que darse cuenta de que los menores pueden verse afectados por el duelo a dos niveles. Por ejemplo, si fallece un progenitor, el niño se habrá quedado sin su padre o madre, pero al mismo tiempo el progenitor superviviente estará afectado por su propio duelo. Si fallece un hermano, los padres estarán profundamente tristes por la pérdida de su hijo, mientras que el niño estará además afectado por la pérdida de su hermano. Lo mismo ocurre si fallece un abuelo, un tío… Hay decenas de ejemplos de pérdidas que van a afectar doblemente a los niños.

Aunque es cierto que el adulto se ve sumido en un proceso de duelo, conviene conocer su manera de comportarse con el niño y todo aquello que pueda influir de manera positiva y negativa en el duelo del niño.

Cómo influye en los menores la tristeza de los adultos

A menudo los niños reaccionan a la tristeza de su entorno, sobre todo en los más pequeños: se muestran tristes porque los adultos cercanos están tristes, así que, aunque hayan sufrido una pérdida y estén en duelo, una parte de ellos está triste porque ven tristeza y también porque creen que es lo que se espera de ellos. Piensan que sonreír o comportarse como un niño alegre es una conducta indeseable.

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Cómo acabar con el tabú social en torno al duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl papel de la sociedad en el duelo ha variado mucho históricamente. Antes, cuando se producía un fallecimiento, el entorno, el vecindario, la familia, tenían un papel mucho más protagonista en el duelo del que tienen ahora.

Hoy en día, la forma de vivir el duelo es más solitaria, menos participada en sociedad. Sin embargo, el papel de la sociedad es protector: apoya y acompaña al doliente, y puede favorecer la evolución positiva de su proceso si le proporciona los mensajes adecuados.

El tabú social en torno a la muerte

Lamentablemente, vivimos en una sociedad que se avergüenza de la tristeza de los individuos que forman parte de ella, que teme a las emociones que expresan, que censura el miedo, el enfado y la tristeza, y promueve la alegría continua, aunque esté injustificada.

Eso hace que la sociedad envíe a los dolientes un mensaje subliminal en relación a la tristeza, el enfado, el miedo o la culpa en el duelo, que consiste en que, si el duelo dura más de lo que está “socialmente aceptado” se está convirtiendo en algo enfermizo, patológico e intolerable.

Sin margen ni espacio para las mal llamadas “emociones negativas”, el duelo se encapsula, se prolonga y se bloquea. Paradójicamente, el duelo se complica en un intento de acelerar su superación. El juicio o la valoración que hace la sociedad sobre la duración del duelo es lo que lo patologiza.

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Herramientas para trabajar el duelo: La huella vital

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl duelo es un proceso que implica múltiples tareas para ser elaborado por el doliente. Por un lado está el dolor, definitorio del proceso, pero sobre el que no tenemos mucho control: no sabemos ni cuánto durará, ni que intensidad tendrá, es diferente en cada experiencia de pérdida. Sólo podemos recibirlo y atenderlo -que ya es mucho, ya que implica afrontarlo- con paciencia y aceptación, puesto que el duelo consiste en eso, en sentir el dolor que deja la ausencia del ser querido.

Por otro lado, hay multitud de aspectos del duelo que sí son susceptibles de ser trabajados intencionadamente, como por ejemplo, el trabajo de reconstrucción del vínculo.

El dolor en el duelo inmediato

Cuando alguien que queremos fallece, por un lado deja un vacío, un espacio que no puede ser ocupado por otra persona. Por otro lado, nos deja también una influencia de experiencias, de formas de ver la vida, de sentimientos, de expresiones y de costumbres.

Al comienzo del proceso de duelo, todos estos recuerdos e influencias están acompañados fundamentalmente de dolor, aunque también existe la necesidad de recordar al fallecido, de estar con sus pertenencias y con la tristeza, puesto que también trae algo de alivio.

Conforme el proceso se va elaborando y la aceptación va permitiendo relacionarse con el propio duelo de una forma más serena, todas esas experiencias que conformaban el vínculo con el fallecido se empiezan a experimentar con agradecimiento y parece como si brillaran más.

Recolocar emocionalmente al fallecido

Una de las tareas que debe afrontar cada doliente para elaborar correctamente el duelo es la reconstrucción del vínculo con la persona que ya no está. Esta tarea es necesaria en un momento del proceso, pues para que el duelo pueda ser elaborado, el doliente debe encontrar la manera de transformar el vínculo que tenía con el fallecido.

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El duelo infantil y el miedo a los fantasmas

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

FMLCEl título de este artículo tal vez puede sonar un poco fantasioso, o irreal, y es posible que a algunas personas este tema les parezca absurdo a priori, pero a lo largo de nuestra experiencia profesional trabajando en el área de duelo infantil, hemos encontrado numerosos casos de niños -y no tan niños- que manifiestan miedo a que un familiar fallecido pudiera aparecerse, verlos o escucharlos.

Este pensamiento causa auténtico terror en los niños y adolescentes. Imaginad la posibilidad de que una persona muerta pudiera aparecerse ante nosotros a voluntad para comunicar cosas, desacuerdos, escuchar nuestras conversaciones o incluso para observarnos mientras dormimos, esa idea seguramente le causaría como mínimo inquietud a cualquier persona.

El duelo y el pensamiento mágico

Los adultos, por supuesto, no solemos pensar que los fallecidos van a  presentarse ante nosotros en espíritu, ya que la mente adulta es capaz de distinguir la realidad de la fantasía y del deseo, y, además, sabemos que las apariciones no son algo habitual tras la muerte de un ser querido.

Por el contrario, los niños son más propensos a mezclar realidad y fantasía, y a creer estas cosas, lo que les produce un lógico temor a que un muerto se les aparezca. Suelen venir a la consulta asustados por esta posibilidad; o suben las escaleras a toda velocidad por si el muerto decide aparecerse en ese momento; o encienden todas las luces y piden dormir acompañados. Ése es un motivo de consulta habitual en niños tras la muerte de un familiar.

Cómo explicar la muerte a los niños

Para evitar estos problemas, hay que tener en cuenta varias cosas a la hora de comunicar y explicar la muerte a los niños, para que no se compliquen al no distinguir realidad y fantasía:

  • 1. Aclarar que la persona fallecida no está en ninguna parte. Se ha muerto. No se ha ido, ni vuelve, ni está de viaje, ni ya nos reuniremos… No, aunque nuestro deseo sea ese, hay que dejarle muy claro al niño que ese ser querido no está.
  • 2. La persona fallecida no es más feliz ahora, no está descansando, no está en un lugar mejor. Los muertos no tienen sentimientos, si les decimos que está en un sitio mejor, los niños se plantearán la posibilidad de que el ser querido se canse y regrese.
  • 3. Los muertos no nos ven. No podemos decirle al niño que la persona fallecida verá sus progresos, no va a ser así, porque si le puede ver es que está cerca, en alguna parte, y a oscuras podría verles.
  • 4. Los muertos no nos oyen. Pasa lo mismo que con la posibilidad de que nos vean, es decir: los muertos no se enteran de nuestras cosas
  • 5. No nos dan mensajes de ningún tipo, ni tranquilizadores ni perturbadores: de ningún tipo.
  • 6. Evitaremos aquellas historias de familiares que hayan contactado con sus seres queridos fallecidos, de espiritismo y temas similares, que puedan sembrar en el niño la duda de si el fallecido podría ser aparecerse realmente. Lo evitaremos al menos hasta que el niño pueda distinguir perfectamente la realidad de la ficción.
  • 7. Trataremos de no adornar sus acciones con historias como: “Si le escribes una carta seguro que la lee”, “Si le haces un dibujo se pondrá muy contento”, “Puedes hablar siempre que quieras con el muerto”, etc. Lo único que conseguiremos es confundir al niño y generarle ciertos temores. Podemos decirle que la carta es muy bonita y que, aunque el fallecido no pueda leerla, es un bonito recuerdo u homenaje.

Estas son sólo unas pinceladas para que tengamos en cuenta que, en ocasiones, la manera en la que nos expresamos los adultos, o las expectativas que tenemos, generan en el niño situaciones confusas que pueden causarle miedo, lo que nos obligará a lidiar con situaciones difíciles de revertir, aparte del duelo.

Para saber más sobre la atención del duelo en menores, podéis acudir a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de duelo infantil, solicitar que impartamos una charla gratuita para padres y profesores  en vuestro centro educativo (a través de este proyecto) o descargar gratis nuestro manual práctico “Hablemos de Duelo”, que ofrece pautas para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y da claves sobre cómo viven el duelo los menores según su edad.

También incluye un apartado sobre cómo atender el duelo en el colegio y cómo ayudar a afrontar el duelo a las personas con discapacidad intelectual. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org.