Cómo puede ayudarnos la terapia a superar el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónDefinimos el duelo como el proceso de adaptación que se desarrolla tras la muerte de un ser querido. Este proceso es completamente natural y esperable cuando fallece alguien a quien queremos. En realidad, es imposible no sentir dolor en estas circunstancias, replantearse muchas cosas y sentirse muy confuso cuando la vida cambia inevitablemente tras el fallecimiento de alguien cercano. El duelo consiste en afrontar todos estos retos internos y externos, y volver a recobrar el equilibrio interior.

El ser humano está capacitado para afrontar este proceso. No es una afirmación vacía o un recurso fácil. Es una afirmación que leemos y escuchamos habitualmente a los expertos en duelo y resiliencia, que basan sus afirmaciones en numerosos estudios, y que confirmamos en la práctica clínica diaria. Todos tenemos en nuestro interior un motor de vida que nos guía hacia el bienestar y hacia el afrontamiento de las dificultades, baches y pérdidas que implica la vida.

Cuándo es necesaria la terapia de duelo

Aunque poseer esta guía interna nos orienta hacia la búsqueda de la superación, esto no implica que el proceso vaya a ser sencillo, ni que se ponga en marcha solo. Requiere mucho esfuerzo e intención por parte del doliente. El duelo, como todo proceso humano, se puede complicar. También puede ocurrir que el doliente se vea incapaz de afrontarlo, sintiéndose bloqueado y completamente abrumado, notando que nada cambia con el paso de los meses, viéndose estancado en las mismas emociones y pensamientos, y con dificultad para afrontar la vida.

Si bien estas sensaciones son lógicas y debemos convivir con ellas cuando ha pasado poquito tiempo tras el fallecimiento -menos de tres meses-, a medida que van pasando los meses, incluso los años, la persistencia de estas emociones son una señal de alarma debe indicarnos que tal vez el proceso está bloqueado. En estos casos resulta aconsejable pedir ayuda o consejo a un profesional, que pueda indicarle al doliente si el proceso que está atravesando entra dentro de lo esperable debido a las circunstancias específicas que ha vivido, o bien necesita ayuda terapéutica o médica.

Objetivos de la terapia de duelo

El proceso de duelo es único para cada persona, puesto que cada individuo es distinto y afronta la vida de diferente manera, según su bagaje de experiencias previas. También las circunstancias de la muerte y la enfermedad -si la ha habido-, la relación con el difunto… son multitud los factores que van configurando este proceso tan particular.

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Cómo atender el duelo de las personas con discapacidad intelectual

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Capítulo_7En la Fundación Mario Losantos del Campo a menudo atendemos casos de familias que han perdido un ser querido -o están próximas a sufrir una pérdida- y uno de sus miembros tiene una discapacidad intelectual. En esa situación, la familia no sabe cómo abordar el tema con él, tiene dudas sobre si su duelo es normal y forma parte de lo esperado, o si se está complicando. Por esta razón, se hace necesario tener alguna referencia que puedan seguir las familias que se encuentran en estas circunstancias.

La esperanza de vida de las personas con discapacidad ha crecido en los últimos años. En general están al cuidado de sus padres, con quienes suelen tener un vínculo especial. Por ello, es común que sufran distintas pérdidas asociadas a la nueva esperanza de vida. Incluso es probable que sobrevivan a sus progenitores. Por este motivo, hemos considerado necesario dedicar un artículo a las claves del duelo de las personas con discapacidad.

El duelo en cada etapa evolutiva

En el proceso de duelo, las personas con necesidades especiales pasan por unas etapas parecidas a las personas sin discapacidad, pero en estos casos debemos fijarnos más en las etapas evolutivas en que se encuentran que en la edad concreta:

  • Primera etapa. Las personas con discapacidad experimentarán una vivencia que, con el tiempo, se asociará con la muerte o ausencia de alguien. Serán conscientes de la no existencia o no presencia de la persona fallecida.
  • Segunda etapa. Cuando se entiende que la persona no está presente, se puede entender que existe a pesar de la no presencia. Así que vivirán la muerte como algo lejano, que sucede en determinados lugares y circunstancias, hacia las que experimentarán miedo.
  • Tercera etapa. Se entiende la muerte como una disminución de actividades del cuerpo. Y, en ese momento, es cuando toman conciencia de que les puede afectar a ellos.

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Superar el duelo: Cuando usamos el dolor como homenaje

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn las terapias de duelo que realizamos en FMLC, muchos de nuestros pacientes viven la mejoría como una deslealtad al difunto, durante algún tiempo. Sienten que dejar de sentir dolor es una traición a la persona que falleció y se sienten culpables por ser capaces de reponerse de la pérdida.

En cambio, para nosotros, los terapeutas, esto suele ser un indicador de mejoría, aunque luego los pacientes tengan que lidiar con la culpa. Este comportamiento se da con más frecuencia en las madres o padres que han perdido a alguno de sus hijos, pero no es una reacción exclusiva de estos casos.

El camino hacia la superación del duelo

En ocasiones existe una tensión, difícil de resolver, entre el deseo de estar mejor y sentir menos dolor y, por otro lado, la necesidad de dolerse, como si el dolor fuese un medidor de lo mucho que han amado a su ser querido, algo así como un algoritmo que computase así: “A más dolor + durante más tiempo = más amor”.

En esas circunstancias, lo que hacemos es reflejarles que eso significa que están mejorando y que es el curso normal que dibuja el duelo, porque el dolor tiende a disminuir. La intensidad que tiene el dolor durante el duelo agudo es difícil de soportar durante mucho tiempo e impide llevar una vida normal, de modo que lo habitual y lo esperable es que vaya disolviéndose de manera casi espontánea en la mayoría de los casos.

La importancia del entorno en el duelo

Cuando fallece un ser querido, el dolor cumple la función de intensificar el recuerdo y de mantener de algún modo el vínculo con esa persona que ya no está, porque hace que esté más presente. Lo que ocurre es que tan sólo potencia los recuerdos dolorosos, los traumáticos, y ensombrece los recuerdos alegres o serenos que hayamos tenido con el difunto. Esto suele coincidir con la curva que dibuja el duelo: cuando el dolor empieza a ser menos intenso, el recuerdo empieza a tener menos presencia y ya no ocupa tanto espacio en nuestras vidas.

Hay a quienes les preocupa el juicio que pueda hacer su entorno sobre su mejoría: si les va a parecer que es demasiado pronto, si van a pensar que es que no les importaba o no querían lo suficiente al difunto, como si existiera una norma social implícita que dice que, cuando una persona pierde a un ser querido, no debe superarlo nunca.

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El duelo perinatal: Superar la pérdida de un bebé

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónDenominamos duelo perinatal al duelo que se experimenta tras la muerte de un hijo, cuando el fallecimiento se produce durante el periodo que va desde la concepción hasta el primer año de vida. El rasgo fundamental que caracteriza a este tipo de pérdidas es que se tiende a quitarles importancia, o son silenciadas por parte del entorno, cuando en realidad son tan dolorosas como cualquier otra. Tal es así, que suelen encuadrarse dentro de los llamados “duelos silenciados o desautorizados”.

Las diferentes pérdidas del duelo perinatal

En el duelo perinatal se reúnen varias características que lo hacen único: por un lado están los sentimientos de pérdida y dolor, que son inherentes a todo proceso de duelo. Por otro lado, presenta características definitorias como son: la pérdida del momento de convertirse en padre o madre; la pérdida del rol de padre o madre, si se trata del primer hijo; la pérdida de la inocencia con respecto al embarazo y el parto; la pérdida del derecho a mencionar a ese hijo en ciertos lugares, así como la pérdida del contacto y de la posibilidad de crear recuerdos.

El doliente tiene todo el derecho a dolerse y hay que respetar su tiempo para elaborar este proceso como necesite. Quizá este sea uno de los mayores retos a los que se va a enfrentar el doliente que ha sufrido una perdida perinatal: atender y reconocer su necesidad de dolor. Incluso dentro de la pareja, cada uno llevará su proceso, con sus diferentes necesidades, formas y tiempo. Compartir en pareja un proceso de duelo requiere un esfuerzo de comunicación, comprensión y empatía por parte de los dos.

Creencias erróneas en torno al duelo perinatal

Cuando tiene lugar una pérdida perinatal, es frecuente que los dolientes escuchen en su entorno frases como: “Eres muy joven, podrás tener más hijos”, etc. Con esta respuesta, el entorno familiar busca aliviar el dolor -desde la buena voluntad- y animar a quien está sufriendo. Sin embargo, aunque detrás de estas frases haya un intento de dar ánimos, el mensaje que recibe el doliente es que se está minimizando su dolor y su proceso.

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