La aceptación y la resignación en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLC

Uno de los grandes debates que surgen en la terapia de duelo es la diferencia entre aceptación y resignación. Parece que son términos intercambiables y que hablan de lo mismo, pero en realidad son dos caminos muy distintos.

En el artículo de hoy vamos a abordar ambos conceptos desde la perspectiva del duelo.

Qué implica aceptar y qué implica resignarse

En la terapia de duelo, una vez que la intensidad del dolor ha disminuido y el doliente empieza a tener una visión más global de su relación con el fallecido -no sólo lo referido a la experiencia de la muerte o la enfermedad-, se abre otro de los grandes procesos implicados en la resolución del duelo: la aceptación.

A menudo hablamos del duelo como un proceso en el que la voluntad y la decisión son fundamentales. En un momento de este proceso, el doliente va a encontrarse ante la disyuntiva de aceptar lo ocurrido o resignarse a ello. La diferencia en términos de definición es muy sutil, a veces incluso confundimos ambos conceptos, o los utilizamos indistintamente, pero su significado es muy distinto.

La aceptación de la pérdida en el duelo

La aceptación significa ver y asimilar las cosas tal y como son en el presente. Más concretamente, la aceptación en el duelo tiene que ver con reconocer la realidad tal cual es ahora. Es una actitud que viene de la voluntad de ver lo que es, y de vivir y estar presente en el momento en el que nos encontramos.

La aceptación no implica que nos tenga que gustar esta realidad o que estemos satisfechos con ella. Tampoco significa que contemplemos pasivamente lo sucedido y nos resignemos a ello, sino que es un proceso activo, de adaptación, que consiste en encontrar un nuevo lugar en esta nueva realidad en el que sentirnos bien tras el fallecimiento de un ser querido. Implica estar presente en la vida tal cual es ahora.

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Las claves para una terapia de duelo infanto-juvenil exitosa

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

A veces, cuando los padres llevan a un niño o adolescente a terapia no saben muy bien cómo ayudarle, ni qué cosas apoyan la terapia y cuáles la dificultan. A menudo los adultos que acuden acompañando a un menor también están en duelo y el tema les resulta igualmente complicado.

Por esta razón, en nuestro artículo de hoy hablaremos de los factores que ayudan a que el proceso de los niños que acuden a terapia de duelo vaya bien, es decir, los indicadores que nos dan pistas sobre el avance del niño.

Factores que influyen en la terapia de duelo infantil

Hay algunos factores que determinan el avance en la intervención en duelo con niños y adolescentes. Enumeraremos algunos de los más importantes, por si en algún momento es necesario que este tipo de intervención sirva de guía:

  • ● El niño tiene que conectar con el psicólogo que le va a atender. Aunque este punto parece fácil a simple vista, tal vez es el más complicado, el niño debe percibir seguridad en la persona que le atiende.
  • ● El psicólogo debe tener un carácter que facilite la comunicación con los niños y adolescentes, es decir, tiene que estar familiarizado con su lenguaje, sus gustos, las costumbres y otras cosas que a los niños les puedan resultar atractivas. Esto no es por aparentar, sino porque el niño va a hablarnos de su mundo y es conveniente que, al menos en parte, conozcamos las cosas que son propias de él.
  • ● El psicólogo debe conocer las distintas características del proceso de duelo, tanto en niños como en adolescentes, así como las técnicas propias de la terapia infanto-juvenil. Esto es importante porque, según el momento evolutivo, algunos síntomas serán normales y otros serán indicativos de intervención.
  • ● Hay que implicar a los padres en la terapia. Con frecuencia la clave del avance del niño no está en lo que haga en el despacho o la consulta, sino en aquellas cosas en las que los padres puedan apoyar en casa.
  • ● El menor debe mostrarse interesado en avanzar y en participar en las distintas propuestas del psicólogo. Este punto no es fácil, ya que en muchas ocasiones hay que empezar por cosas que motiven al niño y generen las dinámicas de terapia, para que luego éste participe en ellas como si fuese una rutina.
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Superar el duelo: Cuando el doliente no quiere dejarse ayudar

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCDice Joaquín Sabina en una de sus canciones: “…que no hay ser humano que le eche una mano, a quien no se quiere dejar ayudar…”. A menudo, ya sea en el contexto de una terapia o en los cursos de formación, recibimos consultas sobre qué se puede hacer por una persona en duelo que no quiere dejarse ayudar. Suele tratarse de alguien cercano a la persona que pregunta, o un conocido que por alguna razón es reacio a recibir apoyo externo.

Bajo esta petición puede haber, por parte de quienes preguntan, dos posibles motivaciones: podemos estar ante un interés genuino por proteger, confortar y aliviar a la persona que sufre; o, con frecuencia, se trata de un intento de compartir lo que a uno mismo le ha servido en su propia experiencia.

Por qué se rechaza la ayuda en duelo

Detrás de la motivación de la persona que no quiere recibir ayuda puede estar la creencia de que podrá resolver sola su duelo. Esta creencia se apoya en la evidencia de los datos estadísticos, según los cuales el 90% de las personas que atraviesan un duelo lo superará sin necesidad de recurrir a un tratamiento terapéutico.

Es posible que tengan una idea preconcebida, más o menos inconsciente, en torno al duelo y cómo debe vivirse. De hecho, todos tenemos una idea aproximada de cómo debe vivirse un duelo “honorable”. Bajo el rechazo de la ayuda también puede subyacer la idea de que el duelo debe durar más tiempo o ser más intenso. Otro de los motivos que puede estar detrás de este comportamiento es la necesidad de expiar una culpa real o imaginada.

Cada persona es responsable de su duelo

En cualquier caso, todas estas motivaciones y cualquier otra que hayamos podido omitir son legítimas, vengan de quien vengan. Tal es así, que el intento de  obligar a alguien a recibir ayuda aunque no quiera puede considerarse una agresión. Cada persona tiene sus tiempos, y no es adecuado tratar de forzar la ayuda en terapia.

Por otro lado, el duelo es un proceso de toma de decisiones, por eso le corresponde al doliente tomar la decisión de recibir ayuda si considera que la necesita y también es decisión de cada uno decidir en qué momento quiere recibirla.

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