Superar el duelo: «A mí me duele más»

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Cuando empecé a trabajar como psicóloga experta en duelo, tuve la oportunidad de observar, con asombro, cómo los participantes de nuestros grupos de terapia “competían” por obtener el dudoso honor de ser el doliente que más sufría. En ocasiones se organizaba incluso un debate acalorado, cuyo fin era establecer quién merecía mayor atención terapéutica, aunque al final se trataba más de una lucha por conseguir una mayor cuota de atención del terapeuta.

Este debate, que se da con bastante frecuencia en la terapia de grupo, no se circunscribe exclusivamente a la terapia, sino que continúa en la calle, en la sociedad, más allá de las cuatro paredes de la consulta. Porque todos tenemos una idea subjetiva y personalísima, basada en nuestra propia experiencia, acerca de cuál es la pérdida que más duele, la más grave de todas.

De hecho, existe un gran nivel de consenso en torno a la idea de que la muerte de un hijo es la peor de todas las pérdidas. Sin embargo, nuestra experiencia profesional indica que los duelos que más se complican son otros.

Cada duelo es único y diferente

El modo que tenemos de zanjar esta clase de debates, cuando tienen lugar, es explicar a los pacientes que cada duelo es único. Lo que se pierde con la muerte no es sólo el hijo, el marido o la madre, sino también la especial relación que se tenía con cada uno de ellos, por lo que es prácticamente imposible tratar de crear un ranking de mayor o menor dolor, basándose exclusivamente en el tipo de vínculo que existía entre el doliente y la persona fallecida.

Como psicóloga, considero que en realidad lo que más duele es lo que le duele a cada uno. A los participantes de los grupos solemos decirles que les separan muchas diferencias: el tipo de vínculo que mantenían con el fallecido, el modo en que se relacionaban con él o ella, el tipo de muerte, cómo se enteraron, si tienen apoyo social o no lo tienen, en definitiva: que existen muchas variantes que determinan el hecho de que no haya un solo duelo igual a otro.

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Los niños y la muerte de sus mascotas

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónLas mascotas son una de las cosas más deseadas por los niños, de hecho, la mayoría de ellos atraviesan una etapa en la que piden incesantemente un animal de compañía. En realidad, no les importa tanto qué animal sea como el hecho de tener uno para interactuar con él, aspecto que suelen compartir con sus compañeros escolares.

En nuestra consulta hemos sido testigos a menudo de cómo la muerte de una mascota saca a la luz algún otro duelo que el paciente tenía bloqueado, hasta que la pérdida de su animal de compañía provoca determinadas reacciones que la persona decide atender.

El duelo por las mascotas

Las mascotas pueden ser de especies muy diversas. Por eso, no todas causan el mismo impacto cuando se mueren. En general, las que proporcionan pocas interacciones –peces, tortugas y anfibios, o mascotas exóticas como tarántulas y serpientes– son las que menos impacto generan, aunque este tipo no suelen ser las elegidas por los más pequeños.

El hecho de que un niño crezca junto a una mascota tiene muchos beneficios. Lo habitual es que, al igual que los adultos, el niño se vea unido de algún modo a su mascota. Es habitual que los niños y sus mascotas compartan actividades, principalmente cuando se trata de perros y gatos, aunque actualmente también son frecuentes los hámsters, ratones, hurones y conejos. En general, el niño trata de integrar a la mascota en sus juegos.

Reacciones de los adultos ante la muerte de una mascota

Uno de los mayores miedos de los adultos es comunicarle a un hijo la muerte de su mascota. Hay que destacar que la muerte de una mascota es, en muchas ocasiones, la primera experiencia directa que tiene un niño con la muerte. Por esta razón, es importante actuar adecuadamente, ya que la primera muerte que vive el niño determina en gran medida cómo vivirá las demás muertes que se produzcan a lo largo de su vida.

A menudo la primera reacción de los adultos es sustituir a las mascotas. También es frecuente que le cuenten al niño historias sobre un viaje, o que busquen una mascota aparentemente similar y la hagan pasar por la antigua, contándole al pequeño mentiras piadosas como que ha estado en la peluquería, etc. Esta forma de ocultar la muerte al niño suele confundir al menor, por lo que es preferible afrontar el hecho contándole la verdad.

También es posible que la mascota muera debido a un descuido del niño durante sus juegos. La reacción adulta en estos casos también suele ser la de intentar proteger al niño y se maquilla el hecho, para así evitar la responsabilidad del niño que jugando causó daño a su animal.

Cómo explicar a un niño la muerte de su mascota

Como expertos, nuestra recomendación en estos casos siempre es comunicar al niño la muerte de la mascota. Resulta imposible proteger al niño de todo y, además, en este tema en concreto, cuanto más intentemos protegerlos de la muerte más les estaremos desprotegiendo ante un hecho que tendrá lugar en su vida, de un modo u otro. Continue reading

El duelo en la vejez: características y dificultades

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLCHoy en día, la esperanza de vida cada vez se alarga más. Esto tiene como consecuencia que, a menudo, personas de muy avanzada edad deben afrontar procesos de duelo por el fallecimiento de su cónyuge -con el que quizá han llegado a convivir durante más de 50 años- o incluso de sus hijos o nietos.

La experiencia de la pérdida tiene características propias según la etapa vital en la que se presenta. En el artículo de hoy profundizaremos en los determinantes que influyen en el duelo que tiene lugar durante la vejez.

Superar el duelo en la tercera edad

En contra de algunas creencias socialmente extendidas, la mayoría de los ancianos son capaces de ajustarse al duelo y adaptarse a la viudez. En general, las personas de edad avanzada han tenido que afrontar múltiples pérdidas a lo largo de su vida y eso puede ayudarles a afrontar duelos posteriores.

El bagaje vital acumulado, repleto de experiencias, aporta una forma de ser y de estar frente a la vida que será determinante en la manera de afrontar y elaborar una crisis tan profunda como es el duelo. Por este motivo, la forma en que una persona mayor ha ido afrontando los diferentes retos de su vida será el factor que le predisponga hacia la resolución satisfactoria del duelo sin necesidad de ayuda, o bien hacia una complicación del mismo.

El duelo complicado en la vejez

A través de nuestra práctica clínica, observamos que el duelo complicado en los ancianos a menudo se da tras el fallecimiento del cónyuge. Esta pérdida puede suponer en muchos casos el abandono de la ilusión de futuro, de vida y de proyecto. Cuando el duelo se complica en ancianos, es frecuente que se instale la tristeza constante, la ansiedad… reforzando aún más esa sensación de desorientación vital y de descontrol. Continue reading

Los límites de la terapia de duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEl ser humano está biológicamente preparado para superar el duelo, aunque existen casos que son más difíciles que otros debido a que se suman muchos factores en contra, hasta el punto de que el dolor resulte infranqueable si la persona que lo atraviesa así lo decide. Por el contrario, cuando sólo existe duelo, éste es fácil de tratar y el resultado esperable es que el dolor disminuya mucho e incluso llegue a desaparecer por temporadas. Esto es así, al menos desde el punto de vista teórico.

Sin embargo, cuando al duelo le añadimos otros factores -ya sean situaciones económicas difíciles, problemas de trabajo o elementos traumáticos-, entonces se vuelve más complejo. El psicólogo austriaco Sigmund Freud definía el duelo como un trabajo “que requiere emplear mucho tiempo y mucho esfuerzo para poder resolverlo adecuadamente”.

Cómo evoluciona la resolución del duelo

A menudo explicamos a nuestros pacientes que, cuando las personas están en duelo, es como si en primer plano estuvieran viendo una película con el volumen muy alto y no pudiesen prestar atención a ninguna otra cosa.

El nivel adecuado en el que se considerará resuelto el duelo será el que cada persona elija, habrá quienes encuentren aceptable un nivel de dolor bajo y con eso consideren que pueden finalizar la terapia, mientras que otros pacientes necesitarán drenar más su dolor.

Lo que está claro es que la acción es fundamental para que el duelo evolucione: hay que actuar, ya que resulta tremendamente ingenuo por parte del doliente esperar una mejora en su estado sin hacer ningún cambio en su vida, por muy legítima que sea esta actitud.

Salir del duelo es posible, pero no fácil

A veces, cuando hablamos del duelo desde una perspectiva teórica, olvidamos las circunstancias de cada uno y somos muy estrictos a la hora de definir y conceptualizar este proceso. Esto tal vez puede provocar que algunos de los dolientes que acuden a nuestro blog para resolver sus dudas no se reconozcan o incluso se sientan culpables por no estar mejor.

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