Algunas películas para reflexionar sobre el duelo (II)

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© DisneyEn artículos anteriores hablábamos de la potencia que tienen las películas que abordan el tema del duelo para ilustrar tanto la formación de profesionales sanitarios, como en el ámbito clínico. Y es que, de algún modo, la ficción dulcifica y crea la distancia necesaria para poder hablar del dolor por la muerte de un ser querido sin afectar demasiado al espectador.

Aunque ya hemos mencionado varias películas de calidad que abordan el duelo, hoy os recomendaremos algunos títulos “imprescindibles” que no pueden faltar en esta lista:

«Up»: Adaptarse a la vida sin el ser querido

Esta película de animación de Disney, en colaboración con Pixar, habla de la relación que se crea entre dos personajes, Russell, un pequeño boy-scout y el señor Friedericksen, un anciano gruñón que ha perdido a su mujer recientemente. «Up» enfoca el duelo desde cuatro ángulos diferentes: el duelo del protagonista por la pérdida de su esposa, el duelo como la pérdida de la maternidad, el duelo por la pérdida de reconocimiento y de prestigio, y el duelo por la pérdida del amor paterno.

El mayor mérito de la película reside en el hecho de ser una obra de animación, así como en los toques de humor que contribuyen a que sea más fácil abordar en profundidad determinadas emociones y momentos vitales que, de otra forma, tal vez hubieran tenido demasiada carga emocional.

«Feliz cumpleaños, amor mío»: Aprender a vivir con la pérdida

Esta película, dirigida por David E. Kelly, narra la historia de un viudo que, dos años después de la muerte de su esposa, sigue “viéndola”. La historia nos ofrece una visión diferente sobre cómo el amor perdura más allá de la muerte y cómo el protagonista aprende a vivir con su pérdida.

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Un suicidio en la familia: ¿Cómo se lo digo a los niños?

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónHoy abordamos un tema muy controvertido, pero que es necesario tratar, ya que son muchas las consultas que recibimos sobre este problema. Hablamos del suicidio y de qué hacer cuando se produce uno en nuestra familia o entorno más cercano.

El suicidio se considera a menudo un estigma social, pero sin embargo es una de las principales causas de muerte en el mundo. De hecho, silenciar este tema es lo que propicia su estigmatización, por eso es necesario darle cabida en este blog y hablar de ello, ya que resulta importante para las personas que sufren una pérdida de estas características.

Cómo comunicar un suicidio: sinceridad

Explicar el suicidio suele ser complicado y esa dificultad se acrecienta si nos referimos al mundo infantil. A menudo pensamos que es mejor que el niño no se entere del motivo de la muerte y se la edulcoramos. Le contamos “mentiras piadosas” pensando que así va a sufrir menos.

Sin embargo, aunque no sea fácil para nosotros dar explicaciones sobre un suicidio, lo cierto es que es mejor hablar de ello que convertirlo un tema tabú. He aquí los motivos:

● Mentir a los niños no suele dar buen resultado. Ya lo hemos comentado en otras ocasiones: aunque les mintamos, al final se enteran de todo y arriesgamos su confianza en nosotros.

● El suicidio no suele ser la causa de la muerte. Y con los niños hay que apelar a la causa. Aunque un ser querido se suicide, normalmente la causa de la muerte se debe a las lesiones o efectos derivados del acto. El suicidio en sí mismo no es causa de muerte.

● El hecho de no hablar de la muerte, o hablar de una muerte ficticia para evitar nombrar el suicidio, hace que los adultos que rodeamos a los niños tengamos que contener e inhibir determinados sentimientos. Pero siempre es mejor compartir nuestras emociones con los niños que esconderlas, ya que en ese caso nuestros hijos entenderán que deben ocultar las suyas.

● Hablando de lo ocurrido evitamos que los niños se enteren por terceras personas que no podemos controlar. Y, aunque pueden ser personas cercanas, también puede ser que reciban la noticia de forma inadecuada, dificultando su duelo posterior.

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El duelo de las víctimas de una catástrofe natural

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLCCada cierto tiempo tienen lugar en nuestro planeta catástrofes naturales como terremotos, tifones o huracanes que arrasan países dejando miles de víctimas a su paso. Sin duda son noticias que nos impactan a todos e, inevitablemente, nos hacen reflexionar sobre las secuelas psicológicas que tiene una tragedia como ésta en la población. En este artículo analizaremos cuáles son las características generales del duelo tras una catástrofe natural de tal magnitud, a qué van a enfrentarse los supervivientes y qué factores complican o facilitan el desarrollo del proceso de duelo.

Las víctimas de una catástrofe natural deben hacer frente a numerosas pérdidas en un corto periodo de tiempo: pérdidas personales, pérdidas materiales, de su entorno, etc. Esto les obliga a emprender un éxodo lleno de incertidumbre. Al dolor de la pérdida (de los seres queridos que han muerto, de su hogar, etc.) se suman intensas vivencias de miedo, conmoción, peligro o desorientación.

Cómo reaccionan las víctimas de una catástrofe

Expertos como la psicóloga Roxane Cohen Silver, que ha estudiado durante décadas las reacciones personales y colectivas ante catástrofes naturales, aseguran que debemos ser sensibles a la variabilidad de respuesta individual que se produce ante un acontecimiento de estas características. También alerta sobre la existencia de muchos mitos en torno a cómo responde una persona a un evento de esta magnitud.

Lo que Cohen Silver ha demostrado en sus investigaciones, entre otras conclusiones, es que el duelo no sigue unas pautas ordenadas en fases, que la respuesta de una persona frente a la tragedia no es predecible, y que no es necesaria la angustia para poder afrontarlo. Sus estudios concluyen de manera firme que no existe ninguna manera concreta de afrontar una tragedia provocada por un terremoto, un tsunami o un huracán.

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El duelo: cuando la muerte de un hijo conlleva otra pérdida

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSiempre hemos oído decir que la muerte de un hijo es la peor de todas las pérdidas: porque es antinatural, porque no se puede reponer y por la intensidad del dolor que produce.

En los grupos de terapia de duelo es habitual que las personas que han perdido a un hijo defiendan que lo suyo duele más, que es peor que lo que padecen los otros dolientes, o que ni siquiera existe una palabra para definir el estado que adquiere la persona que ha perdido un hijo, frente a los que pierden a su progenitor (huérfanos) o a su cónyuge (viudos).

Cuando el duelo nos impide empatizar con los demás

Durante nuestra trayectoria profesional, el equipo de expertos de FMLC hemos comprobado que a cada uno le duele lo suyo: cuando comienza la terapia de grupo, sus integrantes están centrados en su propio dolor y, aunque suene impactante, el de los demás no les importa. Esto no es por maldad, sino porque aún no existen vínculos que faciliten la empatía entre los participantes y, por otro lado, el dolor de cada uno de ellos aún es demasiado intenso y ocupa demasiado espacio emocional como para atender el de otra persona.

Así visto, parece bastante lógico que cada uno de los miembros del grupo crea y defienda que lo suyo es lo peor. Normalmente acaban llegando a la conclusión de que cada uno tiene su dolor y que éste no es mayor ni peor que el de otro doliente, sólo distinto. Aún así, la muerte de un hijo, socialmente, parece la más paradigmática, la más relevante, la innombrable.

Cómo afecta el duelo a la familia

Casi todos los duelos implican un exhaustivo proceso de introspección, de revisión de valores, de cambio. Y como todo proceso de cambio, el duelo puede acarrear otras pérdidas: pueden estar relacionadas con la forma de vida que teníamos antes; con el ocio; podemos perder también nuestro guión vital y tener que reconstruirlo, etc. Los estudios hablan de efectos físicos sobre la salud, especialmente durante los dos primeros años.

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