El duelo causado por una muerte traumática

Sara Losantos y Pilar Pastor, psicólogas de FMLC

 

FMLCEs imposible sustraerse a la magnitud del impacto emocional que provoca una catástrofe de grandes dimensiones, como un atentado, un accidente de tren o de avión. Cuando se produce una tragedia de estas características, hay muchas personas que se unen al dolor de las víctimas y que quieren ayudarlas. Nosotros queremos aportar nuestro granito de arena, explicando cuál es la mejor manera de atender a los afectados en los momentos inmediatos a una tragedia de este tipo.

Aunque la muerte siempre es muerte, este tipo de pérdidas tiene un componente traumático que alcanza no sólo a los familiares de las víctimas, sino también a todas las personas que son testigos de la catástrofe a través de los medios de comunicación. Expertos en duelo, como la Dra. Roxane Cohen Silver, señalan la importancia de evitar la difusión de imágenes en TV y prensa, para proteger a la población frente a un posible estrés postraumático colectivo.

El duelo por muerte inesperada

Las muertes súbitas son más difíciles de elaborar que otras en las que hay aviso previo de inminencia de muerte (enfermedad grave, salud deteriorada, etc.). Esta dificultad tiene que ver con que el doliente no tiene posibilidad de prepararse mental ni emocionalmente ante la pérdida.

Es frecuente que se dé un proceso de shock en el que la persona afectada no pueda creer lo que ha ocurrido. Ese bloqueo, normal al principio, tiene que ver con el proceso de asimilación, en el que se ponen en marcha mecanismos de defensa que nos protegen de la realidad de la muerte.

Atender los síntomas de estrés postraumático

Una de las características que va a tener este duelo -junto con el dolor añadido de la muerte- es la posibilidad de desarrollar un estrés postraumático completo o alguno de sus síntomas .(Reexperimentación del accidente, insomnio, embotamiento emocional, sensación de desapego de la realidad, irritabilidad, hipervigilancia). Para ayudar a la persona afectada, habrá que estar pendiente de la aparición de estos síntomas, al tiempo que se atienden sus necesidades en el duelo inmediato.

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El papel de la terapia de grupo en la superación del duelo (I)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLCEl ser humano es un ser social. Nacemos, crecemos y morimos en sociedad. Los procesos psicológicos que desarrollamos están influidos por nuestra interacción con los demás. Y por eso el duelo, como proceso de adaptación a la muerte de un ser querido, también lo está.

El duelo es un proceso en parte interno y en parte compartido. El afrontamiento de las tareas, las decisiones que va tomando el doliente, la forma en que va andando individualmente el camino del duelo, etc., es un proceso interno que se lleva a cabo dentro de una familia, de un grupo, en sociedad.

Cómo influye el entorno social en la superación del duelo

Nuestra sociedad afronta la muerte evitándola. Se intenta no hablar de dolor, de enfermedad, de la muerte, con la consecuencia de que, cuando nos topamos con ella, carecemos de recursos para hacerle frente. La sociedad, el entorno más cercano del doliente, le apremia para que esté bien. Para que no piense, se distraiga y no esté en contacto con el dolor. Sin embargo, todos estos mecanismos de evitación provocan que el duelo se complique.

Todos los procesos que se dan en sociedad influyen definitivamente en la evolución individual del duelo. Cómo lo experimenten en su familia (si se habla o no de lo sucedido y de lo que se siente, si se permite o no la expresión emocional, si se anima hacia la mejoría o se impone el estancamiento y dejar de vivir), cómo expresa el doliente su malestar a los demás, si lo expresa o no, si utiliza mecanismos auténticos, etc.

La importancia de la terapia de duelo grupal

De aquí proviene la potencia de la terapia de grupo en el trabajo del duelo. Ésta aúna el trabajo individual de cada participante en un entorno de interacción social real que permite, por un lado, compartir la experiencia del duelo y, por otro, ensayar nuevas maneras de estar y sentir en relación.

La experiencia con los grupos con los que trabajamos en FMLC nos ha permitido estudiar tanto los ingredientes fundamentales para que el grupo de terapia funcione, como las claves del trabajo de duelo en grupo. A continuación, nos centraremos en explicar cuáles son los principales elementos de funcionamiento de un grupo de terapia.

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Cuando sentimos culpa por volver a ser felices tras el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCAunque el duelo sea una experiencia única con matices irrepetibles, a lo largo de nuestra experiencia laboral hemos encontrado una vivencia común a casi todos los dolientes.

Esta vivencia consiste en la dificultad que encuentran muchos de ellos en volver a disfrutar de las cosas o sentirse bien sin experimentar culpabilidad, tras la muerte del ser querido.

Los esquemas mentales y la elaboración del duelo

El duelo es una experiencia universal, que se ciñe a una cultura determinada y que se ve influenciado por el grupo -o grupos- al que pertenecemos, el cual representa el apoyo social. Así pues, el marco social en el que se enmarca la vivencia del duelo modela la experiencia.

Todos disponemos de esquemas mentales que nos ayudan a predecir cómo serán nuestros acontecimientos vitales más importantes. De hecho, todos tenemos una idea preconcebida de cómo son las bodas, cómo son los nacimientos y, también, de cómo es el duelo, cuánto dura, cuánto duele… todo ello sin necesidad de contar con una formación específica al respecto.

Falsas creencias que complican el duelo

Cuando participamos en los distintos ritos funerarios recibimos mensajes como, por ejemplo: “Mi tía perdió a un hijo y no se recuperó nunca”, o “El tiempo lo cura todo”, etc. Son mensajes que, junto a otros muchos, vamos incorporando a nuestro esquema sobre el duelo, que nos sirve de primera guía cuando atravesamos el duelo por primera vez.

Y ahí viene el principal problema, porque estos mensajes proceden de experiencias únicas y, como ya hemos dicho en otras ocasiones, en el duelo no existen normas universales, sino tan sólo generales. Tratar de ponerle coto al dolor o normativizarlo puede complicar el proceso, alargándolo o intensificándolo.

El dilema emocional de las personas en duelo

De lo explicado anteriormente, concluimos que el doliente se encuentra luchando entre dos necesidades:

  • • La de no sufrir, porque de forma innata el ser humano se acerca a lo que le produce placer y se aleja de lo que le produce displacer.
  • • La de llevar a término un duelo “digno”, conforme a lo que se espera de nosotros.

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Cómo ayudar a los niños a anticipar la muerte de un ser querido

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

postPatri8Explicar la muerte nunca es fácil, en parte porque es un tema que a nosotros, los adultos, nos duele y nos cuesta mucho. Aunque pensemos que a los niños la muerte les asusta, básicamente a quien asusta es a nosotros.

A menudo se da el caso de personas que piensan que, si hablan a sus hijos de la muerte o si les llevan a participar de rituales, van a traumatizarles o a generarles un recuerdo tan doloroso que difícilmente olvidarán. Sin embargo, es muy difícil traumatizar a un niño explicándole lo que va a ver. No es fácil impactar a los niños, que viven todo con mucha naturalidad y sin tantas trabas como los adultos.

En la actualidad consideramos la muerte como un tema tabú, pero esto no siempre ha sido así. El alargamiento de la esperanza de vida ha provocado que lo que antes era algo normal y compartido (la gente se reunía alrededor del muerto en la casa del pueblo) sea visto como algo excepcional en algunos casos: aunque sepamos que la muerte está ahí siempre, lo habitual es que nunca nos venga bien. En realidad consideramos que hablar de la muerte es de mal gusto y preferimos omitirlo, pensando que así evitamos sufrimiento a los niños.

Consecuencias negativas de no explicar la muerte a los niños

A menudo nuestra intención como adultos es proteger a los niños de los aspectos negativos de la enfermedad: no queremos que tengan un recuerdo de alguien deteriorado, demacrado, o que ya no se parece a quien era. Intentamos proteger a los menores de una imagen o recuerdo que pensamos que les marcará de por vida. Pero esto, aunque puede pasar, no es lo habitual. Además, esta estrategia puede generar más de un problema.

  1. Si les ocultamos la enfermedad de un ser querido, es probable que su muerte les genere más impacto por lo imprevisible de la misma. Si el niño percibe que todo está bien y de repente uno de sus progenitores fallece, el impacto de la muerte es igual al que se produce cuando la pérdida es inesperada, mientras que del otro modo el niño puede prever a su manera el desenlace.
  2. Si les ocultamos la enfermedad, pueden quedar cosas pendientes entre el menor y el fallecido: una conversación una despedida, algo simbólico, etc. Esta es una queja bastante común entre los menores a los que se les oculta el desenlace, y puede manifestarse en edades más tardías, durante la adolescencia o al inicio de la edad adulta.
  3. Mentimos a los niños, y esto no es bueno, ya que somos las personas que luego debemos garantizarles su seguridad. Si no les decimos la verdad, difícilmente nos creerán en otras situaciones. Y puede que crezcan con muchas dudas al respecto.
  4. Les tratamos como si fueran muy pequeños y no pudieran defenderse, es decir, actuamos sobreprotegiéndoles de una realidad que es la muerte y la enfermedad. La realidad es que los niños son niños, pero no tontos. Infravaloramos sus recursos y sus fortalezas. Además, si les ocultamos cosas o evitamos hablarlas ante ellos, se sienten apartados de la relación familiar.
  5. Por último, generamos un ambiente incierto: los menores ya no sabrán qué esperar ante un caso de enfermedad, porque aunque aparentemente el enfermo esté bien, por su experiencia todo puede acabar muy mal sin que aparezca ningún síntoma. Esto les puede generar muchas preocupaciones sobre la salud y miedos ante cualquier enfermedad de personas importantes de su entorno, una circunstancia que puede darse con bastante probabilidad en algún momento de sus vidas.

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