Cómo superar el duelo cuando ha pasado mucho tiempo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCEn ocasiones nos consultan personas preocupadas porque no han conseguido resolver su duelo mucho tiempo después de la muerte de un ser querido. Todas ellas comparten una cierta sensación de culpa, o de vergüenza, por  no haber sabido hacerlo correctamente.

A veces han pasado años hasta que han decidido buscar ayuda profesional. Nuestra respuesta a sus preguntas suele ser que nunca es tarde para trabajar el duelo y que, a veces, encontrar el momento adecuado para comenzar a trabajar requiere de tiempo.

Las tareas del duelo

No existe un instante concreto a partir del cual podamos decir que el duelo debería estar resuelto. Tratar de fijar una fecha concreta, o fijar un límite al duelo, es como intentar concretar cuánto se tarda en construir una casa o en pintar un cuadro: a menudo depende del tiempo que hayamos invertido en el objetivo. En el duelo ocurre lo mismo, ya que existen tareas que deben afrontarse para elaborar correctamente el dolor y, si éstas no se resuelven, el duelo tampoco.

Desde un punto de vista profesional, nuestra opinión es que detrás de esa sensación de vergüenza que comparten los dolientes que, pasado un tiempo, no han logrado elaborar su duelo, está la máxima que dice que el tiempo lo cura todo. Esta máxima está muy arraigada en nuestra sociedad, al igual que sus implicaciones, como, por ejemplo, que pasado un tiempo desde la muerte el duelo debe estar ya recolocado.

El tiempo no lo cura todo

Llegado este punto es necesario aclarar dos factores importantes. La primera es que la máxima de “El tiempo lo cura todo” es falsa, porque el duelo no se cura -pues no es una enfermedad-, sino que se elabora, se resuelve o se recoloca. Pero  no se cura: es un proceso normal que siempre sigue a la pérdida de un ser querido.

El segundo factor es que nunca es demasiado tarde para tratar de aliviar el dolor del duelo o para terminar de elaborarlo.

Cuándo sabemos que un duelo ha quedado sin resolver

Un duelo ha quedado sin resolver cuando, pasado cierto tiempo -entre 18 y 24 meses-, el dolor sigue siendo igual de intenso que los primeros días o, aunque se haya atenuado, todavía es muy profundo. Si no se tiene ilusión ni ganas de vivir, y la vida se contempla como una condena. También es un síntoma que sigamos combatiendo la idea de que nuestro ser querido ha muerto de diferentes formas: celebrando sus cumpleaños, imaginando finales diferentes, etc.

Por el contrario, es normal sentir algo de dolor en las fechas señaladas, como el aniversario de un fallecimiento o en el cumpleaños de la persona perdida. Cualquier fecha que hubiera sido importante en vida seguirá manteniendo un cierto grado de importancia tras la muerte, e invocará al recuerdo.

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Cómo ayudar a los adolescentes en duelo

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónSon muchas las personas que nos consultan sobre cómo abordar a los adolescentes y tratar con ellos el tema del duelo y la muerte. Entre todos ellos, hay una preocupación que se repite especialmente: qué hacer cuando un adolescente pierde una persona importante en su vida, ya sea un amigo, un progenitor, un abuelo, un hermano o un profesor significativo.

En este artículo vamos a intentar abordar, de manera general, algunas guías claras para tratar el duelo en los adolescentes.

El duelo y la inseguridad adolescente

En primer lugar, hay que tener en cuenta el momento evolutivo en el que se encuentran: los adolescentes sufren un montón de transformaciones durante este periodo, no se trata únicamente de un proceso hormonal duro -al que quitamos importancia-, sino de grandes cambios físicos y cognitivos durante los cuales tiene que crearse una imagen adecuada de su cuerpo y del mundo.

Si a esto le unimos un duelo por alguien significativo, que era fuente de seguridad para él, es probable que el adolescente vea cómo su mundo en construcción se tambalea y su supuesta seguridad caerá unos peldaños, mientras intenta aparentar una falsa normalidad. Dos máximas en el pensamiento adolescente son: “Yo puedo con todo” y “Aquí no pasa nada, todo está bien”. Así que hay que estar prevenido ante estas actitudes. No es que no les duela, sino que simplemente en ese momento no pueden ni quieren manejar ese dolor.

La búsqueda de autonomía

El adolescente se encuentra en un proceso de búsqueda de independencia y autonomía, de modo que es normal que busque ser lo opuesto a sus padres y a los adultos que le rodean. En cierto modo busca independencia y, por otro lado, dejar huella. Esta búsqueda de autonomía implica en muchos casos que se establezcan malas relaciones entre los adolescentes y las figuras significativas que les rodean: se saltan los límites, las normas, tienen conductas inadecuadas, se enfadan con sus amigos, cambian sus prioridades.

Si en ese momento tiene lugar la pérdida de un ser querido, es posible que el adolescente interprete que esa persona fallecida no sabía el cariño real que le tenía y se quedará con esos momentos malos; es decir, el adolescente puede polarizar su pensamiento y creer que son más significativos los malos momentos que toda la gama de buenos momentos vividos, que normalmente pasan a un segundo plano.

La importancia del grupo para el adolescente

El grupo es importante, desde dos puntos de vista diferentes. Una de las quejas habituales de los adultos que conviven con los adolescentes es la incomunicación que perciben. Sin embargo, esto es algo común: los adolescentes hablan de sus cosas con sus amigos, así que es normal que decidan compartir sus sentimientos con sus iguales y no expresen su tristeza o dolor con los adultos, ya que se sienten más comprendidos por sus pares.

Por otro lado, el adolescente no quiere ser el diferente, “el raro”, y la muerte los hace distintos a sus iguales, los hace más vulnerables y frágiles, así que no debemos sorprendernos si muestran un comportamiento de aparente normalidad: no quiere decir que no les duela, sino que no quieren significarse, ni ser diferentes.

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Factores determinantes en el proceso de duelo (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónAnteriormente hemos hablado de los factores que influyen en el duelo y su evolución, centrándonos en aquellos cuya presencia puede suponer un riesgo para la complicación del proceso.

Los factores determinantes del proceso de duelo son todos aquellos que intervienen en la evolución, las circunstancias que rodean la muerte y el proceso que se desencadena posteriormente. Desde la literatura científica, se considera que a la hora de determinar cómo va a evolucionar proceso son influyentes los siguientes factores: características personales del doliente, características relacionadas con el fallecido y características de la enfermedad o de la muerte que ha tenido lugar.

En este artículo vamos a poner el foco en los factores cuya presencia supone un factor de protección, es decir: aquellos elementos que pueden amortiguar los efectos de la complicación del proceso de duelo. Los detallamos a continuación.

Características personales del doliente

En esta categoría incluimos factores como:

– La madurez emocional: Es la forma en que el doliente procesa sus emociones, si las sabe reconocer y expresar, si las acepta y acoge, etc.

– La salud física y mental: El duelo se suma a lo que somos, si el doliente se encuentra aquejado de una enfermedad física, o padece algún problema emocional, el proceso de duelo se va a sumar a todo eso, haciendo que el camino sea más complejo.

– El auto-cuidado: Esto se refiere a cómo el doliente pone en marcha su capacidad para cuidarse física y emocionalmente. El hecho de que sepa reconocer lo que le hace sentir bien y lo que le ayuda en esos momentos va a resultarle muy beneficioso)

– La resiliencia: Se define como la capacidad para reelaborar una situación traumática o dolorosa, transformándola en una oportunidad de crecimiento personal y de aprendizaje vital.

– La espiritualidad: La religión, la fe, las creencias, etc., pueden actuar como bastón de ayuda en el proceso de resignificación y en la aceptación de la muerte.

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Duelo y fe

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

FMLCDenostada por unos y ensalzada por otros, la fe, como no puede ser de otra manera, aparece rodeada de un halo de misterio. Muchas personas se plantean cómo influye la religión en la superación del duelo. Por esta razón, en este artículo analizaremos algunos de los interrogantes que la fe nos plantea en el contexto del proceso de duelo.

Antes de continuar, es necesario dejar claro que la fe nos plantea preguntas a las que no podemos dar respuesta. Al fin y al cabo en eso se basa la fe, en creer sin evidencias, sino no sería fe, sería ciencia.

La fe como apoyo frente al dolor

La fe puede ser un refugio para quienes han perdido un ser querido, teniendo en cuenta que una de las promesas que nos hace la religión católica (la más extendida en nuestro país) es que nos reencontraremos con nuestros seres queridos cuando muramos y que la persona fallecida está en un lugar mejor.

Para muchas personas, la fe es un apoyo muy importante. En nuestra experiencia como psicólogos, hemos comprobado que la fe es un bastión que permite aligerar el dolor a las personas creyentes. Hay quienes, ante una pérdida, se aferran a la fe como una tabla de salvación, y esto les aporta sosiego y serenidad.  Sin embargo, también hay personas que no son creyentes y este factor no les resulta imprescindible para superar el duelo.

Como todo, si interpretamos la fe de un modo rígido, se puede complicar la aceptación de la muerte, porque hay mensajes que pueden parecer contradictorios, aunque en realidad no lo son.

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